Foto: Diana Sánchez/AFP/Getty Images

"Pacho" Maturana

Selección Colombia

Fue un momento de revolución en Colombia.

De grandes cambios para conseguir un reconocimiento internacional.

Recuerdo cuando fuimos a Europa en 1988. Incluso en el Mundial de Italia 90’.

La mayoría del tiempo la rueda de prensa era para hablar de Pablo Escobar, de atentados, del narcotráfico… Nadie preguntaba sobre fútbol.

Fue en esa época que propusimos un nuevo estilo de juego.

Yo había sido internacional para Selección Colombia como jugador. Eso me hacía conocer bien la materia.

Hasta ese momento el plan de juego de la selección consistía en tratar de desactivar al rival. Terminabas los partidos cansado de correr, llorando, con la sensación de que no habías jugado.

“Vamos a jugar al fútbol. Vamos a buscar un orden que nos permita desordenarnos cuando tengamos el balón”, nos dijimos.

Y de algún modo el fútbol se convirtió en un vehículo de identificación social.

Porque ese juego era una manera de decir que Colombia era un país que quería jugar al fútbol, y que a través de ese nuevo estilo de juego queríamos transmitir al mundo que teníamos muchas cosas buenas de las que no se hablaba fuera.

Todo eso junto nos devolvió a un Mundial 28 años después. Italia 90’.

Bongarts/Getty Images

Yo no sabía cómo era un Mundial.

La última participación de Colombia había sido en 1962. Una competencia que escuché en la radio. En los siguientes, como Colombia no participó, fui aficionado de Brasil.

Después de conseguir la clasificación empecé a documentarme sobre la Copa del Mundo a través de conversaciones con varios entrenadores que habían tenido una importante participación en la competencia.

Carlos Bilardo, que fue mi entrenador en la selección. César Luis Menotti. ¡Cómo no voy a preguntarle a mi referente!

Había aprendido muchos conceptos tácticos de ambos en mis primeros momentos como entrenador. Fue la tarea que me puso Luis Cubilla, uno de mis mentores como técnico, cada día. “Si pasas por mi casa y ves la luz encendida, llama”, me decía. Y así lo hacía. Llamaba al timbre y subía su casa para leer libros de Menotti y Bilardo.

“Para mí la táctica es el alma del fútbol. No sé si es una idea demasiado romántica, pero entiendo que el fútbol debe tener un sentido”

Óscar Washington Tabárez, por su parte, destacó sobre nosotros un aspecto que me fortaleció: “Colombia es la única selección del mundo que entrena todos los días porque tiene la base de Atlético Nacional”.

Eso no fue un invento caprichoso. Yo llegué a la selección en 1987, compaginando mi cargo con el de entrenador en Nacional.

Si miras a Holanda en ese momento, la selección era la base del Ajax. Yo invité a que copiáramos eso. “Si tengo a jugadores similares, uno de otro equipo y uno de Nacional, elijo a uno de Nacional. ¿Por qué? Porque lo tengo todos los días y lo conozco más”.

Así como Holanda tuvo nueve jugadores del Ajax, nosotros tuvimos hasta nueve jugadores de Nacional.

También conversé con Franz Beckenbahuer, a quien pregunté qué esperaba de nosotros.

“Nada. Tienen un bueno equipo, pero a ustedes les falta historia”, me respondió.

Pero yo mantenía que no sabía lo que éramos, porque llevábamos 17 partidos invictos.

Pero Franz me enseñó una cosa que valoro mucho. “Historia es aquella cosa que hace que en el momento complicado usted no dé el 100%, sino el 120%, y esa historia no se consigue jugando, se consigue viendo. Usted va a Brasil y cualquiera tuvo un hermano o un primo o un vecino que jugó un Mundial. Dígame, su figuras, Higuita, ¿a quién vio jugar en un Mundial? ¿Rincón?, ¿Valderrama?”

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Dentro de los consejos que me dieron, todos los entrenadores coincidieron en un mismo punto: “Pacho, tienes que blindar el entorno”.

Y así lo hice.

Conseguimos hacer la concentración para el Mundial de Italia en Bolonia, donde los periodistas estaban a tres kilómetros de nosotros. Esa era nuestra casa. Vivíamos ahí y armamos un grupo muy fuerte, una familia.

Cuando perdimos ante Yugoslavia el segundo partido nos dolió a muerte, pero al día siguiente nos abrazamos y empezamos a pensar en Alemania.

¡Los jugadores se secaron las lágrimas y listo!

Hicimos el mejor partido de toda nuestra historia ante Alemania (1-1), y el mundo se dio cuenta de que existía Colombia.

Lástima del partido ante Camerún en octavos de final. No fue que nos sorprendieran, porque sí habíamos visto todos sus partidos, pero jugamos sin estar tan concentrados como los partidos anteriores.

