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Robbie Elliott

Jugador: Newcastle, 1991-1997; 2001-2006

Mi contrato con el Bolton estaba por terminar.

Las conversaciones para extenderlo se atrasaron porque estábamos en los play-offs de la Division One (Segunda División inglesa), pero después de la final mi agente me dijo que el Newcastle era uno de los equipos que había estado observándome.

Mi agente sabía que si me lo decía antes de los play-offs me iba a quedar dándole vueltas a la cabeza a este asunto.

Después conversé por teléfono con Sir Bobby Robson y fui en automóvil a reunirme con el presidente Freddy Shepherd. En menos de 10 minutos había acordado mi regreso a St James’s Park.

Para mí no había nada mejor que escuchar del propio Sir Bobby que le gustaría llevarme al club que yo consideraba mi casa. La llamada no era nada seria o referente a cuestiones tácticas. Simplemente era Sir Bobby siendo Sir Bobby, conociéndome.

El acuerdo quedó sellado apenas levanté el teléfono. Ciertamente yo no esperaba jugar para alguien que había sido entrenador de equipos como el Barcelona o la selección de Inglaterra.

Estaba muy nervioso, pero él me hizo sentir cómodo inmediatamente. La forma como te hablaba era tan relajada. Sentías que ya lo conocías, algo un poco extraño porque era la primera vez que conversaba con él.

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El tenía esa habilidad de hacerte sentir así – incluso por teléfono, algo que es mucho más difícil que cara a cara.  “Estoy entusiasmado por tenerte la próxima temporada conmigo”. Me dio alas en esa conversación, lo que no me hacía falta pues era él quien me llamaba.

Lo conocí en persona el primer día de la pretemporada. Para él era un día más, pero había un gran ambiente. Habíamos firmado un par de jugadores y se sentía que las cosas estaban dando un giro positivo para el Newcastle.

“Sus conocimientos sobre fútbol eran inmensos y, a pesar de la diferencia de edad, podía tener conexión con todos los jugadores”

Cuando él estaba en la sala, tenía un aura a su alrededor. No como con David Ginola – alguien que hacía que todas las miradas se dirigieran a él –, sino que era algo en la personalidad de Sir Bobby que hacía que todo el mundo se sintiera relajado.

Ese vestuario tenía jugadores tan jóvenes como Jermaine Jenas, experimentados como Alan Shearer y futbolistas de distintas nacionalidades. He estado en muchos vestuarios y pocos en los que todos los jugadores respetan al entrenador y se sienten a gusto con él, en especial los que no están jugando – pero allí todos estaban contentos con él.

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Pasé una temporada sin jugar en el Newcastle, pero aún así le tenía un respeto total porque me trataba con gran respeto. Me hablaba, me daba una respuesta si le preguntaba algo y era franco.

Otros entrenadores no se cansan de estar contigo cuando juegas en el equipo, pero si no te convocan o estás lesionado, sientes como si no existieras. No era el caso con Sir Bobby.

“Entusiasmo”, es la palabra que llama la atención sobre él. Siempre con su ropa deportiva en el campo de entrenamiento, uniéndose a nosotros y muy activo en la práctica.

Siempre traía energía y siempre deseaba energía de los jugadores. Lo más altos estándares en todo, pero también podía ser alguien divertido. No de contar chistes. Su humor era sutil. Simplemente te parecía gracioso.

“Incluso detrás de escena, Sir Bobby estaba moviendo los hilos”

Sus conocimientos sobre fútbol eran inmensos y, a pesar de la diferencia de edad, podía tener conexión con jugadores ya fuesen de 18 ó 34 años, a cualquier nivel. Eso es difícil de conseguir.

Todos  podían ver en frente de la cámara cuando tenía las emociones a flor de piel – el dolor al sufrir una derrota, y el orgullo de unas buenas actuaciones – y querías salir al campo y jugar bien para él.

Recuerdo una vez que hablé con un integrante de su equipo técnico en su paso por el Newcastle. En su trabajo juntos, él no había entendido todos los métodos de Sir Bobby. Pero después de que ambos se retiraron, Bobby se lo explicó con claridad. Por supuesto, todo le pareció que tenía sentido.

Sir Bobby quiso mantener su distancia con su cuerpo técnico porque también quería tener el respeto de ellos. Incluso detrás de escena estaba moviendo todos los hilos.

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Lo sorprendente es que, después de que se retiró y leí su libro, me enteré de lo que tuvo que padecer con el cáncer durante su paso por el Newcastle. En ese momento, no te lo hubieses imaginado por un solo minuto. Nunca se quejó y nada le hizo bajar el ritmo.

La mentalidad y la fortaleza que tuvo para seguir adelante y seguir en el más alto nivel de su juego fue simplemente increíble. Pasó por eso en muchas ocasiones y lo resistió. Así era él, siempre mirando hacia adelante y siendo positivo, nunca mirando atrás.

