Fotografía: Gareth Cattermole/FIFA vía Getty Images

Pablo Aimar

Selección sub 17 de Argentina, 2017-Presente

El fútbol no se enseña, el fútbol se aprende jugando.

También hay entrenadores buenos, inteligentes, con mucho sentido común, que con dos palabras te acomodan y te dan ciertos tips que te van a servir para el futuro. Lo hacen incluso preguntándote: “¿Cuál es la solución de esta jugada? ¿En lo que hiciste o estaba en otro lado?” Pero también jugando te das cuenta.

Hoy siento que estoy en el lugar en el que quiero estar y lo disfruto. Ser seleccionador juvenil me da el tiempo que no tienen los entrenadores de primera división. Eso y que todavía no tengo claro si deseo hacer carrera como entrenador principal.

Esa es una ventaja.

Fotografía: AFA

Me gusta trabajar con chicos. He escuchado, y escucho todavía, que en Argentina ya no salen tantos jugadores de fútbol. Puede ser que en algún momento haya pasado eso, pero los entrenadores nos tenemos que hacer cargo de eso. Por esto me encantó la idea de trabajar con jóvenes. Si no salía lo de la selección, seguramente lo iba a hacer en otro lado.

Acepté este reto porque para trabajar con chicos, la selección es el paraíso: uno puede ir a ver partidos, elegir a los jugadores, y además tener a disposición la sede de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), un lugar que es ideal. Diez canchas divididas en dos predios que son como un green de golf.

“Ser seleccionador juvenil me da el tiempo que no tienen los entrenadores de primera división”

Con Diego Placente (abajo, de pie) y mi equipo de trabajo, no nos ponemos como objetivo ser entrenadores de equipos profesionales. Como te decía antes, eso puede pasar o no. Aún no está claro.

El objetivo, cuando llegamos hace tres años era que los chicos que empezaban a ir a nuestras convocatorias pudiesen, en tres o cuatro años, llegar a la primera de sus equipos y completaran el ciclo de selección.

Muchos de ellos están ahora en la sub 20 y, probablemente, alguno llegará a la selección mayor. Ese es el trabajo, que esos futbolistas desarrollen el sentido de pertenencia, que deseen ser jugadores de selección. Eso es algo que en Argentina te inyectan desde el primer día y es lo que ha pasado con estos chicos.

Maddie Meyer - FIFA/FIFA vía Getty Images

Como seleccionadores nacionales nos manejamos con sentido común. No hay una planilla de cosas que tengas que hacer sí o sí. La manera de conducir nace en como somos nosotros. Claro que cometemos errores.

Por ejemplo, a mí me expulsaron en un partido de un Sudamericano sub 17, me equivoqué y me echaron. Nos podemos equivocar y faltar el respeto, pero sabemos que la única solución es pedir perdón.

Tenemos reglas muy simples, de convivencia, que estimulan el respeto a todos los que aquí trabajan. Tratamos de llevar al chico en este camino de futbolista y recordarles que el fútbol te da muchas cosas y que lo máximo a lo que puedes aspirar no es a ser famoso, porque eso tampoco es algo que sea tan positivo.

“No hay una planilla de cosas que tengas que hacer sí o sí, la manera de conducir nace en como somos nosotros”

Si uno tiene referentes humildes, al final vas a terminar copiando algunas cosas, pero es complicado, porque en Argentina, si juegas bien al fútbol y empiezas a salir en los diarios, a ser popular, vas a ser conocido, a ser famoso.

En cuanto a mi filosofía de juego, miramos la manera de jugar de estas selecciones juveniles teniendo en cuenta lo que creemos. Siempre desde una opinión y desde una creencia de que esto les va a servir para crecer, para ser cada vez mejores futbolistas y para ser jugadores de equipo grande.

Intentamos que jueguen, que la pelota no sea un problema, que no se la saquen de encima. Para eso elegimos y miramos jugadores que sientan al fútbol de esa manera o que puedan llegar a incorporar eso.

