José Alberto López
Real Racing Club de Santander, 2022-Presente
A lo largo de mi trayectoria siempre ha habido gente que ha cuestionado las decisiones que he ido tomando. Y, con el tiempo, he aprendido que eso forma parte del camino.
Cuando dejé el Sporting de Gijón, entrenaba al equipo infantil, formado por niños de 12 y 13 años. Nunca olvidaré la frase que me dijeron: “Del Sporting no te puedes ir; te tienen que echar”.
Esa frase respondía a una consigna muy clara: uno mismo no puede renunciar a un club tan grande. Pero yo no renuncié al Sporting. Tomé la decisión de salir en ese momento porque sentía que debía hacerlo.
Me fui al Covadonga, en la Tercera División asturiana. Entré así en esa rueda tan complicada que existe en todas las provincias de España, donde abrirse camino como entrenador no es nada fácil.

La experiencia fue muy positiva y, tiempo después, el Sporting volvió a llamarme para entrenar al equipo juvenil. Era una gran noticia, pero otra vez aparecieron las dudas a mi alrededor. “¿Cómo es posible volver al fútbol base justo cuando te está yendo bien en Tercera?”.
Lo lógico era haber continuado en el Covadonga e intentar escalar desde ahí. Pero, de nuevo, hice lo que sentía. Y fue precisamente eso lo que me permitió crecer como entrenador. Hicimos un gran trabajo en el juvenil, después en el filial y, finalmente, tuve la oportunidad de dirigir al primer equipo del Sporting en 2018.
"A lo largo de mi carrera siempre ha habido gente que ha cuestionado las decisiones que ido tomando"
Cuando llegué al Racing de Santander, tras pasar antes por el Mirandés y el Málaga, volvió a ocurrir lo mismo. También se cuestionó mi decisión por la situación del equipo.
Llegué a Santander el 13 de diciembre de 2022, en pleno Mundial de Catar. Sin embargo, la Segunda División española no detuvo la competición durante el torneo. El Racing acumulaba, en ese momento, cinco derrotas consecutivas y ocupaba puestos de descenso.

La noche anterior a mi llegada, un domingo, yo había visto la destitución del anterior entrenador y, durante la mañana del lunes, pensé que quizá podría llegar esa llamada. A la una y media me llamó mi agente para decirme que la gente del Racing quería reunirse conmigo.
Pasamos toda la tarde hablando con la dirección del club y enseguida sentimos que existía una conexión. Ellos entendían perfectamente nuestra idea de fútbol y nosotros creíamos que era justo lo que el equipo necesitaba en ese momento. Esa misma noche alcanzamos un acuerdo.
Como he dicho, el equipo estaba en puestos de descenso, una situación siempre muy complicada, especialmente en Segunda División. Pero yo era muy optimista: tenía una plantilla con jugadores de mucho nivel.
"Cuando llegué al Racing acumulaba cinco derrotas consecutivas y ocupaba puestos de descenso"
En el fútbol, las dinámicas pesan muchísimo y nuestro primer objetivo era romper esa inercia negativa de resultados. Lo conseguimos muy pronto. Ganar 0-3 en Cartagena fue un punto de inflexión. Aquel partido reforzó la confianza del grupo y confirmó que el camino era el correcto.
Y lo hicimos con la idea de juego que yo quería, jugando al ataque. Siempre he creído que un entrenador tiene que ser valiente. Valiente para tomar decisiones, para defender una idea y para construir su propia trayectoria.

Después del partido contra el Cartagena, jugamos la Copa del Rey en Linares, justo antes del parón de Navidad. En ese encuentro cambié por completo el once porque quería dar minutos a todos y conocer mejor a cada jugador. Perdimos 1-0 y quedamos eliminados, algo que enseguida provocó dudas. Era lógico: el Racing venía de años en los que le costaba consolidarse en Segunda División y el miedo a volver a descender estaba muy presente.
Tras las vacaciones de Navidad y el primer contacto con los jugadores, nuestro trabajo se basó en una idea muy clara: convencerles de que podían competir en esta categoría, jugar bien y ganar partidos. En las siguientes 22 jornadas sumamos 36 puntos, unos números propios de un equipo de playoff de ascenso, y conseguimos la permanencia con varias jornadas de antelación. Pero, más allá de los resultados, me quedo con la evolución del equipo. Cada semana se apreciaba con mayor claridad nuestro modelo de juego y, sobre todo, el crecimiento individual de los futbolistas era enorme.
"En el fútbol las dinámicas pesan muchísimo y nuestro primer objetivo era romper la inercia negativa de resultados"
Para mí entrenar no consiste solo en ganar partidos o lograr una permanencia. También consiste en dejar el club mejor de como lo encontraste.
Cuando renové por primera vez con el Racing, una de las primeras conversaciones con los máximos accionistas no giró en torno a la plantilla ni a la incorporación de determinados perfiles de jugadores. Mi principal prioridad fue mejorar la ciudad deportiva. Para nosotros, el día a día lo es todo y las instalaciones son una parte fundamental del desarrollo de un club.

