
final conmebol copa libertadores, 29 de noviembre de 2025
Danilo (67)
Flamengo ganó a Palmeiras la final de la Copa CONMEBOL Libertadores 2025 con un gol de Danilo en el minuto 67. Es la cuarta Libertadores para el ‘Fla’ y la primera para Filipe Luís, un técnico que ha transformado al club desde su llegada en septiembre de 2024 para situarlo en la cúspide del fútbol sudamericano.
La final tuvo todos los ingredientes de igualdad que se esperaban. No solo porque ambos equipos se conocen muy bien del campeonato brasileño, sino también porque ya se enfrentaron en la final de la Libertadores 2021, entonces con victoria para Palmeiras (2-1).
El partido se decantó en el minuto 67, tras una sucesión de errores en la férrea defensa de Palmeiras. Primero, Khellven dejó salir el balón por la línea de portería pese a que lo había tocado un compañero, lo que provocó un córner. Después, una mala lectura en las marcas dejó solo a Danilo para conectar un potente cabezazo a la red. El técnico Abel Ferreira intentó ir a por el empate con varios cambios en la recta final del partido, fase en la que Palmeiras, lastrado por su poca claridad ofensiva, tuvo que recurrir a centros al área.
Finalmente, el orden de Flamengo y su precisión en la ocasión más clara de gol de todo el encuentro le otorgaron el título.
Análisis de los entrenadores
“Siempre pensé en grande, y Flamengo nos ofrece a los jugadores y a mí esa posibilidad. Estoy muy agradecido”, señaló Filipe Luís. “Se ha trabajado para lograr estos resultados, y al final conseguimos el objetivo”, añadió el joven técnico brasileño.
“Simplemente diré que nuestro adversario fue mejor, con más experiencia para lidiar con este momento de tensión que es una final”, expresó Abel Ferreira tras la derrota. “Palmeiras tiene un equipo en crecimiento. Flamengo tiene un equipo maduro, muy maduro, y eso se vio hoy con jugadores como Danilo, Jorginho y Bruno Henrique”, analizó también el técnico portugués.
A continuación, nuestros entrenadores expertos desgranan la final de la CONMEBOL Libertadores, sellada con la victoria de Flamengo.
Flamengo impone un 4-2-3-1 ante la presión escalonada de Palmeiras
Filipe Luís articuló su plan desde una estructura 4-2-3-1 extremadamente ordenada en ambas fases del juego, con Erick Pulgar y Jorginho como ejes de estabilidad, activando una salida de tres mediante los movimientos interiores de Guillermo Varela para liberar la progresión por dentro. Giorgian de Arrascaeta interpretó la mediapunta como un verdadero maestro: desmarques de apoyo en corto para aclarar, rupturas para desorganizar y temporizaciones para conectar con Samu Lino y Jorge Carrascal en los carriles exteriores (abajo).
A nivel general, Flamengo evitó que la circulación se acelerara porque sí, sin que hubiese estructura, obligando a Palmeiras a perseguir la pelota y negándole situaciones de transición ofensiva con espacios.

El Palmeiras de Abel Ferreira, organizado en un 5-3-2 en defensa y 3-1-4-2 en ataque, intentó ajustar alturas mediante presiones por referencias: Andreas Pereira sobre el mediocentro rival, Raphael Veiga saltando al central exterior y Allan corrigiendo el espacio entre líneas. Sin embargo, la basculación llegaba un segundo tarde y el bloque se deformaba cuando Murilo Cerqueira debía achicar en banda.
Como se ha señalado, Palmeiras perseguía, pero no interceptaba. En consecuencia, la estructura de O Verdão no logró orientar a Flamengo hacia zonas de mayor densidad, dejando al equipo expuesto ante cada giro rival para superar la primera línea de presión (abajo).

Dominio del ritmo a través del balón
Flamengo gobernó el tempo del partido mediante posesiones largas con tres objetivos claros: esconder el balón, atraer al rival y castigar en profundidad. Pulgar controló la cadencia de las acciones ofensivas con una lectura colectiva sobresaliente, alternando apoyos con cambios de orientación que obligaron a Palmeiras a defender con incomodidad (abajo). Las basculaciones del chileno fueron generando intervalos relevantes en la medular y en la última línea defensiva rival, por donde penetraban Lino, De Arrascaeta y Carrascal, sin permitir transiciones.
La circulación de Flamengo fue un mecanismo para mantener el partido en zonas favorables y minimizar riesgos. Cuando el Fla detectaba un descenso del ritmo, aceleraba con balones a Carrascal entre líneas o con conducciones verticales de Lino, generando una presión que obligó a Palmeiras a defender muy cerca de su área.

