Fotografía: Maddie Meyer - FIFA/FIFA via Getty Images

Toña Is

Selección femenina de España Sub-17, 2015-2020

Mi primer partido como jugadora fue muy frustrante.

Tenía por entonces 14 años. Con motivo de las fiestas del barrio donde vivía, en la ciudad de Oviedo (Asturias), se organizó un partido de fútbol femenino.

A mí me hacía una gran ilusión. Me pasaba todas las tardes después del colegio jugando al fútbol en la calle con mis hermanos y mis amigos, pero nunca había tenido la oportunidad de hacerlo de una manera más formal, como pensaba que sería aquello.

Digo pensaba, porque cuando llegué allí vi lo que había… El campo era un prado. Lleno de hierbajos, piedras y agujeros por todos los lados. Se hacía hasta difícil mantenerse de pie cuando golpeabas el balón. Y las porterías eran dos palos y una cuerda atada a ambos extremos hacía de larguero.

Yo veía a mis hermanos jugar con sus equipos y ellos lo hacían en un campo de fútbol normal. ¿Y por qué nosotras lo teníamos que hacer en esas condiciones?

Pero no hubo respuesta por parte de nadie. Simplemente era lo que había. Así era el fútbol femenino en España hace cuarenta años.

Fotografía cedida por Toña Is

Aunque esa situación fue dura, sirvió para que arrancara un equipo que se mantiene vivo desde entonces. Con el paso del tiempo empezamos a jugar en campos diferentes, pero tampoco exentas de dificultades. Muchos equipos no nos dejaban usar sus instalaciones, y los que lo hacían, los campos no estaban en las mejores condiciones. En Asturias, con tanta lluvia, eso supone jugar con mucho barro.

Pero nos daba igual. Ya no íbamos a dar un paso atrás. Estábamos las valientes que habíamos decidido que queríamos jugar al fútbol y nada, ni nadie, nos iba a hacer cambiar de opinión.

Crecimos en nuestro ánimo y también en el juego, logrando ascender en las diferentes categorías del fútbol femenino hasta llegar a nivel nacional.

“El primer partido que jugué fue en un prado, las porterías eran dos palos y una cuerda atada a ambos extremos hacía de larguero”

Ese escaparate me llevó a mí, particularmente, a ser convocada por la selección española (arriba). Y ahí a tener la oportunidad de participar en el Europeo de 1997. España nunca había estado en una cita de ese nivel en toda su historia. Así que fuimos como la cenicienta. Tanto que me acuerdo que la gente decía: “Pobrecillas, las van a golear en todos los partidos”.

Pero ese equipo (abajo) tenía un par de narices. “Estamos aquí y vamos a aprovechar este momento. Tenemos que llegar hasta lo más alto”, nos dijimos ante de empezar el campeonato. Y así fue, llegando hasta semifinales. Conseguimos un tercer puesto en un Europeo que todavía no ha podido mejorar ninguna de las selecciones siguientes.

Luego jugamos partidos de clasificación para el Mundial de 1999, pero llegó un momento, 31 años, en el que tuve que dejar de jugar por problemas familiares. A mí marido le dio un infarto y era una cuestión de prioridades.

Fotografía cedida por Toña Is

Valoré entonces cuál podía ser la mejor forma de seguir vinculada al fútbol. Y esa opción pasaba por entrenar. Entendía que podía ayudar y aportar la experiencia que había conseguido durante los casi veinte años que había sido jugadora.

Sobre todo, a las chicas que querían empezar. Que vieran que no era algo fácil jugar al fútbol, pero que en esos momentos de dificultad me tuvieran a su lado para hacerlas ver que yo venía de un fútbol más complicado.

Si los comienzos para jugar no fueron fáciles, entrenar tampoco. Muchos compañeros de profesión no entendían muy bien que una mujer se pudiera dedicar a entrenar. Parece que no estaba muy bien visto, que era un mundo solo de hombres. Tocaba hacerme un hueco, y una vez más logré meter la cabeza ahí, demostrando que yo podía entrenar igual de bien o mejor que los hombres.

Después, muchos de esos compañeros que al principio pensaban así, han cambiado de opinión. No es que me hayan pedido perdón por pensar de esa manera entonces. Tampoco creo que haga falta hacerlo. Lo muestran de otra manera, con sus palabras, como muchas veces me han dicho. “Toña, contigo me iría a trabajar a cualquier lugar del mundo”.

Eso para mí es más que suficiente.

En mi desarrollo como entrenadora estuve en equipos de chicas, de chicos, mixtos y en la Federación de Asturias, con la que fuimos campeones de España. La primera vez en la historia que Asturias conseguía el título.

