Fotografía: América de Cali

Juan Cruz Real

América de Cali, 2020-Presente

Cómo uno es en la vida, es algo que también se traslada, en parte, a lo que muestras cuando conduces un grupo humano.

Mi vida comenzó en Tandil, a 400 kilómetros de Buenos Aires (abajo), Argentina, y antes de pensar en ser entrenador quise ser, y fui, jugador de fútbol profesional.

A los 14 años me surgió la posibilidad de ir a probarme en Independiente de Avellaneda. Fui con la ilusión de cualquier chico, en un club del que se es hincha, y comencé a ascender en las divisiones juveniles. Cinco años en el proceso de formativas hasta llegar a ser profesional.

Hoy que tengo hijas me imagino yendo solo a los 14 años de una ciudad como Tandil a Buenos Aires y no me entra en la cabeza.

Entre distintos y variados destinos como jugador estuve en Haití, en el club Roulado. Fue algo que pasó en el camino. Estaba jugando en Argentina y quedé libre por falta de pago. Me tenía que quedar cuatro meses parado, entrenando sin jugar porque ya habían cerrado las inscripciones en los clubes.

En ese momento estaba el profesor Jorge Castelli como entrenador de la selección mayor haitiana y había llevado unos entrenadores argentinos y me dijeron si quería ir. Era un momento de crisis en Argentina y me pagaban bien.

“Siempre me preocupó y me preocupa la formación”

Era una liga lejos del nivel que acostumbraba, pero antes de quedarme entrenando sin competencia, preferí ir. Era más mantenerme hasta poder volver a encontrar un nuevo club en Argentina o donde fuera.

Ese “donde fuera” me llevó a pasar por Chile y Canadá. Tuve la mala suerte de que a los 29 años sufrí una lesión en un tendón de Aquiles, una tendinosis aquiliana. Pero yo sabía que cuando dejara de jugar al fútbol -aunque no me lo esperaba tan temprano- era muy probable que me dedicara a entrenar.

Siempre fui un futbolista preguntón. Desde lo táctico a lo físico. Me cuidé mucho siempre. Cuando tuve el problema de la lesión, el mismo club en el que estaba en Canadá, el Astros Vasas, me ofreció trabajar con ellos.

Ahí empezó todo.

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La idea de Astros era enfocarme con los adultos, con los equipos profesionales, pero yo tomé la decisión de quedarme con los jóvenes, con el equipo juvenil. Lo hice así porque en ese momento, mientras yo jugaba, me veía más en el perfil para trabajar en la formación.

Es decir, preparar al jugador para llegar a ser profesional, porque eso me iba a ayudar en mi propia formación y también me iba a dar tiempo para completarme académicamente.

Siempre me preocupó y me preocupa la formación.

Así trabajé durante diez años hasta que en 2015 sentí que quería esa adrenalina del fútbol profesional. Sentí que me había preparado bastante tiempo.

El fútbol juvenil te permite, entre comillas, experimentar, y el haber trabajado en el fútbol juvenil en Norteamérica me hizo crecer más aún. La calidad técnica del futbolista sudamericano es distinta al norteamericano. También en talento. El jugador norteamericano te exige romperte más la cabeza para ver cómo hacer para desarrollar metodologías, para ser más didáctico, para saber cómo llegarle al futbolista.

Porque es otra cultura además.

Durante los diez años de formación estudié bastante, además de obtener la licencia de entrenador, hice muchos cursos de fisiología, tengo una certificación de preparación física también. Y mis primeros trabajos en Canadá fueron como preparador físico. Creo que el entrenador tiene que saber de todo, aunque no sea específicamente, para poder evaluar las personas con las que trabaja, el perfil y el conocimiento que tienen.

Pero yo sabía que lo que me gustaba era conducir. Me gustaba poder desarrollar una idea en un equipo, poder desarrollar el nivel individual de los futbolistas; creo mucho en eso.

“Yo sabía que cuando dejara de jugar al fútbol -aunque no me lo esperaba tan temprano- era muy probable que me dedicara a entrenar”

La licencia de entrenador la obtuve en Argentina, viajé para dar el examen final. Después obtuve una licencia en Estados Unidos. Trabajé en el centro de alto rendimiento IMG en Bradenton, Florida, donde estoy radicado cuando no trabajo. Después, en 2016, comencé la licencia UEFA en Irlanda del Norte y en el 2019 la pude terminar, con un examen final en Inglaterra. He hecho también un máster sobre fútbol profesional en la Universidad de Murcia, España.

