David Martínez
Entrenador asistente en el Fagiano Okayama, 2026-Presente
No sé si uno se hace entrenador o si ya lo lleva dentro, pero en mi caso todo empezó cuando comencé a jugar al fútbol desde muy niño.
Con el paso de los años fui dándome cuenta de que quizá, a nivel técnico-táctico, sí tenía buenas condiciones, pero que, a nivel físico, probablemente no cumplía con las exigencias que requiere el fútbol de alto nivel. Entonces tomé una decisión: transformar mi carrera, dejar de intentar ser jugador profesional y empezar a construir mi camino como entrenador.
Comencé a cuestionarme cosas: por qué ocurrían ciertos comportamientos, por qué se repetían determinadas situaciones, qué había detrás de cada decisión… Cada vez me fui informando más, estudiando más, y entendí que ese era el camino que tenía que seguir. A partir de ahí, decidí formarme a nivel universitario, estudiando Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y también empecé a sacarme los cursos de entrenador.

Mi primera experiencia fue en el Villarreal, un club al que le debo absolutamente todo. La oportunidad llegó después de enviar una solicitud al club porque siempre me había identificado con su idea de juego. Me atraían sus equipos dominantes, con futbolistas de un nivel técnico muy alto. Quería formar parte de esa estructura, entender qué estaban haciendo y qué los diferenciaba del resto.
Envié la solicitud y, al cabo de unas semanas, me respondieron desde la coordinación deportiva aceptándome para realizar las prácticas. Cuando me contestaron y me dijeron que me aceptaban, la sensación fue increíble.
"Comencé a cuestionarme cosas: por qué ocurrían ciertos comportamientos, por qué se repetían determinadas situaciones..."
A base de realizar tareas de entrenamiento, hablar con otros entrenadores, ver muchos partidos y analizar mucho el juego, empecé a encontrar respuestas a todas esas preguntas que llevaba tiempo haciéndome. Siempre sabiendo que el proceso es inacabado, porque las respuestas de hoy probablemente no resuelvan los problemas de mañana. El juego es muy cambiante.
De esa manera fui interactuando con jugadores, entrenadores, preparadores físicos y con toda la estructura del club, intentando entender el juego desde la mayor dimensión posible.

Luego tuve la oportunidad de trabajar como asistente en categorías superiores del club, en este caso en el juvenil Sub-18, junto a Eder Sarabia, actual entrenador del Elche. Con él compartí muchísimas horas en la ciudad deportiva, hablando del juego, del proceso de entrenamiento, de futbolistas, de torneos y de partidos. Creo que éramos, y seguimos siendo, dos personas muy inquietas, que nos cuestionamos muchas cosas y que disfrutamos mucho de los entrenamientos, porque vemos el juego de una forma muy parecida, prácticamente igual.
Nuestra intención era intentar ser dominantes, que el futbolista entendiera el juego yendo a detalles muy pequeños, muy micro, para que siempre tuviera el mayor número de recursos posibles para resolver las situaciones que se plantean en el campo. Ese era nuestro foco en el día a día y en el proceso de entrenamiento.
"El proceso es inacabado, porque las respuestas de hoy probablemente no resuelvan los problemas de mañana"
También compartí muchas conversaciones con Julio Velázquez, otro entrenador español que estaba en la estructura del Villarreal, y con Juan Carlos Garrido, quien también pasó por el club. Es muy importante hablar con otros entrenadores cuando quieres dedicarte a esto. Primero, porque te cuentan en primera persona experiencias que tú no has tenido oportunidad de vivir. Este es, para mí, el mayor aprendizaje: que una persona que ha vivido ciertas situaciones te cuente cómo las resolvió y qué problemas encontró en el camino.
La dedicación es prácticamente la misma. Hay entrenadores en Tercera División que dedican muchísimas horas, tantas o más que un entrenador de Primera División. La diferencia está en el entorno en el que trabajan. También existen entrenadores muy preparados en categorías inferiores de los que puedes aprender muchísimo. No solo se aprende de quienes están en el primerísimo nivel.

