Fotografía: Juan M. Ferrari

Mauro Camoranesi

Jugador: Juventus 2002-10, Selección de Italia, 2003-2010

Sabíamos que algo no estaba bien, pero no la razón.

Habíamos terminado de jugar ante la Reggina fuera de casa el último partido de la temporada 2005/06 y nos estábamos proclamando campeones de la Serie A con la Juventus. Sin embargo, al llegar al vestidor, veíamos que había caras largas a nuestro alrededor.

Eso nos impactó a todos. El hecho de tú estar festejando y que parte de la gente del club que nos acompañaba no lo estuviese haciendo.

“¿Qué está pasando, ¿por qué esas caras?”, nos preguntamos entre los jugadores. Lo supimos días después, ya finalizada la temporada y a poco de comenzar la concentración con Italia para el Mundial de 2006.

Como mis compañeros, me enteré de la noticia por los medios. Lo que pasó a ser conocido por la prensa como Calciopoli, donde –resumiendo mucho- se hablaba del asunto de la compra de partidos y árbitros por parte de varios equipos, entre ellos la Juve.

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La situación se tornó complicada de manejar. No solo para mí y para todos los compañeros que íbamos al Mundial – éramos bastantes de la Juve – sino también para los jugadores de otros clubes implicados en este asunto.

Por delante la ilusión de jugar un Mundial, una cita con la que uno sueña desde chico, pero lo que teníamos en la cabeza era pensar en qué íbamos a hacer con nuestro futuro y qué iba a pasar con el equipo. En los medios se hablaba desde quitar a la Juve todos los títulos, hasta hacerla descender varias categorías.

Llegamos a la concentración y el tema de discusión en los primeros días era solo ese. No se hablaba de otra cosa. En el hotel, en cada pausa en los entrenamientos, en el autobús…

“Marcelo Lippi tenía la personalidad y la capacidad para sacarlo adelante y así fue”

La gran duda de todos era saber qué iba a hacer el compañero o qué tenía planeado hacer. Por otro lado, no había una comunicación directa con la dirección del club, entiendo que, sin tiempo, y seguramente sin respuestas, para poder atendernos en una gran ola que parecía arrasarlo todo.

Pero con el paso de los días, la situación fue cambiando en la concentración. Los jugadores empezamos a olvidar esa sensación de inseguridad y dudas. Ahí tuvo un papel vital Marcelo Lippi (abajo en el centro) en la gestión de un grupo que sabía que estaba pasando un momento tan difícil. Fue capaz de concentrarnos a todos en el Mundial y dejar de lado lo que había pasado en el campeonato italiano.

Jonathan Ferrey/Getty Images

No hizo falta que hiciera una gran charla con el grupo, ni nada por el estilo para manejarlo.

Lippi ya nos conocía bastante bien a todos de antes. Durante su mandato como seleccionador para mí hizo algo muy lindo. Y es que siempre, tres veces al año, iba a los campos de entrenamiento y se reunía con los jugadores. De todos los equipos de la liga, sin importar que ese equipo no tuviera integrantes en la selección de Italia, porque allá donde había un posible jugador para la selección, él acudía.

Todo eso hacía que los jugadores se involucraran mucho con él, y esa fue una de las cosas que a mí me gustó. Se mostró cercano con el futbolista, sin duda algo muy placentero cuando vives momentos tan complicados y debes enfocarte en un objetivo como disputar un Mundial.

Lippi tenía la personalidad y la capacidad para sacar adelante las cosas y así fue. Hay que agradecérselo porque gracias a él nos alejamos de todo lo que se decía fuera, para vivir en nuestra particular burbuja de felicidad.

Simplemente felices por jugar al fútbol.

“Cada uno tiene su estilo, y el italiano es un fútbol que siempre estuvo acostumbrado a jugar sin el balón. Pero, ¿qué hay de malo en eso?”

