Fotografía cedida por César Torres

César Torres

Alianza Petrolera, 2018-2020

Los sueños también pueden transformarse.

Podría contarte una historia triste. La de un niño que con solo 12 años difícilmente podía jugar al fútbol, al que el asma ahogaba después de cada carrera.

O ya de adolescente, con 17 años, con una úlcera duodenal de graves consecuencias físicas. A cada rato hospitalizado, con transfusiones o lavados intestinales.

Una enfermedad que por su edad no se podía operar. Y que tampoco llegaba a comprender.

Pero no. Quiero contarte la historia de una persona que se siente tremendamente feliz del camino que recorre.

Fotografía cedida por César Torres.

Desafortunadamente no logré el sueño de ser jugador, pero sí estoy viviendo un sueño que nació después: entrenar en Primera División.

Me había imaginado muchas veces ese momento. Sin embargo, nunca se me pasó por la cabeza que podría ser de la manera que llegó.

Alianza estaba atravesando graves apuros para salvarse. Con solo seis fechas para el final de la competencia tenía que ganar al menos dos partidos para lograr mantener la categoría.

Pero bueno, aceptamos el ofrecimiento del presidente. Fue el tercero y definitivo después de dos contactos previos con el club.

“Estaba ante la oportunidad que había soñado desde los 18 años. Se trataba de ser paciente y resistente a las adversidades y los obstáculos”

También era consciente de que era difícil para un entrenador que no había tenido un pasado como jugador profesional llegar a un equipo grande.

Y para ganarme esa oportunidad tendrían que llamarme de un equipo que estuviera con los problemas que tenía Alianza en ese momento, para demostrar que éramos capaces en tiempo difíciles.

Como había hecho siempre, se trataba de ser paciente y resistente a las adversidades y los obstáculos.

Y es que se me presentaba la oportunidad que había soñado desde los 18 años.

Tenía esa edad cuando decidí dejar de jugar. Demasiado pronto, pensarás. Pero fue así porque en ese momento vi que estaba lejos del nivel de mis compañeros. Identifiqué entonces que debía aprovechar el tiempo en el fútbol de otra manera.

Reconocer eso, sin duda, fue una de las mejores decisiones que he tomado.

Fotografía: Alianza Petrolera.

Mis padres me apoyaron económicamente cuando ingresé a la Escuela Nacional del Deporte. Afortunadamente ya estando allí, alternaba mis estudios entrenando a niños y jugando con la selección de la universidad. Esa contraprestación me hizo tener la beca para continuar mis estudios.

Un espacio donde te tienes que manejar en dos ambientes. Uno el universitario. El otro, el ambiente social que te puede distraer.

Yo me incliné por un ambiente eminentemente deportivo y futbolístico.

Estudiaba toda la jornada de la mañana hasta las 12:30, y después entrenamientos hasta las 3 de la tarde. Empalmaba con los entrenamientos de niños hasta las 6 de la tarde y regresaba a mi casa en la noche a realizar los trabajos y los compromisos académicos pendientes.

Todo eso viendo a tu alrededor como otros chicos llevaban otra vida, dedicaba a la parte social, a la joda, como decimos aquí. Podía haber caído en esa tentación. Era fácil hacerlo, pero yo tenía muy claro que el fútbol es un deporte y una carrera más de resistencia y persistencia que de logros inmediatos.

Por entonces mis referentes eran entrenadores colombianos. En ese momento no teníamos acceso a nivel mundial como se puede hoy con la tecnología para conocer a otros técnicos.

Tomamos todo lo que tenía que ver con el boom de la selección Colombia. El profesor Maturana y el profesor Hernán Darío Herrera. También llegaba mucha información de Arrigo Sacchi desde Italia, porque Maturana hizo mucha conexión con él.

Un poco más adelante, cuando avanzamos en los semestres, el profesor Reinaldo Rueda (abajo) llegó como docente en la Escuela Nacional. Había salido recientemente del Deportivo  Cali.

Alexandre Schneider/Getty Images

Rueda nos abrió un poco más la perspectiva de lo que era el fútbol mundial. Compartió con nosotros todo lo que había visto en Alemania, comparándolo con lo que había vivido en el fútbol profesional en Colombia con  el Cortuluá y en Deportivo Cali.

Fuera de las aulas también conversábamos y se fue convirtiendo en un referente para continuar. Aún hoy mantengo una buena relación con él, utilizando sus conocimientos.

Ahí tenemos un video de él que incluimos en algún momento dentro de la charla con los jugadores. Igualmente, también tengo una gran relación con su preparador físico, Carlos Eduardo Velazco. Es muy amigo mío y sigue muy de cerca nuestro equipo; siempre nos están dando pautas para mejorar.

Después de acabar mis estudios ingresé en Boca Juniors de Cali, una escuela grande y con mucha más historia en Colombia.

Ahí arrancamos a trabajar en la academia. Después tuve un vínculo con Hernando Ángel, dueño de Boca Juniors de Cali, pero a la vez dueño de dos clubes profesionales en Colombia.

Me moví dentro de su organización durante 15 años, en lo que tiene que ver con la promoción y proyección de jugadores jóvenes al fútbol profesional. Ese paso por el fútbol formativo ha sido muy importante para mí. Te obliga a desarrollar tu creatividad porque los niños son muy inquietos y siempre están buscando cosas nuevas.

“Reinaldo Rueda nos abrió un poco más la perspectiva de lo que era el fútbol mundial. Compartió con nosotros todo lo que él vio en Alemania”

Fue así hasta que me llamó Alberto Suárez. Compartí con él la docencia en la Escuela Nacional del deporte y me invitó a que fuera su asistente en Cortuluá.

Cuando uno llega a un plantel profesional llega con una frescura y una metodología acorde de lo que uno piensa y siente del fútbol.

Con Alberto tuve esa libertad de poder desarrollar lo que pensaba y ayudarle a él en la parte táctica y estratégica. Aprendí muchísimo a su lado.

Sin duda una gran experiencia. La primera en el fútbol profesional y el comienzo de todo lo que ha venido después.

Yendo poco a poco.

Fotografía cedida por César Torres.

Tuve llamadas para ir más rápido, tomar una vía más directa, pero no lo consideré oportuno. Busqué crecer de manera progresiva a cada paso. Cada año de trabajo –en una primera etapa como asistente y después como primer entrenador en segunda división- me ha permitido tener más conocimiento del fútbol. También ganar en experiencia.

En definitiva, prepararme bien para el sueño que me había programado conseguir. Hoy lo estoy viviendo, y han nacido nuevos también, que son los que estamos persiguiendo desde Alianza.

Pero sin cambiar nada de mí. Sigo siendo la misma persona, con las ideas claras. Tranquilo y familiar. Atento a mis hermanos, mis padres y mis hijos.

Uno mayor de 23 y otro de 11 años (arriba).

Con el pequeño también tengo la oportunidad de vivir el fútbol desde la ilusión de un niño. A él le gusta este ambiente. Los camerinos, los entrenamientos, los partidos… Charlamos mucho de fútbol, en conversaciones muy divertidas. Incluso me cuestiona los cambios y mis planteamientos. Y como además lo practica, lo entiende.

A veces imaginamos juntos lo que está por venir. Su sueño es, por supuesto, ser futbolista.

El mío cumplir mis objetivos y logros, pero sin ponerme ningún techo.

Quedan muchas más cosas por conseguir, mucho más por recorrer en esta historia donde, como he hecho desde niño, nunca faltarán dos cosas: paciencia y resistencia.

César Torres

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