Ismael García Gómez
Segundo entrenador del Galatasaray, 2022-Presente
Desde el principio de mi trayectoria como entrenador tenía muy claro lo que quería.
No sabía si acabaría siendo analista, ojeador, segundo entrenador o primer entrenador, pero lo que sí sabía es que quería aprender.
Así que empecé a estudiar para sacarme la licencia UEFA B cuando tenía 18 años, la edad mínima permitida por la Federación Española. Luego conseguí la licencia UEFA Pro a los 24 años. Creo que, en aquel momento, era el más joven de toda España en conseguirla.

El aprendizaje es una parte esencial de mi vida, también en el ámbito personal. Por ejemplo, si me voy de vacaciones a Hungría, veo documentales o leo sobre la historia de ese país.
La capacidad de adaptación también es fundamental para mí. He tenido que adaptarme a trabajar en diferentes lugares fuera de España, mi país, incluyendo Grecia, Italia y, actualmente, Turquía con el Galatasaray. Trabajar en diferentes países te ayuda a crecer como persona. Tienes que adaptarte a diferentes culturas, idiomas y modos de vida. Cuando llegas a un nuevo club o país, eres tú quien tiene que adaptarse.
El Galatasaray es una experiencia increíble para mí. Es el club más grande de Turquía, al mismo nivel en este país que, por ejemplo, el Real Madrid en España o el Bayern Múnich en Alemania. Aquí todo va mucho más allá del fútbol. El Galatasaray se siente muy orgulloso de la comunidad que rodea al club, que incluye un instituto de secundaria y una universidad. No es solo fútbol; es un club polideportivo.
"Conseguí la licencia UEFA Pro a los 24 años. Creo que, en aquel momento, era el más joven de toda España en conseguirla"
No puedo expresar con palabras lo afortunado que he sido ni lo agradecido que estoy al entrenador del Galatasaray, Okan Buruk, por todo lo que ha hecho por mí. Me ha tratado no como a un segundo entrenador, sino como si fuera parte de su familia.
Cuando llegamos en 2022, el equipo venía de la que probablemente había sido la peor temporada de los últimos 30 años. Imagínate que el Real Madrid acabara 13.º en LaLiga... Esa era la realidad y el nivel de frustración que existía en aquel momento.
Desde el principio, tuvimos que cambiar la mentalidad. El mensaje era que lo pasado, pasado estaba. Estábamos empezando un nuevo proyecto.
El club hizo un gran esfuerzo para fichar a buenos jugadores como Juan Mata, Dries Mertens, Mauro Icardi y Lucas Torreira. Desde el primer momento, el objetivo no era solo mejorar con respecto a la temporada anterior. El objetivo era ganar el título.

En las cuatro temporadas transcurridas desde entonces, conseguimos ganar cuatro títulos consecutivos. El primero de ellos fue, probablemente, el más bonito para mí.
En la segunda temporada ganamos el título con 102 puntos, un récord para la liga turca. El Fenerbahçe quedó segundo con 99 puntos, una cifra que también superaba el récord anterior. Hicieron un trabajo increíble, pero nosotros lo hicimos mejor.
Luego, el año pasado, ganamos el doblete de liga y copa. Y este año conseguimos el cuarto título de liga consecutivo, igualando el mayor registro de campeonatos consecutivos de la historia del país. Es algo que en Turquía solo se había conseguido dos veces antes: en 1997 y 2000, ambas por el Galatasaray.
Durante este tiempo en el Galatasaray he aprendido mucho de jugadores como Mata, Bafétimbi Gomis, Tolgay Arslan y Kaan Ayhan. A este nivel no se trata solo de las habilidades que tienen, que, por supuesto, son impresionantes. Poseen algo más que los distingue.
"El Galatasaray es una experiencia increíble para mí. Es el club más grande de Turquía, al mismo nivel en este país que, por ejemplo, el Real Madrid en España o el Bayern Múnich en Alemania"
Pero, después de haber estado vinculado al fútbol, desde el nivel amateur hasta las eliminatorias de la Champions League, me he dado cuenta de algo sobre los jugadores. Da igual que conduzcan Ferraris y cobren un sueldo de 10 millones de euros o que jueguen a tiempo parcial por unos cientos de euros al mes. Todos ellos son personas. Son seres humanos y todos necesitan atención.
En todos los grupos hay egos. En todos los grupos de adultos se pueden encontrar personas tóxicas, así como personas buenas. Así que, aunque he aprendido mucho a lo largo de los años sobre el aspecto futbolístico, sobre todo he aprendido lo importante que es el aspecto humano.
Mi trayectoria como entrenador comenzó a una edad temprana. Jugué mucho al fútbol, pero fui lo suficientemente inteligente como para darme cuenta de que no era lo suficientemente bueno para triunfar como jugador. Así que estudié una licenciatura en Ciencias del Deporte en A Coruña, la ciudad del Deportivo de La Coruña.

