David Pérez
Islas Vírgenes Británicas, 2025-Presente
Contacté con un central del que había visto algunos vídeos para que jugara con nosotros. Recuerdo perfectamente su respuesta: “He sido padre y llevo tres meses sin jugar, ¿cómo voy a ir ahora? Es imposible”. Puede parecer sorprendente, pero aquí las cosas funcionan así.
La oportunidad de entrenar a las Islas Vírgenes Británicas me llegó a principios de 2025. Yo estaba en Arabia Saudí, en el Al-Taraji, un club de fútbol femenino, después de mi experiencia en Belice como entrenador de Verdes FC y de la selección de ese país. Un día recibí un mensaje de una persona que trabaja en la CONCACAF: “Oye, David, ¿qué estás haciendo ahora?”. Le respondí que estaba trabajando allí, en Arabia Saudí. Entonces me dijo: “¿Sabes que puede haber una oportunidad en Islas Vírgenes Británicas como seleccionador? ¿Te atreverías?”.
En ese momento empecé a investigar un poco más sobre la posibilidad. Al principio pensé que era complicado. Las Islas Vírgenes Británicas son una selección situada en el puesto 208 del ranking FIFA, es decir, en el antepenúltimo puesto —Anguila (209) y San Marino (210) son las siguientes—, y el contexto era incluso más complejo que el que había vivido en Belice. Aun así, decidí tener las entrevistas, conocer exactamente qué estaban buscando y, a partir de ahí, valorar si realmente me interesaba.

Me puse en contacto con el director deportivo y con la secretaria general de la federación. Tuvimos varias reuniones por Zoom. Querían conocerme mejor y entender cuál era mi idea de trabajo. Antes de mi llegada había un entrenador inglés que llevaba la selección —Chris Kiwomya—, pero él no vivía en la isla. Residía en Inglaterra y solo viajaba diez o doce días antes de cada fecha FIFA para preparar los partidos. La federación quería cambiar ese modelo. Buscaban a alguien que estuviera viviendo aquí, que pudiera trabajar en el día a día y así desarrollar el fútbol local.
Creo que les gustó el hecho de que yo ya tuviera experiencia en el Caribe, con Belice. También valoraron mi manera de entender el trabajo y la planificación. Además, al haber estado trabajando anteriormente dentro del entorno de la CONCACAF, yo ya conocía un poco a las selecciones de la región, incluido el contexto de las Islas Vírgenes.
En enero de 2025 terminé mi etapa en Arabia Saudí. Decidí rescindir mi contrato y aceptar el reto. El 1 de marzo llegué a las Islas Vírgenes Británicas para comenzar esta nueva etapa.
"En los momentos complicados, eso que yo llamo 'los días malos', cuando sabes que estás solo aquí, intento refugiarme en el fútbol"
Muchas veces algunos entrenadores me escriben y me dicen: “Qué bien estás ahí, trabajando en el fútbol y viviendo en el Caribe”. Lo dicen pensando en las playas, en el paisaje, en esa imagen paradisíaca que todos tenemos cuando pensamos en estas islas. Y sí, es verdad que las playas son espectaculares. Pero la realidad es muy diferente de la imagen que la gente tiene desde fuera. Yo no vivo en la playa. Mi día a día es la oficina, el campo de entrenamiento, reuniones, planificación y seguimiento de jugadores. La playa, al final, es como para cualquiera que viva en cualquier ciudad cerca del mar: vas cuando tienes un rato libre.
Tampoco saben que adaptarse a la vida aquí no es sencillo. El contexto cultural es diferente, como también el ritmo de trabajo. Aquí todo funciona de otra manera. Cuando pides algo, muchas veces tienes que insistir y hacer un seguimiento constante para que se haga, porque si no cada uno sigue su propio ritmo. Eso implica que tienes que exigir mucho al cuerpo técnico, al staff y a los entrenadores locales. No están acostumbrados a la dinámica de trabajo que podemos tener en Europa, así que parte del trabajo también consiste en intentar introducir esa mentalidad.
Con los jugadores pasa algo parecido. Si entrenas en Francia, en Italia, en Bélgica, en España o en Portugal, existe una cultura futbolística muy fuerte. Incluso en países donde el fútbol no es el deporte dominante, sigue habiendo una estructura y una cultura del fútbol bastante sólida. Aquí no es así.