Cuando me formé como entrenador en Villarreal, aprendí a ver el juego de una manera determinada. A partir de ahí, empecé a crear un estilo propio: una identidad que luego he ido evolucionando, adaptando y perfilando en función de las experiencias, de los clubes en los que he trabajado y de los países en los que he estado.
Los objetivos, en realidad, te los marca el corto plazo. Una de las máximas que me aplico, no solo a nivel profesional como entrenador sino también a nivel personal, es controlar lo controlable. Y el futuro, obviamente, no lo puedes controlar. Hay gente muy preparada que no ha tenido oportunidades y es tan válida como quien está en el máximo nivel. Lo que ocurre es que las oportunidades son limitadas y dependen de momentos, contextos y situaciones que se van dando por muchas circunstancias.
"Compartí muchísimas horas con Eder Sarabia en la ciudad deportiva, hablando del juego, del proceso de entrenamiento, de futbolistas, de torneos y de partidos"
Al final, como entrenador, no siempre te marcas un objetivo concreto, como “quiero llegar al fútbol profesional” o “quiero trabajar toda mi vida en el fútbol formativo”. Creo que el entrenador de fútbol es entrenador de fútbol, independientemente de la categoría.
Es verdad que los entrenadores del fútbol formativo deben reunir una serie de cualidades y características muy específicas. En función de tu personalidad encajas más en un contexto competitivo, como el profesional, o en un contexto más formativo, como el fútbol base. Pero los objetivos te los va marcando tu propia ambición y también las oportunidades que llegan, como ocurrió cuando fui a Arabia Saudita.

Allí trabajé en el Al-Ettifaq Club con Juan Carlos Garrido, a quien ya conocía de mi etapa en Villarreal. Para mí fue un salto cualitativo en cuanto al proceso de entrenamiento, porque veníamos identificados con una idea de trabajo que habíamos vivido en Villarreal y se trataba de transferirla a ese club. Obviamente, con matices y diferencias, porque el país, el club, la cultura y el perfil de los jugadores te condicionan. Esa fue una de las primeras experiencias que me impactó como entrenador: era mi primera experiencia en el extranjero, siendo muy joven, con apenas 25 o 26 años.
Cuando aprendes a ver el juego de una manera determinada, como lo había hecho en Villarreal, y luego llegas a un contexto diferente, te ves obligado a readaptar tu forma de trabajar, siempre manteniendo tu estilo, tu identidad y los principios de juego que quieres desarrollar.
"Es muy importante hablar con otros entrenadores cuando quieres dedicarte a esto"
Creo que la única manera de transmitir una idea de forma convincente a los jugadores es transmitir una idea que realmente sientes. No creo que sea posible transmitir algo que no sientes. Además, el jugador terminaría percibiendo tus dudas, y eso es lo peor que le puede pasar a un entrenador en un vestuario: que los futbolistas le vean con dudas.
Pero para transmitir una idea tienes que sentirla. Nosotros sentíamos el juego de una manera determinada; eso sí, adaptada al contexto en el que nos encontrábamos. Tu estilo puede estar definido, pero siempre hay detalles y características específicas que debes adaptar a los jugadores, a la liga, al ritmo del juego o al rival al que te enfrentas.

Una vez que vives la primera experiencia en el extranjero, si tienes una mente abierta, probablemente busques más en el futuro, como ha ocurrido en mi caso. Vivir y trabajar fuera de España me ha hecho mejor entrenador y también mejor persona. Ahí aprendí que el proceso de entrenamiento es flexible.
Después de Arabia, inicié mi etapa profesional con Fran Escribá. Empecé a trabajar con él a través de una persona que teníamos en común y que nos puso en contacto. Fran, en ese momento, estaba buscando ideas nuevas, una energía distinta y conceptos diferentes que pudieran complementar los que él ya tenía como entrenador y que había construido durante su carrera.
"Una de las máximas que me aplico, no solo a nivel profesional como entrenador sino también a nivel personal, es controlar lo controlable"
Tuvimos varias reuniones, hablamos sobre el juego y sobre mis experiencias, y entendió que podía aportarle cosas. Cuando apareció la oportunidad de entrenar al Celta de Vigo, en marzo de 2019, me llamó para formar parte de su cuerpo técnico.
Fue una experiencia maravillosa en Vigo. Obviamente, el fútbol profesional está condicionado única y exclusivamente por los resultados. Intentas conseguir los mejores resultados posibles a través de una identidad y de un estilo de juego que te represente como entrenador, pero siempre teniendo claro que la intención final es maximizar el rendimiento individual y colectivo del equipo y de los jugadores.

