Fotografía: Alex Caparrós

Juan Carlos Unzué

Barcelona: 1988-1990, 2003-2010 y 2014-2017

He tenido la suerte de trabajar en el Barcelona con Johan Cruyff, Frank Rijkaard, Pep Guardiola y Luis Enrique.

Es difícil que un entrenador haya podido contar con mejores influencias en su formación. Todos muy distintos, pero de una gran inspiración táctica, especialmente en el aspecto ofensivo.

Primero fue Johan.

Pero hasta llegar a él hay una curiosa relación que comenzó desde mi infancia.

En casa yo era el pequeño de seis hermanos, y la única posibilidad que me daban de jugar al fútbol con ellos era que fuera el portero. Con el paso del tiempo, esa posición me empezó a gustar, aunque era un portero atípico.

Me encantaba correr. Así que hasta los 15 años alterné ambas posiciones: en los partidos más complicados jugaba de portero y, en los fáciles, de jugador de campo.

© FC Barcelona/Autor: Horacio Seguí

Eso me ayudó mucho no solo a entender el juego de otro modo, sino a posicionarme de otra manera. Ahora lo ves como algo habitual que el portero juegue en relación al equipo, pero en aquellos momentos era distinto. El portero solo paraba.

Creo que Johan Cruyff (abajo) me contrató para el Barcelona por eso.

Pero te confieso también que él fue la razón por la que fui al Barcelona.

“Cruyff me marcó. Como a todos los que estuvimos con él; traía un mensaje y una idea de juego diferente”

Tenía la opción de haber ido al Sevilla. También al Madrid para que acompañara a Paco Buyo en la portería. Pero cuando se conoció que Cruyff iba al Barcelona y supe de su interés en mí, no lo dudé.

Si bien es cierto que pude jugar muy poco con él -sobre todo por el nivel de Andoni Zubizarreta y porque en aquel momento no estaba a su altura- Cruyff me marcó.

Como a todos los jugadores que estuvimos con él.

Traía un mensaje y una idea de juego completamente diferente a lo que nosotros estábamos acostumbrados.

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Todo eso estuvo revoloteando en mi cabeza los años siguientes, ya con el Sevilla, pero no fue a partir de los 30 en adelante –yo me retiré con 36- cuando surgió la intención de ser entrenador.

Mi idea, de origen, era hacer una escuela de fútbol y trabajar con el fútbol de base. Era lo que me gustaba.

Sin embargo, en esa transición, llegó en 2003 una posibilidad que no esperaba: ser entrenador de porteros con Frank Rijkaard en el Barcelona.

Evidentemente no lo rechacé. Ese fue mi inicio como parte de un cuerpo técnico. Con la máxima responsabilidad de tener a los porteros en el mejor nivel posible, pero también despertando un nuevo interés: querer ser primer entrenador en el futuro.

“Para mí, Frank ha sido la persona con mayor capacidad para escuchar y observar. Y como consecuencia de eso, tomar muy buenas decisiones”

Los primeros meses, no te voy a engañar, fueron difíciles. No podía ser de otra manera. El club venía de un momento complicado, unos años sin apenas títulos.

La sensación que había alrededor era de tristeza.

Pero todo cambió. Y en eso tuvo mucha influencia Ronaldinho.

Nos contagió a todos su enorme felicidad. Recuerdo su gesto cada vez que marcaba, ese que hacen los surferos (abajo). Luego veías a todo el mundo repitiéndolo allá donde jugábamos. En cualquier campo y en cualquier país.

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Para mí eso fue lo más importante para el equipo. Diría que más allá incluso de los resultados, que fueron también muy buenos, con los dos títulos de Liga -2005 y 2006- y la Champions League en 2006.

En esa época yo sentía que era muy diferente a Rijkaard (abajo) como entrenador. A veces hacía cosas casi opuestas a lo que yo pensaba, pero aún así me gustaba lo que veía.

Para mí ha sido la persona con mayor capacidad para escuchar y observar. Y como consecuencia de eso, tomar muy buenas decisiones.

Alguno me dirá que eso no se vio en los dos últimos años, cuando el equipo no consiguió los objetivos. Para mí Frank tuvo algo en esos momentos que le destaca. Acabó muriendo también con sus ideas. Sin renunciar a lo que pensaba.

Más allá de lo deportivo, el equipo se cayó por una cuestión muy simple: ganar continuamente no es sencillo. En el fútbol o en cualquier ámbito.

