Fotografía: Sergio Cueto

Ángel Cappa

Tenerife 1992-1994; Real Madrid, 1994-96; Huracán, 2008-09

A mí no me conocía nadie en España.

Y Jorge Valdano (abajo), después de finalizar su carrera como jugador, estaba buscando por entonces su lugar. Había trabajado en una importante cadena de radio en España, y creo que no habían llegado a un acuerdo económico para seguir.

En ese momento él quiso entrenar, y como yo tenía experiencia me dijo: “Ángel, ¿vamos los dos?”. Yo estaba encantado. De otra manera no hubiera accedido a ese nivel jamás, y como él no tenía experiencia también yo le venía bien. Así fue como empezamos a trabajar juntos. Una etapa donde lo pasamos muy bien juntos y disfrutamos mucho.

“Nosotros no le quitamos ninguna Liga al Real Madrid. Ellos solos, con sus nervios, se arrebataron esa posibilidad”

Yo no sé cómo vivió Jorge los finales de Liga ante el Real Madrid, pero yo lo viví desde el punto de vista del club que manejábamos entonces, el Tenerife. Nunca el club había ganado a un equipo grande y en esa temporada -llegamos a mediados de abril de 1992-, le ganamos al Barcelona y al Real Madrid.

Por eso digo que nosotros no le quitamos ninguna Liga al Real Madrid. Si nosotros le ganamos a los dos, ¿entonces por qué decir que le quitamos la Liga al Real Madrid? Ellos solos, con sus nervios, se arrebataron esa posibilidad.

Ángel Martínez/Getty Images

También en la segunda ocasión, al año siguiente en la temporada 1992-93. Nosotros nos jugábamos entonces ir a la Copa de la UEFA. Teníamos que ganar ese partido para superar al Sevilla, que tenía a Diego Armando Maradona, Diego Pablo Simeone, Davor Suker… Y lo hicimos, jugando mucho mejor que el Real Madrid. Por lo tanto no fue extraño volver a vencerlos.

Eso sí, que se produjera en dos años consecutivos, justo con el Barcelona para ganar la Liga y en el último partido, es algo insólito del destino.

“El entrenador, una vez que entran a la cancha, es igual que cuando se levanta el telón en un teatro. A partir de ese momento el que decide es el actor”

Un año después de aquello llegamos al Real Madrid. Un equipo que llevaba cuatro años sin ganar la Liga, además todos conquistados por el Barcelona, pero que sí tenía muy buenos jugadores. Fernando Hierro y Manolo Sanchís, la mejor pareja de centrales que yo he visto en España. Quique Flores, que era un grandísimo lateral y jugaba muy bien al fútbol, con Mikel Lasa en la izquierda, quien cumplía su papel.

En el mediocampo la gran capacidad de Fernando Redondo y Luis Milla, un excelente centrocampista. También Míchel, Michael Laudrup, Iván Zamorano, Raúl González o José Amavisca. Como decía, un buen equipo con muy buenos jugadores al que los resultados no le habían acompañado los años anteriores.

Sergio Cueto

Todo empezó a funcionar muy bien desde la pretemporada. Ganamos todos los torneos de pretemporada que jugamos y en el primer partido de Liga, ante el Sevilla fuera de casa, íbamos con un 0-3 a favor al primer cuarto de hora, con dos goles de Iván Zamorano (abajo), quien hizo 28 goles esa temporada, muchos de ellos importantísimos. En broma, siempre le decía a Iván que la casa donde vivo en Madrid – me la hice en esa época-, se llama “Iván Zamorano”, gracias a lo que todos sus goles nos dieron.

La relación con él fue curiosa. Cuando llegamos al equipo, nosotros le habíamos pedido al presidente Ramón Mendoza la contratación de Eric Cantona y la salida de Iván.

“Llegamos al Real Madrid. Un equipo que llevaba tiempo sin ganar títulos, pero que sí tenía muy buenos jugadores”

No llegó Cantona, pero nosotros seguíamos teniendo el mismo pensamiento sobre su salida. Algo a lo que se negó en rotundo: “Yo me quiero quedar y voy a tratar de ganarme el puesto. Y de buena gana. Nunca con mala cara, nunca con mal humor”, nos dijo.

Cumplió su palabra.

Por eso tengo un recuerdo muy, muy respetuoso de Iván, no solo como jugador, sino también como persona. Un tipo de una personalidad que te deja marcado para siempre, con una actitud enorme.

Clive Brunskil/Getty Images

Varios de esos goles de Iván, hasta tres, llegaron en la victoria ante el Barcelona en el Santiago Bernabéu en el 5-0 a principios de enero de 1995. Ganar al Barcelona por ese resultado no era el propósito. Ellos habían ganado 5-0 al Real Madrid la temporada anterior, pero no nos movía ningún ánimo de revancha por aquello. Lo importante para nosotros era ganar para alejarlos de la pelea por el título.

