Francisco Rufete

Director Deportivo Espanyol, 2018-Presente

Yo solo era un niño de un pueblito de Alicante.

Así que cuando me enteré de que un club como el Barcelona quería ficharme, lo primero que sentí fue emoción.

Una vez que estuve allí, empecé a darme cuenta de la gran oportunidad que me habían dado. El sueño de todo niño es convertirse en futbolista profesional, ¿verdad?

A medida que avanzas en el sistema juvenil, crece tu determinación de aprovechar al máximo esa oportunidad. Luchas para mantener ese sueño vivo.

Al ir subiendo en las categorías inferiores del Barça, pude ver a los grandes jugadores de ataque del primer equipo en ese momento. Hristo Stoichkov, Luis Figo, Ronaldo, Romario (abajo)… Soñaba con ser como ellos. Pero también recuerdo haber visto a jugadores como Ryan Giggs y Paul Scholes irrumpir en el primer equipo del Manchester United y jugar contra el Barcelona en la Champions League.

Ellos me hicieron creer que yo también podría lograrlo,  jugar junto a ellos en el máximo nivel.

Chris Cole/Allsport

El entrenador principal en ese momento era Bobby Robson, y tenía a José Mourinho allí con él. Hice la pretemporada con el primer equipo, y pensé que podía mantenerme durante la temporada. Era todo por lo que había estado luchando durante esos años, pero finalmente terminé jugando para el Barça B esa campaña, y para el verano siguiente estaba claro que tendría que salir cedido si quería jugar continuamente.

Fue un momento difícil para mí. Había estado en el club durante seis años, y estaba cerca de hacer mi sueño realidad. Tan cerca que casi podía tocarlo.

En lugar de eso, el club arregló que fuera cedido al Toledo en la Segunda División. Incluyeron una cláusula en el contrato que señalaba que tenía que jugar una cierta cantidad de minutos. Si no lo hacía, el Toledo tendría que pagar más al Barça, así que el club se aseguró de que yo pudiera tener el tiempo de juego que necesitaba en las últimas etapas de mi formación futbolística, como jugador joven que era.

“Cruyff venía a la Masía y sabía tu nombre, te saludaba, te preguntaba cómo iban tus estudios”

Aprendí mucho en mi tiempo en el Barça. A medida que se asciende a través del fútbol base, hay un tema común en todos los equipos y con todos los diferentes entrenadores. Es la parte más básica del fútbol: aprender a controlar y pasar el balón correctamente.

Pero quizás una de las lecciones más importantes me la enseñó uno de los grandes, Johan Cruyff. No fue un concepto técnico o táctico. Se trataba del lado humano del juego.

Cruyff venía a los entrenamientos de la tarde con los sub-15, sub-16, de todas las edades, y se unía a los rondos con nosotros. Venía a La Masía y sabía tu nombre, te saludaba, te preguntaba cómo iban tus estudios. Para nosotros era increíble que el entrenador del primer equipo, un tipo que era una leyenda, tanto como jugador como técnico, supiera todos nuestros nombres y estuviera realmente interesado en nosotros.

Esa fue una de las primeras cosas que empecé a hacer cuando me convertí en el director general del Valencia. Empecé a conocer a cada uno de los jugadores de todos los equipos juveniles, hablando con ellos cada vez que los veía en el campo de entrenamiento, y los veía a todos entrenar y jugar tan a menudo como era posible. Creo sinceramente que fue ese tipo de cosas de Cruyff las que hicieron que el Barça tuviera tanto éxito en esa época. Es algo que siempre haré, dondequiera que trabaje.

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Cuando tuve la oportunidad de ir al Valencia en 2001, el equipo venía de dos derrotas consecutivas en la final de la Champions League. Yo llegaba para a sustituir a Gaizka Mendieta, que se había marchado ese verano a la Lazio, así que sabía que habría mucha presión sobre mí. Pero cuando un club grande como el Valencia te quiere, no puedes decir que no.

Teníamos mucha experiencia en nuestro equipo, en cuanto a los jugadores que habían estado en esas finales de Champions. A veces la gente solo ve el lado negativo de perder una final, pero aprendes mucho de esos momentos; empiezas a entender por qué perdiste. Así que teníamos un grupo de jugadores que habían aprendido mucho sobre sí mismos a través de esas experiencias. Y el club añadió algunos jóvenes a la mezcla, jugadores de entre 22 y 26 años de edad que habían destacado en clubes más pequeños. Le dieron al grupo más energía y confianza.

“Benítez nos ayudó a entender mejor el fútbol; empezamos a comprender cómo y por qué se producían las situaciones en el campo”

Y Rafa Benítez (abajo) había llegado en el momento perfecto. Estaba listo para ir al siguiente nivel en su carrera. Recuerdo cuando hablamos por primera vez. Me dijo que tanto él como el director deportivo me querían. Eso me dio la confianza para sentir que pertenecía a un gran club como el Valencia. Tenía una buena relación con él, y todavía la tengo.