En el último año de la carrera tuve que hacer unas prácticas y tuve la suerte de incorporarme al equipo Sub-19 del Deportivo. Al terminar la universidad, tuve la oportunidad de seguir en el club. Fue allí donde comenzó mi carrera como entrenador.
En esos años intenté adquirir toda la experiencia posible, trabajando con jugadores de las categorías Sub-12, Sub-14 y, posteriormente, Sub-16. También empecé a colaborar con el departamento de análisis, donde me encargaron seguir el fútbol de segunda división en Francia, Suiza y Portugal.
Después de tres años en el Deportivo, empecé a trabajar como analista del primer equipo a las órdenes del entrenador José Luis Oltra. Aquel año, el Deportivo militaba en LaLiga y no había ningún analista a tiempo completo en el club. La tarea de ver los partidos y elaborar informes recaía en los entrenadores. Esa fue mi primera experiencia en el entorno del primer equipo, al tiempo que seguía entrenando en la cantera.
Me resultó de enorme ayuda poder adquirir experiencia en diferentes departamentos del club, ya que me permitió hablar con personas con más experiencia que yo. Esto me ayudó a comprender cómo trabaja un director deportivo o un responsable de fichajes.
Y creo que todos los entrenadores son, de una forma u otra, una especie de analistas.
"En todos los grupos hay egos. En todos los grupos de adultos se pueden encontrar personas tóxicas, así como personas buenas"
Sí, lo que más disfruto de ser entrenador son los 90 minutos que estamos en el campo, pero eso es solo un pequeño porcentaje de lo que tenemos que hacer. Ahora mismo paso alrededor del 70 % de mi tiempo en la oficina. La mayor parte la dedico a ver nuestros propios partidos y sesiones de entrenamiento, para analizar cómo podemos mejorar tanto al equipo como a los jugadores, y a estudiar a nuestros rivales. Se trata de un desarrollo constante, también para mí mismo.
Tras mi etapa en el Deportivo, me fui con José Luis Oltra a trabajar al Real Mallorca. Algo que marcó mucho aquel año fue la oportunidad de trabajar con el segundo entrenador, Chema Sanz, quien posteriormente pasó por clubes como el Valencia, el Sheffield United y, actualmente, está en el Osasuna.

Como el de Mallorca no era un trabajo a tiempo completo, también trabajaba como preparador físico asistente en un club cercano, el Murense, que militaba en la sexta división española. Hubo un momento crucial en el que los dos entrenadores con los que trabajaba fueron despedidos en el plazo de una semana. Eso significaba que mi etapa en el Mallorca había terminado, pero en el Murense me dijeron: “A tus 24 años eres muy joven, pero quizá puedas hacerte cargo del equipo durante una o dos semanas”.
En España hay un dicho que dice: “A entrenador nuevo, victoria segura”. Pero yo rompí esa tradición porque perdimos el primer partido que dirigí. Sin embargo, ganamos el segundo partido en casa y luego empatamos el siguiente.
Aun así, no esperaba que el club fuera a confiar en mí. Pero la gente estaba muy contenta con el entorno, las sesiones de entrenamiento y el ambiente que se había generado desde que me hice cargo. Luego, en los siguientes cinco partidos, tuvimos cuatro derrotas y un empate. El equipo estaba sumergido en la zona de descenso.
A veces, sin embargo, el fútbol puede ser hermoso, y empezamos a ganar partidos.
"Todos los entrenadores son, de una forma u otra, una especie de analistas"
No fue porque hiciéramos algo diferente. De hecho, seguimos con la misma línea de trabajo que veníamos desarrollando y, en el penúltimo partido, aseguramos la permanencia. Siempre será uno de los mejores recuerdos de mi vida.
Otra gran experiencia fue mi primera etapa como entrenador principal en el fútbol profesional, en el L’Hospitalet de Barcelona, de Tercera División. Tenía 27 años. Aquella temporada fui el entrenador más joven de todas las categorías profesionales de España.
En ese trabajo aprendí algo muy importante: en el fútbol, especialmente como entrenador, entrenar no lo es todo. Entrenar es solo una parte. Como entrenador, tienes que centrarte en muchas cosas que no son fútbol: la relación con el director deportivo, los miembros de la junta directiva, los patrocinadores, los agentes y los medios de comunicación. A veces, un pequeño problema relacionado con algo ajeno al fútbol puede afectar a la parte deportiva.

