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Ariel Holan

Universidad Católica, 2020-2021

Yo soñaba con ser futbolista.

Jugué hasta los 14 años al fútbol medianamente competitivo. A esa edad pasé una prueba en el club Banfield, el club de mi barrio, pero había que decidir. O dejaba el inglés  -estudiaba en un colegio bilingüe- y empezaba el proceso de entrenamiento juvenil o me centraba en los estudios.

Mis padres decidieron o vieron en mí más condiciones académicas que futbolísticas, y yo no tuve la rebeldía de decir: “yo quiero jugar al fútbol”.

Una vez que mi sueño de futbolista se truncó, pensé primero en el hockey sobre hierba, deporte que empecé a practicar con 15 años hasta los 27. Y cuando fui creciendo como entrenador de hockey, siempre me puse la meta de llegar al fútbol y dirigir.

Una visión que mi familia no compartía. Ellos querían que yo fuera abogado.

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Mi etapa en el hockey me sirvió mucho como entrenador. Porque primero hay un rol genérico que es el de entrenador, y la estructura emocional y racional de un entrenador se va a formando a medida que uno va teniendo la experiencia de conducir equipos.

Y, obviamente, fue un proceso muy largo. El hockey argentino en los años 80’ tuvo capacitaciones de los mejores entrenadores del mundo: australianos, alemanes, holandeses, o españoles… Por ahí profesionalicé mucho mi actividad.

Pero siempre con la cabeza puesta en el fútbol, viendo todos los partidos, siguiendo mi club, siguiendo los partidos de Copa Libertadores, los partidos de los torneos internacionales, los Mundiales, los Juegos Olímpicos… Entonces fui vinculando al hockey con el fútbol y al fútbol con el hockey de manera sistemática. Con un importante nexo en común: la tecnología.

“Siempre me puse la meta de llegar al fútbol y dirigir. Una visión que mi familia no compartía; ellos querían que yo fuera abogado”

Nunca la rechacé como herramienta en el hockey. Es un deporte que le da mucha importancia a la tecnología. Para mí era algo natural. No obstante, yo creo que es un recurso, o una herramienta que ayuda a perfeccionar al deportista y también al entrenador. Contribuye a mejorar el análisis del proceso de entrenamiento y a achicar los márgenes de error.

Mi primera computadora fue una Compaq Presario 1255. Me duró pocos meses porque conocí a un amigo que vive en Barcelona, que es un programador autodidacta. En el año 2000 desarrolló un software para análisis de video y me di cuenta que para el videoanálisis era una herramienta extraordinaria.

Con él desarrollamos un software de análisis que nunca comercializamos, pero con el cual yo empecé a trabajar en el fútbol como analista de videos.

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En 2003 había que hacer una inversión importante en tecnología y, bueno, vendí el auto para llevarla a cabo. Compré también unos 20 relojes de la marca Polar S610. Una de las cosas que a mí el hockey me había enseñado, era el no divorciar la preparación física de la metodología de entrenamiento con balón. Entonces en ese momento la manera de controlarlo que yo tenía era con el pulso.

Con esos relojes por lo menos tenía la secuencia de entrenamiento de acuerdo a los ejercicios y en qué frecuencia cardíaca trabajaban los deportistas. A partir de ahí iba achicando los márgenes de error, para alcanzar un método integral que fuera físico, técnico, conceptual y emocional, con tecnología para ir monitoreando las cargas. Hoy tenemos los GPS de última generación que son una ayuda invalorable.

“Mi etapa en el hockey me sirvió mucho como entrenador”

Para seguir creciendo como entrenador viajaba a los torneos internacionales de hockey y me pagaba todo de mi bolsillo. Fui al Mundial en Londres en el 86’. Fui a la Champions Trophy en Australia en el 90’. Fui a los Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92′ (abajo). Al Mundial de Holanda en el 98’. Y en el intermedio hice algunas giras por Europa con mis equipos.

No había los medios de comunicación que hay hoy, mucho menos en el hockey. Entonces me traía los videos de los partidos, de los mundiales. Y así fue como fui creciendo como entrenador.

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Llegué al fútbol más seriamente en 2003 cuando conocí a Jorge Burruchaga, a través de Alejandro Kohan. A Alejandro yo lo había convocado para trabajar conmigo muchos años antes, durante los años 1991, 92 y 93 como preparador físico de la primera división de hockey de mujeres y de varones del Club Lomas.

Yo ya venía probando el software desde el año 2000 con el fútbol, también lo usaba en el hockey y le ofrecí a Burruchaga poder hacer una tarea de videoanálisis en Arsenal, donde él dirigía. Era el primer año de Arsenal en primera división. Y empecé a trabajar con él de videoanalista. Le preparaba informes de su equipo y de los rivales. Así comenzó todo.

