Fotografía: Adam Tomlinson / Huddersfield Town

Carlos Corberán

Huddersfield Town, 2020-Presente

Siempre he pensado que la vida nos regala experiencias que van a ser clave en nuestro desarrollo personal. Aprovecharlas depende de nosotros.

El Villareal fue, sin duda, una de ellas.

“Mañana tienes una entrevista en las oficinas del Villarreal”, me anunció por teléfono Juan Mercé, profesor de fútbol en la Universidad de Valencia, donde estudiaba Ciencias de la Actividad física y el Deporte. Él me había recomendado a Juan Carlos Garrido (abajo), en aquel entonces director de cantera del club, para formar parte del staff del segundo filial.

Esa recomendación fue clave para mí porque pasaba de entrenar en el fútbol amateur a estar inmerso en una estructura profesional. Y encima dar ese paso en el Villarreal, un equipo que trabajaba -y lo sigue haciendo- con una identidad muy definida donde aúnan estilo de juego, de futbolistas y de entrenamiento bajo un mismo prisma. Futbolistas con muy buen pie y un entrenamiento basado en situaciones de juego, una mezcla que lleva cosechando buenísimos resultados por mucho tiempo.

Michael Regan/Getty Images

Entrar en el Villarreal suponía ponerle fin a mi etapa como portero, algo que prácticamente tenía decidido antes de aquella llamada, ya que era consciente de que no llegaría a ninguno de esos sitios en los que se sueña con jugar cuando eres pequeño.

Con 23 años mi cabeza ya no estaba en los entrenamientos que mi preparador de porteros me hacía. Me despistaba continuamente analizando el entrenamiento de mis compañeros para ver cómo adaptaba esos ejercicios en el club donde yo entrenaba.

Hasta ese momento había entrenado a los alevines, cadetes y juveniles de Cheste, un pueblo cerca de Valencia. Etapas que recuerdo con mucha distancia, pero con mucho sentimiento. Al final todas las experiencias son válidas para ir forjando tu personalidad como responsable de un grupo. Y aquellas, por supuesto, también lo fueron.

“Cada día en el fútbol hay que exprimirlo hasta el último segundo”

Siempre he sido consciente de lo complicado que es dedicarse a ser entrenador y más aún si no has sido jugador profesional de fútbol. Pero sin ninguna duda entrar en un club como el Villarreal me posibilitó empezar a darle forma a ese nuevo proyecto.  Fueron seis temporadas en el club, las últimas tres en el primer equipo, formando parte del cuerpo técnico de Juan Carlos Garrido.

En aquella etapa llegamos a jugar Europa League –competición en la que llegamos hasta semifinales- y también terminamos cuartos en La Liga, clasificándonos y jugando posteriormente la Champions League en nuestro último año.

David R. Anchuelo/Real Madrid via Getty Images

De esa experiencia en el primer equipo me quedo con la cantidad de grandes futbolistas que te hacían crecer en cada sesión de entrenamiento.

Siempre recordaré la facilidad de Ariel Ibagaza (arriba a la izquierda) para controlar los tiempos del juego en un simple rondo de entrenamiento, cómo Robert Pires (arriba a la derecha) encontraba pases sin apenas tener que desplazarse o cómo Marcos Senna, jugando por dentro, daba equilibrio ayudando a jugar bien al fútbol en aquel mediocampo lleno de grandes futbolistas.

Pero desafortunadamente, como todas las cosas únicas en la vida, llegó a su final en las Navidades de 2011, después de ser eliminados en Copa del Rey por el Mirandés, por entonces equipo de la Segunda División B.

Esos ceses, aunque amargos, te ayudan a valorar cada uno de los minutos que has vivido previamente y a ser consciente que estar en un campo pudiendo entrenar es un privilegio que no podemos desaprovechar. Ahí aprendes que nunca un día puede ser uno más. Nunca un día puede ser perdido.

Los días de fútbol dan para mucho. Y como nada es para siempre  – y menos en el fútbol – cada uno de ellos hay que exprimirlo hasta el último segundo.

Fotografía: Sam East/Huddersfield Town

Por suerte, poco tiempo después la vida me regaló otra de esas oportunidades claves. Esta vez en Arabia Saudí.

Irme a Arabia fue uno de esos retos que tuve que hacer para seguir mejorando mi conocimiento del fútbol, en una liga y país hasta entonces desconocido para mí. Me fui como segundo entrenador de Raúl Caneda, quien había estado trabajando hasta ese momento con Juanma Lillo, el técnico que más interés me había generado hasta ese momento.

