Fotografía: Jon Enoch

Roy Hodgson

Inter de Milán, 1995-1997

Una tarde -cuando aún era el entrenador de la selección de Suiza- llegué a casa y encontré un mensaje en el teléfono de Giacinto Facchetti, del Inter de Milán.

Era un mensaje muy corto. “Soy Giacinto Facchetti. ¿Me puedes llamar?”

Nos habíamos visto un par de veces cuando estuve con el Malmo sueco y jugamos contra el Inter en la Copa de Europa.

“Me pregunto de qué se tratará”, le dije a mi esposa. Cuando le devolví la llamada me explicó que Massimo Moratti estaba buscando un nuevo entrenador y que me habían identificado entre los que les gustaría tener.  Así que organizamos un encuentro.

El día de la reunión también había un partido importante entre Basilea y Grasshoppers en St. Jacob Park. El plan era que fuese al estadio y luego condujera directamente a Milán durante la noche. Al día siguiente me reuniría con Moratti.

Sin embargo, me tomó más tiempo de lo que esperaba salir del estadio, y luego el túnel que te lleva desde Basilea estaba cerrado. Tuve que ir por el paso de montaña. Pero se puso a nevar y fue una muy mala experiencia.

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Además, después de hacer el paso tuve que parar cerca de Bellinzona. Ya era de madrugada el mismo día que supuestamente iba a reunirme con Moratti en el centro de Milán. Que finalmente me ofrecieran el puesto de entrenador parecía haber estado ya escrito en las estrellas.

La Federación de Suiza había rechazado los acercamientos previos que me hicieron otros clubes de Europa, pero en esta ocasión les dije claramente que era una verdadera oportunidad y que me gustaría tomarla.

Inicialmente, la idea era que estuviera en el último partido amistoso internacional de esa temporada – que era contra Inglaterra en Wembley –, después dirigir los amistosos en marzo y, finalmente, llevar a la selección a la Euro’96.

“El glamour y la emoción de que me pidieran dirigir a un equipo como el Inter de Milán fue demasiado difícil de rechazar”

El Inter aceptó, pero después la Federación de Suiza cambió de parecer y decidió que era necesario tener un entrenador a tiempo completo para que la selección pudiera prepararse debidamente. Algo que no creían que yo pudiera hacer mientras estaba al frente del Inter. Como consecuencia de esto no estuve con Suiza en la Eurocopa.

El Inter tuvo un comienzo malo en la temporada 1995/96. Llegué en octubre cuando ya habían disputado varios partidos que no habían ido muy bien.

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Yo sabía que no iba a ser fácil, pero después de cuatro años trabajando como entrenador de una selección nacional quería volver a estar en el campo de entrenamiento todos los días.

El glamour, y la emoción, de pedirte que entrenes a un equipo como el Inter era demasiado difícil de rechazar, incluso si estaba dejando algo mucho más estable, situación que nunca iba a ser el Inter.  Fui muy afortunado de tener a Moratti detrás de mi fichaje, pero más importante para mí fue Giacinto Faccetti (abajo, derecha).

Se desempeñaba entonces como una especie de director deportivo. Me respaldó en todo y me guió a través de las situaciones políticas que surgen en un club como ese, donde siempre hay facciones, y que había disfrutado de un pasado glorioso, pero sin un pasado reciente igualmente glorioso. Siempre iba a ser algo difícil para alguien que no estaba acostumbrado a ese ambiente.

Nada en mi carrera me había preparado para ese paso, así que tuve que aprender muy rápido a meterme en aguas profundas. Tuve la fortuna de tener a Facchetti de amigo a mi lado. Sin él no hubiese sobrevivido.

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Mi forma de trabajar es intensa. Siempre lo ha sido, y quizás era incluso más intensa todos esos años atrás. Mi limitado dominio del italiano hacía que la comunicación muchas veces se basará en exaltaciones, estímulos, positividad.

Durante las sesiones de entrenamiento muchas veces uno se las arregla con demostraciones y por medio de tu personalidad. Los jugadores también se adaptan rápidamente. No es que les estás enseñando algo que nunca han hecho antes o que no hayan pensado.

“Javier Zanetti se transformó él mismo en un gran jugador. Tenía un profesionalismo increíble”

Cuando se necesitaban explicaciones específicas, Giacinto me ayudó. Él no hablaba inglés, así que yo le hablaba en francés.