En las Islas Vírgenes Británicas el fútbol no es el primer deporte. El primero es el cricket. Muchos jugadores practican cricket, baloncesto y fútbol al mismo tiempo, especialmente los más jóvenes. Eso significa que, como entrenador, tienes que adaptarte a esa realidad. Tienes que poner tus normas y tu forma de trabajar, pero siempre teniendo en cuenta la cultura del país.
No todo es tan sencillo como puede parecer desde fuera. Hay días muy buenos, pero también hay días en los que las cosas no salen como esperas. En ocasiones, a la una del mediodía pienso: “Mira, hoy se acabó. Me voy a casa, mañana será otro día”. Entonces intento despejar la cabeza: voy al gimnasio, salgo a hacer algo de deporte o doy un paseo por la playa. En estos países eso forma parte de la normalidad.
Mi familia —mi mujer y dos hijos— vienen de vez en cuando a visitarme. A veces pasan un mes conmigo y luego regresan a España, pero la mayor parte del tiempo vivo solo. En Belice sí que estuvieron conmigo durante casi un año, pero aquí vienen más bien durante las vacaciones. Afortunadamente, hoy en día existen herramientas como Zoom o FaceTime, que permiten mantener el contacto diario. Aun así, la distancia pesa mucho. Es probablemente la parte más difícil de trabajar fuera de tu país. Te pierdes muchas cosas: cumpleaños de tus hijos, cumpleaños de tu mujer, reuniones familiares, celebraciones importantes… Todo lo que ocurre mientras estás fuera sigue adelante sin ti. Y eso, psicológicamente, requiere mucha fortaleza.
"Contando la liga local y jugadores con pasaporte de las Islas Vírgenes Británicas, o con ascendencia virgenense británica, tengo localizados a unos 90 jugadores. Pero muchos de ellos no son profesionales al cien por cien"
Si no eres fuerte mentalmente, después de dos meses puedes pensar en dejarlo todo y volver a casa. Pero también creo que, si los entrenadores no salimos al extranjero, tenemos muy pocas oportunidades. Especialmente aquellos que empezamos desde abajo, que no hemos sido grandes futbolistas profesionales ni tenemos un nombre conocido dentro del fútbol. Para nosotros, abrirnos camino es mucho más difícil.
En los momentos complicados, eso que yo llamo “los días malos”, cuando sabes que estás solo aquí, intento refugiarme en el fútbol. Me mantengo ocupado: hago cursos de formación, preparo entrenamientos o analizo partidos. También intento hacer deporte para llegar más cansado a la noche y poder dormir antes. En definitiva, intento llenar las horas de la mejor manera posible. Aun así, no es fácil. Puedes ir a la playa, pero vas solo. Puedes quedarte en casa estudiando o preparando cosas, pero también estás solo. Al final todo depende de la mentalidad y, una vez más, de tu capacidad de adaptación.

No obstante, estoy acostumbrado a esta vida desde la primera vez que salí de España para entrenar. Fue en 2017 y lo recuerdo perfectamente. Estaba comiendo con mi familia en casa, con mi mujer, mis padres y mis hijos. Durante la comida les dije que un representante me había llamado porque se iba a ir a China y había surgido la posibilidad de que yo fuera también.
Mi mujer me dijo: “Bueno, pues vete”. No sé si lo dijo muy en serio o no, pero yo cogí el teléfono inmediatamente y llamé al representante. Le dije: “Oye, que voy”. Mi mujer se quedó sorprendida y me preguntó si hablaba en serio. Le respondí que sí, que quería aprovechar esa oportunidad. Así fue como terminé viajando a China para entrenar al Anhui FA con otros dos entrenadores españoles. Aquella experiencia también fue en un contexto completamente diferente, y el inicio de mi camino fuera de España.
Volviendo a las Islas Vírgenes Británicas, aquí he tenido que adaptarme también a un modo diferente de construir la selección. Aproximadamente el 80% de los jugadores que convocamos vive en Inglaterra. Muchos de ellos juegan en cuarta o quinta división, en ligas semiprofesionales. Esa es la base principal del equipo.
"El objetivo real con esta selección es subir en el ranking, competir mejor y sumar puntos para poder enfrentarnos a rivales de mayor nivel"
Luego hay algunos jugadores de la liga local, pero no muchos. El nivel de la competición local es bastante bajo y la diferencia entre ese nivel y el de los partidos internacionales es enorme. Los jugadores locales que convoco suelen ser jóvenes a los que quiero dar oportunidades para que progresen. Pero la base del equipo sigue estando en Inglaterra, y a ella se suman dos o tres jugadores que están en Estados Unidos.
El seguimiento de esos jugadores en Inglaterra no es sencillo. En otros países tienes plataformas con todos los datos y los vídeos de los partidos. Aquí no es así. Muchas veces tienes que contactar directamente con el jugador o con el club para pedirles que te envíen sus vídeos. Hay equipos que ni siquiera retransmiten los partidos. Los graban con cámaras propias y tienes que pedirles el material para poder analizarlos. En otras ocasiones tengo que preguntar a un entrenador o a un contacto cercano a ese club si tiene el teléfono de alguien que pueda enviarte un partido concreto para poder verlo.

