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Diego Pablo Simeone

Atlético de Madrid, 2011-Presente

El Perfil:

Diego Pablo Simeone y Atlético de Madrid han evolucionado paralelamente desde el nombramiento del entrenador argentino como técnico del club a finales de 2011. Mientras Simeone lo ha hecho hasta llegar a convertirse en uno de los mejores técnicos del mundo, el Atlético ha logrado instalarle de manera definitiva como rival por los títulos nacionales ante Real Madrid y Barcelona, así como también en las máximas competencias europeas. En este periodo de tiempo, los rojiblancos han conquistado dos títulos de la Europa League, dos Supercopas de Europa, una Supercopa de España, una Copa del Rey, un título de La Liga y han disputando también dos finales de Champions League.

Y Simeone ha seguido mejorando un equipo que ha experimentado cambios constantes a lo largo de todo este tiempo, con las salidas de jugadores tan relevantes como Sergio Agüero, Diego Costa, Antoine Griezmann, Thibaut Courtois, Arda Turan o Diego Godín, o supervisando una política de reclutamiento que ha conducido a la llegada de jugadores de la calidad de João Félix y Jan Oblak, entre otros. Sin embargo, quizás lo más impresionante de todo es la coherencia que siguen demostrando en su enfoque táctico y su nivel de rendimiento. El equipo de Simeone es tan organizado como contundente y resistente, lo que ha llevado al técnico argentino a una larga y estable permanencia en el Atlético, algo a contracorriente de un fútbol moderno donde son cada vez más continuos los cambios de entrenador.

Estilo de juego:

Simeone ha favorecido durante mucho tiempo la organización de su equipo sobre un 4-4-2 (abajo), buscando dominar los partidos a través de la ocupación de los espacios y las zonas más adelantadas.

Oblak ha sido su guardameta desde 2014.  Desde entonces -en una demostración de la preferencia del Atlético por la salida de balón con un envío en largo en lugar de combinar en corto-  el portero ha estado enviando de manera más sistemática pases directos a la zona del mediocampo. De igual modo que los centrales, quienes buscan una conexión directa con los dos delanteros -al menos uno de los cuales será regularmente un blanco adecuado para el juego aéreo- y cada vez más con los laterales.

Si, en cambio, el Atlético se enfrenta a una presión rival que cierra los pases a los centrales y a los laterales, los mediocampistas de banda se convierten en el objetivo alternativo, apoyados éstos por los dos delanteros que se mueven a zonas interiores para intentar ganar la segunda jugada.

Independientemente de que la salida de balón sea a través de un juego en corto o de manera directa, el Atlético trata de circular el balón de un lado a otro, siempre con un ritmo elevado. Los laterales Renan Lodi y Kieran Tripper,  previamente Filipe Luís, Juanfran o Sime Vrsaljko, proporcionan la amplitud al moverse a posiciones avanzadas, incluso por delante de la línea de medios, desplazándose los centrocampistas de banda Koke y Saúl Ñíguez – o Thomas Lemar, Ángel Correa, Vitolo o Yannick Carrasco, si el equipo juega con extremos – a posiciones interiores.

Los jugadores más combativos y versátiles del equipo de Simeone son los centrocampistas centrales, como lo fue él mismo de forma notable en su carrera como jugador. En fase de posesión, estos jugadores se mueven a través y hacia los pasillos interiores para enlazar con sus laterales, los centrales que están por detrás de ellos o conectar con los jugadores de banda de mediocampo. Koke, Saúl, Rodri, Thomas Partey y Gabi lo han hecho de forma impresionante en los duelos para recuperar la posesión, vinculando la defensa al ataque y superando las líneas rivales con pases en profundidad. También han representado una fortaleza para el Atlético en las transiciones, ayudando a mantener la presión en ataque al mismo tiempo que proporcionan la plataforma para el intercambio de posiciones cada vez más recurrentes en el 4-4-2.

El despliegue de los dos delanteros es igualmente influyente. En las transiciones, ambos suelen atacar los espacios por delante -sobre todo después de recuperación- y se benefician de la energía con la que los centrocampistas persiguen los espacios que emergen en último tercio de campo. La voluntad de Félix de buscar el disparo lo más rápido posible complementa esa capacidad del Atlético en las transiciones

En los momentos de juego más elaborado, y por lo tanto con los centrocampistas centrales en una posición más retrasada en la cobertura de sus laterales (abajo), también se anima a sus atacantes a operar entre las líneas y en pareja como lo harían un “9′ y  un mediapunta, quien aguanta el balón o busca el centro desde posiciones amplias. Félix, y antes que él Griezmann, ofrecían movimientos en profundidad alrededor de un delantero tradicional: Fernando Torres, Costa, Álvaro Morata o, más recientemente, Luis Suárez.

