Pedro Leitão Brito, 'Bubista'
Cabo Verde, 2020-Presente
Mi primer y más vívido recuerdo del Mundial es en blanco y negro. Se disputaba el Mundial de España de 1982 y solo había un televisor en la zona donde nací, en la isla de Boa Vista, en Cabo Verde.
Un señor, inmigrante, había traído del extranjero un televisor sin color. La noticia se extendió rápidamente por toda la isla, llenando de ilusión el sueño de todo nuestro pueblo. El problema era que cobraba entrada para que la gente entrara a su casa a ver los partidos del Mundial.
Yo tenía 12 años y ningún dinero para pagar la entrada. Para la mayoría de mis amigos, la realidad era idéntica. De vez en cuando, conseguíamos engañar al hombre que se quedaba en la puerta, controlando las entradas, y nos conseguíamos colar. Pero la alegría terminaba rápidamente, cuando nos echaban de allí.
Fue en esa época cuando empecé a entender lo que quería para mi vida. Al igual que aquellos jugadores y entrenadores, que tuvieron el privilegio de participar en el Mundial de 1982 y a quienes casi no podía identificar por la televisión, yo también quería llegar a los grandes escenarios del fútbol.

El deporte siempre ha formado parte de mi vida. A pesar de todas las dificultades, nos las arreglábamos para jugar al balón. Aunque, en algún momento, ni siquiera hubiera un balón de verdad. El balón podía ser los calcetines que cosía mi madre o cualquier otro objeto improvisado. Jugábamos en la calle todo el día.
Años más tarde, pude convertirme en jugador profesional y llegué a la selección de Cabo Verde, donde tuve el honor de ser el capitán del equipo.
Mi relación con la selección se fortaleció aún más tras mi retirada de los terrenos de juego. Fui asistente técnico de la selección entre 2007 y 2013, y luego entre 2016 y 2017. Fueron años de mucho aprendizaje y experiencias que resultaron fundamentales para forjar al entrenador en el que me convertí.
"Al igual que aquellos jugadores y entrenadores, que tuvieron el privilegio de participar en el Mundial de 1982, yo también quería llegar a los grandes escenarios del fútbol"
Mi oportunidad de asumir el cargo de seleccionador principal de Cabo Verde surgió en enero de 2020. Desde entonces, hemos vivido innumerables momentos de alegría, como clasificarnos para la Copa Africana en 2021 y 2023.
En 2023, igualamos la mejor campaña de la historia de Cabo Verde en la competición, llegando a cuartos de final del torneo. Pero también hemos vivido decepciones y algunas turbulencias.
El mayor sueño de todo caboverdiano siempre ha sido llegar al Mundial, donde Cabo Verde nunca ha estado presente. En noviembre de 2023, comenzamos la campaña de las eliminatorias africanas para la Copa del Mundo de 2026. Nuestro grupo lo formaban Camerún —la selección africana con más participaciones en Copas del Mundo, con 8—, Angola, Libia, Mauricio y Esuatini.

El debut fue en casa, contra Angola, y recuerdo perfectamente la charla que tuve con los jugadores antes del partido. "Quiero que seáis valientes", fue el principal mensaje. Siempre hemos sido conscientes de nuestro talento, pero no siempre hemos confiado en que ese talento fuera capaz de llevarnos mucho más lejos de lo que habíamos logrado hasta entonces. Por lo tanto, hacía falta valentía para enfrentarnos a cualquier rival. El primer paso de nuestro logro fue confiar verdaderamente en nuestro potencial. En otras palabras, cambiamos la mentalidad de los jugadores.
El resultado de ese primer partido, sin embargo, no fue el que nos hubiera gustado: un empate sin goles, ante nuestra afición. En el siguiente partido jugamos como visitantes contra Esuatini y ganamos por 2 a 0.
En la tercera jornada, disputada apenas siete meses después del duelo contra Esuatini, nos esperaba el partido más difícil del grupo: Camerún, fuera de casa. Nadie ponía en duda que Camerún era el favorito, no solo en ese partido, sino también para terminar en la cabeza del grupo.
Nuestro viaje a Camerún fue todo un calvario. Tuvimos problemas con el hotel —muy ruidoso—, lo que impidió que nuestros jugadores descansaran. Además, no pudimos proporcionar una alimentación adecuada a los jugadores.
"El mayor sueño de todo caboverdiano siempre ha sido llegar al Mundial, donde Cabo Verde nunca ha estado presente"
Las dificultades logísticas, por desgracia, forman parte de la rutina de todas las selecciones africanas. Pero hay que decir que Cabo Verde ha mejorado considerablemente en este aspecto en los últimos años, gracias al excelente trabajo de la federación y a la ayuda del propio Gobierno caboverdiano.
Al estar fuera del continente, Cabo Verde sufre más que la mayoría de nuestros rivales africanos con estos problemas logísticos. A menudo, debido a los largos viajes, los jugadores se incorporan a la selección en la víspera de un partido. Los países más desarrollados de África tienen aviones propios. En jornadas dobles, cuando jugamos el primer partido fuera y el siguiente en Cabo Verde, es habitual que el rival llegue a nuestra casa antes que nosotros.
Si te digo que perdimos contra Camerún por 4 a 1 en esa tercera ronda de la fase de clasificación, probablemente pensarás que salimos de allí con la confianza por los suelos. Pero no fue así. Al contrario de lo que indica el marcador, jugamos bien y merecimos un resultado mucho mejor. En el viaje de vuelta a casa pensé que íbamos por el buen camino.