Pienso que antes era más fácil que un entrenador con la experiencia que había tenido en un vestuario pudiera dirigir un grupo. Se le daba mucha confianza al tema del entrenador con un gran nombre como futbolista.

Hoy de alguna forma eso sigue existiendo, pero ha cambiado bastante. Creo que hoy no alcanza con haber tenido experiencia dentro de un vestidor. Y lo digo porque me ha pasado. La formación académica es importante. El que ha jugado al fútbol y tiene formación académica cuenta con una buena combinación.

Porque al final lo importante es cómo le llega al jugador el mensaje. Tuve entrenadores muy importantes en mi carrera. Otros que quizá no tengan tanto nombre pero que me dejaron cosas. Hoy como entrenador analizo cosas que me han quedado de esos momentos, las buenas y también las no tanto. Trato de hacer un proceso de reflexión más amplio para que me sirva.

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Yo debuté en el fútbol en 1995 y las generaciones de hoy son distintas, por eso digo que con más razón hay que prepararse.

Estudio mucho de técnica y táctica, obviamente los entrenadores estamos pendiente de eso. Pero también leo mucho de neurociencia, de coaching, porque uno puede tener mucho conocimiento, pero hay que saber cómo llegarle al jugador, utilizar las palabras correctas, interpretar en qué momento emocional está el jugador, cómo crear ambientes de aprendizaje.

Si hay algo que aprendí en estos años es que uno como entrenador extranjero se tiene que adaptar a la cultura, es lo primero que uno tiene que hacer. Esto lo apliqué en Costa Rica, en Venezuela y en Colombia, donde estoy desde 2017.

Al llegar fui aprendiendo muchas cosas del jugador colombiano y del campeonato colombiano, que es muy particular. La gran complejidad geográfica, por ejemplo. Una fecha uno juega a 3.100 metros de altura, y a la siguiente jugamos en Cali a las tres y media de la tarde donde seguramente hay 35 grados.

Adaptarse no solamente a la terminología, a las palabras, porque uno se expresa de una forma que a veces no te entienden. Igual me pasaba a mi al principio con expresiones de algunos futbolistas. Si uno cree que porque tiene una solución la va a imponer radicalmente creo que se equivoca.

Estuve en dos clubes donde me tocó llegar con el equipo en situación de descenso. Con nóminas de jugadores que obviamente no son las de los equipos grandes. Aún así, en Alianza Petrolera, al momento de irnos después de un año de trabajo, que no es fácil estar un año en un equipo que pelea descenso, nos fuimos con el equipo alejado de esa zona.

“Si hay algo que aprendí en estos años es que uno como entrenador extranjero se tiene que adaptar a la cultura”

En Jaguares estuvimos seis meses y llegamos en una situación de locura porque faltaban cinco partidos para terminar el campeonato. Un equipo que en números estaba a dos puntos de zona de descenso, pero que anímicamente y futbolísticamente parecía que era un equipo que iba a descender.

Y en la última fecha lo salvamos.

Después, iniciando el torneo siguiente, obtuvimos resultados que fueron históricos para el equipo, como ganarle en Medellín a Nacional 2-1 y a Millonarios en Montería 4-1. Fue la primera vez que un equipo como Jaguares le hacía cuatro goles a un equipo grande.

La gente de América se había interesado por nuestro trabajo desde Alianza. A veces los clubes no miran solamente los números, hacen un análisis desde otro lugar. Eran las formas. A pesar de estar peleando el descenso buscábamos equipos que fueran protagonistas, que tuvieran la iniciativa del partido independientemente de pensar si teníamos los mejores jugadores o no.

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América también querían desarrollar un trabajo con jugadores jóvenes para potenciarlos. Ahí tuvieron en cuenta mi pasado como entrenador de fútbol formativo y se dio la oportunidad en junio de 2020.

El proyecto en definitiva lo tiene el club. Nosotros lo que hicimos fue llegar a un lugar donde había gente que quería un perfil de entrenador con determinada idea de juego y experiencia en formativas.

En el inicio hubo mucho prejuzgamiento que lo entendí porque venía de un equipo chico. No había jugado en el club, tampoco tengo un nombre importante como exfutbolista. Quizá a un jugador más notorio le aguanten más cosas. Encima yo había jugado en Millonarios. Se sumaron un montón de cosas.

También que llegaba a un equipo que era campeón (arriba). Así que si hacíamos una gran campaña, pero el equipo no salía campeón, era menos que el año pasado. Jugamos una Copa Libertadores que sabíamos que era difícil. Hicimos muy buenos partidos de los cuatro que nos tocó dirigir.