Incluso a veces me escribe un jugador y me dice: “Entrenador, he visto a este futbolista, creo que tiene pasaporte o familia de aquí”. Entonces me pasan su teléfono o su Instagram y yo contacto con él. Le escribo, le explico quién soy y le pregunto si estaría interesado en representar a las Islas Vírgenes Británicas. Le pido que me envíe vídeos para poder evaluarlo y conocerlo mejor.
Para muchos de los chicos es una oportunidad muy importante. Saben que probablemente nunca jugarán con la selección de Inglaterra, así que representar a otro país con el que tienen un vínculo familiar puede abrirles una puerta en su carrera.
"El contexto cultural es diferente, como también el ritmo de trabajo. Aquí todo funciona de otra manera"
Ahora mismo, contando la liga local y jugadores con pasaporte de las Islas Vírgenes Británicas, o con ascendencia virgenense británica, tengo localizados a unos 90 jugadores. Pero muchos de ellos no son profesionales al cien por cien. Como contaba al principio, puede pasar que un jugador lleve tres meses sin competir porque ha sido padre o que haya pasado un año sin equipo porque ha tenido que ponerse a trabajar.
Me encantaría tener un equipo de scouting que me ayudara con todo eso, pero la realidad es que lo hago yo mismo. Tengo una lista de tareas que nunca se acaba. Cada día voy tachando cosas, pero siempre aparecen nuevas.

Desde que llegué he ido construyendo una pequeña cronología de resultados positivos. En abril de 2025 jugamos dos amistosos contra Anguila: empatamos uno 0-0 y perdimos el otro 1-0. En junio jugamos un amistoso contra San Vicente y empatamos 1-1. Después llegó la clasificación para el Mundial. Jugamos contra Dominica y contra Jamaica. En Dominica perdimos 3-0. Contra Jamaica perdimos 1-0 aquí en casa, pero ese resultado se celebró casi como si hubiéramos clasificado para el Mundial.
Más adelante jugamos contra Granada y perdimos 3-1. Y en noviembre participamos en un torneo organizado por la CONCACAF llamado CONCACAF Series. Allí ganamos 2-1 a Islas Caimán y 6-0 a Bahamas. Esos dos triunfos fueron históricos, porque era la primera vez que las Islas Vírgenes Británicas ganaban dos partidos internacionales consecutivos.
"Lo que realmente me gustaría es que, cuando me marche, la gente recuerde mi paso por aquí"
En todos los partidos he llamado a amigos entrenadores para que puedan vivir esta experiencia conmigo y ayudarme. Me gusta echar una mano a gente que en algún momento me la echó a mí. Contra Dominica y Jamaica estuvo Andrés García. Tano Orosa estuvo ante Granada, Islas Caimán y Bahamas. Y José Galán, quien está empezando en los banquillos, me acompañó en los partidos de marzo de 2026 contra Islas Caimán y Anguila.
Para una selección absoluta, jugar tantos partidos en tan poco tiempo es algo considerable, especialmente teniendo en cuenta los presupuestos con los que trabajamos.

Hace poco, el presidente de la federación me dijo medio en broma: “Creo que vamos a ir a la próxima Copa Oro”. Yo le respondí: “Presi, entonces creo que me voy a tener que despedir”. Entonces él me preguntó por qué, y yo quise ser lo más sincero posible con él: “Ese objetivo no es realista. Estamos hablando de metas que no corresponden con nuestra realidad deportiva”.
El objetivo real con esta selección es subir en el ranking, competir mejor y sumar puntos para poder enfrentarnos a rivales de mayor nivel. Por ejemplo, estamos intentando organizar un viaje a Europa para jugar contra una selección de nivel similar o ligeramente superior al nuestro. Creo que eso puede ayudar mucho a los jugadores: les permitirá mostrarse, llamar la atención y demostrar que en las Islas Vírgenes Británicas también hay talento. Porque la realidad es que sí lo hay. Hay jugadores con calidad que, con un poco más de visibilidad y oportunidades, podrían dar un paso adelante en su carrera.
Lo que realmente me gustaría es que, cuando me marche, la gente recuerde mi paso por aquí. Que algún jugador me llame un día y me diga: “Entrenador, gracias por tu trabajo, gracias por habernos llevado a jugar a Europa. Allí me vio un equipo y ahora estoy jugando aquí”.
Esa sería la huella que me gustaría dejar como seleccionador de las Islas Vírgenes Británicas.
David Pérez