Fotografía: Octávio Passos

Abel Ferreira

Palmeiras, 2020-Presente

¿Recuerdas el juego Football Manager?

Mis compañeros elegirían equipos como Barcelona o Real Madrid. Equipos donde, por supuesto, sabes que vas a ganar. ¡Puedes comprar a cualquier jugador!

De la forma en que yo lo veo, el gran desafío no se presenta cuando tienes a esos grandes equipos, sino cuando compites contra ellos con menos recursos.

Así que siempre entrené equipos pequeños. Equipos de la Segunda División, como Penafiel en Portugal, donde, por cierto, comencé mi carrera como jugador, o el Braga. O equipos que nunca ganan títulos: un conjunto como el Tottenham.

Y siempre creí que podíamos ganar. ¿Cómo? ¿Cómo iguales? ¿Atacando de la misma manera?

No.

¿Cómo un tipo pequeño como Napoleón logró grandes victorias?

Con la estrategia. Con artimañas.

Octávio Passos/Getty Images para The Coaches' Voice

Como entrenador es importante preguntarse los cómo y por qué. Eso lo aprendí primero del entrenador Jesualdo Ferreira, en Braga.

Jesualdo era un maestro.

Tuve algunos técnicos que entrenaban. Otros enseñaban.

Los que entrenaban gritaban: “¡Presión!”.

¿Pero cuándo? ¿Cómo? ¿A quién? ¿Dónde?

Jesualdo siempre hacía preguntas: “¿A dónde vas? ¿Por qué? Si hubiera otro atacante aquí, ¿cuál marcarías? ¿Y por qué?”.

Al tener esas conversaciones, te aseguras de que tus jugadores conozcan sus funciones.

“Siempre estoy mirando hacia el futuro, viendo como trabajan entrenadores como Pep Guardiola y Mauricio Pochettino. Para mí, el futuro es este juego del gato y el ratón dentro de un solo partido: adaptarse a los cambios tácticos en reacción a tu oponente”

Ese enfoque realmente me ayudó, y ahora me considero un entrenador al que le gusta enseñar y hacer preguntas a mis jugadores: los cómo y por qué, como me enseñó Jesualdo.

En el momento en que trabajé con él,  yo tenía unos 24 años. Ya sabía que quería ser entrenador. Y sabía que empezar de esa manera era la forma de hacerlo, porque entender la forma de entrenar me convertiría en un mejor jugador.

Hice un diario. Todos los días, después del entrenamiento, llegaba a casa y escribía lo que había visto. Preguntas sobre liderazgo, estrategias, reuniones, cosas que me gustaron… Todavía conservo los cuadernos.

Seguía en fase de aprendizaje cuando jugaba para el Sporting con 31 años (abajo, izquierda). Recuerdo que el director de la academia me preguntó: “¿No quieres comenzar tu carrera de entrenador ahora?”

“No, ahora no. ¡Voy a jugar hasta que tenga 40!”.

Un mes después, sufrí una lesión en la rodilla.

Miguel Riopa/AFP/Getty Images

Algunos creen en el destino, otros no.

Esa lesión llegó en un momento en que mi contrato con Sporting estaba llegando a su fin. Me ofrecieron la oportunidad de recuperarme en el club y ver si podía seguir después. Pero no fue bien.

Cada vez que corría, me dolía la rodilla.

Dolor. Dolor. Dolor.

Tuve tres consultas con los médicos, y en todas me dijeron que tendría que retirarme. Lloré varios días cuando finalmente acepté que no podía continuar. Estaba de duelo. Enojado. Me parecía tan injusto.

“¿Cómo es posible? He llegado a esta edad sin una sola lesión. ¿Y ahora esto?”

A veces, sin embargo, cuando una puerta se cierra se abre una ventana.

Comencé a ayudar al entrenador principal del equipo juvenil del Sporting. Cuando dio el paso para trabajar con el primer equipo había una vacante. Me dijeron que me iban a dar ese trabajo y que podría completar mis cursos como entrenador allí.

Entonces, así es como empezó mi historia: con un accidente grave.

