Vasco Botelho da Costa
Moreirense, 2025-Presente
Es tentador decir que entrenar en la primera división es difícil. Sin embargo, en las divisiones inferiores la realidad es muy diferente.
La mayor dificultad es hacer mucho con poco. Es ser profesional en el ambiente amateur de las categorías inferiores del fútbol. ¿Por qué digo esto? Bueno, pues porque antes de llegar a la Primeira Liga, yo pasé por todas las categorías del fútbol portugués.
Al máximo nivel, y te hablo de mi equipo, el Moreirense, la estructura de trabajo de la que dispones facilita la vida de cualquier entrenador. Tengo un equipo técnico compuesto por ocho profesionales que me ayudan a preparar los entrenamientos y a analizar al rival y a nuestro propio equipo. El club cuenta con fisioterapeutas, nutricionistas, asesores de prensa y campos de entrenamiento de gran calidad.

El contexto no tiene ni punto de comparación con las llamadas categorías distritales, competiciones organizadas por las asociaciones regionales que forman la base de la pirámide del fútbol en Portugal. Recuerdo que era habitual que entrenáramos en un campo dividido en cuatro o cinco partes y que equipos de otras categorías lo utilizaran al mismo tiempo. A veces, teníamos solo cinco balones para entrenar a 30 niños.
Además de ser entrenador, tenías que ser conductor para llevar a los chicos al campo, rellenar la ficha del partido, estar atento a las inscripciones de los jugadores... No bastaba con que me gustase ser entrenador. El paquete incluía muchas otras funciones, o todas las funciones.
"Antes de llegar a la Primeira Liga, yo pasé por todas las categorías del fútbol portugués"
Y todo ello, cobrando un salario simbólico. No era posible vivir exclusivamente del fútbol. Durante mis 12 años en las ligas regionales, di clases en colegios y fui entrenador personal para completar mis ingresos.
Por eso, cuando hablan de mi corta edad, lo cual ocurre a menudo, sinceramente no le doy ninguna importancia al tema. Tengo 36 años, sí, pero prefiero poner de relieve las experiencias que he adquirido en mis doce años en las ligas distritales y en los últimos siete años en las divisiones nacionales. Sin embargo, soy consciente de que la experiencia por sí sola tampoco vale mucho si no sabemos qué hacer con ella.

Mi trayectoria como entrenador comenzó en el Dramático Cascais, el club de la región donde nací. Allí jugaba al fútbol cuando, a los 17 años, me invitaron a ser asistente técnico del equipo Sub-7. En aquel momento, todavía pensaba que sería ingeniero mecánico. De hecho, mi sueño era trabajar en la Fórmula 1.
Esa experiencia acabó transformando mi vida. La oportunidad de organizar entrenamientos y seguir el desarrollo de los niños fue muy gratificante. Así que me olvidé de la ingeniería, deseché mi sueño de llegar a la Fórmula 1, y me dediqué a estudiar deportes.
"La experiencia por sí sola tampoco vale mucho si no sabemos qué hacer con ella"
Pasé un total de doce años en el Dramático Cascais, desempeñando las funciones de asistente técnico y entrenador en todas las categorías. Desde la Sub-7 hasta el primer equipo. Es decir, desde niños hasta adultos. Entre mis logros, logramos el ascenso de la segunda a la primera división distrital con el Sub-19.
Mi trabajo ahí llamó la atención del Estoril Praia, un club de un nivel competitivo superior. El Estoril disputa las principales competiciones nacionales. Pero la propuesta que me hicieron era entrenar al Sub-11 y, en ese momento, ya con la carrera universitaria terminada, me sentía preparado para dar pasos más grandes.

Con el Estoril Praia Sub-23, Botelho da Costa logró un doblete nacional en dos ocasiones. Fotografía cortesía de Vasco Botelho
En 2018, el Estoril volvió a aparecer con una oferta más sólida: "Queremos que asumas el mando del equipo Sub-17, una categoría que tiene una buena visibilidad en Portugal". Acepté el reto y, a partir de ahí, mi carrera tomó un nuevo rumbo.
En el Estoril pasé del Sub-17 al Sub-19 antes de asumir, en 2020, el mando del equipo Sub-23. Fue solo en ese momento cuando pude, por fin, dejar el pluriempleo y centrarme en ser entrenador. Tenía 29 años.
Con el Sub-23 ganamos prácticamente todo lo que se podía ganar. Y dos veces: ganamos la liga nacional y la copa nacional en la temporada 2019/2020. Y como parecía que no era posible superar esos resultados, volvimos a repetirlos en 2021.
"Me olvidé de la ingeniería, deseché mi sueño de llegar a la Fórmula 1, y me dediqué a estudiar deportes"
Además de los logros deportivos, subimos la cotización de nuestros jugadores, lo que reportó beneficios económicos al club. También logramos que muchos promocionasen al primer equipo del Estoril.
La dirección del Estoril Praia quería que siguiera en el Sub-23. Sin embargo, yo quería un nuevo reto. Mi deseo era asumir el mando de un primer equipo. Pedí la baja y, semanas después, firmé con la União de Leiria.