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En 2015 me llamó la Real Federación Española de Fútbol, convirtiéndome en la primera mujer seleccionadora de fútbol en España. Lo hice a los mandos de la selección Sub 17, un equipo que me permitió ir más allá. Un segundo puesto en los Europeos de 2016 y 2017, terceras en el Mundial de 2016 en Jordania, pero nada igual a lo que ocurrió en 2018. Un año inolvidable donde ganamos el campeonato de Europa y el Mundial celebrado en Uruguay.

Me había preguntado muchas veces qué siente un entrenador o una entrenadora cuando es campeona del mundo. Yo lo veía por televisión como algo muy lejano, casi imposible.

Y en ese momento llegó, con una celebración del título que nunca olvidaré.

“En 2015 me llamó la Real Federación Española de Fútbol, convirtiéndome en la primera mujer seleccionadora de fútbol en España”

Habíamos saltado al campo todas a celebrarlo después de ganar 2-1 a México en la final. En medio de esa euforia se acercó alguien de la Federación.

“Toña, tienes una llamada de una persona muy importante, ¡es el Rey!”, me dijo.

Pensaba que me estaba tomando el pelo, que era un imitador de esos de un programa de radio para gastarme una broma.

Pero no. Sí, el Rey de España, Felipe VI.

Yo no podía ni hablar. Casi no me salían las palabras. Solo recuerdo darle las gracias y poco más… Él se mostró muy amable, felicitando al equipo por el logro que había conseguido. Mientras hablaba, además, las jugadoras empezaron a arremolinarse a mi alrededor.

“¿En serio que es el Rey?”, me preguntaban. Tampoco se lo podían creer.

Les asentí con la cabeza. “¡Toña está hablando con el Rey!”, empezaron a gritar por todo el campo.

Buda Mendes - FIFA/FIFA via Getty Images

Veía las caras de las chicas llenas de felicidad. Ese brillo que tenían todas en sus ojos cuando levantaron la copa es una pasada. Tengo esa foto con ellas en casa, y todas las mañanas siempre la miro. Para mí no éramos solo un equipo. Éramos una familia.

En muchos encuentros de entrenadores o entrevistas me preguntan cómo es la gestión de un grupo de adolescentes. No te voy a engañar, 17 años es una edad compleja, y más en chicas que tienen que salir de su casa y dejar a sus amigos durante al menos un mes para convivir día a día con sus compañeras.

Siempre digo que tu primer papel es del ser entrenadora, esa es tu principal función. Has llegado hasta ahí por eso, pero también debes ser psicóloga. Me gusta marcar una distancia, pero a la vez tienes que ser cercana con ellas. Que crean en ti y en lo que les trasmites, porque todo lo que tú les des, es algo que ellas te van a devolver después. En forma de victorias, de buen juego y de títulos.

Y, lo más importante de todo, a nivel de grupo. Es ahí cuando hablo de crear una familia. Debes crear una convivencia donde todo el mundo se lleve bien y estén contentas. Jueguen o no jueguen. Por mucho que hayas trabajado la técnica, la táctica… Todo lo que quieras. Pero si no formas un equipo que se lleve bien, no vas a tener éxito.

Héctor Vivas - FIFA/FIFA via Getty Images

Gracias a estas chicas que estuvieron conmigo en la Selección pude saber lo que se siente cuando eres campeona del mundo. O lo que se siente cuando estás nominada al premio The Best de la FIFA a mejor entrenador/a de fútbol femenino del año.

Fue tan inesperado como la manera de conocer la noticia. Había salido de casa sin el móvil. Al llegar varias horas vi que tenía un montón de mensajes y varias llamadas. Yo estaba asustada, pensaba que había pasado algo malo. No era normal.

“Cuando trabajas con chicas de 17 años, siempre digo que tu primer papel es el de ser entrenadora, pero también debes ser psicóloga”

Uno de los primeros mensajes que abrí fue el de Natalia Arroyo, entrenadora de la Real Sociedad, donde me daba la enhorabuena.

“¿Enhorabuena por qué?”, me pregunté.

La llamé y fue ella la que me dio la noticia de que estaba nominada a los premios The Best a mejor entrenadora en 2019. Me mandó hasta el pantallazo.

Rápidamente se lo enseñé a mi hija y las dos nos echamos a llorar juntas. “Te lo mereces mamá, has currado mucho”, me dijo. Fue algo increíble.

Buda Mendes - FIFA/FIFA via Getty Images

Todos los títulos que he ganado están ahí, pero ese momento es tan importante como los otros. La primera mujer española en estar nominada entre los mejores entrenadores del mundo por la FIFA. Ser la cabeza visible del resto de las entrenadoras.

Después de tanto tiempo que ha pasado de ese primer partido que tanta frustración me generó, me siento feliz de haber llegado donde estoy. Haber conseguido tantas cosas, en forma de títulos y resultados.

Pero, sobre todo, de abrir el camino para muchas otras.

Toña Is

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