Un grupo que era consciente de que estaba ante una oportunidad única, en el momento justo de madurez. Más de dos tercios de la plantilla se movía en una franja de edad entre los 29 y 33 años, ya en la plenitud de su carrera deportiva. Eso supone muchas victorias, pero también muchas derrotas a sus espaldas.

Lippi fue totalmente sincero con nosotros a la hora de valorar nuestras posibilidades en el Mundial: “Al cien por cien, podemos ganarle a cualquiera, pero si jugamos a un 95%  podemos perder contra cualquiera”, nos dijo.

Así que no había margen de error: o hacíamos las cosas bien en todo momento o nos quedábamos fuera. Y más en un Mundial, donde la diferencia es mínima entre los equipos y son solo 90 minutos para definir las cosas.

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Esa burbuja de felicidad nos aislaba también de todo lo que se dijera en cuanto a nuestro estilo de juego. Te soy sincero, más bien nos preocupaba poco, porque nosotros estábamos convencidos de lo que hacíamos. Y si uno está convencido de jugar de una cierta manera, no ve errores en lo que uno hace.

El fútbol en ocasiones guarda mucho romanticismo, pero en la práctica creo que todo es más sencillo. No gana el que más toca el balón, sino el que más goles hace. Y eso lo que hicimos, sin intentar convencer a nadie de nada, porque en el fútbol no hay una verdad única.

Cada uno tiene su estilo, y el italiano es un fútbol que siempre estuvo acostumbrado a jugar sin el balón. Pero, ¿qué hay de malo en eso? Simplemente es otra manera de entenderlo y estaba perfecto para nosotros.

No obstante, ese equipo no solo ganaba por tener una espectacular organización.

“Sabíamos por dentro que Alemania no iba a ser nuestro principal obstáculo para ganar el Mundial”

También hay que reivindicar el nivel de jugadores que teníamos, de un enorme talento individual. Si miro posición por posición y lo comparo con el resto de selecciones de ese Mundial, creo que solo Brasil y Francia tenían algunos jugadores mejores en determinadas posiciones.

En relación a nuestro estilo, los mayores problemas lo teníamos en partidos donde teníamos que ser protagonistas. Siempre fue así, como ante Australia o Estados Unidos. Cuando los partidos eran abiertos, para nosotros era más fácil competir, porque éramos un equipo acostumbrado al sacrificio y que podía resolver las situaciones en relación a esa calidad individual que te señalaba antes.

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Uno de esos partidos fue en la semifinal ante Alemania (arriba). Llegamos a ese duelo superconfiados, porque sabíamos por dentro que Alemania, con todos los respetos a una selección tan grande, no iba a ser nuestro principal obstáculo para ganar el Mundial.

Pensábamos así porque habíamos jugado contra ellos anteriormente y siempre los habíamos puesto en dificultades. Es más, en un enfrentamiento meses antes de ese Mundial, les habíamos ganado 4-1, en un partido disputado en Florencia. Así que veíamos que estábamos en buena posición como para ganar, por más de que jugáramos en el campo del Borussia Dortmund, un estadio donde ellos nunca habían perdido.

“Agotado y sin aliento, pero aún tuve piernas para poder salir corriendo cuando nos proclamamos campeones del mundo”

La final contra Francia, sin embargo, fue completamente distinta. Un partido de una enorme dificultad. Delante teníamos un gran rival, de un enorme potencial físico. Fíjate si eran poderosos en este aspecto que, en la prórroga, aun con un jugador menos, tuvieron el control. No importó que fueran diez jugadores. Nos dominaron en ese tiempo, donde solo esperábamos llegar a los penaltis para que se definiera todo desde ahí.

Yo viví ese momento desde el banco, porque había salido del campo cinco minutos antes de terminar el tiempo reglamentario. Agotado y sin aliento, pero aún tuve piernas para poder salir corriendo cuando nos proclamamos campeones del mundo.

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Después de vivir todo eso, tocó bajar de una nube de felicidad para pensar en lo que estaba por delante: ¿Qué iba a hacer con mi futuro?

