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La evolución táctica del Manchester City de Pep Guardiola

La evolución táctica del Manchester City de Pep Guardiola
Redacción
Coaches' Voice
Publicado el
30 de julio 2026

Pep Guardiola

Manchester City, 2016-2026

Arranca una nueva era en el Manchester City tras una década marcada por Pep Guardiola al frente del banquillo. El entrenador italiano Enzo Maresca, ex técnico del Leicester City y del Chelsea, además de discípulo de Guardiola durante sus primeros pasos como entrenador en el City, asume el reto de dirigir a un equipo acostumbrado a conquistar títulos. Sin embargo, el mayor legado que recibe no es solo una colección de trofeos, sino una identidad de juego inconfundible que algunos consideraron imposible de construir y sostener al máximo nivel.

Cuando Pep Guardiola llegó a la Premier League en 2016, existía la incógnita sobre si su reconocido estilo de juego, basado en el dominio de la posesión, tendría éxito en Inglaterra. Es cierto que Guardiola llegaba avalado por un palmarés extraordinario tras sus etapas en el Barcelona y el Bayern de Múnich. Sin embargo, en España había contado con el talento diferencial de Lionel Messi, mientras que el Bayern llevaba años convirtiendo la conquista de la Bundesliga en una costumbre, al margen del entrenador que dirigiera al equipo. Así que, cuando su primera temporada en el Manchester City terminó sin títulos y con un tercer puesto en la Premier League, algunos críticos pensaron que se había demostrado que tenían razón. Pero se equivocaban y de manera rotunda.

Sus cifras en el Manchester City son extraordinarias. Veinte trofeos: seis Premier League, una Liga de Campeones, cinco Copas de la Liga (EFL Cup), tres FA Cup, un Mundial de Clubes, una Supercopa de la UEFA y tres Community Shield. Una temporada histórica de 100 puntos en la Premier League (2017/18), además de convertirse en el primer entrenador en conquistar cuatro títulos consecutivos de la máxima categoría del fútbol inglés. Por si fuera poco,  cuatro Copas de la Liga seguidas. El primer club en alcanzar cuatro finales consecutivas de la FA Cup. El primero en lograr un triplete nacional en Inglaterra. Un triplete continental en la temporada 2022/23. Y, para culminar ese palmarés, un doblete de copas nacionales al conquistar la FA Cup y la Copa de la Liga.

Pero quizá aún más importante que los títulos fue el estilo con el que el City de Guardiola alcanzó esos éxitos. Llegó a un país con una larga tradición de fútbol físico, donde asumir riesgos con balón en la defensa había sido, durante mucho tiempo, casi un tabú. Sin embargo, su influencia fue tan profunda que la salida desde atrás pasó a convertirse en una práctica habitual en todas las categorías del fútbol inglés, solo uno de los ejemplos más evidentes del impacto que ha tenido como entrenador.

A continuación, nuestros entrenadores con licencia UEFA analizan su etapa en el Manchester City, repasando los distintos enfoques tácticos y las adaptaciones que introdujo a lo largo de una década extraordinaria, así como los aspectos del juego que se mantuvieron inalterables bajo la conducción de uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos.

Uso de laterales invertidos

Una de las primeras prioridades de Pep Guardiola al llegar al Manchester City fue mantener su estilo de juego preferido: posesión controlada, pases cortos y salida desde atrás. En sus primeras ventanas de transferencias el club realizó una importante inversión en laterales, fichando a Kyle Walker, Danilo, Benjamin Mendy y Oleksandr Zinchenko. A la línea defensiva también se incorporaron otros futbolistas con una gran capacidad para iniciar el juego con balón, como John Stones y Aymeric Laporte. Lo mismo ocurrió en la portería, con los fichajes de Claudio Bravo y Ederson.

A partir de ahí, Guardiola definió rápidamente la forma en la que quería que su equipo construyera desde atrás, recurriendo con frecuencia al uso de un lateral invertido en el centro del campo desde una estructura inicial de 4-3-3

Ese lateral pasaba a actuar junto al único pivote —Fernandinho en las primeras temporadas de Pep Guardiola y, posteriormente, Rodri— para generar una superioridad numérica clave en el centro del campo, una zona en la que muchos rivales operaban con tres jugadores (véase el rectángulo azul señalado en el diagrama inferior). Como resultado, el City pasó de compartir el cuarto lugar en posesión de balón en la Premier League en la temporada anterior a la llegada de Guardiola, a ocupar el primer lugar en esa estadística en cada una de las 10 temporadas en las que él estuvo al mando.