El problema era que como él era tan diligente, no quería decir nada que yo no hubiese dicho, así que las reuniones tomaban mucho tiempo. Probamos haciendo que Paul Ince (abajo) y Massimo Paganin tradujeran del inglés, pero Massimo, un buen jugador, no es nada parecido a mí como persona. No transmitía la misma clase de pasión.

Claudio Villa/Allsport/Getty Images

Giacinto me dijo: “Mira, esto no está funcionando. Tienes que intentar hacerlo tú mismo porque entiendes el italiano”.

Lo que, para ser justos, era verdad.

“Incluso si te equivocas e incluso si no necesariamente entiendes correctamente las palabras, ellos te entenderán de todos modos”.

Tuve suerte de tener gente a mi alrededor que realmente me ayudó, pero todo dependía de mí y del preparador físico. Eso fue muy exigente, especialmente con toda la presión que existe en el Inter y en una época cuando, si acaso, estaban fallando. El equipo de Giovanni Trapattoni había ganado la liga a finales de la década de 1980, pero desde entonces atravesaban un evidente declive.

“Estaba decidido a no seguir con el catenaccio“

El padre de Massimo Moratti había sido el dueño durante esos días de grandeza. Massimo (abajo, a la derecha) había pasado a ser el propietario y su sueño era reconstruir ese éxito, hacer lo que había hecho su padre logrando que todo el mundo conociera al club en el país.

Él es una persona de gran cultura. Muy amable, cortés. Tiene clase y, lo más importante, es un gran aficionado.

Franco Origlia/Getty Images

Vive y respira el Inter más que nadie, pero eso puede ser una ligera desventaja. Esa pasión podía ponerlo en contacto con muchas otras personas que le decían lo que hacía falta cuando Giacinto y yo estábamos diciendo otra cosa.

Trabajar con él fue muy interesante, así que estoy agradecido por esa etapa. Me trató bien y ciertamente teníamos respeto mutuo, incluso si no seguimos adelante haciendo que el Inter fuese todo lo grande que él quería.

Yo había heredado una plantilla relativamente modesta. Roberto Carlos estaba allí en su primera temporada. Era una estrella, pero una estrella joven con la Sub-21 de Brasil. Al igual que Marco Branco, tenía un talento natural concedido por Dios.

Javier Zanetti (abajo) se convirtió en un gran nombre, pero ciertamente no lo era entonces. Paul Ince era el otro nombre grande, jugador extranjero, que recientemente había ganado la Premier League con el Manchester United. También teníamos a Gianluca Pagliuca en la portería y a Giuseppe Bergomi en la defensa.

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Javier ni siquiera fue fichado para ser el gran jugador en el que se convirtió. Él mismo se transformó en eso. Tenía un profesionalismo increíble y el deseo de sacar lo mejor de sí. Cualquier cosa que le pidieran sus entrenadores o preparadores físicos, él iba a demostrarles que podía hacerlo.

Bergomi era igual. Se trataba del volumen de trabajo, y de su seriedad como profesionales, y de hacer sacrificios.

“Bergomi estaba conforme si el balón estaba en el otro lado del campo y sin participar en el juego, con tal de estar cerca de su marca”

Cuando llegué por primera vez, me preocupaba que la plantilla se mostrara reacia a adaptarse a mis métodos. Estaba decidido a no simplemente seguir con el infructuoso método del catenaccio, de defender hombre a hombre, por ejemplo – algo visto ahora como un retroceso al fútbol italiano antiguo.

Los alemanes también habían jugado ese tipo de fútbol y tuvieron éxito. Sin embargo, yo estaba decidido a que no haríamos eso.

Jon Enoch

Íbamos a jugar con cuatro en defensa, con todo el mundo complementándose de una forma que en la actualidad se da por sentado, y con dos delanteros. Yo tampoco necesariamente quería que mis volantes externos fueran extremos, sino que vinieran hacia dentro desde la banda.

Pero yo llegaba a Italia después de un período de enorme éxito, en muchos aspectos. Eso incluyó cinco años en Suecia donde nuestro Malmo había ganado la liga cada temporada, y nada de lo hecho con Suiza me había disuadido de mi capacidad de hacer que los equipos jugar de esa manera. De haber tenido una preocupación especial, habría pensado con más cuidado antes de aceptar el puesto.

“Puedes tener demasiada abundancia y jugadores que no se complementan o que quieran hacer el mismo trabajo”

Sabía que podían jugar así si lo creían, y me sorprendió mucho la humildad y modestia de aquellos jugadores. No hubo alguien que se resistiera y dijera: “Pero si lo hemos estado haciendo de esta manera durante años”.

