Fotografía: Sergio Cueto

Eusebio Sacristán

Celta de Vigo 2009-2010, FC Barcelona B 2011-2015, Real Sociedad 2015-2018, Girona 2018-2019

El día que apareció Johan Cruyff en mi carrera fue como si se hubieran abierto las puertas del cielo.

Yo estaba jugando para el Atlético de Madrid. Había llegado allí después de cuatro años en el equipo de mi tierra, en el que debuté: el Valladolid. Entendía que en el Atlético de Madrid iba a poder aspirar a conseguir los objetivos importantes que quería en mi carrera. Estuve un año allí. El primer año de Jesús Gil como presidente, y César Luis Menotti de entrenador. Luego hay dos cambios más de entrenador aquel año y a final de temporada me entero de que el Barcelona está interesado en mí.

Tenían un entrenador nuevo, Johan Cruyff, que se había fijado en mí.

Aquello me llenaba de ilusión. El Barcelona era un equipo con más posibilidades de conseguir esos objetivos importantes, con más posibilidad de conseguir títulos. Además, con la llegada de Cruyff, un grandísimo jugador, al que yo había visto de niño y del que tenía muchos recuerdos. Y ahora estaría bajo sus órdenes.

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En el Atlético de Madrid había tenido mis dificultades para hacerme con un sitio porque en el fútbol, en aquel momento, predominaba mucho el 4-4-2, en el que yo podía jugar solo en una posición. Había un centrocampista más de perfil defensivo y uno más ofensivo, organizador, y era ahí donde yo encajaba.

Y de repente llega Cruyff y veo que su propuesta es jugar con un rombo en el medio del campo, con cuatro jugadores por dentro. Veía que en esas cuatro posiciones yo podía jugar, con lo cual se me abría la opción de poder jugar dentro de su equipo.

Luego veía que, tal y como estaban repartidas las posiciones, con tres defensores, un rombo en el medio del campo y tres delanteros, las posibilidades de pase desde la posición que yo ocupaba en el medio del campo eran muchas. Y justo lo que yo tenía de bueno era la técnica para hacer buenos pases y la toma de decisiones, elegir cuál es el mejor pase; el compañero que está mejor situado para ese pase.

Desde los primeros partidos de pretemporada en Holanda empecé a ver que se me abría un abanico de posibilidades de juego. Fue una alegría enorme ver esa idea de juego que Cruyff traía y cómo funcionaba de bien.

“Me lo quería pasar bien cada día de mi vida profesional. Y ahora había un entrenador que planteaba una idea de juego en la que podía hacerlo”

Los entrenamientos eran diferentes de lo que yo estaba acostumbrado. En aquella época había un componente importante de preparación física. Cuando llegó Cruyff el componente más importante pasó a ser la técnica.

La parte técnico-táctica, juegos de posición, partidos cortos. Era todo con balón, como cuando era niño y jugaba con mis amigos en la calle en mi pueblo, La Seca. Y luego estaban los partidillos, partidos cortos de competición de tres jugadores. Era divertirse cada día. En mi profesión, que he elegido porque me gusta mucho, también me lo quería pasar bien cada día de mi vida profesional. Y ahora había un entrenador que planteaba una idea de juego, una metodología de entrenamiento, que nos permitía pasarnoslo bien.

Pero no tiene sentido si te lo pasas bien y no te sirve para ganar. Algo así no podría tener continuidad. Pero la forma de jugar de Cruyff servía para conseguir resultados también. Era ideal.

Sergio Cueto

En 1986, el Barcelona había perdido la final de la Copa de Europa, en Sevilla, ante el Steaua de Bucarest por penaltis. Era una final en la que se daba por hecho que la iba a ganar el Barça, pero no fue así. Cuando llegamos en 1988 el aficionado del Barcelona estaba muy decepcionado, muy desilusionado, había sido un trauma para ellos vivir aquel momento.

Éramos una nueva generación de jugadores. Cuando empezamos a ver que nos lo pasábamos bien jugando y teníamos un entrenador con una mentalidad ganadora, fuimos entendiendo poco a poco que se podían generar las circunstancias ideales como para aspirar a ser nosotros los que consiguiésemos eso que el Barcelona llevaba buscando hace tantos años: la Copa de Europa.