Pep Guardiola en el Manchester City. Ubicación táctica de su once tipo.
Jugadores del Manchester City:  E = Ederson; AL = Aymeric Laporte; JS = John Stones; KW = Kyle Walker; FD = Fabian Delph; F = Fernandinho; LS = Leroy Sané; DS = David Silva; KDB = Kevin De Bruyne; RS = Raheem Sterling; SA = Sergio Agüero.

En la temporada 2017/18, por ejemplo, el Manchester City promedió un 70 % de posesión, con Fabian Delph (arriba) y Zinchenko como dos jugadores especialmente influyentes al asumir posiciones interiores desde el lateral izquierdo. La presencia de Laporte como central zurdo también reforzó ese sector, frecuentemente habilitando al extremo Leroy Sané con pases alrededor del bloque rival o ejecutando pases hacia atrás hacia el centro del campo, permitiendo así conectar con David Silva entre líneas.

El City dominó el centro del campo —la misma zona en la que Guardiola disfrutaba ejerciendo su influencia como futbolista—, lo que facilitó una rápida implantación de su modelo de juego. Al mismo tiempo, contaba por detrás con defensores fuertes y atléticos, como Walker, Stones y Laporte, capaces de limitar el impacto de los contraataques rivales.

Además, la presencia de Mikel Arteta como uno de sus asistentes fue también importante para ayudar a Guardiola a adaptar su estilo de juego a las exigencias de la Premier League. Esto permitió que su equipo siguiera dominando la posesión mediante la acumulación de muchos jugadores a una distancia cercana al poseedor —entre 10 y 20 metros—, especialmente en las zonas del mediocampo.

Liberar a los interiores

Otra consecuencia positiva de la utilización de laterales invertidos fue la mayor libertad que adquirieron los dos interiores del 4-3-3 del Manchester City. Al desplazar a los laterales hacia el centro del campo, jugadores como Kevin De Bruyne, David Silva e Ilkay Gündogan podían avanzar y ocupar zonas más altas entre líneas.

Desde esa ubicación más adelantada, podían influir de forma mucho más directa sobre la última línea rival, gracias a sus respectivas cualidades con el balón, al mismo tiempo que obligaban a los adversarios a retroceder, permitiendo al City ejercer un completo dominio territorial.

La capacidad de David Silva para filtrar pases hacia delante, encontrar pases en profundidad y penetrar en el área rival generaba numerosas ocasiones de gol. Gündogan compartía muchas de esas cualidades, aunque añadía una amenaza diferente con sus llegadas al área como hombre extra, aportando una cifra de goles constante y, en muchas ocasiones, decisiva.

De Bruyne también ofrecía pases en profundidad de enorme peligro y una gran amenaza goleadora, habitualmente con disparos desde media distancia. Sin embargo, Pep Guardiola también contribuyó a transformar a De Bruyne en uno de los mejores centrocampistas ofensivos del mundo al potenciar una de sus mayores virtudes: la precisión de sus centros.

La amplitud máxima proporcionada por extremos como Leroy Sané, Raheem Sterling o Riyad Mahrez —además de jugadores como Phil Foden y Bernardo Silva, utilizados también en ese rol— generaba más espacio para que los interiores de Guardiola pudieran desarrollar su juego en los carriles interiores, mientras los extremos mantenían ocupados a los laterales rivales.

Sumado a la superioridad numérica del City en la zona central del campo, eso dejaba con frecuencia libres a los interiores. De Bruyne, entonces, podía recibir en el costado derecho y poner centros con ventaja. El belga también realizaba constantes rupturas a la espalda de la defensa, aprovechando el espacio dejado vacante por el lateral rival al salir a presionar al extremo del City que había recibido abierto.

De Bruyne recibía con frecuencia la indicación de atacar los espacios en profundidad. El lateral del City de su costado se cerraba hacia dentro, permitiendo al belga penetrar en el área con desmarques diagonales desde fuera hacia dentro para, posteriormente, realizar centros tempranos (abajo). Los extremos, efectivos en el regate y en la conducción de balón, obligaban habitualmente a sus homólogos rivales a retroceder a medida que progresaban con el balón. De Bruyne aprovechaba entonces para situarse por detrás de la jugada y poner centros de primeras desde el carril interior, en una posición ligeramente más retrasada.

