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Rui Vitória

Spartak de Moscú, 2021-Presente

Mis padres nunca me vieron como entrenador. No tuvieron tiempo.

A los 32 años decidí poner fin a mi carrera como jugador para convertirme en entrenador. Mis padres fallecieron, en un accidente de coche, justo después de mi decisión. En ese momento, mi profesión estaba cambiando. Cambio mi vida.

Perderlos fue, obviamente, el momento más negativo de mi historia. Debe haber pocas cosas más difíciles en la vida. Perdí a mi padre y madre el mismo día. Esa tristeza inmensa me sirvió de palanca para tener una estructura emocional muy fuerte. Si tengo un problema con un jugador, o cuando sufro una gran derrota, todo se pone en perspectiva.

“Para un exjugador de alto perfil, las puertas tienden a abrirse más fácilmente. Para los que no brillaron en el campo, el camino puede llevar más tiempo”

No importa por lo que esté pasando, ya pasé por momentos peores. Es paradójico, pero es verdad: la muerte de mis padres es el fortalecimiento de Rui. No diría que me convertí en un nuevo Rui. No he cambiado mi personalidad. Pero se convirtió en un Rui que está preparado para enfrentarlo todo.  No soy un héroe. Soy plenamente consciente de lo que es nuestra vida. Es solo que siento que esa trágica pérdida me dio una gran fortaleza mental.

Para mí, todo lo que pasa en el fútbol es normal.

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Desde niño siempre tuve algo fijo en la cabeza: el deseo de estar ligado al deporte. Todo lo que fuera deporte estaba en mi camino. Fui un jugador de nivel medio. Paralelamente a mi carrera en el campo, me licencié en educación física.

Poco a poco, me di cuenta de que no sería un jugador de élite. Entonces, la idea de volverme técnico comenzó a ganar fuerza en mí. No me imaginaba que podría llegar a donde estoy. Mi camino siempre ha sido así, de meta en meta. Sin mirar demasiado lejos.

Para un exjugador de alto perfil, las puertas tienden a abrirse más fácilmente. Para los que no brillaron en el campo, el camino puede llevar más tiempo. Ambas vías son posibles. En Portugal, por ejemplo, en este momento hay más entrenadores que no fueron jugadores que tuvieron protagonismo. Es mi caso.

La decisión de colgar las botas no fue difícil. De hecho, desde que me convertí en entrenador nunca volví a sentir esas ganas de estar en el campo. No me malinterpretes. Amo jugar fútbol. Fue genial ser un atleta profesional. Pero la profesión de técnico me llena por completo.

“Hoy, sin embargo, soy un profesional muy diferente al que fui al principio de mi carrera”

Yo todavía era jugador, estaba en el Alcochetense, en Tercera División, cuando recibí dos propuestas el mismo día para entrenar. Ese domingo decidí que era hora de dejar de jugar. No todos los días recibimos dos ofertas de trabajo en media hora. Una venía del club en el que jugaba. La otra, que fue la que escogí, vino de Vilafranquense, de Segunda División.

El lunes puse punto final a mi carrera como futbolista. El martes comencé a trabajar como entrenador.

Creo que tuve la mejor formación posible. La mezcla entre el conocimiento académico y empírico fue fundamental en mi proceso de aprendizaje. Estudiar abre horizontes. La experiencia como deportista y la interacción con los entrenadores son el complemento perfecto. Está la parte empírica y la parte científica. Siempre vi la base teórica como el respaldo necesario para tomar decisiones.

Aquel Rui Vitória del Vilafranquense era un joven apasionado, con la ambición de alguien que empieza una carrera y quiere ganar este mundo y el otro. Pero la vida real pronto me enseñó todos los trucos para gestionar un equipo de fútbol y sus particularidades. En mis primeros años como entrenador, tuve que lidiar con una serie de problemas extradeportivos. En la primera temporada, el club se retrasó cinco meses con los sueldos. En la siguiente, se retrasaron cuatro meses.

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Esto origina una serie de problemas que deben gestionarse rápidamente. Fueron momentos difíciles, pero terminaron siendo un gran aprendizaje para mí. Creo que aporto esta capacidad de adaptación a la realidad desde el inicio de mi carrera profesional. Creo que es fundamental para un entrenador.

Hoy, sin embargo, soy un profesional muy diferente al que fui al principio de mi carrera. Cada técnico es el fruto de sus experiencias. A lo largo de los años, nuestras experiencias han moldeado nuestra forma de pensar y tomar decisiones. Sin embargo, hay cosas que no han cambiado en mí en casi dos décadas como entrenador. Son aspectos de mi personalidad. Yo era y soy una persona reservada. Continúo siendo emocionalmente estable. En otras palabras: soy la misma persona, pero soy un entrenador completamente diferente.