Maddie Meyer - FIFA/FIFA vía Getty Images

Hablo de un estilo de equipo, por ejemplo, con centrales audaces, porque creemos que después a ellos, con esa formación, no les va a costar nada jugar en un equipo que juegue de forma replegada. Ahora, si nosotros hacemos lo contrario, después les va a costar adaptarse. Pero si nosotros les damos instrucciones como que “saquemos la pelota, juguemos largo para obtener un resultado”, cuando más adelante les toque un entrenador que les pida que jueguen de forma más osada no lo van a poder hacer.

En cambio, al revés, sí lo van a poder hacer: si a los 25 años les agarra un entrenador y les dice “vamos a jugar en largo no pasa nada”, eso es lo más fácil. Creemos que esta es la manera en la que más van a crecer y más fácil se van a adaptar a cualquier manera de jugar en su carrera. Lo que estamos haciendo es acompañar a chicos a ser mejores; nosotros, desde la posición ventajosa en la que estamos buscamos el crecimiento individual de los chicos.

“Los esquemas tácticos son importantes, te ayudan a sentir que tienes dónde apoyarte, te sirve lo que entrenaste”

En mi caso, no sé qué hubiera pasado si en vez de ir al Valencia hubiese ido a otro equipo. Sí sé que disfruté de esa manera de jugar, por más que yo venía de River Plate, de jugar el 70 por ciento del partido con la pelota, y pasé a un equipo que jugaba mucho menos con el balón.

Tuve que crecer, adaptarme y comprender la manera en la que nosotros podíamos competir, que de hecho lo hicimos durante varios años y hasta ganamos una Liga, y te puedo asegurar que festejé ese logro. La manera que teníamos en ese momento para competir con los más grandes era esa. Así, aprendí a sacar provecho a tocar menos la pelota.

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Esa adecuación la hice consciente porque a medida que fue pasando el tiempo vi que la manera que teníamos de competir con el Real Madrid y con el Barcelona era partiendo de que no nos hicieran un gol. Dio resultado y nosotros terminamos formando un equipo duro, que competía bien con los grandes. Entonces, fue decir: “Yo quiero ganar acá”. Yo tenía 21, 22 años, pero quería ganar. Y la manera de ganar con ese equipo, más allá de que tenía muy buenos futbolistas, era esa. Atacábamos poco, pero de forma rápida y concreta, finalizando muchas jugadas.

También aprendí que un entrenador puede convencer a 20 futbolistas que de esa manera van a competir, porque cuando juegas quieres competir. Así, si hay uno que convence a 20 de una idea, se hace muy difícil superar a esos equipos. Esto es lo difícil de la labor de los entrenadores; la tarea que tienen es titánica porque además, sólo juegan once.

“En el Valencia tuve que crecer, adaptarme y comprender la manera en la que nosotros podíamos competir”

Los esquemas tácticos, en los profesionales, son importantes. Por más que no lo termines de tener muy consciente, te ayudan a sentir que tienes dónde apoyarte, te sirve lo que entrenaste. Por ejemplo: si la trae el central, el que sale es tal jugador… Por eso digo que son una ayuda. Parece una tontería y los de afuera no se dan cuenta.

El sistema táctico al final es un poco eso: cuando la trae alguien saber quién sale. Ese apoyo te da tranquilidad, te ayuda a comunicarte con tus compañeros. En definitiva, estar concentrado es eso, saber qué tienes que hacer.

Stuart Franklin/Getty Images

En el fútbol base pensamos el sistema dependiendo de los futbolistas con que contamos: si tenemos dos extremos buenos que queremos darle minutos pues encontramos la manera de que jueguen los dos. Es posible que haya tres centrales a los que les queremos dar minutos, entonces los dejamos que jueguen, que sumen minutos, que agreguen a sus características cosas como jugar en el rol de lateral. Nosotros por lo menos lo vemos así; el sistema tiene mucho que ver con los chicos a los que queremos darle minutos.

Todas esas idas llegaron también a través de algunos de los entrenadores que tuve. Marcelo Bielsa (arriba), alguien que es influyente en los demás, un influencer. No deja indiferente a quienes fueron dirigidos por él y esa es una característica enorme. Tengo una especial admiración por él, pero si tengo que decir algo es eso de la influencia que tiene en todas las personas que lo conocen y que fueron dirigidos por él.