Con el paso del tiempo, el crecimiento del Racing ha sido espectacular. Han mejorado los campos de entrenamiento, el gimnasio, los espacios comunes, la tecnología... Los máximos accionistas entendieron que invertir en todo eso era invertir en el futuro del club.
Ese crecimiento no solo se reflejó en lo deportivo, sino también en lo social. El Sardinero volvió a llenarse. Se alcanzó el máximo histórico de abonados y el estadio vivió numerosos llenos durante la temporada. Todo ello demuestra que el club recuperó la ilusión.
Siempre dimos un paso más cada temporada.
"Para mí entrenar no consiste solo en ganar partidos o lograr una permanencia. También consiste en dejar el club mejor de como lo encontraste"
El primer año logramos una permanencia muy tranquila después de llegar en una situación límite. El segundo nos quedamos a las puertas del playoff de ascenso, empatados a puntos con el Oviedo. El tercero alcanzamos el playoff, aunque caímos eliminados ante un gran Mirandés. Y, finalmente, en la temporada 2025/26 conseguimos el ascenso a LaLiga 14 años después y lo hicimos como campeones de Segunda División.
Ese recorrido refleja un crecimiento constante. Cada año disponíamos de más recursos, mejores jugadores y una estructura más sólida. Pero, sobre todo, éramos capaces de sacar el máximo rendimiento de los jugadores que teníamos.

Hay un dato que resume muy bien esa evolución. Cuando llegué, aquel 13 de diciembre de 2022, el valor de la plantilla rondaba los cinco o seis millones de euros. Al finalizar la temporada del ascenso, ese valor alcanzaba ya los 61 millones. Y ahora queda por ver hasta dónde podemos llegar compitiendo en LaLiga.
Eso habla del crecimiento del club y del desarrollo de los jugadores. También hemos realizado ventas importantes que reflejan muy bien el trabajo que se hace aquí, como las de Jeremy Arévalo al Stuttgart o "Peque" al Sevilla, operaciones que han generado recursos para seguir creciendo.
Nuestra filosofía siempre ha sido mirar hacia delante y aprender de cada experiencia porque, en el fútbol, como en la vida, los golpes son inevitables. Lo importante es cómo reaccionas.
"Lo que acaba de pasar ya no se puede cambiar; lo único que importa es la siguiente acción"
Un recuerdo muy especial merece esta última temporada 2025/26. A falta de ocho jornadas y siendo favoritos para lograr el ascenso según todo el mundo, perdimos 6-2 en el campo del Andorra. Fue un golpe durísimo. Volvieron todas las dudas del pasado y parecía que la historia podía repetirse; que, una vez más, nos quedaríamos a las puertas del ascenso. Pero ocurrió exactamente lo contrario. En las ocho jornadas restantes sumamos 20 de los últimos 24 puntos y logramos el ascenso a LaLiga.

Siempre hablo a mis jugadores de la mentalidad del tenista: ir a por la siguiente bola. Lo que acaba de pasar ya no se puede cambiar; lo único que importa es la siguiente acción. Esa mentalidad se construye en el día a día, a través de los hábitos y de la cultura que generas dentro del vestuario.
Mi propia historia me enseñó esa lección muy pronto. Con 20 años jugaba en Tercera División cuando sufrí un brote reumático. Los especialistas me recomendaron dejar el fútbol porque las recaídas me impedirían competir con normalidad.
"Desde el primer día que soy entrenador he querido mejorar a mis jugadores y hacer crecer a mis equipos"
Fue un momento difícil, pero también decisivo para mí.
Por entonces ya estudiaba Magisterio para ser maestro y entrenaba a niños de cinco y seis años. Descubrí que disfrutaba enseñando. Nunca imaginé que me dedicaría profesionalmente a entrenar, porque mi vocación era ser maestro. Pero, sin darme cuenta, acabé uniendo mis dos grandes pasiones: la enseñanza y el fútbol.

Desde entonces, mis objetivos nunca han cambiado. Tampoco los ha cambiado llegar a LaLiga. Desde mi primer día como entrenador he querido mejorar a mis jugadores y hacer crecer a mis equipos.
Hoy, después de todo el camino recorrido, sigo teniendo exactamente el mismo propósito.
José Alberto López