La adaptación es una palabra clave en mi profesión. Tú puedes tener una idea de juego favorita. Pero hay que ver si el contexto te permite ponerla en práctica. El entrenador necesita equilibrar estos dos mundos. No puede ser terco. Nunca jugué solo por el resultado. Al mismo tiempo, nunca negué el contexto para imponer de forma obsesiva mi estilo de juego preferido. Las mejores decisiones pasan necesariamente por el análisis del contexto.

¿Cuáles son los objetivos? ¿Quiénes son los jugadores que tengo para lograrlos?  Es necesario encontrar las respuestas a estas preguntas para saber hasta qué punto es posible poner en práctica tu forma favorita de jugar.

“Lucho contra ese culto al resultado que manda en el fútbol. A veces, hay obras fantásticas que no están coronadas con una copa o con un momento memorable”

Yo era mediocampista. Un jugador con técnica. Lo que menos me gustaba era ver como la pelota pasaba por encima de mí. Me gusta el fútbol bien jugado, el juego bien pensado. Me choca cuando tratan mal la pelota. Mi idea del juego es un fútbol de calidad, de intensidad, de reacción inmediata a la pérdida del balón.

He tenido diversos objetivos a lo largo de mi carrera. En todos los clubes, en todas las temporadas, he experimentado las metas más variadas. En Paços de Ferreira, por ejemplo, el objetivo era permanecer en Primera División. Para eso, necesitaba ser un poco más pragmático al comienzo de la liga. Era necesario hacer que el equipo ganara confianza.

En el Vitória de Guimarães (abajo), el club atravesaba una profunda crisis. El objetivo pasó de luchar por la supervivencia del equipo, valorar la categoría base y, en una etapa posterior, luchar por un lugar en las competiciones europeas. En cada uno de estos momentos, el entrenador necesita comprender el contexto antes de tomar sus decisiones. Afortunadamente, fui creando estrategias para superar cada obstáculo.

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Con el Paços de Ferreira llegamos a la final de la Copa de la Liga en la temporada 2010-11. No ganamos el título ante el Benfica por simples detalles. Ganaron 2-1, pero nosotros fallamos un penalti y jugamos un partido fantástico. Como no fuimos campeones, el trabajo no recibe la misma atención. Pero estoy orgulloso de lo que hicimos. Empezamos prácticamente de cero. El equipo jugaba bien. Fue mi primer año en la división élite de Portugal.

Dos temporadas después, tuve la oportunidad de disputar otra final. Al mando del Vitória de Guimarães, llegamos a la última cita de la Copa de Portugal contra el mismo Benfica. Fuimos campeones. Pero mucho antes del título, hubo que remodelar al club que enfrentaba serios problemas financieros. Buscamos jugadores en la segunda división y las categorías inferiores. Ese trabajo, premiado con el título de la Copa, es mucho más sonado que lo que hice en Paços.

Lucho permanentemente contra esas etiquetas. Contra ese culto al resultado que manda en el fútbol. A veces, hay obras fantásticas que no están coronadas con una copa o con un momento memorable. Salvar a un equipo del descenso puede ser un trabajo muy bonito. Puede hasta ser más difícil que ganar el título en otro club. Y no siempre se le da el debido valor.

“Quedé marcado como el entrenador del ‘tetracampeonato’, pero el balance que hago de mi etapa en el Benfica no se limita a las conquistas”

Me gustaría que se analizara más la competencia del entrenador que sus resultados. Sin embargo, el mundo es así. Me gusta contarles a mis jugadores la historia del violinista que llenó una gran sala de conciertos con entradas muy caras. Al día siguiente, el mismo violinista actuó en una estación de metro, atrayendo poca o ninguna atención. Las vitrinas son imprescindibles, no se puede negar. Los momentos memorables son un premio en la vida del entrenador. Y no hay logro más grande que ganar un título.

Me acuerdo bien del día que recibí la invitación para entrenar al Benfica. Era un nuevo desafío, como lo habían sido los anteriores. Pero el Benfica es un ‘portaaviones’, un club con impacto global. No sentí miedo. Fue un paso natural en ese momento de mi carrera. Después del trabajo en Paços y Vitória, asumir el mando de alguno de los tres grandes clubes de Portugal o uno en el extranjero, era la siguiente etapa.

Mi reacción inmediata fue ponerme manos a la obra. ¿Es esta la nueva realidad? Entonces, trabajemos y aprendamos rápidamente lo que implica dirigir un club de esta dimensión. Y siempre hago el siguiente ejercicio de pensamiento: ‘Rui, si llegaste aquí es porque tienes alguna cualidad. Adelante!’

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Quedé marcado como el entrenador del ‘tetracampeonato’. Un club centenario y poderoso que nunca había logrado tal hazaña. Un sello importante en mi carrera. Pero el balance que hago de mi etapa en el Benfica no se limita a las conquistas.

