Entrevistas Tiempo de lectura: 9 min

Neurociencia

Neurociencia
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Redacción
Héctor García
Publicado el
19 de octubre 2026

Juan Carlos Osorio

Seleccionador de México, 2015-2018

Primero está el recurso humano, indiscutiblemente: el jugador. Después viene el entrenamiento y, por último, el espíritu de equipo.

En el fútbol interactuamos y compartimos no solamente el espacio, el tiempo o la pelota. También compartimos las decisiones y muchas otras cosas. Entonces, si uno entiende, a partir de ahí, que lo que realmente hay que entrenar son comportamientos, todo empieza a tener más sentido.

Con el tiempo, nos vamos dando cuenta de que muchas de estas cosas tienen que ver con la neurociencia. En realidad, aquello que tanto promulga Pep Guardiola, eso de que hay que saber qué botón apretar a cada jugador, tiene mucho sentido. Seguramente él es un ladrón de ideas. Yo también lo soy y lo he sido. Pero esa idea no es de Guardiola. No es simplemente una opinión de Guardiola.

Es neurociencia: a cada ser humano hay que descubrirle qué es realmente lo que lo motiva.

Sir Alex Ferguson (a la derecha), junto con su ayudante Mike Phelan (a la izquierda), durante un entrenamiento con el Manchester United. El entrenador escocés ejerce una gran influencia en Juan Carlos Osorio.. Alex Livesey/Getty Images 
Sir Alex Ferguson (a la derecha), junto con su ayudante Mike Phelan (a la izquierda), durante un entrenamiento con el Manchester United. El entrenador escocés ejerce una gran influencia en Juan Carlos Osorio.. Alex Livesey/Getty Images 

Recuerdo exactamente los años 2001 y 2002, cuando tuve la fortuna de ir a trabajar con el Manchester City. El club estaba entonces en segunda división. En aquel momento, tuve la oportunidad de conocer a Sir Alex Ferguson y le pedí que me permitiera observar sus entrenamientos en el Manchester United.

Fui a muchos entrenamientos de Ferguson y descubrí algo muy interesante: él no entrenaba directamente al equipo. Lo hacían su segundo, Steve McClaren, y otros de sus asistentes, como Mike Phelan. Ferguson se concentraba fundamentalmente en la gestión del grupo.

"A cada ser humano hay que descubrirle qué es realmente lo que lo motiva"

Y esa gestión se sustentaba exactamente en los mismos principios sobre los que se sustenta cualquier grupo humano.

Pensemos, por ejemplo, en una sala de emergencias de un hospital. Son las once o las doce de la noche y ocurre un accidente. Inmediatamente aparece una jerarquía. ¿Quién es el doctor encargado? Puede ser incluso el que menos experiencia tenga, pero en ese momento es el responsable. ¿Quién es la anestesióloga? ¿Quiénes son los auxiliares?

Existe una jerarquía, existe respeto, existe disciplina y existen unas normas de conducta.

Juan Carlos Osorio da instrucciones a Javier "Chicharito" Hernández durante un partido del Mundial de Rusia 2018.. Clive Mason /Getty Images 
Juan Carlos Osorio da instrucciones a Javier "Chicharito" Hernández durante un partido del Mundial de Rusia 2018.. Clive Mason /Getty Images 

Personalmente, no creo que eso deba convertirse en un gran dilema. Independientemente de su jerarquía, ya sea el jugador A, B o C, si en el momento del almuerzo la norma es cero celulares, entonces es cero celulares para todos. La norma es para todos.

Otra cosa diferente es el plano personal.

Tuve también la enorme fortuna de compartir con un entrenador cuya manera de gestionar ha sido debatida constantemente. Él mismo me dijo: “En la parte de interactuar con el jugador, yo soy un ignorante emocional. Yo no hablo con ninguno de mis jugadores”.

Y, efectivamente, no hablaba con ninguno. Pero también se le han reventado sus equipos.

"Existe una jerarquía, existe respeto, existe disciplina y existen unas normas de conducta"

Pero ¿cómo lo hacemos nosotros?

Muy sencillo.

Tratamos de ofrecer, abierta y genuinamente, una buena relación a todos los profesionales. Después, cada uno decide. Uno se acerca, otro se distancia; alguno tendrá una mejor relación conmigo y otro tendrá una relación más cercana con uno de mis auxiliares.

Pero ahí hay algo verdaderamente importante: mi mensaje, el de mis asistentes y el de mis auxiliares tiene que ser el mismo.

Porque nosotros no estamos aquí para querernos.

Estamos aquí para respetarnos, para que yo cumpla con mi trabajo y los jugadores cumplan con el suyo.

Juan Lillo (a la izquierda) con Pep Guardiola durante un partido del Manchester City. Shaun Botterill/Getty Images 

Por eso no veo un problema enorme en esta cuestión. Vuelvo a Guardiola, quien ha sabido gestionar grandes plantillas. Y estoy seguro de que gente como Juanma Lillo, sus auxiliares y toda la gente que trabaja con él le han ayudado muchísimo. Él también tendrá sus propias maneras y sus propias formas. Pero no veo ese asunto como el gran dilema que mucha gente quiere plantear.

Ahora bien, existen directores técnicos que, indiscutiblemente, prefieren ir por otro camino. Carlo Ancelotti o Zinedine Zidane, por ejemplo, han demostrado que saben manejar vestuarios con muchísimo talento y con jugadores extraordinariamente importantes.

