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Miguel Ángel Ramírez

Independiente del Valle, 2019-Presente

El Perfil:

Miguel Ángel Ramírez se ha convertido en poco tiempo en uno de los entrenadores más destacados del fútbol sudamericano, cosechando con Independiente del Valle la Copa Sudamericana 2019 o la clasificación para los octavos de final de la Copa Libertadores 2020. Brillantes actuaciones que, por otro lado, han despertado el interés de grandes equipos por su contratación, como Flamengo o Palmeiras.

Ramírez llegó al primer equipo de Independiente a comienzos de 2019, sin ninguna experiencia previa como entrenador a nivel profesional, pero sí con una amplia formación en el fútbol formativo trabajando para la UD Las Palmas, Deportivo Alavés, Aspire Academy y también como Director Deportivo de Independiente del Valle. Un bagaje, sobre todo este último, que le ha permitido desarrollarse con acierto en la primera plantilla del equipo ecuatoriano.

Análisis táctico:

Ramírez se caracteriza por ser un entrenador muy pedagógico debido a su trayectoria en el fútbol formativo, lo que le permite transmitir a sus futbolistas con nitidez el concepto del juego que quiere visualizar en su equipo. Orientado no solamente a su comprensión y desarrollo, sino también dirigido a la obtención de un rendimiento deportivo.

Asimismo, ha conseguido desarrollar un equipo con un estilo de juego muy definido y reconocible, basado en el juego de posición, entendiendo este como la generación y ocupación de los espacios, con una clara orientación ofensiva de progresar en el juego. Ramírez, además, busca que su equipo no sea previsible, para lo cual propone distintas estructuras en función de las diferentes fases del juego.

Fase ofensiva:

Independiente busca superar a los rivales a través del control del balón, mecanismo que utiliza para controlar el juego. La idea es conseguir ventajas numéricas y posicionales desde las primeras secuencias de pases, que empiezan desde el portero, Jorge Pinos, donde a través de su capacidad de jugar con los pies permite activar las siguientes líneas de pase cercanas con los centrales (Luis Segovia y Richard Schunke).

El equipo se predispone inicialmente en una estructura 3-4-3 en campo propio para evolucionar al 4-3-3 cuando sobrepasa la línea intermedia. En situaciones de salida de balón, la línea defensiva de tres jugadores la componen dos centrales junto al pivote defensivo Cristian Pellerano, quien se posiciona a la misma altura que los centrales, incluso en posiciones más profundas si el posicionamiento del rival se lo exige.

Ante equipos que presionan con dos delanteros y en bloque alto, Pellerano recibe el balón por detrás de los centrales, para situarse más arriba y poder superar la línea de presión avanzada. Mientras tanto, si el equipo rival no presiona alto y decide esperar atrás, la participación de Pellerano se desarrolla en posiciones más adelantadas.

Ramírez también incorpora la variante del 4-3-3 en salida de balón ante equipos rivales con una estructura de presión liderada por tres atacantes. En esa situación (abajo) exige a los centrales que se posicionen abiertos, pero dentro del área, para recibir adelantados. Mientras, los laterales, Angelo Preciado y Beber Caicedo, se posicionan por delante de la línea de presión rival para que los centrales, cuando los encuentren a través del pase, puedan tener tiempo y espacio para progresar en el juego.

La posición de Pellerano por delante de los centrales, interviniendo directa o indirectamente en la acción, es fundamental, ya que su posición habilita a los laterales a recibir por fuera, lejos de situaciones de presión del rival.

Cuando las líneas de pase del portero con los centrales no están disponibles, se activan otras opciones como jugar directo sobre los laterales, generalmente sobre el que está alejado de la posición del balón. Esto facilita superar la línea de presión rival mediante un solo pase. También existe la posibilidad de iniciar de forma más vertical y directa conectando el portero con el delantero Gabriel Torres, quien realiza movimientos de aproximación desde zonas avanzadas a zonas intermedias por el carril central. El atacante recibirá con tiempo y espacio para controlar el balón, girarse y combinar con los jugadores libres de marca. Bien en banda con Francisco Guerrero y Jacob Murillo, o bien en zonas centrales con los mediocentros, Lorenzo Faravelli y Moisés Caicedo.

Si Independiente no se encuentra presionado, la estructura ofensiva se modifica, pasando a un dibujo de 3-4-3. La idea es posicionar al mayor número de jugadores posible por delante del balón, abriendo líneas de pase hacia delante para progresar en el juego.