Fue mi primera gran oportunidad como entrenador de un primer equipo. Y precisamente en un club con mucha tradición que ya había sido entrenado por José Mourinho, Jorge Jesus y Manuel José, tres de los entrenadores más grandes no solo de Portugal, sino del mundo. Sin embargo, el momento del Leiria era difícil: el club llevaba once años en la tercera división nacional.
En nuestra primera temporada, logramos el tan esperado ascenso a la Liga 2 al proclamarnos campeones nacionales tras derrotar al Belenenses, otro club muy tradicional, en la final del campeonato. Al margen de los resultados deportivos, me siento orgulloso de haber revalorizado a los jugadores y, sobre todo, de haber ayudado a la ciudad de Leiria a reconectarse con el club.
"Suelo decir que mi cuerpo técnico y yo necesitamos siete u ocho jornadas para empezar a ver nuestra identidad en un equipo"
En la temporada siguiente los retos fueron aún mayores en la segunda división. Pero nos desenvolvimos con solvencia, manteniéndonos alejados de la zona de descenso. También llegamos a los cuartos de final de la Copa de Portugal —algo que el club no había conseguido en 20 años—, fase en la que fuimos derrotados por el Sporting CP de Ruben Amorim.
Como ya había tomado la decisión de no continuar en el club la temporada siguiente, llegué a un acuerdo con la directiva para dejar el cargo en la recta final de la campaña. De este modo, el nuevo entrenador tendría más tiempo para preparar el año siguiente.

Mi siguiente reto sería de nuevo en la Liga 2, en el Alverca. El club acababa de ascender a la segunda división. Por lo tanto, el objetivo principal era mantenerse en la liga. Llegamos al Alverca en la quinta jornada de la competición. El equipo aún no había ganado: acumulaba tres empates y una derrota.
Suelo decir que mi cuerpo técnico y yo necesitamos siete u ocho jornadas para empezar a ver nuestra identidad en un equipo. Esto se debe a nuestra forma de entrenar y de transmitir el contenido y a la adaptación de los jugadores. Siete u ocho jornadas suelen ser el margen necesario para ver los primeros indicios de nuestro estilo.
En Alverca, tras esos primeros partidos, no solo veíamos nuestra identidad, sino que sentíamos que se estaba construyendo algo especial. Recuerdo que a mitad del campeonato, cuando estábamos en octava posición, pregunté a los jugadores qué querían conseguir en la liga. "Queremos el ascenso, míster. Sentimos que podemos ganar a cualquier rival", coincidieron todos.

No era una frase protocolaria, dicha de boquilla. Sabían que el objetivo era palpable. Y esa era una sensación compartida por todos en el club.
En la segunda mitad de la competición, ajustamos algunos detalles para tener más solidez defensiva, lo que nos ayudó a ganar prácticamente todos los enfrentamientos contra los equipos que estaban por encima de nosotros en la clasificación. Terminamos la liga en segunda posición y logramos el ascenso a primera división, algo que el Alverca no había logrado desde hacía 21 años.
"La estructura de trabajo de la que dispones facilita la vida de cualquier entrenador"
Pero el Alverca estaba pasando por una reestructuración en su directiva y era difícil saber con certeza cuál sería la idea del club para la temporada siguiente. Así que decidí buscar nuevos aires y acepté el proyecto que me presentó el Moreirense, que también disputaría la Primeira Liga en la temporada 2025/26.
Me identifiqué con lo que escuché de la gente de Black Knight, un grupo que se convirtió en accionista mayoritario del Moreirense y que también gestiona clubes de diferentes países como el Bournemouth, el Auckland FC y el Lorient.

Lo que más sentido tiene para mí, como entrenador, es sentirme identificado con el proyecto futbolístico. El proyecto está formado por personas y, cuando todas están unidas, se da una enorme zancada hacia el éxito.
Tengo mis ambiciones, como cualquier profesional. Y trato de centrarme en lo que está a mi alcance, sin perder tiempo pensando en las dificultades. El resto lo dirán el tiempo y el mercado.
El comienzo del trabajo en Moreirense ha sido muy positivo. Espero que juntos podamos llevar al club a cotas más altas.
Vasco Botelho da Costa