Sabíamos que no podríamos ganar La Liga esa primera temporada. Nos enfrentábamos a un Real Madrid muy consolidado, con jugadores ya en su plenitud y con el que era difícil competir desde un equipo que estaba en formación, como era el nuestro. Con jugadores jóvenes, que habíamos llegado nuevos, que estábamos creando un estilo, una idea.

Pero teníamos muchas esperanzas de poder lograr grandes cosas con ese equipo y ganamos la Recopa esa primera temporada, contra la Sampdoria, en Berna. Ganar una final jugando de una manera tan brillante nos trajo mucha satisfacción. Era refrendar que estábamos en el buen camino.

“Éramos una generación que de la mano de Cruyff había desarrollado un estilo diferente, revolucionario, atractivo, ofensivo”.

Cada vez sentíamos más que sabíamos lo que hacíamos, lo que teníamos que hacer cada uno en el campo. Confiábamos mucho en nuestra idea de juego, y estábamos influidos por la mentalidad ganadora de Cruyff. Johan estaba convencido de que era el mejor, y él nos hacía creer que nosotros también éramos los mejores y capaces de ganar a los mejores.

Nuestro camino siguió progresando hasta que fuimos capaces de superar al Real Madrid. Al tercer año habíamos consolidado nuestra idea de juego y esa madurez como jugadores. Fue entonces cuando ganamos La Liga.

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En menos de un año nos volvimos a enfrentar a la Sampdoria en una final europea (arriba, Eusebio de pie a la derecha)

Éramos conscientes de que teníamos la oportunidad de hacer historia, ser los encargados de conseguir la primera Copa de Europa para el Barcelona, un club histórico, de mucho prestigio a nivel mundial. Éramos una generación que de la mano de Cruyff había desarrollado un estilo diferente, revolucionario, atractivo, ofensivo.

Pero también entendíamos que esa nueva manera de entender el fútbol necesitaba del título más importante para confirmar que era una idea buena. No solo bonita, atractiva, sino también efectiva.

Cuando llegamos al club en el 88 encontramos mucha desilusión. Ahora, con nuestra fuerza, con nuestra energía, con nuestro entusiasmo y, sobre todo, con la energía de nuestro líder, que era Johan, podíamos lograr que la gente por fin tuviese su recompensa.

“Cruyff nos enseñó a nosotros, sus jugadores, muchas cosas que todos hemos ido integrando en nuestra idea de juego. Todos estamos influidos por detalles que él nos transmitió”.

Para el club, la primera Copa de Europa lo significaba todo. Para los jugadores fue un motivo de alegría y satisfacción. De niño sueñas con esos momentos. Antes de la final, puedes ver que tienes tu sueño ahí al alcance de la mano. Y luego se vuelve realidad.

Pero esa realidad nunca hubiera podido ser sin Johan. El Barcelona hubiese sido completamente diferente sin él, y el fútbol también. La influencia que ha tenido Johan con sus ideas en el mundo del fútbol ha sido bestial. Él tuvo una influencia determinante en lo que es el juego hoy en día.

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La presencia de Cruyff es todavía decisiva, por sus enseñanzas. Él nos transmitió una serie de conceptos técnico-tácticos que te ayudaban a pensar dentro de un terreno de juego, a tomar buenas decisiones, a tomar la mejor decisión.

Cruyff nos enseñó a nosotros, sus jugadores, muchas cosas que todos hemos ido integrando en nuestra idea de juego. Todos estamos influidos por detalles que él nos transmitió. Nos fuimos dando cuenta al ponerlos en práctica de que eran efectivos. Ahora como entrenadores lo que hacemos es tratar de transmitirlo en nuestros equipos y a nuestros jugadores.

Obviamente, tengo mis propias ideas futbolísticas. Como jugador, aporté visión, técnica, toma de decisiones. Y todo eso que yo aportaba dentro del terreno de juego como jugador me di cuenta que lo podía poner en práctica como entrenador.

No se trata solo de tomar las ideas de Johan y transmitirlas. Pero sin duda todos los que jugamos para él adquirimos un gran conocimiento futbolístico. Eso se queda contigo para siempre.

 

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