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Antonio Conte

Inter de Milán, 2019-Presente

El Perfil:

En el verano de 2019, el Inter de Milán recurrió a Antonio Conte, extécnico de su gran rival, la Juventus, en la búsqueda de un entrenador que los pudiera devolver a la cima del fútbol italiano por primera vez desde la partida de José Mourinho en 2010. El técnico italiano venía precedido de su trabajo en la selección italiana, a la que clasificó para la Eurocopa 2016, y en el Chelsea, club al que llevó al título de la Premier League en 2017.

Pero ha sido el Inter, y en gran parte debido a que la Juve se volvió tan poderosa, el equipo que quizás haya representado su mayor desafío como entrenador hasta la fecha. Durante la 2019/20 lucharon por el título hasta las últimas fechas y fueron subcampeones de la Europa League, demostrando un progreso significativo, pero un competidor tan feroz exigía mucho más. Y Conte lo ha logrado en la temporada 2020/21, con el primer título del Inter en Serie A once años después, lo que acaba también con una hegemonía de la Juve de nueve entorchados consecutivos.

Estilo de juego:

Posiblemente la mayor adaptación en el planteamiento de Conte se produjo mientras estaba en la Juve, donde su preferencia por una defensa de cuatro fue reemplazada por el 3-1-4-2 en fase de posesión que sus otros equipos -excluido el Chelsea- han utilizado a menudo desde entonces. Bajo ese sistema, Arturo Vidal, Claudio Marchisio y Paul Pogba ofrecían carreras de ataque directas y en profundidad desde el centro del campo (abajo), con Marchisio y Vidal anotando goles de forma regular, situados  por delante de Andrea Pirlo -ahora entrenador de la Juve-, quien operaba en el centro del campo bajo un rol defensivo.

Como fue el caso cuando dirigió a Italia y, hasta ahora en el Inter, la Juve también buscaba jugar por fuera, acción que contemplaba que el interior se moviera hacia el balón y, con un pase al primer toque, atacara la espalda de la defensa rival. Estas acciones se complementaban con dos delanteros que operaban en diferentes líneas. Uno se encargaba de arrastrar a un defensor central para sacarlo de su posición, mientras que el otro corría hacia el pase a la espalda, buscando situaciones de uno contra uno para superar la estructura defensiva rival.

El 3-1-4-2 de Italia fue significativamente más directo. Sin un jugador como Pirlo en la gestión del balón en mediocampo, y también con interiores menos dotados técnicamente, Conte alentó a sus carrileros a adoptar posiciones más avanzadas y a sus interiores a hacer carreras por bandas para generar superioridades con los extremos. Los dos delanteros también se mantenían lo más avanzado posible la mayor parte del tiempo, complementando ese enfoque de juego directo y, en última instancia, desalentando a los centrales rivales de salir para dar ayudas defensivas en banda.

En el Chelsea, Conte construyó un equipo exitoso en una formación 3-2-4-1 que jugaba con Diego Costa como único delantero, apoyado por extremos –Eden Hazard, Pedro y Willian- y dos carrileros por delante del doble pivote. Individualmente, esos mediocampistas defensivos se combinaron con los centrales exteriores, el carrilero y el extremo para crear una estructura en rombo que facilitaba la permanecía del carrilero en banda, construyendo hacia adelante y en asociación con el extremo.

El posicionamiento avanzado de César Azpilicueta como central exterior fortaleció las transiciones defensivas del Chelsea y añadió otro jugador con capacidad para realizar los centros curvados que exige Conte. Durante la temporada 2017/18 fue Álvaro Morata quien aprovechó especialmente esos pases.

En su regreso a la Serie A con el Inter, Conte volvió a su 3-1-4-2 o 3-5-2. Los carrileros –Ashley Young fue uno de las nuevas incorporaciones- se combinan con los centrocampistas de banda o un interior, buscando superar a los defensores rivales en el uno a uno y luego el centro al área.