“Cuando volvimos a la Champions League, la ciudad tenía ese mismo entusiasmo de nuevo.  Si eres de esa zona, lo puedes sentir”

Siempre solíamos practicar saques de banda, porque esa era una de sus mayores pesadillas. Estábamos en primer o segundo lugar en la Premier League y estábamos practicando saques de banda. Te puede sorprender, pero ese era su nivel de atención al detalle.

La temporada en que regresé al Newcastle también llegó Craig Bellamy. Con él y Kieron Dyer teníamos mucha velocidad hacia adelante, conjuntamente con los veteranos Gary Speed y Shearer, y con Nobby Solano (abajo) en su mejor momento. Hicimos una gran temporada.

Una vez que agarras impulso en un sitio como el Newcastle y el balón empieza a rodar, se vuelve una experiencia fabulosa. Fue una gran temporada en el noreste de Inglaterra.

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Intentar y lograr llevar al Newcastle cerca del nivel que tenía con Kevin Keegan fue increíble. Volvimos a la Champions League y la ciudad tenía ese mismo entusiasmo otra vez.  Si eres de esa zona, lo puedes sentir, ser parte de eso otra vez fue algo realmente especial.

Olivier Bernard también había llegado y era un jugador que a Sir Bobby le gustaba mucho. Esa conexión francesa con Laurent Robert llegó muy lejos, y él comenzó a jugar en mi lugar.

No me malentiendas. Yo estaba cabreado todo el día. Sin embargo, Bobby tenía pequeños detalles como conversar contigo en el pasillo, cosas que me he llevado más allá del fútbol. Tratar a la gente con una sonrisa y dar las gracias, y preguntarles cómo se sienten puede servir de mucho.

“Se merecía mucho más en su salida del Newcastle. Cuando se fue, se puso de manifiesto que la enfermedad realmente le estaba afectando”

Eso es, en parte, lo que hace tan rara su partida del Newcastle, apenas después de los primeros cuatro partidos de la temporada 2004-05. Suena mal pero, tan duro como fue, podías ver que todo ya estaba escrito.

Pero hay formas de hacerlo y Sir Bobby merecía mucho, mucho más. Desearía que el tema hubiese sido manejado de otra forma – quizás al final de la temporada – de forma correcta, y con un plan ya establecido.

Dicen que uno debe mantener la mente activa, haciendo lo que estás haciendo, y tener una pasión. Cuando dejó el club, fue el momento en que se puso de manifiesto que la enfermedad realmente le estaba afectando.

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Tuve la suerte de reunirme con él un par de semanas antes del partido del Trofeo Sir Bobby Robson, cuando hizo su última presentación pública, en una silla de ruedas en St James’s Park -en julio de 2009. Era obvio que estaba muy mal.

A alguien de mi familia le pasó algo igual y se puso como meta ver el nacimiento de sus nietos. Después de presenciar esos momentos se fue en paz. Con Sir Bobby pienso que fue ese partido, quería ver el partido hasta el final, ver a los jugadores otra vez, y tener la experiencia de salir al terreno en St James Park por última vez.

“En Barcelona, nos cruzamos con una pareja que no hablaba inglés, pero reconocieron su foto. Es amado por todos”

Fue eso – y el hecho de que ha habido muchos casos de cáncer en mi familia – lo que me hizo salir a recaudar fondos para la Fundación de Sir Bobby Robson. Nunca tuve la oportunidad de agradecerle haberme llevado de vuelta a Newcastle, darme a mí y a mi familia esa oportunidad.

Acompañado de Phil Gray, un amigo y triatleta, pedaleamos 5.600 km en 21 días. Comenzamos en Porto, fuimos a Lisboa, cruzamos Europa hasta Barcelona y Eindhoven, antes de volver al Reino Unido para ir al Fulham, Wembley, Ipswich y Newcastle. Todos sus antiguos equipos.

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Empezamos en octubre, así que comenzabas y terminabas cada jornada de noche. Al final, resultó ser que hicimos el equivalente – en relación al nivel del mar – a subir cinco veces el monte Everest. No puedes ver en los mapas lo mal que estaban las carreteras, así que tuvimos enormes obstáculos y dormimos en una caravana. Fue brutal.

Estoy tan contento de haberlo hecho, pero que no repetiría, principalmente porque algunos días fueron muy largos. Suena sentimental, pero pensé en mi padre, mi suegro y Sir Bobby – la gente por la que uno recauda dinero para intentar marcar la diferencia. Así que nunca hubo un día en el que pensé que necesitaba parar.

La forma en cómo la gente nos habló desde el corazón en el camino. Un día nos quedaban tres horas para llegar a Barcelona y una pareja mayor, que no hablaban nada de inglés, nos hizo señas porque querían hacer una donación. Habían visto la foto de Sir Bobby en la caravana.

Al llegar al final organizamos un baile de celebración donde los ex jugadores vinieron a verme. El apoyo en toda la ruta fue fantástica.

No hay muchos entrenadores que dejan sus clubes y siguen siendo tan amados como lo es él. En cada ciudad a la que fuimos, fue realmente alucinante.

Pero ese es el poder de Sir Bobby.

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