Probablemente conseguí lograr todo lo que un club espera de su entrenador: ganar títulos, tener estadios casi siempre llenos y valorar a los jugadores de la cantera. En otras palabras, hubo rendimiento en lo deportivo y en lo financiero. De hecho, hay un punto aquí que no podemos perder de vista para analizar el trabajo del entrenador: la relación entre inversión y rendimiento deportivo. En ese sentido, el saldo que dejé en el Benfica fue francamente positivo.

Tuve la oportunidad de hacer debutar a algunos jugadores de la cantera. Era un deseo del club que coincidía con mi voluntad. Decidimos juntos que era hora de arriesgarnos, de poner en acción a cinco o seis jóvenes. Tiene que haber sintonía en estas decisiones. No basta con que el club quiera. O solamente el técnico. Es necesario compartir la misma visión. Así, jugadores como João Félix (abajo) y Renato Sanches, entre otros, empezaron a tener más protagonismo.

“El talento de João Félix es uno de esos raros de ver en los jóvenes”

En el caso de João, poca gente sabe todo el trabajo realizado en su formación. El año anterior a su incorporación al equipo principal, decidimos que jugaría en la final del campeonato juvenil. João estaba en el equipo B, pero optamos por su regreso a la base en la etapa final de la competencia. Queríamos darle un retoque antes de que se estableciera en lo profesional. Terminó siendo el máximo goleador de esa etapa, siendo el Benfica el campeón nacional de la categoría.

El talento de João Félix es uno de esos raros de ver en los jóvenes. Toma decisiones de forma rápida y eficaz. La eficiencia es hacer las cosas bien con el menor gasto de energía posible. João nunca fue de perder el tiempo. Tiene la capacidad de encontrar la mejor solución para la jugada con mucha madurez. Al joven suele gustarle los adornos. Quiere poner el lazo en el paquete. João recibía el balón y, listo: gol.

Pero, solo llegó a ganar protagonismo después de que dejé el Benfica. Ya con Bruno Lages al mando. Para mí, João rinde más en el pasillo central. Y estábamos jugando en un 4-3-3 bien definido: con volante, dos medios, dos hombres abiertos y un delantero centro. Habíamos cambiado el sistema al comienzo de la temporada. Cuando me fui, el nuevo entrenador volvió a cambiar el sistema, que resultó ser ideal para sacar lo mejor de João Félix.

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Se necesita valor para poner a los jóvenes en el campo. La dificultad radica en tomar la iniciativa. Pero no deja de ser una estrategia agradable para los clubes. Al aficionado le gusta ver a los futbolistas de base ganar espacio en el equipo principal. Tienen más tolerancia con ellos. El joven tiene menos vicios de juego. Ahora, no me pida que use a un muchacho hoy y le exija que alcance su nivel máximo en 15 días. El joven necesita tiempo.

El contexto del Benfica también me ayudó a tener ese coraje. En un equipo campeón, es más fácil contar con la irreverencia de los niños. Esta ‘irresponsabilidad’ es importante no solo en el fútbol, sino en todos los ámbitos de la vida. La juventud aporta ligereza, suele ser más atrevida. Esto también es esencial para lograr un alto rendimiento.

“Quién sabe solo de una cosa, no puede ser un buen profesional”

Fueron tres años y medio al frente del Benfica. En un club de este tamaño, acaba generando cierto desgaste. De común acuerdo, llegamos a la conclusión de que era hora de cerrar ese capítulo. Vi con naturalidad el final de la relación. Afortunadamente, mis ciclos de trabajo siempre han sido largos. Aquel, en el Benfica, duró casi cuatro años de ‘noviazgo’. Y llegó a su fin.

Fue entonces cuando surgió la oportunidad de trabajar en el Al-Nassr, en Arabia Saudita. El tema financiero fue determinante para aceptar el desafío. Pero no solo eso. Conocí una nueva cultura y fue un club que me dio la oportunidad de luchar por títulos. También me atrajo el interés que mostraron por mí. Hicieron un gran esfuerzo para que yo aceptara la propuesta. Resultó ser una relación más breve que las anteriores. Pero valió la pena.

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La profesión de entrenador es bastante intensa. Por eso, es fundamental saber desconectar de vez en cuando. Para ser un buen entrenador necesitas saber más sobre la vida. Conocer más sobre los otros mundos, además del fútbol. Quién sabe solo de una cosa, no puede ser un buen profesional.

Sí, nosotros trabajamos con profesionales: jugadores, asistentes, dirigentes, etc. Antes de estas funciones, sin embargo, todos somos seres humanos. El técnico es un gestor de las competencias de estos seres humanos. Un buen entrenador no solo sabe fútbol. Necesita saber de la gente.

Cuando estoy con mis hijos, cenando con amigos o tocando la batería, me desconecto del juego. Y, en consecuencia, estoy evolucionando como profesional.

El fútbol es vida. Y hay muchas cosas en nuestras vidas que llevamos al fútbol.

Rui Vitória

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