En cada entrevista, ponencia o artículo que escribía, Lillo desprendía mucho conocimiento, inquietud y sensibilidad por el juego. Así que lo seguí muy de cerca y empecé a generar una relación de mucha reflexión con Caneda. En aquel momento mi ambición estaba dirigida hacia saber todo lo que pudiera sobre el juego y sobre su entrenamiento. Y todos aquellos conceptos que escuchaba empezaban a darle forma a mi nueva idea de entender lo que pasaba dentro del campo.

“Del Villarreal me quedo con la cantidad de grandes futbolistas que te hacían crecer en cada sesión de entrenamiento”

Dentro de nuestra evolución, hay personas que aparecen en diferentes etapas de tu vida para ofrecerte estímulos e impulso de crecimiento. Esa influencia nos retroalimenta y nos lleva a nuevos estados de conocimiento a los que no accedemos sin esa interacción.

Al lado de Raúl viví momentos y experiencias difíciles de repetir. Llegamos a las semifinales de la Asia Champions League en uno de los clubes más grandes de Asia, Al Ittihad (abajo), equipo al que cuatro meses antes de empezar aquel nuevo reto, desconocía por completo.

Estuve en Arabia Saudí en tres ocasiones diferentes y, entre cada parón, aprovechaba para mantenerme lo más activo posible. O bien entrenando a un equipo de categorías inferiores que me permitiera poder salir de nuevo si recibía una oferta –no quería perder mi vínculo con el mundo profesional- o viajando para conocer fútbol en países donde algún día podría trabajar.

Fotografía cedida por Carlos Corberán

Y uno de esos viajes fue a Chipre. Ahí hice relación con el dueño del Doxa, intermediario y presidente de uno de los equipos más humildes de la primera división del país.

A finales de 2016 coincidió que el Doxa estaba sin entrenador y yo sin equipo y, pese al riesgo que supone dejar de ser segundo entrenador para trabajar como primero, sentí que el momento de dar ese paso había llegado y tocaba lanzarse a vivir lo que llevas por dentro.

Aquello se dio -como se acaban dando las cosas que tienen que darse- espontáneamente y sin tiempo para planificarse. Recuerdo pensar en la primera charla que iba a tener con los futbolistas mientras volaba a Nicosia. Para mí ese primer momento al frente de un grupo es clave. Como dice Oscar Wilde, “nunca hay segunda oportunidad para causar una primera buena primera impresión”.

La etapa en Doxa fue corta, salimos del descenso, pero a los ocho partidos me acabaron cesando y traspasando directamente al Ermis Aradippou, equipo que estaba clasificado en la parte alta de la liga de Chipre en ese momento. Con Ermis sí pudimos finalizar la temporada.

Robbie Jay Barratt - AMA/Getty Images

Nada más acabar, me llegó la posibilidad de trabajar para un proyecto de Aspire Academy en Inglaterra. Me reuní con Iván Bravo (Director general de Aspire) en Qatar, quien me planteó la posibilidad de aterrizar en uno de los clubes con más historia del país, el Leeds United. En ese momento Aspire tenía un convenio con el Leeds para gestionar la estrategia deportiva del club, que había sido comprado pocas fechas antes por Andrea Radrizzani (arriba a la izquierda, presidente del Leeds).

En junio de 2017 llegué a Leeds para entrenar el equipo filial, el sub 23. Me fui solo, sin nadie del cuerpo técnico, pero sabía que como director deportivo estaría Víctor Orta (arriba a la derecha). A Víctor lo había conocido meses antes en un congreso de fútbol en Madrid. Durante un tiempo estuve organizando algunas ediciones de un congreso y en esa edición llamamos a Víctor. Él, como siempre, mostró su increíble predisposición a colaborar con este tipo de proyectos.

“Hay una cosa que destaco por encima de todas trabajando junto a Bielsa: junto a él solo se puede aprender”

En la primera temporada me dediqué de forma única al sub 23, con el objetivo de desarrollar una identidad muy diferente a la que venía teniendo el equipo en años anteriores.

Al acabar esa temporada tuve una reunión con Víctor y Andrea para hacer balance. Andrea tenía muy clara la idea de cambiar de club. Quería despertar a ese gigante dormido que era el Leeds United. Y para ello quería tener a cargo al mejor entrenador del mundo para conseguirlo.