Además de su precisión excepcional, la presencia de varios jugadores del City en el lado opuesto garantizaba que el equipo estuviera preparado para atacar esos centros. Los delanteros centro Sergio Agüero y Gabriel Jesus aparecían con frecuencia como rematadores, junto al extremo contrario y el otro interior. El pase hacia atrás hacia De Bruyne solía actuar como un desencadenante para que la última línea rival saltara hacia delante, generando el espacio ideal para atacar con desmarques bien sincronizados las zonas centrales o el espacio del segundo palo.

Pep Guardiola en el Manchester City. Ataque por los costados.

El 'falso nueve'

Tras la partida de Agüero y antes de la llegada de Erling Haaland, Pep Guardiola pasó un periodo en el que prescindió de un punta tradicional. En su lugar, el Manchester City utilizó a jugadores como Foden, Mahrez, Silva, Gündogan o De Bruyne en el rol de centrodelantero.

Sin embargo, todos ellos compartían una característica común: partían desde una posición alta para posteriormente descolgarse hacia el balón, alejándose de la línea defensiva rival. Este enfoque con un falso nueve ofreció al City una vía alternativa para dominar la zona central del campo, manteniendo la superioridad numérica que Guardiola siempre ha buscado: encontrar y dominar la posesión a través del "hombre libre".

Como consecuencia, los laterales incursionaban por dentro con mucha menos frecuencia, ya que la línea defensiva del City actuaba con una estructura más cercana a la de una defensa de cuatro tradicional en cuanto a su posicionamiento. Sin embargo, con el falso nueve alejándose del área, el equipo seguía necesitando amenazas en la dirección opuesta. Estas llegaban habitualmente a través de los desmarques en profundidad de los extremos, que se cerraban más desde la banda para recibir al pie y también para atacar los espacios a la espalda de la defensa (véase Foden, abajo). Estos movimientos opuestos estaban perfectamente sincronizados y resultaban especialmente efectivos cuando el City arrastraba a los centrales rivales por medio de su 'falso nueve'.

Pep Guardiola en el Manchester City. Salida de balón en amplitud.

Pero, para liberar y dominar la zona central, el City seguía necesitando amplitud. Con ambos extremos buscando ocupar posiciones más interiores, los laterales avanzaban y realizaban desdoblamientos para generar amplitud ofensiva una vez que la posesión estaba asentada en campo rival. Walker y Mendy eran perfiles ideales para este rol, mientras que los versátiles João Cancelo y Zinchenko también ofrecían un buen apoyo desde los costados. Tras el descenso del falso nueve, el City activaba nuevas rotaciones interiores con el objetivo de situar a distintos futbolistas en posiciones ofensivas centrales. 

De esta manera, el City hacía extremadamente difícil que los rivales pudieran defender mediante marcajes individuales o fijar referencias defensivas concretas. El equipo de Guardiola continuó marcando muchos goles sin depender necesariamente de un goleador del perfil de Agüero o Haaland. En su lugar, distribuyó la producción ofensiva entre varios jugadores de la plantilla, especialmente aquellos que ocuparon el rol de falso nueve.

El regreso del doble pivote

Pep Guardiola recuperó el doble pivote en una estructura ofensiva 3-4-2-1, un dibujo que ya había utilizado al inicio de su etapa en el Manchester City, especialmente cuando algunos rivales comenzaron a obtener mejores resultados al contragolpe frente a su equipo. La llegada de Enzo Maresca como entrenador asistente también contribuyó a esta evolución. Frente a rivales de mayor poder físico, el City volvió a adaptarse para seguir dominando la posesión sin perder solidez defensiva. En esta ocasión, sin embargo, Guardiola no recurrió al uso de un lateral invertido en el centro del campo. En su lugar, eran los centrales quienes modificaban su posición durante la fase de construcción para apoyar al único pivote, Rodri.

Fernandinho desempeñó este papel de manera puntual cuando actuó como central, aunque quien mejor representó esta función fue John Stones (abajo), con Manuel Akanji asumiendo ese rol también cuando el contexto lo requería.

Pep Guardiola en el Manchester City. Estructura ofensiva.

La línea defensiva se reajustaba entonces para formar una estructura de tres por detrás, mientras que el doble pivote volvía a permitir que los dos interiores del City adelantaran su posición para apoyar a la línea ofensiva. De Bruyne, en particular, pudo asociarse con Haaland de manera mucho más directa, formando la principal sociedad ofensiva del equipo.