Llegamos al Celta en una situación muy compleja. El equipo venía de una dinámica muy negativa de resultados y emocionalmente estaba en serias dificultades, muy lejos de su rendimiento óptimo. Teníamos por delante un calendario muy complicado hasta el final de LaLiga.
Con el paso de las jornadas y de los entrenamientos, los jugadores comenzaron a sentirse más cómodos. Finalmente conseguimos el objetivo de la salvación, a través de una propuesta de juego que intentaba ser dominante. Por el perfil de jugadores que teníamos, con un nivel técnico muy alto, esa idea encajaba. En ese sentido, Iago Aspas, obviamente, nos ayudó muchísimo.
"Fran Escribá es una persona muy educada, muy respetuosa con todo el cuerpo técnico y con los futbolistas, y eso el jugador lo percibe, lo siente y lo valora"
El sentimiento de pertenencia que tiene Iago por su club, por su ciudad y por su comunidad autónoma es máximo. También es una figura y una persona que ayuda mucho al cuerpo técnico. Tuve muchas conversaciones con él en los entrenamientos. Al terminar, nos sentábamos encima de un balón y hablábamos. Le preguntaba qué sensaciones tenía sobre el partido que venía, porque él conoce mejor que yo a muchos jugadores y equipos. Lleva muchos años en Primera División, se ha enfrentado directamente a ellos y conoce sus debilidades y fortalezas.
Pero no solo de LaLiga. Conoce jugadores que muy poca gente conoce, de diferentes categorías, ligas y equipos. En los viajes, en los aeropuertos o en los autobuses, recuerdo verlo siempre con el teléfono móvil, viendo algún partido de otros países, de otras ligas o de próximos rivales.

Recuerdo estar en un aeropuerto, en un viaje de partido, y acercarme a Iago mientras veía un encuentro. Me habló de Ianis Hagi: “Es un jugador de mucha calidad técnica, muy atractivo de ver, muy estético”, me dijo. Poco después fichó por el Glasgow Rangers y empezó a participar en competiciones europeas. Son detalles que llaman la atención.
Ser entrenador es diferente. Te tiene que gustar mucho entrenar e interactuar con el jugador, y eso tienes que sentirlo, porque son muchísimas horas de dedicación.
"La única manera de transmitir una idea de forma convincente a los jugadores es transmitir una idea que realmente sientes"
He tenido compañeros en cuerpos técnicos que antes fueron futbolistas y que desconocían realmente lo que hace un cuerpo técnico, la dedicación y las horas de trabajo diarias que exige. Algunos no lo valoraban lo suficiente cuando eran jugadores, pero ahora que se han convertido en entrenadores me llaman o me escriben y me dicen: “Ahora entiendo perfectamente lo que nos proponíais. Entiendo lo que hacíais, empiezo a encontrar los porqués de las cuestiones que nos planteabais, empiezo a descubrir cosas que antes no entendía y empiezo a comprender la dureza y la exigencia de ser entrenador”.
Cada entrenador con el que he trabajado me ha dejado diferentes aprendizajes, pero Fran Escribá me ha marcado muchísimo. Es una persona muy educada, muy respetuosa con todo el cuerpo técnico y con los futbolistas, y eso el jugador lo percibe, lo siente y lo valora. El cuerpo técnico también.

De él aprendí muchas cosas: la organización colectiva por encima del aspecto individual del juego, la gestión del mensaje, cómo preparar una rueda de prensa, la calma para tomar decisiones en situaciones de partido, saber escuchar al cuerpo técnico y valorar la opinión de los demás.
Cuando estás en un cuerpo técnico, hay diferentes asistentes y cada uno tiene responsabilidades distintas. Algunos están más enfocados en el diseño y la dirección de tareas; otros tienen un rol más cercano a los jugadores, para entender cómo respira el vestuario y poder transmitir con mayor convicción el mensaje del primer entrenador.
"Iago Aspas conoce jugadores que muy poca gente conoce, de diferentes categorías, ligas y equipos"
También es importante que el primer entrenador tenga capacidad de observación desde una perspectiva más alejada de la tarea, para percibir comportamientos y dinámicas de juego que, estando muy encima o dirigiendo el ejercicio, quizá no puede detectar. Creo que todas las personas del cuerpo técnico deben estar bien organizadas y tener claro su rol, siempre de forma complementaria.
Después apareció una posibilidad muy interesante: formar parte de un proyecto ambicioso de desarrollo de futbolistas en Arabia Saudita, con una generación que probablemente representará a la selección de Arabia Saudita en el Mundial de 2034; un campeonato que, como ya sabéis, será organizado por el propio país.