Empezamos un poco lento esa temporada, pero ya se podía ver lo que se preparaba cada día en el entrenamiento. Entrenábamos a un nivel de intensidad muy alto, el mismo nivel al que jugábamos el día del partido, y podías ver al equipo crecer día a día.

Benítez es un entrenador al que le gusta que todo esté bien organizado, y eso lo inculcó en la forma en que jugamos y entrenamos. Éramos sólidos en defensa y muy buenos en el contragolpe, pero también nos hizo jugar un buen fútbol y manejar muy bien las diferentes fases del juego.

Si tuviera que destacar una cosa que  hizo por nosotros como equipo, sería la forma en que nos ayudó a entender mejor el fútbol. Empezamos a comprender cómo y por qué se producían las situaciones en el campo, y eso nos ayudó mucho a crecer como individuos y como equipo.

Quizás el momento clave de esa temporada 2001-02 fue en la visita al Espanyol. Estábamos 2-0 abajo en el descanso y el entrenador estaba muy presionado porque atravesábamos un mal momento de forma. Afortunadamente, conseguí un par de goles y ganamos 3-2. Después de esa remontada, ganamos el título de Liga. Era la primera vez que el Valencia salía campeón en más de 30 años.

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En la siguiente temporada, no pudimos replicar ese éxito. Tuvimos una buena racha en Europa, pero no nos fue tan bien en La Liga y no conseguimos clasificarnos para la Champions League. Fue una situación difícil, porque habíamos creado muchas expectativas y no habíamos cumplido con los altos estándares que habíamos establecido en la temporada anterior.

Benítez tuvo un papel importante en recuperarnos de esa decepción, pero como grupo teníamos una comparación muy clara entre lo que sentimos después de la temporada de la victoria y al final de la siguiente. Preferíamos, por supuesto, lo que experimentamos después de ganar.

Cuando empezamos a acercarnos al final de la temporada 2003-04, pudimos sentir que teníamos una verdadera oportunidad de hacer algo especial. Estábamos en las semifinales de la Copa de la UEFA y en la carrera por el título, y, lo que es más importante, éramos un equipo que sabía cómo ganar. Ganar el título dos temporadas antes había sido más difícil. Esta vez, teníamos la experiencia, la confianza y la mentalidad triunfadora que se necesita en situaciones de presión.

Y la sensación de que podíamos hacer algo especial se convirtió en una realidad. Ganamos tanto la Liga como la Copa de la UEFA (abajo).

Alex Livesey/Getty Images

Obtuve mi título de entrenador cuando tenía 30 años, pero no dejé de jugar hasta los 34. Así que durante los últimos cuatro años de mi carrera, siempre que estaba en el banquillo, veía el partido como entrenador. Me sentaba allí y analizaba lo que veía, preguntándome qué haría en ciertas situaciones y desarrollando mis propias ideas sobre el juego.

Toda la experiencia que he acumulado, desde todas esas diferentes perspectivas, me ha dado la capacidad de identificar los diferentes problemas de un determinado club y encontrar las soluciones adecuadas.

Creo firmemente que, como profesionales, nuestros mayores desafíos siempre se producen cuando las cosas no van bien en un club, cuando hay que dar la vuelta a una situación negativa. Este es el desafío que siempre he disfrutado, ya sea como jugador, director de las categorías inferiores, director deportivo o como entrenador.

“El fútbol es un edificio con muchos pisos, es importante para un profesional acostumbrado a vivir en lo más alto, bajar y experimentar la vida en la planta baja”

Tomé el trabajo como entrenador de la UD Ibiza en las categorías inferiores de España. El club necesitaba mi ayuda para tratar de cambiar las cosas al final de la temporada, y lograr su objetivo de ganar la promoción a través de los playoffs. A veces en la vida una oportunidad como esa aparece, y simplemente la aprovechas. Estaba muy entusiasmado con el desafío, y casi lo logramos, pero perdimos la final en los penaltis.

Creo que hicimos un buen trabajo, y le dimos al club una buena base para seguir trabajando y creciendo. Pero es importante para un profesional acostumbrado a vivir en lo más alto, bajar y experimentar la vida en la planta baja.

El fútbol es un edificio con muchos pisos, y ese proyecto me enseñó mucho sobre lo que experimenta un jugador de ese nivel: vivir con un salario más bajo, luchar para intentar subir a un nivel más alto… Cuando bajas a esos niveles, puedes aprender muchas cosas diferentes que puedes llevarte contigo de vuelta a lo más alto. Cosas que te hacen un mejor profesional y una mejor persona.

Ahora, estoy en un nuevo papel como director de fútbol en uno de mis antiguos clubes, el Espanyol. Es diferente a ser jugador, o incluso entrenador, pero una cosa no cambia nunca: hay que vivir, respirar y sentir esta profesión.

Espero participar en un proyecto con grandes objetivos, donde mi trabajo sea necesario, porque esa es mi mayor motivación en la vida.

En el fútbol, como en la vida, tienes que dar todo lo que tienes. Quiero seguir devolviéndole al fútbol lo que me ha dado.

Se lo debo al juego que amo.

Francisco Rufete

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