Yo había tenido un acercamiento con el Valencia, un club que me interesaba por el idioma y por el tipo de fútbol. También con el Liverpool, pero mi agente terminó firmando un precontrato con el Olympique de Lyon después de que la dirección de la Juve me dijera que estaba libre de irme si lo deseaba.

La familia no lo quería, pero a mí me parecía un buen lugar para seguir disfrutando de lo que estaba haciendo. El Lyon venía de ganar seis títulos en Francia y estaba en Champions League.

Pero solo tres horas después de firmar el precontrato, me llamó la dirigencia del club diciéndome que me habían considerado invendible. “Mauro, el precontrato con el Lyon no tiene validez si deseas quedarte en el equipo”.

“Dentro de todo esto, también fue muy importante ver como compañeros con un alto rango en el equipo se quedaran”

Eso fue para mí el antes y el después para tomar la decisión de seguir en la Juventus. Aun sin saber qué pasaría y en qué división acabaríamos jugando, pero el hecho de saber que el club quería que me quedara no me hizo dudar.

Lo hablé con la familia y ellos estaban más que felices, porque consideraban que hubiera sido un error si hubiera ido a Francia. Yo después, con el tiempo, también me he dado cuenta de que hubiera sido un error muy grande. Así que, a día de hoy, agradezco que mi familia me condicionara en la decisión y que el club decidiera no dejarme ir tampoco.

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Dentro de todo esto, también fue muy importante ver como compañeros con un alto rango en el equipo se quedaran. Giaunluigi Buffon, Alessandro Del Piero, Pavel Nevded… Era importante saber qué iba a hacer el compañero, porque no es lo mismo construir algo con jugadores que vienen nuevos al club y con la obligación de ganar, pero no conocen nada, que quedarse en un equipo donde estás seguro de quienes son los pilares.

De alguna manera, nos dábamos una garantía. Sin ellos hubiera sido completamente diferente. Y ese momento tan complicado, terminó en una oportunidad para todos. Algunos para recomenzar, otros para continuar y a otros, los más jóvenes, para ponerse en la vidriera. Gratificante para todos. En un trabajo que el entrenador, Didier Deschamps, tuvo mucho que ver. Al igual que Lippi en el Mundial.

“Yo quiero que sea la historia de Mauro, con mis propios detalles en los entornos que vivo por ahora”

Yo ahora me encaminé hacia ese sendero: entrenar. Un proceso donde para mí es importante las influencias de todos los técnicos que tuve, pero, y no quiero que esto pueda sonar arrogante, quiero ser diferente a ellos. Porque mi historia es diferente.

He empezado mi carrera en equipos chicos, donde los recursos son muy diferentes a los que tenían mis entrenadores. Yo me encuentro jugadores con las mismas ganas de jugar al fútbol que teníamos nosotros, con la misma profesionalidad, pero con contratos muy, muy alejados de las cifras que manejábamos, y rodeados de medios muy diferentes. Entonces, no quiero ni puedo copiar a nadie. Yo quiero que sea la historia de Mauro, con mis propios detalles en los entornos que vivo por ahora.

Juan M. Ferrari

Pero sí hay algo que quiero tomar de los entrenadores que tuve: la administración del grupo.  En cuanto a que un entrenador tiene un amplio conjunto de personas que gestionar, donde todos son diferentes y todos van a a ser tratados de manera distinta. Lippi o Deschamps hicieron eso y, además, en momentos muy complicados.

Creo que eso es superestimulante para uno que quiere ser entrenador, porque no es solamente ir a un campo, agarrar el cronómetro y listo. El tema de la comunicación es muy importante hoy por hoy. Tienes que estar en constante negociación y relación con el jugador.

La parte que yo llamo de recursos humanos. En definitiva, el jugador es el que va a dar al entrenador todas las respuestas y el feedback de lo que está haciendo.

Sin duda que todos tenemos veranos que nos marcan para siempre, pero en mí casi creo que ninguno como ese de 2006.

Como jugador, pero, sobre todo, para mi desarrollo como entrenador.

Mauro Camoranesi

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