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Giovanni Savarese

Cosmos, 2012-2017 y Portland Timbers, 2017-Presente

“Entrenador. Soy Carlos Alberto, ¿qué tal? ¿Te puedes acercar a mi hotel y nos sentamos para hablar del partido?”

Había sido el encuentro inaugural de Cosmos después de su refundación, con victoria 2-1 ante Fort Lauderdale Strikers.

Y pocos minutos después de esa llamada por teléfono estaba yo hablando de mi equipo y su forma de jugar con el capitán de la mejor época de la selección brasileña y jugador de Cosmos (abajo) a finales de los años 70’ en un céntrico hotel de Nueva York.

La misma ciudad a la que llegué con 19 años, sin saber nada de inglés.

Chris Brunskill/Getty Images for NY Cosmos

La idea de tomar ese paso me la había puesto en la cabeza mi amigo Juan José “Cheché” Vidal cuando un día fue a verme jugar.

“Mira ‘Gio’, me parece que tendrías la oportunidad de irte a Estados Unidos. Conseguir una beca, estudiar, graduarte y al mismo tiempo jugar al fútbol”, me dijo.

Pero no fue hasta un tiempo después cuando me convencí de que era el camino que debía seguir.

Sin embargo, quedaba la otra parte. La más difícil, sin duda. Convencer a mi papá. Lo hice de manera directa; sin rodeos: “Papá, creo que mi camino está en Estados Unidos, y necesitaría que me ayudaras a comprar un boleto de avión para ir a buscar una beca de fútbol”.

“Al principio, no manejarme en inglés sí me presentaba algunas dificultades en las clases, pero no dentro del campo”

No sé si le convencí del todo, pero al menos accedió a comprar el boleto.

Regresé de Estados Unidos con buenas noticias. “Aquí tengo dos becas completas; pasé el examen”. Esta vez sí, mi padre respondió convencido: “Bueno, si es lo que quieres hacer hijo, entonces hazlo”.

Entre las dos opciones que tenía me decidí por la de Long Island University (abajo), en Nueva York.

Al principio, no manejarme en inglés sí me presentaba algunas dificultades en las clases, pero no dentro del campo. A pesar de ser muy joven, yo ya tenía suficiente experiencia como para solventar ese problema.

Fotografía cortesía de Giovanni Savarese

Debuté como profesional en mi Venezuela natal, a los 15 años, como delantero con el Deportivo Italia. En aquel entonces era el jugador más joven en debutar como profesional en mi país. Posteriormente, me consolidé en el equipo cuando tuvimos al técnico Valdeir “Badú” Vieira, un técnico brasileño-alemán que años después terminó entrenando a la selección de Irán y otros equipos del Medio Oriente.

Mi ídolo era Gianluca Vialli (abajo). Me parecía muy interesante su manera de jugar y, sobre todo, porque yo tenía sus características. Lo seguí mucho desde su etapa en la Sampdoria, con Pietro Vierchowod, Attilio Lombardo, Toninho Cerezo… Era un equipo que jugaba buen fútbol con Sven-Göran Eriksson de técnico.

Crecimos en casa viendo fútbol italiano los fines de semana. Mis padres formaron parte de la ola de inmigrantes italianos que llegaron a Venezuela -mi padre en los años 60′ y mi madre en los 70′-.

Si me acuerdo bien era en el canal 8 en televisión, mientras en la radio podíamos tener también en directo los comentarios desde Italia. Para nosotros era una tradición sentarnos a ver el juego de la Serie A que pasaban todos los domingos.

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Ya en Estados Unidos fue más difícil seguir los partidos. Con los estudios y el fútbol apenas tenía tiempo para nada más.

Hice mis cuatro años de universidad, sacando la licenciatura en Marketing. Y en el fútbol, en esos años rompí varios récords en la liga universitaria y estuve también cerca de la selección venezolana, compitiendo en el torneo pre-olímpico para clasificar a Barcelona 1992.

“Mi ídolo era Gianluca Vialli. Me parecía muy interesante su manera de jugar y, sobre todo, porque yo tenía sus características”

También jugué con la selección Sub-23. Así que seguí de alguna manera conectado con la selección de Venezuela, a pesar de que estaba jugando a nivel universitario en Estados Unidos.

Ahí pude vivir en primera persona el gran cambio que se experimentó en el país con el Mundial de 1994. Se vivió una fiebre futbolística tremenda, que todavía seguía muy presente en 1996 cuando nació la Major League Soccer –no había una competencia por equipos desde 1984, cuando la Liga Norteamericana de Soccer (NASL) se fue a la quiebra-.

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En MetroStars (arriba) la fanaticada en esos primeros años fue increíble, con una media de 30.000 asistentes por partido. Era una liga muy diferente con muchos futbolistas universitarios jugando al lado de figuras importantes del fútbol mundial.

Yo hice los primeros ocho goles del equipo en la competencia. Fue entonces que me apodaron desde Venezuela “El bombardero del Bronx”, inspirado en el sobrenombre de los Yanquis de Nueva York.