Trabajamos en mantener la motivación de un equipo campeón de varias formas.

Primero, no hacerle a los jugadores cosas que no me gustaba que me hicieran a mí. En segundo lugar, interpretar que eran jugadores que habían ganado, pero que había que renovarles esa motivación de seguir haciéndolo y, en tercer lugar, me encontré con un grupo de jugadores a los que no fue difícil de convencerlos de eso. Ellos fueron muy generosos.

El jugador al final evalúa un cuerpo técnico por dos cosas. Una es el conocimiento y la capacidad de trabajo y otra es por lo que uno es como ser humano, por cómo se maneja con la persona antes de que con el jugador.

“Me gustan los equipos que son protagonistas, que generen la mayor cantidad de llegadas al arco rival”

Le dimos posibilidades a chicos de 20 y 21 años y cuatro de ellos terminaron como titulares en el último partido, en la segunda final. Hubo un pequeño cambio generacional, fueron llamados a un micro-ciclo de la selección nacional, se valorizaron. Todo eso es fácil decirlo ahora, pero en su momento tomamos decisiones duras, los incluimos en momentos difíciles y nos criticaban porque decían que eran situaciones para jugadores experimentados.

Tuvimos que manejar que empezaran otro proceso, el tema de lo que decían de afuera, el amalgamamiento de los jugadores jóvenes con los de más experiencia, pero tuvimos la suerte de llegar a un grupo con líderes como Adrián Ramos, Luis Paz, Yesus Cabrera, muchachos que ayudan mucho en un proceso. Lo más importante fue que ellos terminaron creyendo en lo que proponíamos.

Ellos fueron muy generosos cuando llegamos y la relación fue creciendo y creo que parte de lo grande que fue lograr ese campeonato tuvo que ver con la gestión humana y con la relación que creamos con ellos.

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También creo mucho en lo espiritual. Soy muy religioso. Había prometido que de lograr el título me iría caminando desde Cali hasta Buga para visitar al Señor de los Milagros en la Basílica de ese municipio del Valle del Cauca.

Esa caminata a Buga para agradecer por el campeonato no la hice para hacer show. En esas cosas soy muy reservado. Son cosas que uno hace por un sentimiento genuino.  Y arranqué solo con un amigo, son como 90 kilómetros. Salimos de Cali y nos sacaron una foto a mitad de camino. Se viralizó y llegó un montón de gente hasta el Señor de los Milagros.

En cuanto al estilo de juego lo que te puedo decir hoy es que creo que los equipos más allá de que tengan una idea central, un modelo de juego, deben saber o deben entrenarse para adaptarse a momentos o escenarios que uno no quiere que sucedan comúnmente.

“Tengo el sueño de cualquier entrenador de poder, en algún momento, dirigir al club del cual soy hincha como es Independiente en Argentina”

Me gustan los equipos que son protagonistas, que generen la mayor cantidad de llegadas al arco rival, porque eso nos va a llevar a hacer más goles. Porque eso lo va a llevar a defender lejos de su arco.

Que la circulación de la pelota sea rápida. Me gustan los equipos dinámicos, los equipos que tienen dinamismo, no solamente en el tema de los traslados en carrera si no que son dinámicos en la circulación del balón, no me gustan mucho los equipos que son pausados en esa circulación.

Empecé muy rígido como entrenador, muy radical, pero bueno, la experiencia va haciendo que uno vaya aprendiendo.

Fotografía cortesía de Juan Cruz Real

Hace unos dos años, una persona me dijo que escribiera una línea de tiempo y mis objetivos en un papel.

Eso fue en 2018 y puse que en diez años quería dirigir un equipo grande. Y se me dio en tres. No solamente estar en un equipo grande sino salir campeón.

Me gusta ponerme objetivos a corto, mediano y largo plazo, como cualquier entrenador, y más siendo joven porque tuve la gran bendición de poder ser campeón de una liga importante como la colombiana y con un equipo grande a los 44 años. Hay entrenadores que hacen muy buenas cosas en el fútbol y tienen 20 años de carrera y nunca les tocó salir campeón. Es muy difícil.

Obviamente me proyecto y quiero seguir progresando.

Tengo el sueño de cualquier entrenador de poder, en algún momento, dirigir al club del cual soy hincha como es Independiente en Argentina. También me gustaría ir a Europa, el día de mañana dirigir una selección.

Pero no es fácil y si toca será por una única vía, la de seguir formándome mucho más.

Juan Cruz Real

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