Sin embargo, el mayor beneficio de esta modificación apareció en la transición defensiva, donde el City ganó una enorme solidez. La estatura y el dominio del juego aéreo de Stones —o Akanji— complementaban perfectamente a Rodri, mientras que la línea defensiva situada por detrás estaba plenamente preparada para defender tanto el juego directo como los contraataques rápidos y verticales del rival.

El cambio que hizo Guardiola aquí, al incluir defensores centrales adicionales en sus alineaciones, resultó útil: Akanji y Nathan Aké jugaban como laterales izquierdos, pero incursionaban por dentro para apoyar al defensa central —por lo general, Rúben Dias— cuando el otro defensa central se había adelantado  hacia el mediocampo. Walker también se metía hacia adentro para darle al City una cobertura excelente ante cualquier extremo veloz por su lado, aprovechando su experiencia jugando en una defensa de tres con la selección de Inglaterra. A partir de esta base, Guardiola mantuvo el dominio de la posesión de su equipo y su capacidad para crear oportunidades, pero con una estructura defensiva mejorada detrás del balón. No fue, pues, una coincidencia que esta adaptación condujera a un gran éxito en Europa frente a algunos de los mejores equipos del continente que basaban su juego en las transiciones.

Ataques por dentro

Guardiola volvió entonces a apostar por un doble pivote más tradicional y estable, con Rodri y Bernardo Silva formando una pareja que funcionó muy buen, mientras los problemas de lesiones dificultaban seguir utilizando a centrales o laterales en posiciones más adelantadas. El City pasó a atacar desde una estructura más reconocible de un 4-2-3-1, con De Bruyne alimentando a Haaland y los atacantes de banda cerrándose hacia dentro para ofrecer apoyo en zonas interiores. Esta evolución sentó las bases de las últimas adaptaciones tácticas de Guardiola en el club.

Posteriormente, Jérémy Doku y Antoine Semenyo —dos extremos que prefieren recibir abiertos y progresar mediante la conducción— se incorporaron a la línea ofensiva, al tiempo que De Bruyne salía del equipo. Guardiola buscó entonces seguir generando superioridades entre líneas, pero con la participación de otros futbolistas.

El City comenzó a explotar la figura del mediapunta, con Phil Foden, Omar Marmoush o Rayan Cherki actuando como enlace por detrás de Haaland, acompañados por las incorporaciones desde segunda línea de jugadores como Bernardo Silva y Tijjani Reijnders. En otras ocasiones, era el propio mediapunta quien aparecía desde un costado hacia zonas interiores, con movimientos fluidos sin balón que facilitaban que los interiores encontraran posiciones ventajosas entre líneas, como ya había sucedido en etapas anteriores.

Esta última versión del Manchester City de Pep Guardiola también incorporó llegadas desde muy atrás, con varios integrantes de la línea defensiva sumándose al ataque (abajo). Matheus Nunes fue reconvertido en lateral derecho y aparecía desde posiciones retrasadas, al tiempo que sus movimientos hacia el centro del campo permitían a los centrocampistas adelantar su posición. Por el lado izquierdo, el canterano Nico O'Reilly irrumpía desde el lateral hacia los espacios entre líneas. Gracias a su experiencia como atacante durante su etapa de formación, O'Reilly llegaba a actuar prácticamente como un tercer mediapunta, moviéndose por dentro de un Doku muy abierto. Además, realizaba centros rasos desde el carril interior izquierdo —de forma muy similar a como lo hacía De Bruyne desde el lado opuesto— y aparecía con frecuencia en posiciones de remate.

Este cambio situaba a muchos jugadores por dentro en posiciones ideales para activar una presión tras pérdida inmediata y agresiva cada vez que el City cedía el balón en fase ofensiva. En lugar de depender de una última línea agresiva y físicamente dominante para controlar las transiciones rivales, Guardiola pasó a apoyarse en la acumulación de efectivos por dentro para neutralizar los contraataques desde su origen, una evolución probablemente influida por la llegada de Pep Lijnders a su cuerpo técnico. Esta adaptación también trajo consigo cambios importantes en la organización defensiva sin balón. El City pasó a defender con una estructura mucho más estrecha, normalmente en un 4-4-2 en rombo o en un 4-2-3-1.

Una constante a lo largo de toda la etapa de Pep Guardiola en el Manchester City fue la capacidad del equipo para salir con el balón desde atrás y generar una circulación continua de pases cortos gracias a la calidad de sus movimientos y de los apoyos alrededor del balón. Y, por supuesto, también su extraordinaria capacidad para conquistar títulos temporada tras temporada. 

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