Tras la derrota en Camerún, encadenamos cinco victorias seguidas en la fase de clasificación, siendo el último triunfo de esa racha precisamente ante la selección camerunesa (antes Cabo Verde había ganado 1-0 a Libia en casa; 1-0 a Mauricio, también como local; 2-1 a Angola fuera de casa; 2-0 a Mauricio como visitante; y la quinta victoria consecutiva fue ante Camerún por 1-0, en casa).
La evolución de nuestro equipo era evidente, y la unión que creamos entre nosotros y con el pueblo caboverdiano crecía a cada paso del camino.
Los resultados nos colocaron al borde de una clasificación sin precedentes para el Mundial. El siguiente partido, el penúltimo de la campaña, fue contra Libia —que aún tenía posibilidades matemáticas de clasificarse—, fuera de casa. Una victoria nos aseguraría la plaza en el Mundial.
El partido contra Libia fue tan extraño que conmovió incluso a quienes no son caboverdianos. La solidez defensiva que nuestro equipo había estado demostrando dio paso a una serie de errores evitables. En el minuto 75, perdíamos por 3 a 1. El partido se convirtió en un caos en los últimos minutos: ¡empatamos el encuentro y llegamos a marcar el 4-3 en el minuto 96! Pero el gol fue anulado por un fuera de juego que no existió. No había VAR y el partido terminó 3-3. Como Camerún ganó su duelo contra las Islas Mauricio, la definición del primer puesto quedó para la última jornada del grupo.
«El debut fue en casa, contra Angola, y recuerdo perfectamente la charla que tuve con los jugadores antes del partido. "Quiero que seáis valientes", fue el principal mensaje»
No fue fácil controlar a los jugadores —y a mí mismo— durante los tres días siguientes, los previos al duelo con Esuatini. Al fin y al cabo, se trataba del partido más importante de nuestras vidas. Una victoria clasificaría a Cabo Verde por primera vez para un Mundial. Si empatábamos y Camerún ganaba su partido, terminaríamos en segunda posición del grupo por diferencia de goles.
Intentamos proteger a los jugadores y, de alguna manera, aislarlos de esa ansiedad colectiva que se respiraba en Cabo Verde y que también traspasaba fronteras porque llegaba, sin duda, a cada miembro de nuestra enorme diáspora.

Por otro lado, también iba a ser importante que los jugadores tuvieran contacto con nuestro pueblo para liberar un poco del estrés natural que estaban sintiendo. La víspera del partido decidimos llevarlos a las calles de Santiago, una de las islas más pobladas de Cabo Verde, para que tuvieran un breve contacto con la población.
Los ánimos solo se calmaron cuando, por fin, saltamos al campo para esos 90 minutos que sin duda serían inolvidables, para bien o para mal.
Esuatini podía no tener un interés directo en el partido, pero perdió tiempo e intentó irritar a nuestro equipo desde el primer minuto de juego. Llegamos al descanso con un 0-0 en el marcador. En el vestuario, intentamos transmitir tranquilidad a los jugadores. No hacía falta hacer ningún cambio drástico. Teníamos que seguir intentando hacer nuestro juego, con valentía, y el balón tarde o temprano entraría.
"Queremos celebrar esta oportunidad sin precedentes. El objetivo es que el pueblo caboverdiano disfrute de nuestra actuación en el Mundial"
De hecho, entró tres veces en el transcurso de la segunda parte: ganamos por 3 a 0. Los jugadores y yo sentíamos una mezcla de alivio y felicidad. Mientras el partido seguía en marcha, millones de pensamientos pasaban simultáneamente por mi mente.
Recordé mi infancia, jugando al fútbol con calcetines en Boa Vista; mis años como jugador, soñando con vivir días como aquel; y mi etapa como asistente y entrenador de Cabo Verde, tomando decisiones en silencio y pasando tantas noches lejos de la familia. Sentía que todo aquello había merecido la pena.

Tras nuestra clasificación para el Mundial de 2026, conocí a Vicente Del Bosque en un evento en Barcelona. Es uno de mis grandes referentes como seleccionador. Siempre he admirado su postura y elegancia a la hora de resolver problemas y liderar a un grupo de jugadores naturalmente heterogéneo. No es fácil liderar a tanta gente y hacerlo con tanta honestidad y habilidad para sacar lo mejor de cada individuo en beneficio del equipo.
Para mí fue un honor poder charlar con él sobre fútbol. Todavía me cuesta creer que, al igual que Del Bosque o gente como Franz Beckenbauer y Marcelo Bielsa —otras dos grandes referencias que tengo—, yo también tendré la oportunidad de vivir un Mundial como seleccionador.
Cabo Verde acudirá al torneo para competir con alma, humildad y valentía. Queremos celebrar esta oportunidad sin precedentes.
El objetivo es que el pueblo caboverdiano disfrute de nuestra actuación en el Mundial.
Pedro Leitão Brito, 'Bubista'