“Bielsa y Pékerman son personas, y por eso agrego el calificativo de influencers, que han ayudado a formar a mucha gente”

No pensé que iba a ir a mi partido de despedida y cuando me lo dijeron pensé que era alguien que era parecido. Fue algo increíble, muy propio de él aquel gesto. Después no lo pude ver pero fue algo que me llenó de orgullo. Estas son las cosas al final que te llevas.

Cuando nos juntamos con mis excompañeros, alguno de ellos muy exitoso, ninguno tira el palmarés arriba de la mesa, nadie habla de eso. Todos nos acordamos de historias y de momentos, y estas son las cosas que te deja el fútbol, historias de amistad.

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José Néstor Pékerman (arriba) nos inculcó que el fútbol era un juego, desde el sentido común y desde la paz, que es fundamental por todo lo que se empieza a mover alrededor de chicos que juegan bien; a esas edades se empiezan a mover cosas que pueden llegar a ser complicadas.

Recuerdo un día que vino José antes del Mundial de Malasia de 1997. Él ya había ganado, junto con Hugo Tocalli, el Mundial Sub 20 de Catar 1995. Nos dijo: “Tranquilos, vamos a andar bien”. Él, a pesar de haber ganado el Mundial anterior, nos dio esa tranquilidad.

“El sistema tiene mucho que ver con los chicos a los que queremos darle minutos”

Hoy nos juntamos varios de aquella selección y nos damos cuenta de que jugábamos bien, pero claro, desde esa paz de José, de decirnos, “jueguen, no pasa nada, generen un recuerdo lindo”, todo era mucho menos dramático.

Bielsa y Pékerman son personas – y por eso agrego el calificativo de influencers – que han ayudado a formar a mucha gente.

Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images

También Jorge Jesus (arriba) es alguien que tengo muy presente. Uso reflexiones suyas ahora que entreno chicos. Por ejemplo, cuando alguno de ellos te dice “la pelota no me llega”, ahí les recuerdo algo que él siempre decía: “Los grandes jugadores no son ansiosos”. Obviamente no se esconden, pero no son ansiosos. Entonces, los que consiguen esa tranquilidad jugando hacen una diferencia enorme; los que eligen bien el cuándo: cuándo moverse, cuándo ir al espacio, cuándo ir al pie, cuándo tocar y no ser ansioso. Todo eso tiene que ver con la paciencia. Siempre me acuerdo de eso que me dijo.

Me gustaba entrenar con él. Me gustaban los ejercicios. Me gustaban las explicaciones. Me gustaba la pasión con la que vivía el fútbol. Aprendí con él y uso muchas cosas suyas en mi rol de entrenador, como su explicación de los ejercicios. Siempre nos decía, “el que inventó este ejercicio lo inventó por algo”.

“Jorge Jesus es alguien que tengo muy presente, uso reflexiones suyas ahora que entreno chicos”

Al futbolista pocas veces le explican por qué está haciendo un ejercicio, y la explicación del ejercicio te lleva a hacerlo bien. Lo haces bien y te vas a tu casa contento, es inevitable. Al fútbol se juega por eso, por la sensación del después; del durante y del después.

También me ha influido en ejercicios para los defensores y en cosas de sentido común. Hubo un día en su primer año, que llegó y nos vio jugar a mí y a Javier Saviola (abajo). A él le gustaba mucho esa sociedad. Estábamos haciendo un entrenamiento y lo terminó cuando hicimos una jugada buena. Ahí dijo: “Ahora con estos jugadores todos van a ver que yo soy un buen entrenador”. A mí me gustó mucho entrenar con él.

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El fútbol acepta todas las opiniones, es lo que lo hace tan popular. Eso y que tiene mucho que ver con el azar. Entonces, cuando hay un tipo que rompe el azar, pasa lo que sucede con Lionel Messi, que cuando juega todos creemos que el Barcelona va a ganar. Ha logrado que se agoten los elogios; en 15 años ha hecho exactamente lo que tenía que hacer.

Nadie se pregunta y nadie es capaz de poner sobre la mesa que todos los años juega entre 60 y 70 partidos. Él sabe que los va a jugar y es el mejor en el noventa y tanto por ciento de las veces. Entonces no hay más análisis. Todos los que hemos jugado a un cierto nivel nos alejamos de esa discusión de cuántos metros recorre por partido.