En mi primer año, ganamos la liga junior. Luego jugamos la Final Four de la UEFA Youth League junto a Liverpool, Southampton y Chelsea. El año siguiente fui ascendido al equipo B de Sporting y los llevé al sexto lugar.

Fue entonces cuando Bruno de Carvalho asumió el cargo de presidente del club.

Sabes quién es, ¿verdad?

Una semana después de que comenzara la temporada, me despidió.

¿Qué quieres de un equipo B? Por lo general, se trata de preparar a los jugadores para el equipo A. Además de terminar sexto la temporada anterior, Carlos Mané, João Mário y Eric Dier habían dado ese paso.

De todos modos, solo fue eso. Otra puerta cerrada.

Esta vez, la ventana abierta que siguió me permitió regresar a Braga, donde entrené al equipo B durante tres temporadas antes de tomar el primer equipo.

Getty Images

Mi metodología proviene de la antigua escuela deportiva de entrenadores del Sporting, porque fue allí donde di mis primeros pasos como entrenador.

Sin embargo, siempre estoy mirando hacia el futuro, viendo como trabajan entrenadores como Pep Guardiola y Mauricio Pochettino.

Para mí, el futuro es este juego del gato y el ratón dentro de un mismo partido: adaptarse a los cambios tácticos en reacción a tu oponente.

En la Europa League la temporada pasada, fuimos a Hoffenheim. Ellos comenzaron con una formación 3-5-2, que cambió a 4-3-3 durante el partido: tres delanteros, con laterales avanzados. Nosotros comenzamos en un 4-4-2, pero terminamos en un 5-4-1 para combatir lo que estaban haciendo.

“Antes de un partido, les doy a mis jugadores tres ideas clave. Es como cuando ves una película y, al final, alguien te pregunta: “¿Qué sacaste de eso?””

Ganamos ese partido 2-1. Como entrenador, es el partido del que estoy más orgulloso.

Si tu oponente está al mismo nivel que tú, entonces bien, puedes atacarle. Pero si atacas una montaña, tienes que hacerlo de manera diferente.

En otros partidos, quieres ser el protagonista: dominar la pelota. Pero a veces tienes que aceptar que tu rival es más fuerte que tú. Y, en este caso, hay que estar equilibrado.

Por mucho que nos gustaría ser el Manchester City, no tenemos un Guardiola y no tenemos un Bernardo Silva. Así que debes tener la humildad para saber que cada partido exige un enfoque diferente.

En mi opinión, ese ha sido nuestro mayor secreto.

Antes de un partido, les doy a mis jugadores tres ideas clave. Eso es todo.

Es como cuando ves una película y, al final, alguien te pregunta: “¿Qué sacaste de eso?”

Puede ser un beso, o cuando la pareja se case, pero solo serán tres o cuatro cosas. Es lo mismo con los jugadores.

Octávio Passos

Te digo esto: no hay una fórmula perfecta. No hay un plan de juego perfecto. Sólo el plan en el que crees. Quizás prefieras el mío, el de Guardiola o el de Diego Simeone.

Lo importante es poder explicar lo que quieres a los jugadores.

De eso se trata ser un buen entrenador. Hoy tenemos este estigma: que solo eres bueno si ganas. Que si ganas, eres un gran entrenador. Y si pierdes, eres débil.

Pero eso, para mí, es una mentira. Se te juzga el fin de semana, cuando muestras lo que has estado haciendo durante la semana. Ahí es cuando la gente verá si su equipo está organizado o no.

Si trabajas bien la pelota o no, el domingo es tu prueba. Pero siempre les digo a los jugadores: “Vamos a concentrarnos en nuestros objetivos”.

Y es que cuanto más te centres en el resultado, más ansioso te pones. No tiene sentido simplemente preocuparse por aprobar el examen: tienes que estudiar para ello. Cuida el proceso de aprendizaje y el resultado llegará.

También tienes que mostrar humildad, y eso es lo que les digo a los jugadores. El deber de hacerlo lo mejor posible cada día.

Ni siquiera pienses en el resultado. Al igual que con mis equipos en Football Manager, será difícil ganar títulos.

Pero incluso entonces, nunca me rendí.

Abel Ferreira habló cobn The Coaches’ Voice en mayo de 2019

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