Tenía muy claro que era muy difícil empezar en el fútbol sin haber sido futbolista profesional. Y que era, para mí, un primer paso muy importante, poder ofrecer un servicio de análisis, porque yo nunca dejé de ver fútbol desde que nací. Me sentía con la capacidad de poder ofrecer ese servicio.

“En 2003 había que hacer una inversión importante en tecnología y bueno, vendí el auto para llevarla a cabo”

Pero lógicamente, una cosa es ofrecer un servicio de videoanálisis, y otra terminar de entrenador de un equipo de primera división. Para todo eso sabía que tenía que recorrer un camino con distintas estaciones.

La primera estación era el videoanálisis. La segunda estación era el conocer el fútbol infantil y el fútbol juvenil. La tercera estación era transformarme en entrenador o ayudante de campo y luego en entrenador.

Y esto no siempre se fue dando ordenadamente, pero sí fue el camino final. Es decir, empecé como videoanalista y continué en cada una de las áreas que yo podía crecer, y conociendo la idiosincrasia del deporte desde adentro. Con lo cual ese proceso me llevó casi 16 años.

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En agosto de 2003 empecé a trabajar. Todo ese tiempo previo de preparación en junio-julio fue para mostrar el trabajo a ver si a él le convencía lo que yo le podía ofrecer y en agosto, cuando empezó el campeonato, después de la pretemporada de invierno, empecé a trabajar con Jorge por seis años.

La primera etapa con Jorge fue como analista, en Arsenal, en Estudiantes de la Plata y en Independiente. Yo ahí paralelamente era director de la escuela de fútbol de Independiente donde hice una experiencia extraordinaria porque trabajé con exfutbolistas históricos.

Cuando pasé a ser ayudante de Jorge, en Banfield y en Arsenal, ya fueron otros dos años.

“Tenía muy claro que era muy difícil empezar en el fútbol sin haber sido futbolista profesional, y que para mí, un primer paso muy importante, era poder ofrecer un servicio de análisis”

Posteriormente, Adrián Domenech, que era el coordinador de las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, un club emblemático de donde surgieron Diego Maradona y muchos más, me ofreció trabajar con los juveniles.

Fue una experiencia corta, pero muy enriquecedora. Fue corta porque en 2011, en junio, pasé a ser ayudante de Matías Almeyda (abajo) en River Plate en el momento más difícil en su historia, en la B. Aprendí mucho de Matías y su equipo formado por Gabriel Amato, Carlos Roa y José Chamot. Y también de Daniel Passarella que era el presidente del club.

Fue algo inolvidable y para mí fue fundamental en mi formación como entrenador.

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Yo lo he visto a Matías luchar muchísimo, era una responsabilidad muy grande para él, porque se había retirado como futbolista ese mismo año. Y se puso al equipo y al club al hombro. Nosotros lo acompañamos, pero realmente la cabeza de todo era él. Y uno con el tiempo, cuando se transforma en entrenador principal, se da cuenta del peso que llevaba sobre sus hombros y con la valentía y responsabilidad con que lo hizo.

Lo acompañé a Almeyda el año y medio en River y luego año y medio en Banfield. Y allí ya fue una decisión dura de tomar, como lo fue en su momento con Jorge, lo fue con Matías, a quienes respeto, quiero muchísimo y tengo un agradecimiento eterno, pero yo quería ser entrenador.

El desafío fue muy grande. Ahí es donde empecé en la reserva de Banfield, que también fue una estadía muy corta, fueron seis meses y ya en el 2015, a mitad de año, tuve la oportunidad de comenzar en Defensa y Justicia como entrenador principal.

“La primera estación era el videoanálisis. La segunda, conocer el fútbol infantil y juvenil. Y la tercera, transformarme en entrenador o ayudante de campo y luego en entrenador”

Un club al que también le voy a estar eternamente agradecido, porque era mi primer desafío en un club de Primera División y confiaron en mí. Y eso nunca lo voy a olvidar.

Enseguida me di cuenta del desafío que tenía por delante. Un aficionado escribió un tuit que decía: “Primero vino Franco, luego Arturo Flores, ahora un entrenador de Hockey, el próximo entrenador es el comisario de Florencia Varela”.  Me dije: “Qué difícil va a ser esto”. Pero después obviamente con el respaldo de los dirigentes había que trabajar y demostrar si uno estaba a la altura o no.