Ante equipos que plantean una presión de dos delanteros en bloque medio defensivo, Pellerano se desplaza entonces desde el medio del campo por detrás de los centrales para generar superioridades de tres contra dos, y facilitar la conexión con los jugadores de banda (abajo). La habilitación de los jugadores de fuera, Caicedo y Preciado, viene precedida de los movimientos de los jugadores de última línea ofensiva: Torres y los extremos Guerrero y Murillo. Estos tres fijan a los centrales y medios oponentes, impidiendo que salten a la presión, generando así espacios de progresión y de circulación de balón.

En ataque posicional en espacios reducidos, Ramírez opta por una buena distribución de los espacios, con mucha densidad de jugadores. Para conseguir penetrar las líneas defensivas rivales, Torres se posiciona entre los centrales oponentes para fijarlos y evitar que salten a la presión del poseedor del balón. Una acción que facilita la circulación de balón en zonas próximas al área.

Mientras tanto, los extremos se meten por dentro, estrechando aún más al rival para favorecer las posibilidades de progresar en el juego por el carril exterior con el lateral Beber Caicedo o el interior Efrén Mera (abajo). Este intercambio de posiciones (dentro-fuera y fuera-dentro) dificulta los ajustes defensivos del equipo rival.

Fase defensiva:

Independiente se caracteriza por intentar defender hacia delante, presionando inmediatamente tras pérdida de balón aprovechando la situación previa en ataque posicional. Lo hace generalmente sobre una estructura de 4-3-3 o incluso en un 4-1-4-1.

Esa presión adelantada es iniciada por el delantero y un medio descolgado de su posición, como jugadores más cercanos al poseedor del balón (abajo). Su actividad defensiva se basa en reducir espacios, con la intención de evitar que el equipo rival acumule pases para salir del bloque defensivo impuesto y, especialmente, buscando recuperar lo más cercano posible de la portería rival. Algo que, si lo consigue, le permitirá finalizar rápido.

Esos dos jugadores en la primera línea de presión saltan sobre los centrales del equipo rival, siempre esperando al primer pase del portero, para decidir entonces hacia qué lado dirigirse primero y ser más eficientes en su acción. El siguiente ajuste llega en la segunda unidad (la línea de medios junto con el pivote defensivo) saltando sobre el pivote ofensivo referencia del equipo rival. La intención de este movimiento es evitar que ese pivote que recibe el balón se pueda girar y combinar hacia delante, principalmente obligándole a jugar hacia atrás de nuevo.

En posiciones más atrasadas, el extremo más cercano al balón cierra la línea de pase sobre el lateral rival situado en amplitud. Este jugador salta a la presión a la presión cuando el lateral reciba el balón – nunca antes – para evitar ser desbordado o bien en conducción o superado con un pase del poseedor de balón en la línea anterior.

El ajuste de espacios en la presión lo completan los jugadores más alejados de la acción directa del balón. Estos son el central, que persigue marca con el delantero que se aproxima a recibir, el medio centro, marcando al pivote posicionado de cara al balón, y el extremo del lado contrario, quien vigila al lateral rival.

Ante la imposibilidad de recuperar la posesión en posiciones avanzadas, Independiente se adapta a lo que demanda el juego, pudiendo desplazarse a un bloque bajo en un 4-1-4-1. Mientras, si el equipo rival tiene secuencias muy largas de posesión de balón, el equipo se organiza en un 5-4-1 con la intención de dificultar el progreso del equipo rival a zonas de finalización, especialmente por zonas centrales y directas a portería.

Si el contexto es un repliegue defensivo en contragolpe, la distribución de los espacios pasa a ser un 4-3 en un primer bloque, con cuatro defensas más tres medios formando un triángulo defensivo por delante de los centrales (arriba). Este primer bloque protege zonas sensibles en situaciones verticales y un segundo bloque se sitúa más avanzado siendo compuesto por tres jugadores descolgados (Sánchez, Murillo y Torres), quienes trabajan en las ayudas, principalmente a los laterales. La intención de este desarrollo es orientar la recuperación del balón en zonas exteriores y alejadas de portería.

En resumen, Independiente es un equipo ofensivo, que tiene energía y cree en la propuesta de juego de su entrenador. Esos principios lo convierten en un colectivo con un alto grado de capacidad competitiva.

Miguel Ángel Ramírez

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