Con ese delantero bajo un rol de mediapunta, recortando hacia adentro y moviéndose para vincular el juego en el mediocampo, y el otro atacante planteando una amenaza más cercana a la meta, los extremos o volantes en medio del campo se mueven a zonas interiores para habilitar líneas de pase. Los movimientos realizados por los dos atacantes definen la naturaleza del apoyo y las carreras que realizan estos jugadores en las zonas centrales del campo y alrededor de ellas en último tercio de campo. Un desarrollo especialmente eficaz ante rivales posicionados en bloque defensivo bajo y compacto, que dificultan el acceso a los espacios a su espalda.

Fase defensiva y presión:

El Atlético se siente cómodo bajo diferentes enfoques defensivos; desarrollándose indistintamente en un bloque alto, medio y bajo, este último, sobre todo, cuando intenta defender una ventaja en el marcador. En la presión alta (abajo), lo más común es que permanezcan sobre el 4-4-2, desde el cual sus delanteros presionan a los centrales contrarios, activando más líneas de presión de sus mediocampistas avanzados y de sus defensas. Los centrocampistas suelen cubrir espacios importantes, y sus defensores intentan reducir los espacios entre la defensa y el mediocampo, en última instancia para imposibilitar la progresión del oponente.

Con sus dos delanteros a menudo restringiendo el acceso del rival sobre su pivote en mediocampo, la presión alta en primera línea facilita numerosas recuperaciones en las bandas. Aquí, los volantes o extremos dan prioridad a los laterales que se encuentran frente a ellos después de que los esfuerzos de sus dos delanteros hayan forzado la circulación de balón del oponente a estas zonas. En esta secuencia, el mediocampista central más cercano a la jugada apoya en la presión, mientras el resto de la línea del mediocampo bascula para cerrar los espacios por dentro. Ante esto, a los adversarios no les queda más remedio que devolver el balón a su guardameta, que a su vez es más propenso a ser presionado por un delantero, o cambiar el juego de un lateral a otro.

Un enfoque alternativo a la presión del Atlético (abajo) consiste en reorganizarse en un bloque más compacto y retrasado. Una estructura defensiva que a nivel vertical permite limitar los espacios entre las líneas, mientras que en horizontal trata de impedir los cambios de juego.

En las ocasiones en que el rival busca combinar alrededor de este bloque, sus centrocampistas centrales y defensas centrales – con gran dominio del juego aéreo- se ajustan para defenderse de los centros y luego para luchar por ganar la segunda jugada o rechaces. Asimismo, en las transiciones defensivas, esos mediocampistas centrales apoyan igualmente a sus laterales por fuera, mientras los centrales se resisten a tomar posiciones más amplias. Desde la temporada 2015/16 hasta la 2019/20, Koke, Saúl, Rodri, Partey y Gabi fueron los responsables de la mayor cantidad de recuperaciones de balón en terreno del rival, con coberturas defensivas que facilitan los periodos de presión ofensiva del Atlético y mantienen el equilibrio dentro del 4-4-2.

El hecho de que sus centrocampistas de banda (Marcos Llorente es otro jugador que cada vez tiene más influencia bajo la dirección de Simeone) a menudo dan prioridad a ofrecer carreras en profundidad al área rival, significa que los mediocampistas centrales suelen carecer de apoyo en los momentos de transición, es uno de los puntos débiles del equipo. Otro debilidad potencial también existe contra la presión alta del Atlético cuando el equipo rival opera con un mediocampista ofensivo con mucha movilidad. En el momento en que uno de los mediocampistas banda del Atlético se desplaza a la presión sobre el lateral contrario, si este movimiento no se complementa con un delantero que restringa el acceso hacia atrás a los centrales y el otro en la marca sobre el posible mediocampista receptor del pase, los oponentes pueden construir con amplitud para luego atacar a un medio del campo rojiblanco menos compacto.

En ese contexto, sigue siendo significativo que la organización defensiva sea un punto fuerte de los equipos de Simeone. Tal vez con el objetivo de fortalecer aún más este aspecto, el entrenador argentino ha introducido en la 2020/21 un cambio importante en fase defensiva, replegándose del 4-4-2 de partida a un 5-3-2 en bloque medio o bajo (arriba), sobre todo ante rivales de mayor potencial ofensivo. Para ello, Mario Hermoso, que actúa como lateral izquierdo (más conservador que Lodi), pasa a ocupar el centro de la zaga junto a los otros dos centrales, mientras el centrocampista de banda -Carrasco principalmente – retrasa su posición para jugar como lateral. También, en algunos momentos, con la variante de Félix en la línea de medios en fase defensiva para obstaculizar el juego del rival en zonas interiores.

Independientemente del dibujo, el Atlético sigue funcionando convencido y comprometido con los métodos de su entrenador. Una mentalidad que se ha mantenido a lo largo de todos estos años y promete con prologarse en el tiempo.

 

Diego Pablo Simeone

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