Su mediocampista defensivo es, en cambio, más posicional, mientras los carrileros conducen el balón hasta pasar al ataque y asociarse con los dos delanteros -a menudo haciéndolo después de recortar hacia dentro a su pie dominante-, asegurándose de que los arietes sigan el balón lejos de la portería rival, en lugar de hacia ella, como era el caso anteriormente.

La versatilidad de Romelu Lukaku y Lautaro Martínez en ataque también ha demostrado ser una fortaleza. Ambos jugadores son tan capaces de aguantar el balón como de atacar el espacio y, por lo tanto, se complementan cuando operan en diferentes líneas. También ha habido ocasiones en las que Alexis Sánchez ha sido utilizado como segundo delantero o el equipo ha jugado con un doble pivote por detrás de un mediapunta – Sánchez o Christian Eriksen –, en apoyo a los dos delanteros. Marcelo Brozovic, por su parte, suele ser el mediocampista defensivo instruido para dar pases que superen líneas o  como apoyo (arriba), mientras los interiores -Nicolò Barella, Matías Vecino, Stefano Sensi, Roberto Gagliardini o Vidal- hacen carreras desde el mediocampo para combinar con los jugadores avanzados.

Ese enfoque evolucionó durante la temporada 2020/21 (arriba). Mientras que uno de sus dos delanteros -más bien Lukaku- sigue moviéndose en corto, reteniendo el balón y enlazando con los jugadores que atacaban desde segunda línea, sus carrileros han hecho cada vez más carreras en posiciones interiores, proporcionando así otra amenaza ofensiva y facilitando a los interiores mantener una estructura compacta para poder aplicar una presión tras pérdida. Incluso si no lo hacen inmediatamente, el equipo mantiene unidades suficientes para protegerse y temporizar el avance de sus rivales hasta que los carrileros recuperen su posición defensiva.

Al correr hacia diferentes posiciones -incluso hacia el segundo palo-, los carrileros del Inter pueden enviar centros desde nuevos ángulos y, por lo tanto, aumentar la variedad de los envíos a una delantera formada por dos atacantes, donde uno busca atacar el centro, mientras el otro se descuelga a posiciones más retrasadas. Asimismo, esta movilidad de los carrileros ha contribuido a que los interiores del Inter operen cada vez más cerca del área y, en caso de que esos carrileros estén más centrados, se desplacen por fuera.

Fase defensiva y presión:

La introducción de un tridente en la Juve supuso que Andrea Barzagli, Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini ocuparan sistemáticamente el centro de la defensa, y dio a los interiores de Conte la libertad de realizar regularmente carreras hacia delante. A la hora de defender, se reorganizaron en un 5-3-2 especialmente compacto y organizado, que dejaba a los rivales un espacio mínimo para intentar jugar entre líneas. Si alguna vez se mostraron vulnerables, fue después de que sus interiores y sus carrileros realizaran las mencionadas carreras hacia delante, y los rivales se posicionaran para contraatacar rápidamente. Con un solo pivote en mediocampo y la falta de presión tras pérdida de los dos delanteros sobre la salida del rival, incluso una zaga con tres centrales tan experimentados se veía en problemas.

Un 5-3-2 en bloque medio y, cuando es necesario, un bloque bajo, hasta ahora han demostrado ser los planteamientos defensivos más exitosos de Conte. Sus dos delanteros presionan las zonas centrales, lo que obliga a los oponentes a buscar la salida por fuera. Así fue con Italia en la Eurocopa 2016, limitando el potencial de rivales de alta calidad como Toni Kroos con Alemania y Sergio Busquets con España (arriba). Otro rasgo efectivo que existe en su bloque medio son las trampas que plantea en la presión por bandas, exigiendo a sus delanteros jugar en amplitud y estar acompañados por mediocampistas centrales que también ejercen el balance defensivo para cubrir el acceso por el canal interior y avanzando hacia el lateral contrario.

En la selección italiana Daniele De Rossi hacía la cobertura ante el ataque de los rivales, y los laterales limitaban los espacios que, de otro modo, habrían existido en áreas amplias, protegidos como estaban por los tres defensores centrales detrás de ellos. El Chelsea, y luego el Inter, aplicaron con regularidad la misma presión alta vista ocasionalmente con Italia.