El resultado era de 3-0 al descanso, y al llegar al vestuario la euforia era tan descomunal y desmedida que no pudimos ni hablar con los jugadores para darles alguna indicación. Todos gritaban, hasta Laudrup, que era un tipo muy prudente, estaba eufórico y gritaba.

“Zamorano es un tipo de una personalidad que te deja marcado para siempre, con una actitud enorme”

Entonces ahí me convencí de que íbamos a ganar 5-0. Estaba casi seguro porque era una cuestión de ellos, de los jugadores. Ese tipo de situaciones no se maneja, son los jugadores los que deciden dentro de la cancha.

Eso lo aprendí como entrenador también.

Ahora que veo a los entrenadores haciendo señas para un lado y para otro, todo eso es producto de los nervios o, digamos, para quedar bien con la prensa. Para que digan: “Mira cómo está metido el entrenador en este en el partido”. Pero el entrenador, una vez que entran a la cancha, es igual que cuando se levanta el telón en un teatro. A partir de ese momento el que decide es el actor. El director queda al margen.

Sergio Cueto

Ganamos la Liga a falta de tres jornadas para el final. 2-1 contra el Deportivo de la Coruña, un rival directo por el título, y también con otro gol importante de Iván, a falta de cinco minutos para el final. Un golazo tremendo, después de un pase de Amavisca desde lejos. Iván, sin aparente espacio para hacer gol, marcó de volea.

Me acuerdo de esa imagen como si la estuviera viviendo ahora mismo. Mi mujer me pregunta que cómo es posible que me acuerde de tanto con tal nitidez, pero ese tipo de momentos son tan fuertes emocionalmente que se quedan grabados para siempre.

La temporada siguiente, sin embargo, la situación cambió. Jorge y yo fuimos víctimas de problemas internos que había en la parte directiva, que quería echar a Ramón Mendoza. Le cortaron los créditos, y, por ende, el dinero para firmar jugadores. Nosotros manteníamos que había que reforzar el equipo, cambiar ciertos jugadores para crecer, pero no había de nada, y esa situación tan convulsa terminó por afectarnos a nosotros también.

Se terminó por desinflar todo y salimos a mitad de temporada de un equipo donde no había paciencia. Lo que había era necesidad de la nueva comisión directiva de cambiar todo. Y cambiaron todo el siguiente verano.

Trajeron a dos laterales derechos, Carlos Secretario y Christian Panucci, Bodo Illgner, Roberto Carlos, Clarence Seedorf, Suker o Predrag Mijatovic. Mira si había que cambiar…

Reinaldo Coddou/Getty Images

Después de la etapa en el Real Madrid con Jorge retomé mi camino como primer entrenador. Diferentes equipos y lugares hasta llegar en 2008 a Huracán, en Argentina, un equipo que satisfacía todas mis ambiciones y deseos de cómo tiene que jugar un equipo.

Eso no es en demérito del Real Madrid, del Racing Club que dirigí en el ’98 o del Universitario en Perú, donde el gran esfuerzo de ese plantel fue que nos pagaron solo el primer mes, y nunca más. A pesar de vivir una situación tan difícil, todos nos comprometidos a dar lo mejor de nosotros hasta el final. Por suerte, conseguimos ser campeones en un torneo que aún la hinchada de la U lo recuerda con mucho cariño.

Pero ese equipo de Huracán jugaba un fútbol bueno y muy bonito que hacía emocionar a todo el mundo.

“Perder el título con Huracán fue el momento más doloroso como entrenador”

En el último partido del Torneo Clausura 2009, a falta de poco más de cinco minutos para el final, nosotros con el empate éramos campeones. Fuimos a la última fecha con un punto arriba de Vélez Sarsfield, y el árbitro cometió dos errores que para mí son fundamentales.

Nos anuló un gol válido por fuera de juego que no existió y le concedió un gol a Vélez con una falta inexplicable, que lo veo ahora y me vuelvo más loco que antes.

Sergio Cueto

Yo pensaba que era un error involuntario, pero después reuní los suficientes indicios – a través de la gente de Huracán entre la cual había abogados que hicieron una investigación por su cuenta- para sospechar que no fue involuntario. De hecho, ese árbitro no dirigió nunca más. Es cierto que con esos datos yo no puedo acusar; simplemente tengo que decir que tengo indicios para sospechar.

Ese es el momento más doloroso como entrenador, porque no lo pierde uno por lo que hace en la cancha, sino que te lo arrebatan.

Días después de ese partido, los hinchas de Huracán pagaron una valla publicitaria, en el camino de Buenos Aires a Mar del Plata. Una valla publicitaria en la que ponía: “Gracias Huracán por tanto fútbol”.

Para mí eso es como si hubiéramos ganado el campeonato.

Ángel Cappa

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