Fue mi primera experiencia, inolvidable. En el segundo semestre a cargo les propuse una idea un poco arriesgada, que era traer chicos juveniles de los equipos “grandes” que no tenían lugar en sus planteles. Trajimos a Guido Rodríguez, a Agustín Rossi, a Tomi Cardona, a Tomi Martínez y Lisandro Magallán entre otros. Armamos un lindo equipo.

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Jugamos un fútbol que a mí me gustó mucho, tenía mucha frescura, todos chicos jóvenes con ganas de crecer, mucho entusiasmo. Le ganamos a casi todos los clubes grandes y jugando bien al fútbol. Y nos clasificamos a la Copa Sudamericana.

Después ya vino el tercer semestre que fue un modelo diferente, porque todos esos chicos se vendieron. Se fueron todos. Y se nos desarmó el equipo que habíamos construido con tanto esfuerzo y nos costó en ese semestre volver a tener un equipo eficaz.

Ahí decidí dar un paso al costado y vino el sueño que fue dirigir a Independiente. Era el sueño de mi infancia hecho realidad en la madurez de mi vida, y en el fútbol. Era algo mágico. Porque la pasión es la pasión.

Y ver reflejada esa pasión, que viene de una historia muy personal con mi papá, que me llevó de chico a ver a Independiente, y los vínculos de mi generación con nuestros padres no eran los que tenemos nosotros hoy con nuestros hijos. Eran vínculos más distantes, y yo sentía que el momento de mayor comunión, fraternidad, homogeneidad, fluidez, era en la cancha viendo a Independiente.

“Dirigir Independiente era el sueño de mi infancia hecho realidad en la madurez de mi vida, y en el fútbol”

O sea, el viaje, era disfrutar a mi papá, la vuelta era disfrutar a mi papá, y el abrazo de un gol en la cancha era disfrutar a mi papá como nunca lo disfruté después fuera de lo que era el ámbito futbolístico.

Durante mi tiempo con Independiente, dos años y medio, intenté hacer todo lo posible para que el club crezca. Yo miraba en Europa la organización de los clubes como Barcelona, Bayern Múnich, Ajax. Clubes que tienen una escuela muy ordenada. Es un proceso de formación de verdad, profundo. Yo quería que Independiente empezara ese camino. Un camino súper profesional en el fútbol infanto-juvenil. En la infraestructura. Y se fuera transfiriendo al fútbol profesional.

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En Chile, en la Universidad Católica, lo único de lo que me he ocupado es de dirigir el equipo. Y eso es muy bueno para un entrenador.

El balance que hago de esta etapa es superlativo. No solo por el título de Liga, sino, sobre todo, por cómo llegamos hasta él. Una temporada imposible de imaginar por todas las dificultades que tuvimos que afrontar. Desde el arranque, con la tremenda dificultad de afrontar un grupo muy duro en la Copa Libertadores, y luego la irrupción de la pandemia.

“Uno va ajustando, cambiando, mejorando, y creo que esa tiene que ser la búsqueda, no tanto la perfección, sino el proceso”

Lo que más valoro es el esfuerzo que hicieron los jugadores durante este tiempo, sin poder entrenar con normalidad durante cuatro meses. Fue muy duro, pero logramos volver a un alto nivel gracias al compromiso que habían tenido los jugadores durante ese tiempo.

Eso nos llevó a hacer grandes partidos, también en la Copa Sudamericana, donde nos quedamos con la sensación de que estábamos para más. Posiblemente para la final. Pero a pesar de la eliminación, no perdimos nuestra energía. La trasladamos a la Liga, bajo un grupo unido para seguir superando obstáculos como jugar dos clásicos en menos de una semana, tener una gran cantidad de lesiones o la venta de jugadores tan importantes como Benjamín Kuscevic y César Pinares.

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Sin duda un año que me ha hecho crecer, y también reafirmarme en la conclusión a la que llegué hace tiempo, de que mi mayor desafío como entrenador es el crecimiento de mis futbolistas y de mi cuerpo técnico. No sólo es un título, como con Universidad.

Es una cuestión que va más allá.

Porque si uno logra, en el tiempo que gestiona un club, hacer crecer a los futbolistas, seguro que primero es bueno para los futbolistas y para la institución porque eso se transfiere en ventas. Pero aparte, si hay crecimiento, uno juega con menor margen de error y al jugar con menor margen de error, se transforma en un equipo más eficaz.

Uno va ajustando, cambiando, mejorando, y creo que esa tiene que ser la búsqueda, no tanto la perfección, sino el proceso.

Lo que está claro es que si vuelvo a nacer volvería a ser entrenador, porque es lo que amo y es lo que llevo en la sangre.

Ariel Holan

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