Los  cuatro años siguientes fueron la confirmación del fútbol colombiano.

Un grupo de jugadores que alcanzaron su plenitud deportiva. Eso nos llevó a hacer una gran clasificación para el Mundial de Estados Unidos, clasificando como primeros de grupo después de ganar a Argentina en los dos partidos.

Más allá de que en Colombia mucha gente hablaba de favoritismo, nosotros nunca lo pregonamos.

Si uno lo analiza en profundidad, ¿cómo íbamos a ser favoritos por encima de otras selecciones?

Hasta ese momento los mundiales se lo habían repartido entre los mismos. España tardó cien años para ganar el Mundial y nosotros llevábamos solo cuatro años en la luz pública y ya pensábamos ganar un Mundial…

Al contrario de lo que hicimos en Italia 90′, no blindamos el entorno en el 94′. Quisimos ser amables con todos en la concentración. La prensa, los aficionados… Hicimos una fiesta cuando el Mundial se trata de otra cosa.

Shaun Botterill/ALLSPORT

Regresé a la selección una tercera vez. Para la Copa América 2001. Competencia que jugábamos en casa.

Fue en una etapa de plena madurez  personal después de haber pasado antes por Ecuador y España. Para mí fue un logro poder codearme con grandes entrenadores, como Johan Cruyff, Luis Aragonés, Leo Beenhakker, John Toschack o Guus Hiddink y, sobre todo, encontrar el respeto.

Entonces también contaba con un plus: era parte del Comité de Estudios de la FIFA.

Precisamente en una de las reuniones del Comité me encontré con el presidente de la federación colombiana (Álvaro Fina Domínguez). “Queremos que vuelva”, me dijo.

Le señalé que lo haría, pero solo si hacíamos un cambio en la estructura que permitiera ir formando nuestros propios entrenadores.

En el equipo ya se habían hecho algunas renovaciones de jugadores con “Bolillo” Gómez como seleccionador.

Era una selección que se empezó a construir desde el 87’ conmigo. Le alcanzó para ir a tres Mundiales (1990, 1994 y 1998), pero se necesitaban nuevas figuras.

“Si quieres encontrar un parentesco con lo que es la táctica actual hay que mirar a Colombia 2001. Un equipo adelantado a su tiempo”

Tenía claro que no iba a encontrar un Faustino Asprilla, un Valderrama u otros grandes jugadores que habían estado a mi cargo. Pero esa selección, con jugadores elegidos de acuerdo a mi sensibilidad, tenía otras virtudes.

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Sobre todo, el mérito de la táctica, de la mejor que he visto en ese apartado.

Para mí la táctica es el alma del fútbol.

No sé si es una idea demasiado romántica, pero entiendo que el fútbol debe tener un sentido. No puedes jugar sin un plan.

Esa selección de Colombia tenía alma y buenos jugadores.

Murillo, “Totono”, Giovanni Hernández, “Aristi”, Bedoya… Esos fueron los muchachos que levantaron el título más importante del país.

Y lo hicimos ganando todos los partidos, sin encajar un gol. Un equipo adelantado a su tiempo.

Si quieres encontrar un parentesco con lo que es la táctica actual hay que mirar a ese equipo. Jugamos sin delantero en el partido más grande en un momento en el que se cuestionaba jugar sin delantero. La final ante México en Bogotá, con las gradas llenas.

Uno de los momentos más importantes de mi carrera.

Todo lo que he vivido con el fútbol me hace estar agradecido con él.

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El fútbol me ha dado amigos y la posibilidad de conocer gente fantástica. Y solo con conocer a una persona fantástica sirve de paliativo para todo lo malo que te puedas encontrar por ahí.

En el fútbol he aprendido códigos, principios de vida, he tenido la oportunidad de perder, pero también de ganar.

Recuerdo lo que me dijo un hincha de la Barra de Colón en Argentina, donde el fútbol se vive con una pasión distinta: “Pacho, a la gente no se le recuerda por lo que pierde, sino por lo que gana”.

Pero es tan difícil ganar…

Sin embargo, yo he tenido la suerte de jugar dos mundiales, campeón en América a nivel de selección y clubes -solo se cuenta con los dedos de una mano los que han hecho eso-, soy campeón de Uncaf, campeón de la Recopa de Asia, de la liga de Arabia, dirigí cinco selecciones de América, fui el primer colombiano que dirigió en España, también en Argentina.

Y lo bueno de todo es que yo puedo volver a cualquiera de esas partes y puedo mirar a todo el mundo a los ojos. Y sé que no me van a dar una mano. Me van a dar un abrazo.

Todos los días disfruto más el fútbol.

Se convierte como en la utopía. Uno dice que la utopía nunca se alcanza.

Pero sirve para seguir caminando cada día.

"Pacho" Maturana

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