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Carles Rexach

Secretario técnico del Barcelona, 1999-2001

“Charly, este es un fenómeno. Tienes que verlo”.

Eso me dijo Horacio Gaggioli, un representante argentino experto en fútbol infantil. Yo estaba en Montevideo, después de pasar por Paraguay y Brasil, y contactó conmigo para ponerme en conocimiento de la existencia de Lionel Messi.

Yo pensé que me estaba hablando de un jugador de 17 o 18 años. Pero no, me estaba hablando de un chico de solo 13 años. “Para eso no voy a verlo”, le dije a Horacio. “Además, es demasiado complejo contratar a un chico de esa edad”, le añadí.

Complejo por varios motivos. Messi era extracomunitario, y no era fácil hacerle ficha a un jugador de tan corta edad. También está que los grandes clubes ven a un chaval tan joven como un proyecto muy lejano. Y su familia. ¿Qué iban a hacer en Barcelona su padre y su madre?

Pero Horacio insistió, y al final esa insistencia llevó a encontrar una opción. “Bien, vamos a hacer una cosa. Desde el club le pagamos el viaje a Barcelona. Que esté aquí 15 días con su familia y le hacemos una prueba. Y si es tan bueno como me dices, entonces vemos qué podemos hacer”.

Marcelo Boeri/El Gráfico/Getty Images

Justo los primeros días de Messi en Barcelona coincidieron con un viaje de diez días que yo tenía fuera de España. Después de ese viaje, lo primero que hice fue reunirme con los entrenadores que habían estado con Messi para saber sus opiniones sobre él. Quería ser directo, así que, sin rodeos, le pregunté a cada uno de ellos: “¿Tú lo firmarías?

Algunos de ellos me dijeron que sí, que era un jugador muy bueno, pero que estaba el ya mencionado problema de hacer ficha a un jugador extracomunitario de esa edad. Otros, por contra, tenían dudas de su físico, que pudiera triunfar siendo un jugador tan bajito y delgado.

Como no había quorum, tomé la decisión de organizar un partido para verlo yo en directo y tomar entonces una decisión. Un partido en cierto modo trampa, ya que lo pusimos a jugar contra chicos dos años más mayores que él para forzar la máquina. Ver si realmente estaba preparado.

El partido era a las cinco de la tarde, un día entre semana. Llegué al campo a las cinco en punto. Se entraba al campo por una esquina, y justo al entrar el árbitro pitó el inicio del partido. Mientras iba andando hacia el banquillo, iba siguiendo el partido. Daba un paso y me giraba. Otro paso y volvía a girarme para verlo. Y al llegar al banquillo, les dije a los asistentes que estaban allí: “Hay que ficharlo”.

“Fuera del campo era un chico tímido, muy calladito, pero dentro de él se transformaba”

Bastaron cinco minutos –lo que tardé en cruzar desde el saque de esquina al banquillo- para ver que, si no pasaba nada raro, iba a ser uno de los grandes del fútbol mundial. Yo llevaba muchos años de fútbol, y en ese tiempo ves muchos chicos brillantes jugar, pero Messi era totalmente diferente a todos. Era algo que no había visto nunca. Hacía cosas increíbles para un niño de su edad, lo mismo que sigue haciendo ahora en cada partido, pero con el tamaño de entonces.

Pero no solo era espectacular jugando, es que además tenía el balón continuamente. En otros chicos de esa edad ves que juegan muy bien, pero conectan con el balón cada cierto tiempo, cuando pasa por ellos. Pero Messi no, todo el tiempo estaba con la pelota. Si la perdía, presionaba al jugador que se la había robado hasta quitársela. Y eso ante jugadores mucho más mayores que él, que le sacaban varias cabezas. Un chico que se transformaba en el campo. Fuera era tímido, muy calladito. Pero cuando jugaba, era otro, un ganador nato, valiente, sin abandonar nunca una jugada. Una cosa tremenda.

David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images

Lo que siguió después fueron varias semanas complicadas. Particularmente, y esto pasa mucho cuando tienes un talento joven ante tus manos, tenía miedo. Miedo de que se nos pudiera escapar un jugador como él.

Llamé también al presidente Joan Gaspart (arriba). “¡No me fastidies!”, me espetó cuándo le conté que teníamos que fichar a Messi. “Solo tiene 13 años, ¿quién narices se va a acordar de nosotros dentro de ocho o diez años cuando llegue al primer equipo?”, me añadió.

Viendo lo que ha pasado después te puede sorprender esa respuesta, pero en aquel momento era normal, porque cuando eres presidente de un club de la magnitud del Barcelona o una persona que toma decisiones, es muy difícil pensar en un futuro tan lejano. Piensas en el día a día y a corto y medio plazo, pero nunca miras a lo que pueda ocurrir en ocho años.