Después de tres temporadas firmé por England Revolution, un club que, sin saberlo, me serviría de puente para ir a jugar a Italia…

Fue a través de Walter Zenga (abajo), portero de la selección italiana en la década de los 90’ y entonces entrenador de New England. Él me recomendó de buena manera con el Perugia, que había demostrado interés en mí a través de mi agente.

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Llegué con la máxima ilusión a Italia. Por fin estaba en el escenario que había visto por televisión cada fin de semana. Yo creía que lo hacía para jugar en el primer equipo, pero la directiva del Perugia pensó que era mejor mandarme primero cedido al Viterbese, un equipo que jugaba en la Serie C -la tercera división del fútbol italiano-.

La idea era tratar de subir el equipo y promoverlo, pero no se logró. Aquello fue algo decepcionante para mí y tomamos la decisión mutuamente de separarnos porque se me presentó la posibilidad de volver a Estados Unidos con el San José Earthquakes.

Aunque fue por muy poco tiempo. Porque tan solo cuatro partidos después estaba de vuelta en Europa jugando en el Swansea, que jugaba en la segunda división inglesa.

“En todos los lugares aprendí cosas que ahora me sirven como entrenador para entender a los jugadores que vienen de diferentes lugares”

Fue bajo la tutela de John Hollins (abajo), un histórico del Chelsea. Una persona que sabía manejar al grupo, y siempre le estuve agradecido por haberme llevado para allá.

Por entonces el fútbol inglés mantenía un estilo de juego directo, muy diferente a mi manera de jugar, que pasaba más por tener el balón en el piso. Pero me adapté pronto al equipo y a la competencia.

Hice 14 goles, aunque lamentablemente no evitaron el descenso del equipo. Sí me valieron para firmar por el Millwall, entonces equipo de la Championship. Me pareció que era algo que debía tomar porque me acercaba un poco más a la Premiership, una liga más competitiva, y además era un club de Londres.

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Finalmente, la experiencia no fue tan prolífica como la de Swansea, pero, como hice en todos los lugares donde jugué, aprendí cosas que ahora me sirven como entrenador para entender a los jugadores que vienen de diferentes lugares.

Dar el siguiente paso fue bastante sencillo. Era parte del camino. Ya desde jugador anotaba en mi librito todo lo que me parecía interesante de los entrenamientos. Siempre veía los partidos de todas las ligas para intentar aprender más. Cómo podía ser mejor delantero, cómo podía hacer las cosas mejor o también cómo los entrenadores hacían su trabajo. Y ahora quería transmitir con pasión todo lo que yo pude aprender.

En los primeros momentos compaginé mi función como analista de ESPN de los partidos de la MLS con el cargo de responsable del sector juvenil en el Red Bull, varios equipos de Nueva York y, finalmente, el Cosmos. En un momento cuando estaba en el Cosmos, desde el club me pidieron que hiciera una presentación sobre el camino que debía seguir el club en el futuro.

Yo hice mi argumentación pensando desde el rol de director deportivo, diseñando una estructura que sirviera para tener una base desde donde crecer. Para mí sorpresa, pocos días después me llamaron para decirme si podía tomar las riendas del club. como entrenador. Por supuesto, lo acepté.

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Cosmos me brindó un espacio profesional único donde poder desarrollarme como técnico. Lo pude hacer con charlas como la que tuve con Carlos Alberto, Giorgo Chinaglia o Pelé (arriba), jugadores que dejaron su huella en ese equipo de finales de los años 70’.

Sus consejos fueron de enorme valor para mí, como también la ayuda de los jugadores que tuve en mis siete años en el club. Fue una suerte tener a jugadores de la experiencia de Juan Arango, Marcos Senna o Raúl (abajo). Sinceramente, creo que un entrenador aprende de los jugadores también, la colaboración es siempre mutua.

“Cosmos me brindó un espacio profesional único donde poder desarrollarme como técnico”

Sé que ahora Raúl ha optado por este camino. Y no tengo dudas de que le irá bien. Es una persona con una enorme profesionalidad.

Llegó a Cosmos con toda su carrera como futbolista ya hecha, llena de títulos, pero desde el primer día nos puso a todos, jugadores y entrenadores, a un nivel en el que teníamos que ser lo mejor que podíamos porque así lo demandaba él. Y ese nivel de competición que nos exigió fue muy importante.

Víctor Fraile/Getty Images

Con esa exigencia en el día a día llegamos a cinco finales de la NASL (National American Soccer League) en siete años. Ganando tres campeonatos. Años en los que, gracias a Dios, tuvimos mucho éxito. Pero también hubo momentos negativos. Y aunque puedan ser duros, te ayudan a crecer.

Como hice como jugador, en algún momento me gustaría ir a Europa a entrenar. Creo que ese el mayor reto al que se puede enfrentar un técnico en su carrera.

Pero por ahora me siento muy contento en el Portland Timbers. Un club que, como ocurría en Cosmos, tiene una enorme pasión por el fútbol.

También muy afortunado de competir en la MLS.

Una liga de la que he formado parte desde su inicio.

Giovanni Savarese

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