Personalmente, creo que el jugador, como ocurre en cualquier equipo humano, lo que más respeta es el conocimiento de su líder. Respeta su know-how, pero también respeta la manera en la que ese líder transmite el mensaje.

Y ahí no veo tanto problema.

"Tratamos de ofrecer, abierta y genuinamente, una buena relación a todos los profesionales. Después, cada uno decide"

Con frecuencia escucho a entrenadores mayores que yo utilizar aquella famosa frase: “Todo está inventado”.

Pero pensemos en algo muy sencillo.

Anteriormente, por ejemplo, en un ejercicio de defensa contra ataque, había un número determinado de atacantes. Sin embargo, no había una portería en el lado de los que atacaban. ¿Qué sucedía entonces cuando el equipo de cuatro recuperaba la pelota? Nunca existía la posibilidad de jugar hacia adelante. Siempre había que jugar lateralmente o hacia atrás.

Y eso, desde la neurociencia, genera un comportamiento negativo.

Porque, inmediatamente después de recuperar, el pase sale hacia atrás y no hacia adelante, como debería suceder.

Juan Carlos Osorio destaca en Coaches' Voice la necesidad de estar muy cerca del jugador. No solo del futbolista, también de la persona. Francisco Vega/Getty Images 
Juan Carlos Osorio destaca en Coaches' Voice la necesidad de estar muy cerca del jugador. No solo del futbolista, también de la persona. Francisco Vega/Getty Images 

Por eso creo que la neurociencia va a marcar muchísimo el fútbol durante los próximos diez o quince años.

Y para todas las personas, y con todo el respeto hacia quienes piensan que en el juego todo está inventado, hay una cosa que nunca terminaremos de inventar: el ser humano.

El que juega es el ser humano.

El muchacho de veinte años que juega hoy es muy diferente del jugador que yo era a los veinte años. Nunca tuve una gran carrera deportiva, pero intento compararlo con mi propia experiencia.

"Existen directores técnicos que, indiscutiblemente, prefieren ir por otro camino"

En aquella época, prácticamente lo único que hacíamos era correr alrededor de la cancha. No nos alimentábamos correctamente y tampoco prestábamos suficiente atención al sueño.

Hoy esas tres cosas han cambiado.

Un buen entrenador ya no pone simplemente a sus jugadores a correr alrededor de la cancha. Entrena todos los días comportamientos relacionados con escenarios que tienen muchas probabilidades de producirse durante el partido.

Juan Carlos Osorio celebra uno de los goles de México en el Mundial de Rusia 2018. Clive Rose/Getty Images
Juan Carlos Osorio celebra uno de los goles de México en el Mundial de Rusia 2018. Clive Rose/Getty Images

Segundo: el equipo se alimenta correctamente.

Y tercero: existe una exigencia absoluta respecto al descanso y al sueño. Ojalá, incluso, con un entrenador del sueño que pueda ayudarnos a consolidar durante la fase REM esos comportamientos que hemos entrenado.

Todo está cambiando.

Y no podemos pensar que el mundo va a quedarse como está.

Dentro de veinte años, seguramente el juego seguirá evolucionando. Y lo hará en función de nuestra capacidad para combinar aquello que en su momento fue bueno con aquello que hemos ido perdiendo y que quizá necesitamos recuperar.

Un caso concreto es el fútbol callejero. El amor por la pelota. Eso es con lo que todos empezamos. 

"Hay una cosa que nunca terminaremos de inventar: el ser humano. El que juega es el ser humano"

Hoy, con la modernización de las grandes ciudades, cada vez se juega menos al fútbol en la calle. Países como el nuestro —y me refiero a Colombia— seguirán produciendo jugadores, no necesariamente gracias a sus buenos procesos, sino muchas veces a pesar de esos procesos. ¿Por qué? Porque los jugadores juegan todos los días. Juegan por la noche, juegan de madrugada y vuelven a jugar al día siguiente.

Y un niño de diez u once años aprende que, cuando juega contra alguien más grande, tiene que evitar el contacto físico. Como decía Johan Cruyff, cuando uno juega en la calle trata de no caerse porque caerse duele mucho. Ese principio todavía conserva la esencia del juego.

Juan Carlos Osorio cuenta con una dilatada experiencia como entrenador, tanto en clubes como en selecciones, como en el caso de México, a la que dirigió de 2015 a 2018. Dean Moutharopoulos/Getty Images
Juan Carlos Osorio cuenta con una dilatada experiencia como entrenador, tanto en clubes como en selecciones, como en el caso de México, a la que dirigió de 2015 a 2018. Dean Moutharopoulos/Getty Images

Por eso, los grandes jugadores, aquellos que tienen la capacidad de parar la pelota y sacarse a un rival de encima, seguirán siendo los más perseguidos y los más buscados por los grandes equipos.

Porque cada vez tendremos más jugadores capaces de hacer correctamente lo básico: control dirigido, giro, pase y remate. Pero los jugadores diferentes, los jugadores que poseen ese factor X, aquellos capaces de sacarse a un rival de encima, son los que van a prevalecer.

Y en la medida en que un buen entrenador sea capaz de combinar todo esto -el comportamiento, la neurociencia, el conocimiento del jugador, la disciplina y el entrenamiento moderno- con aquello que nunca debimos perder del fútbol de la calle, el fútbol seguirá mejorando como espectáculo.

Y ojalá que sea así para siempre.

Porque este es el maravilloso deporte del que vivimos muchos y al que unos pocos hemos decidido entregarle la vida.

Juan Carlos Osorio