Se trata de una generación muy buena y disfruté mucho trabajando con ellos. También quería vivir una experiencia en una selección, porque te aporta cosas diferentes. Te da una pausa en el día a día: no tienes el trabajo diario de campo y tu función está más relacionada con elegir a los jugadores que representan a un país.
Tienes que ver muchísimo fútbol y analizar diferentes equipos con distintas ideas de juego. Quería vivir la experiencia de juntar perfiles de jugadores que venían de identidades colectivas diferentes para construir una idea común como selección.
Pero también es verdad que, como entrenador, me identifico más con el día a día, con el proceso de entrenamiento, con el trabajo de club, con percibir la evolución diaria del futbolista y con planificar partidos cada fin de semana.
"Japón siempre me atrajo como sociedad, como cultura y como país. Era un fútbol que quería vivir"
Soy una persona que se mueve mucho por sensaciones, y para mí no hay una sensación comparable a la de antes de jugar el partido: preparar un entrenamiento, diseñar un microciclo de trabajo semanal, ver que lo que has preparado durante la semana aparece el fin de semana, sentir que el equipo hace cada vez más cosas bien y que merece competir mejor que el rival. Todo eso es lo que realmente me llena como entrenador.
Algo que estoy consiguiendo en mi etapa en el Fagiano Okayama japonés.

Japón siempre me atrajo como sociedad, como cultura y como país. Siempre percibí al futbolista japonés como un jugador de buen nivel. Además, creo que en los últimos años el fútbol en Japón ha evolucionado muchísimo y de forma cualitativa. Era un fútbol que quería vivir.
El futbolista japonés tiene un nivel técnico muy alto y trabaja mucho por repetición. A nivel táctico es donde creo que tiene mayor margen de mejora. Todos los partidos son muy competitivos; es un fútbol de transiciones, de mucho ida y vuelta, donde a veces cuesta encontrar equipos con pausa.
Estoy contento porque los futbolistas están integrando muy bien los conceptos y se ven mejoras. Además, Japón es un país que tiene mucha paciencia con los entrenadores, algo que yo buscaba y valoraba en este momento de mi vida y de mi etapa profesional.
"El siguiente objetivo, claramente, es ser primer entrenador. Creo que estoy muy preparado"
En Asia, los clubes japoneses compiten siempre hasta las fases finales de la Champions League asiática. Además, la selección nacional de Japón fue la primera en clasificarse para el Mundial 2026 más allá de los países organizadores. Hay muchísimos jugadores japoneses compitiendo en clubes de primerísimo nivel en Europa.
Conocí al entrenador japonés Takashi Kiyama porque vino a España para ver trabajar a diferentes clubes. Siempre le había atraído el fútbol español, la propuesta de juego de los entrenadores españoles, nuestra formación y la manera en que vemos el juego. A través de una persona me organizaron una reunión con él porque quería conocer a entrenadores de nuestro país; tras ese encuentro, me llamó tiempo después para ofrecerme la posibilidad de trabajar juntos en Japón.
Me siento muy respetado en Japón tanto por el club, el cuerpo técnico, los jugadores y los aficionados.

El fútbol profesional son muchas emociones concentradas en muy poco tiempo. Por supuesto, todavía tengo muchos objetivos por cumplir. El siguiente, claramente, es ser primer entrenador. Creo que estoy muy preparado. Llevo años de experiencia como asistente, he vivido y visto muchas cosas, me he formado y siento que mi personalidad encaja con ese siguiente paso natural: liderar a un equipo como primer entrenador e intentar transmitir mis ideas.
La oportunidad y el momento de dar ese paso dependerán del contexto personal y profesional.
David Martínez