Giuseppe Bergomi (abajo) fue el ejemplo clásico. Había pasado toda su vida marcando hombre a hombre, muy conforme si el balón estaba en el otro lado del campo y sin participar en el juego con tal de estar cerca de su marca.

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Que jugara como lateral derecho en una defensa de cuatro, una posición que no era para nada su mejor, y que lo aceptara dijo mucho lo que era él.  Igual con Javier Zanetti.

En los entrenamientos, los jugadores no paraban de hacerme preguntas. “¿Qué deberíamos hacer aquí? ¿Qué quieres que haga?” Era un ambiente de verdadero entrenamiento.

Nos clasificamos para la siguiente temporada de la Copa UEFA por la puerta de atrás, por suerte, porque la victoria de nuestro gran rival, Juventus, sobre el Ajax en la final de la Champions League hizo que quedara un puesto más disponible.

Pagliuca (abajo) era nuestro portero. Después estaban Bergomi, Paganin, Gianluca Festa y Roberto Carlos. En el mediocampo teníamos a Zanetti, Salvatore Fresi, Paul Ince y luego a Davide Fontolan antes de que Nicola Berti se recuperara de una lesión. Marco Branca y Maurizio Ganz eran nuestros delanteros y completaban el equipo.

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Fue para la segunda temporada que trajimos algunos nombres famosos, incluyendo a Youri Djorkaeff, Jocelyn Angloma e Iván Zamorano pero, aunque parezca extraño, eso no nos volvió un mejor equipo.

El equipo anterior tenía, en muchos aspectos, una mayor cohesión si bien sí tuvimos algo más de éxito en términos de resultados. Puedes tener demasiada abundancia y jugadores que no se complementan entre sí, o que quieren hacer el mismo trabajo.

Para esa segunda temporada Angloma llegó como lateral derecho, Fersi se cambió al centro de la defensa al lado de Paganin o Fabio Galante, y Alessandro Pistone jugó como lateral izquierdo. Javier y Aron Winter muchas veces fueron nuestros volantes exteriores, con Ince y Ciriaco Sforza en el centro del mediocampo, detrás de Zamorano y Branca (abajo) o Ganz.

Tuvimos la temeridad de perder la final de la Copa UEFA al final de la temporada contra un equipo inferior, como el Schalke. Hubiésemos podido lograr un resultado general, incluso mejor, pero teníamos una plantilla muy pequeña que, para el final de la campaña, había sido llevada al límite por todos esos partidos extras de Copa. Al final, eso nos pasó factura.

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Massimo Moratti me había ofrecido un nuevo contrato y quería que me quedase después de la temporada 1996/97, pero entonces ese contrato no se materializó. Tuvimos una relación de respeto, pero por una razón u otra no creo que quería abordar el tema conmigo.

El Blackburn vino a buscarme y le dije a Moratti: “Mire, no estoy seguro de que quiera esto. El Blackburn realmente quiere que me vaya, así que al final de esta temporada me iré allá”.

“Hay muchas cosas sobre la vida en Italia y el Inter que todavía extraño”

Me dijo: “No, no, no. No queremos que te vayas. Queremos que te quedes”.

Así que llamé al propietario del Blackburn, Jack Walker, y lo decepcioné porque él estaba muy convencido de que iría. Como un gesto de buena voluntad me había ofrecido un incentivo para firmar que luego se deduciría de mi sueldo.

Massimo me había persuadido de no aceptar la oferta, pero pasó otro mes y estábamos en algunas dificultades en la liga por las lesiones, entre otras cosas. No le di una segunda oportunidad de que cambiase de parecer. Probablemente, él pensó que dos años eran suficientes. Blackburn realmente me quería, así que me fui allí.

Jon Enoch

No fue fácil irme. Había muchas cosas de la vida italiana y del Inter que extrañé al comienzo -y que aun extraño –  entre las que se incluyen el glamour que hay allí en todo.

Uno se pregunta qué hubiera ocurrido si me hubiera quedado. Pero no suelo permitir que esas cosas se me queden dando vueltas en la cabeza o siquiera las contemple porque mi carrera ha sido muy buena para mí. Y tantas decisiones tomadas de forma improvisada han resultado ser buenas.

Incluso las malas me han dejado algo, aunque solo haya sido en términos de experiencia de vida y conocimiento de otros países y culturas.

En su lugar, estoy contento de haber mantenido después mi amistad con Giacinto y mi relación con Massimo.

Roy Hodgson

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