Víctor no tuvo dudas, el entrenador idóneo era Marcelo Bielsa.

De ahí salimos con la intención de embarcarnos semanas más tarde a Buenos Aires para reunirnos con Marcelo y yo tuve la fortuna de poder acompañarlos. Andrea quería que yo fuera parte de aquel proyecto desde su nacimiento.

Stephen Pond/Getty Images

En aquella reunión Marcelo demostró que su capacidad de análisis y conocimiento de un equipo no tiene límites. Sin lugar a dudas es algo que te marca.

En esa segunda temporada me uní al staff de Marcelo en el primer equipo, pero mantuve parte de mis responsabilidades con el sub 23. Quería que se jugase y trabajase lo más parecido posible al primer equipo, así que yo coordinaba el grupo de trabajo que entrenaba con el equipo y los dirigía el día de partido. Esta doble función la lleve a cabo en mi segundo y tercer año en Leeds.

Para mí, haber estado trabajando junto a Marcelo ha sido una oportunidad única en mi vida. Cuando me preguntan sobre cómo es estar con él, hay una cosa que destaco por encima de todas: junto a Marcelo solo se puede aprender. Lo cuestiona y analiza todo a un nivel milimétrico y eso multiplica por mucho tu desarrollo.

La experiencia fue maravillosa. A nivel deportivo se consiguió el ansiado ascenso del club a la Premier League y a nivel personal aquellos dos años supusieron un tremendo crecimiento para mí.

La afición sufrió muchos años con su club, pero nunca lo abandonó. Y la verdad es que formar parte del proyecto en el que se le devuelve a la afición tanto sufrimiento acumulado, es algo sencillamente extraordinario.

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Habíamos llegado a la Premier League. Trabajaba al lado de un entrenador como Marcelo. En un club y una afición como el Leeds…

¿Y por qué cambiar?

Yo siempre he querido ser entrenador. Y uno va entendiendo que las etapas siempre tienen su final en algún momento si queremos seguir creciendo.

Después de conseguir el ascenso sentía que no había un final más perfecto. Ascender era la mejor forma de agradecer todo el apoyo y confianza que Marcelo, Andrea, Iván y Víctor -junto a su grupo de trabajo- habían tenido conmigo.

“Andrea tenía una idea muy clara: despertar a ese gigante dormido que era el Leeds United”

Me habían dado una oportunidad demasiado buena, y yo quería compensárselo de la mejor forma. Yo creo que en el fútbol una de las máximas es dar lo mejor de uno a los que creen y apuestan por ti. No hay nada más importante que el club en el que estás, porque si no es así corremos el riesgo de valorar lo que tenemos solo cuando lo perdemos. Y tratar de conseguir que la decisión de partir de un club o de dejar de trabajar con un entrenador nazca desde ti, nunca desde las personas que te han contratado para estar ahí.

Ninguna decisión está exenta de riesgo y de miedos. Pero creo que, si somos capaces de dejarlos a un lado, viviremos situaciones y retos absolutamente necesarios para seguir dando pasos. Creo que lo realmente importante es aprovechar todo lo que las experiencias pueden aportarte.

Y exactamente eso es lo que trato de hacer en Huddersfield.

Porque el fútbol te reta cada día. Cada rival al que te enfrentas te está obligando a encontrar nuevas y mejores respuestas, cada entrenamiento debe ser perfecto, cada instante con los jugadores buscando rendimiento.

Fotografía: Sam East/Huddersfield Town

Sinceramente, no cambiaría ni una sola coma de todo lo que he vivido desde que decidí que quería ser entrenador. Ni los buenos, ni los malos momentos. Está claro que siempre quieres que las cosas te vayan bien, pero yo he aprendido mucho de los momentos que no han funcionado como uno ha querido, de esos que se llaman fracasos.

Ahí entonces te encuentras con dos opciones: mirar para otro lado e impedir el crecimiento, o ser valiente y mirarle a los ojos al fracaso para ver qué tiene que decirte.

Yo siempre he optado por lo segundo, porque creo que esos malos momentos tienen mucho que decirnos. Pero para poder aprovecharlo debemos liberarnos del ego y cuestionarnos todo lo sucedido, responsabilízanos incluso de las cosas que no dependen ni de nosotros mismos.

Creo que es la puerta del crecimiento. Al menos la ha sido del mío.

Carlos Corberán

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