En el Inter, el sistema defensivo 5-3-2 (arriba) se ha transformado a menudo en un 5-2-3 en el cual un delantero se concentra en evitar la conexión con el pivote defensivo rival, mientras que el otro delantero y uno de los mediocampistas ofensivos enfocan su presión sobre los defensas centrales. Los carrileros adelantan su posición para fijar a los laterales rivales, incluso a pesar del riesgo de tener que asumir un tres contra tres en defensa. La capacidad en los balones aéreos de los defensas centrales de los equipos de Conte le permiten defender de forma agresiva, ya que pueden lidiar con facilidad con los balones directos y las segundas jugadas.

Aunque el sistema en el Chelsea era un 5-4-1 en bloque medio, el equipo era menos vulnerable en las transiciones defensivas debido al doble pivote en el medio del campo. Además, la presión en esta zona era más agresiva y la presencia de cinco defensas más el apoyo habitual de un mediocampista permitía al equipo londinense cerrar los tres pasillos centrales, así como los espacios generados entre líneas que buscaban algunos rivales, sin tener que sacrificar su estabilidad defensiva. Cuando uno de los defensas centrales adelantaba su posición al mediocampo, los carriles centrales seguían cubiertos cuando se perdía la posesión en campo rival, con los jugadores más avanzados aplicando una presión intensa sobre el portador del balón.

El Inter de Milán logró ser el equipo menos goleado de la Serie A a través de un sistema defensivo de 5-3-2 (arriba), pero al igual que le ocurrió con la Juve, el equipo de Conte presentaba problemas en las transiciones defensivas. Cuando los carrileros y los mediocampistas ofensivos avanzaban, los pivotes sufrían para proteger los carriles centrales.

Debido a la debilidad que pueden tener los centrales exteriores para enfrentarse a delanteros rápidos y habilidosos, Conte ha experimentado con un doble pivote en el medio del campo que pueda apoyar en los ataques, pero también en las transiciones defensivas.

Cuando defienden con un bloque medio o bajo, sus interiores trabajan para proporcionar apoyo defensivo por fuera, el delantero más cercano a la acción busca cerrar el acceso al interior rival, mientras que sus carrileros se mantienen cerca de la línea de cal en la presión sobre la posesión del rival, obligándolo a jugar  atrás si quieren realizar un cambio de juego. Si lo hacen, el equipo de Conte realiza el balance defensivo sobre el otro costado, como también se adapta a la alternativa de que los adversarios intenten pases directos sobre su bloque defensivo, una acción sobre la que el Inter se encuentra cómodo, presionando o ganando los duelos agresivamente.

Sus defensas centrales exteriores presionan desde la defensa (arriba), y sus interiores se desplazan por fuera, mientras sus carrileros toman posiciones interiores en vigilancia defensiva, manteniendo siempre las unidades suficientes que exige Conte en el centro del campo.

De la misma manera que los movimientos de sus carrileros han mejorado su potencial ofensivo, también han hecho que la defensa del Inter sea más resistente. Sus tres zagueros y su centrocampista defensivo reciben un mayor apoyo, ya que la posición de sus interiores hace que estén considerablemente menos expuestos, anulando muchas de las debilidades que tanto el Inter como la Juve mostraban anteriormente en los momentos de transición.

Otro cambio potencial se produce en su enfoque de la presión alta, donde solo uno de los carrileros avanza y el otro forma una línea de cuatro atrás con los centrales. Un desarrollo similar lo interpretan los centrocampistas, con uno de ellos adelantando su posición en la presión sobre el rival y los dos centrocampistas restantes posicionados a la misma altura para formar un doble pivote. De este modo, y durante breves periodos, el Inter presiona con un 4-4-2 (arriba) desde el que trabaja para mantener el balón en un lado del campo y en el que sus dos delanteros protegen el centro del campo antes de presionar a los centrales y a los portero contrarios.

Antonio Conte

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