Mientras tanto, para solucionar el tema burocrático -por definirlo de algún modo- nos ayudó mucho el directivo Joan Lacueva. Él se movía bien en este trabajo, y trató de encontrar la vía para poder hacerle ficha.

“Un día, su padre me llamó por teléfono: “¿Qué hacemos? A mi hijo y a mí nadie nos toma el pelo”

Messi iba jugando con diferentes equipos del infantil. El A, el B y en otras ocasiones el C. Siempre partidos amistosos, porque no podía jugar competición oficial. Pero ni él, ni su padre se encontraban cómodos bajo esa situación. Directamente, se cansaron de esperar. También Messi tuvo una grave lesión en este tiempo. Se rompió el peroné, lo que le dejó sin jugar dos meses. Una situación compleja para cualquiera, pero más para un niño.

Estás en un país que no es el tuyo, en una ciudad diferente, lejos de los tuyos –su madre se había vuelto a Argentina-, sin tus amigos… Y encima, sin poder jugar al fútbol. Así, un día, su padre me llamó por teléfono: “¿Qué hacemos? A mi hijo y a mí nadie nos toma el pelo. Si no lo arreglamos pronto, nos volvemos a Argentina”. Su enfado, en gran parte, era comprensible. Me dijo que habían ido al club repetidas veces, pero siempre le decían que volviera al día siguiente.

Organicé entonces una reunión con él y Horacio –actuaba como representante de la familia Messi- en un conocido club de tenis de Barcelona, presidido por Josep María Minguella, también agente y con el que tengo una gran relación. Ahí, en medio de la charla, le pedí a un camarero un papel, y en una servilleta escribí de mi puño y letra: “En Barcelona, a 14 de diciembre del 2000 y en presencia de los Señores Minguella y Horacio, Carlos Rexach, Secretario Técnico del Barcelona, se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”.

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Sabíamos que ese papel no valía nada, que no tenía un valor legal, pero sí mostraba contundentemente mi compromiso, como secretario técnico del Barcelona, en que lo firmábamos. En cierto modo, también era un alivio para mí. La situación de Messi no era sencilla, pero al menos con ese papel quedaba claro para siempre que, si Messi acababa triunfando en otro lado, yo no había sido el tonto que lo había dejado escapar.

Felizmente se consiguió hacerle la ficha. Costó y llevó tiempo, pero cuando ese momento llegó, no tenía dudas de que habíamos firmado al mejor jugador en la historia del Barcelona.

“Tengo la sensación de que seguirá en el Barcelona; solo necesita un equipo con capacidad para ganar, porque él pondrá todo lo demás”

Aunque yo pasé después a trabajar en el primer equipo como entrenador (2001/02) y más tarde dentro de otras secciones del Barcelona, siempre estuve atento a su evolución en las categorías inferiores. Jordi Roura lo tuvo primero en el infantil. Roura me decía: “Messi es increíble”.

También Tito Vilanova (arriba a la derecha). Recuerdo una conversación con él cuando ingresó en el cadete del Barcelona, en un equipo con jugadores como Gerard Piqué, Cesc Fábregas y otros jugadores de gran talento. Un día me llamó para decirme: “Charly, hay un chico espectacular en el equipo”. ¿Y cómo se llama?, le pregunté. “Messi”. No hizo falta que me dijera más.

Eso siguió con todos los entrenadores que tuvo en los siguientes equipos de la cantera del Barça y en el primer equipo. Pep Guardiola, Frank Rijkaard, Tito, Luis Enrique, Tata Martino… Todos ellos lo han destacado como un jugador estratosférico.

Luis Bagu/Getty Images

Cuando debutó con el primer equipo, con Rijkaard, me sentí muy feliz. Un partido donde fue el mismo jugador que yo vi el primer día, en ese partido que le preparamos con chicos mucho más mayores para saber si valía para jugar en el Barcelona. Normalmente, un jugador de la cantera cuando debuta con el primer equipo se muestra algo tímido. Les cuesta mostrarse, pero él desde el primer instante pidió el balón. En un Barcelona donde había jugadores como Ronaldinho. Pero a él eso le daba igual. Es más, Ronaldinho le dio la asistencia para hacer su primer gol (arriba).

Messi es feliz cuando juega al fútbol. No he hablado con él sobre lo que ocurrió el pasado verano y su intención de salir del club, pero fue un año para olvidar en todos los sentidos, y que a él seguramente también le afectó. Tengo la sensación de que seguirá en el Barcelona. Solo necesita un equipo con capacidad para ganar, porque él pondrá todo lo demás. Así ha sido siempre.

Es curioso, porque mucha gente cree que yo fui la persona que lo descubrió. Pero como siempre he dicho, yo no descubrí a Messi. Messi se descubrió solo.

Tan solo tomé la decisión de ficharlo.

Eso sí, la mejor decisión de mi vida.

Carles Rexach

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