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Seguro que no fue el final deseado, pero fue el que permitió tomar toda una serie de buenas decisiones, y darle la posibilidad a Pep Guardiola de entrar en el club y de marcar un nuevo camino e historia.

Pep, curiosamente, fue el primero que me había propuesto ser entrenador de porteros de su cuerpo técnico. Antes que Rijkaard.

Como Cruyff, Guardiola es de esas personas innovadoras. Transgresora, diría. Tomó decisiones que no eran fáciles.

Tampoco populares –como anunciar que no contaba con Eto’o, Ronaldinho y Deco-, pero las tomó desde su gran conocimiento del club y de la plantilla, y de lo que había que hacer de cara al futuro. El tiempo le dio completamente la razón.

“Guardiola era un facilitador para los jugadores. Les contagió también su energía y pasión que sigue demostrando cada año”

Por supuesto, nadie hablaba de ganar todos los títulos ese primer año. Creo que eso no pasaba por la cabeza de nadie, pero sí había una sensación de querer ganar, hasta los partidos de entrenamiento. Esta exigencia tan grande te da también la posibilidad de dar continuamente tu mejor versión.

Guardiola (abajo) contagió esa energía y pasión que él sigue demostrando cada año. Los jugadores, a través de lo que iba transmitiendo Pep y de lo que ellos eran capaces de ejecutar, vieron rápidamente que podían ser capaces de cualquier cosa.

Al final, Pep era un facilitador para los jugadores. A los grandes futbolistas, si encima les acabas facilitando un poquito el juego con tus propuestas, acaba ocurriendo lo que ocurrió. Ganar todo.

En 2010, todavía con Pep Guardiola en el Barcelona, decidí tomar una decisión. Emprender por primera vez mi propio camino.

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Pep y el club lo entendieron perfectamente. Sabían de mis intenciones.

El destino fue el Numancia, donde cumplí mi sueño de ser primer entrenador. El siguiente paso era el Racing de Santander, pero un problema con el contrato y desavenencias con el presidente hicieron que finalmente no fuera allí.

Después de eso decidí parar. Llevaba 25 años sin hacerlo. Sin tiempo para estar con mi familia.

Volví a casa, pero apenas unos meses después surgió la llamada de Luis Enrique (abajo).

La primera intención era trabajar con él en la Roma en Italia. Pero ya desde el inicio de la conversación me dijo que no estaba seguro de si iba a tener un segundo año en el club.

Lo pensé unos días en casa con la familia. Y la decisión fue muy clara.

Soy persona de retos nuevos, y entendía que por esa amistad que nos unía podíamos hacer un buen tándem.

“Luis Enrique me hizo sentir como un primero, dándome varias responsabilidades, sobre todo la estrategia a balón parado”

Así que fue un sí en aquel momento, aunque después no se dio esa posibilidad porque Luis decidió no seguir.

En ese tiempo sin trabajar, nos dedicamos a nuestros hobbies, entre ellos la bicicleta.

Hicimos auténticas burradas encima de la bici, como correr en Sudáfrica la Cape Epic. Ocho días en bicicleta, con tiempo de todos los colores y diferentes situaciones que tienes que superar.

Evidentemente hay estados de ánimo muy extremos y a veces muy diferente el uno del otro. Pero eso fue como una prueba de fuego para ver que podíamos trabajar perfectamente juntos.

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Y así fue. Primero en el Celta de Vigo y luego en el Barcelona.

Un equipo con Leo Messi, Neymar y Luis Suárez arriba. Entre otros grandes jugadores.

Ya lo decía Cruyff, “a veces es difícil tener más de un gallo”. En aquel momento eran hasta tres. Pero aquello funcionó, empezando porque los tres tenían claro quién era el gallo.

En un momento dado se dieron cuenta que juntos podían volver a pelear por todo y que juntos se hacían uno al otro mejor. Junto con el resto del equipo se volvió a conseguir algo que hasta ahora solo ha ocurrido dos veces en la historia del club: ganar ese magnífico triplete en el 2015.

Esta vez diferente para mí al que gané con Guardiola como preparador de porteros. Aunque era el segundo entrenador, Luis Enrique me hizo sentir como un primero, dándome varias responsabilidades, sobre todo la estrategia a balón parado.

Ese último paso con Luis Enrique terminó de completar mi formación para retomar mi camino como primer entrenador.

Un viaje para el que llevo en mi mochila los amplios conceptos que aprendí de varios entrenadores verdaderamente únicos.

Juan Carlos Unzué

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