“Cuando hay un tipo que rompe el azar, pasa lo que sucede con Messi, que cuando juega todos creemos que el Barcelona va a ganar”

Estoy convencido de que el fútbol no es qué, sino cuándo. Los mejores futbolistas, más allá de que hacen todo bien, destacan porque saben cuándo hacer las cosas. Inevitablemente debo hablar de Messi. Probablemente él era más vistoso a los 22 años cuando gambeteaba hasta a su propia sombra. Ahora, esta versión actual lo convierte en el mejor de todos; hace todo lo que tiene que hacer, en el momento en el que lo tiene que hacer y cuando lo tiene que hacer.

Marcelo Endelli/Getty Images

Aunque no lo tuve como entrenador, es fantástico compartir con César Menotti (arriba, a la izquierda). Mi nombre es Pablo César por él. Es como un chiste de la vida poder sentarme con él. Mi padre y un amigo que fue mi entrenador me hablaban siempre de Menotti y hoy, cuando ven una foto, se sorprenden y me dicen que no se creen que yo esté charlando con él. Es hablar con la historia misma.

Es simple en sus explicaciones de algo que muchas veces es complejo, porque es un juego que muchas veces se hace un lío. Son conversaciones divinas, llenas de sentido común. Además, conoce a todos, observa todo. Entonces, para nosotros, no sólo para mí, es un privilegio gigante escucharle.

“Menotti, con su conocimiento y su sabiduría, te acomoda con dos frases. Es muy enriquecedor y un privilegio contar con él”

Una de sus virtudes es que transmite tranquilidad. La gente mayor en general te tranquiliza. Uno viene con un problema que te hace sentir como que se termina el mundo y los mayores te dicen “tranquilo, no pasa nada”.

Desde ahí, y obviamente con su conocimiento y su sabiduría, te acomoda con dos frases. Es muy enriquecedor y un privilegio contar con él.

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Y si miró arriba, a la selección de mayores de Argentina, no me sorprende lo que ha hecho Lionel Scaloni porque siempre fue un apasionado del fútbol. Lo que más le admiro es la tranquilidad con la que se tomó el lugar, lo bien que lo lleva, la comunicación y la comunión que tiene con los jugadores.

Más allá de que en esta etapa somos compañeros de cuerpo técnico, no tengo duda de que va a tener una carrera fantástica. Él, como cabeza de grupo, es alguien que toma riesgos y los asume, y es admirable la paz con la que se toma el lugar en el que está.

“Estaban el Hombre Araña, Batman y otros, pero nosotros queríamos ser Maradona antes que esos otros superhéroes”

¿Qué es lo que hace que los futbolistas crean o no a un entrenador? Eso va a seguir siendo un misterio. Ganan equipos con futbolistas más o menos técnicos, con tres defensores, con cinco, presionando arriba, viniendo abajo; entrenadores que dirigen equipos plagados de figuras no consiguen resultados, pero después van a otro equipo que no tiene un gran nombre y los consiguen. No tengo respuesta para qué es lo que hace que te crean.

Algo que se percibe también en el fútbol es aquello de las sensaciones y la sensación de estos dos años que lleva él ahí, junto a Walter Samuel y Fabián Ayala, son sensaciones positivas.

Han Myung-Gu - FIFA/FIFA vía Getty Images

Como las que trasmitía Diego Maradona. Era nuestro mayor estímulo para aquellos que nacimos en los 70’ y 80’. Por entonces ya existían los superhéroes: estaban el Hombre Araña, Batman y otros, pero nosotros queríamos ser Maradona antes que esos otros superhéroes. Jugábamos a ser Maradona y aspirábamos a ser ese que estaba ahí en el Mundial de México 86, cantando el himno y en el Mundial de Italia 90 insultando a los que insultaban el himno nuestro. Eso fue Maradona para todos nosotros.

Seguramente habrá alguno que le fue indiferente, pero para muchos de nosotros fue lo que quisimos ser. Nos compraban los botines suyos y la camiseta suya, y no el traje del Hombre Araña.

Y como él, queríamos una cosa por encima de todas: aprender jugando.

Pablo Aimar

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