El equipo de Abel Ferreira, habituado en Brasil a imponer los tiempos del encuentro tanto en ataque como en defensa, no consiguió establecer una circulación estable que generara ventajas en campo rival para la dupla ofensiva formada por Vitor Roque y "Flaco" López. La altura de los carrileros Joaquín Piquerez y Khellven tampoco se tradujo en progresión porque el juego interior no lograba superar la primera presión del Flamengo (abajo).
En el medio, Veiga, Andreas Pereira y Allan no lograron conectar pases entre líneas que rompieran la profundidad defensiva del rival, provocando que los delanteros Roque y López permaneciesen desconectados en la frontal del área rival.

Explotación de los carriles exteriores
Flamengo encontró un resquicio del que aprovecharse cuando detectó que la última línea de Palmeiras no coordinaba bien sus saltos defensivos sobre los apoyos exteriores. Filipe Luís diseñó un patrón repetido que generaba una superioridad: Bruno Henrique se desplazaba al carril izquierdo para recibir en apoyo, fijando a Khellven y haciéndole dudar entre saltar o mantener su posición. Ese movimiento alteraba todo el ecosistema defensivo de Palmeiras.
Cuando Khellven salía a tapar, se abría un intervalo diagonal entre él y Bruno Fuchs. Pero si no lo hacía, entonces Bruno Henrique tenía tiempo para girar o conectar pases interiores sobre Lino o Carrascal, que partían desde dentro (abajo). Esta dinámica, combinada con las caídas intermedias de Pulgar, generaba progresiones limpias que permitían a Flamengo instalarse en campo rival con ventaja posicional.

Palmeiras no logró resolver ese problema planteado por su rival, y la falta de sincronía entre el carrilero, el central exterior y el mediocentro se transformó en una grieta táctica recurrente (abajo). Mientras Khellven dudaba entre fijar por fuera o proteger por dentro, Samu Lino atacaba con precisión el intervalo generado entre él y Fuchs. La cobertura del mediocentro —generalmente Allan— nunca llegaba a tiempo, y cuando Fuchs debía corregir hacia fuera, la línea de cinco se convertía momentáneamente en una línea de cuatro mal escalonada, habilitando nuevos pasillos para el pase vertical.
Palmeiras defendió los carriles exteriores sin una regla estable, reaccionando a lo que proponía Flamengo en lugar de anticiparse a ello. Esa descoordinación permitió al conjunto de Filipe Luís dominar una zona decisiva para controlar el ritmo y el territorio.

Gestión táctica del tramo final
Con ventaja en el marcador gracias al gol de Danilo en una acción a balón parado, Flamengo administró el tramo final desde una lógica táctica clara: proteger el resultado mediante el control espacial sin balón, no desde un repliegue intensivo. Filipe Luís transformó el 4-2-3-1 en un 4-4-1-1 adaptable, con Carrascal descendiendo a la altura de Pulgar para densificar la línea media y Lino ocupando un escalón intermedio, cerrando pasillos interiores y orientando la salida rival hacia zonas de menor influencia.
Flamengo no replegó, sino que se mantuvo compacto y generó una profundidad defensiva sobresaliente (abajo). Las alturas de presión quedaron sincronizadas con la posición de los centrales, especialmente Pereira, clave en la defensa hacia adelante. Asimismo, las posesiones largas no funcionaron como pausa, sino como un mecanismo para fijar al bloque rival, obligarlo a retroceder y eliminar cualquier opción de ataque posicional de Palmeiras.

Palmeiras no logró resolver las dificultades que planteó el reajuste estructural de Flamengo en la recta final. Abel Ferreira intentó empujar al equipo hacia campo rival introduciendo más volumen ofensivo, es decir, más atacantes, pero el sistema perdió definición: la línea de tres centrales se convirtió, de facto, en una defensa improvisada de cuatro, con Piquerez y Khellven alternando alturas sin sincronía (abajo). Esto generó una contradicción táctica evidente: Palmeiras atacaba como si tuviera una amplitud estabilizada, pero defendía las pérdidas como un equipo sin cobertura en los carriles.
La falta de un anclaje claro en el doble pivote, unida a la desconexión entre interiores y los delanteros, produjo ataques poco coordinados, sin tercer hombre liberado, sin fijación interior y sin capacidad para desordenar a Flamengo.

En términos tácticos, Palmeiras perdió la estructura, no por la necesidad del marcador, sino porque nunca consiguió instalar un ataque organizado que obligara al rival a retroceder y, por lo tanto, contar con ocasiones claras para intentar igualar una final que cayó del lado de Flamengo.
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