Tras esa experiencia, tuve la oportunidad de trabajar en diferentes países y clubes. En el Udinese, en Italia, conocí una de las mejores organizaciones con las que he trabajado jamás. El club es propiedad de la familia Pozzo y existía una línea muy clara sobre cómo gestionarlo. Aprendí mucho de la gente que trabajaba allí y tuve la suerte de estar cerca de Gino Pozzo, una de las personas más inteligentes que he conocido.
Ahora, en el Galatasaray, no solo he vivido experiencias increíbles en la Süper Lig, sino también en Europa. En nuestro primer año en la Champions League jugamos contra el Manchester United, empatando en casa y ganando en Old Trafford, uno de los estadios más bonitos en los que he estado.
La temporada pasada vencimos al Tottenham, que acabó siendo el campeón, en la Europa League. Luego, en la Champions League 2025/26, nos enfrentamos al Manchester City y a Pep Guardiola, quien, en mi opinión, es el mejor entrenador del mundo. Al principio de la fase de grupos ganamos al Liverpool, antes de quedar emparejados con ellos en los octavos de final, tras vencer a la Juventus en la fase eliminatoria.
"En España hay un dicho que dice: «a entrenador nuevo, victoria segura». Pero yo rompí esa tradición porque perdimos el primer partido que dirigí"
También conseguimos ganar al Bodø/Glimt en la fase de liga, un equipo que ha tenido un gran rendimiento en las últimas temporadas bajo la dirección de Kjetil Knutsen. Después de haber jugado contra otros equipos escandinavos, como el Copenhague y el Malmö, siento un gran respeto por el fútbol de estos países. Están muy bien organizados y entrenados.
Quizás debido a sus presupuestos, los clubes escandinavos necesitan ser innovadores y creativos para generar ingresos y poder competir. Si no pueden fichar a grandes jugadores, tienen que formarlos, por lo que buscan talentos con una visión a medio y largo plazo para desarrollar a los jugadores.
Así que están creando una competición muy reñida en estas ligas y, poco a poco, los proyectos de estos clubes están dando resultados. Porque, al fin y al cabo, en el fútbol lo que más llama la atención a la gente son los resultados; no se ve el camino para llegar hasta ellos.

Para mí, en lo que respecta al entrenamiento, lo más importante es formar a los jugadores. La formación se lleva a cabo a diario, a través de los entrenamientos y los comentarios constructivos, y los jugadores son ahora muy conscientes de la importancia del análisis de vídeo y del feedback.
Siempre digo que es fundamental que los jugadores sientan que estoy a su disposición, en todo momento, para lo que necesiten. Ya sean jugadores que están compitiendo, jugadores que no entran en el equipo o jugadores que quieren hacer trabajo extra… Quiero que todos sientan que soy un entrenador que siempre está ahí para ayudarles.
Pero no es fácil, porque no todos los jugadores son iguales. A algunos, después de un mal partido, les puedes señalar las acciones negativas. A otros, primero hay que mostrarles las acciones positivas. La clave está en saber cómo tratarlos, cuándo decirles las cosas, cómo decirlas y dónde hacerlo.
Todo se hace para intentar generar confianza y una relación sincera.
"En el Udinese, en Italia, conocí una de las mejores organizaciones con las que he trabajado jamás"
De cara al futuro, tengo dos cosas muy claras. Una es que me gustaría trabajar en Inglaterra, y tengo la sensación de que eso va a suceder.
Inglaterra es ahora mismo la NBA del fútbol. Allí están los mejores estadios, los mejores jugadores y muchos de los mejores entrenadores. La competición es increíble. Un equipo que lucha por evitar el descenso en la Premier League puede competir en el mercado con equipos que en Italia o España luchan por meterse en Europa.
Unai Emery, David Moyes y Keith Andrews son entrenadores a los que he seguido con especial interés, al igual que a Arne Slot, quien se convirtió en un rostro familiar para nosotros en el Galatasaray esta pasada temporada después de enfrentarnos varias veces. He seguido su trabajo táctico desde que estaba en los Países Bajos como entrenador del Feyenoord y del AZ Alkmaar, donde comenzó como asistente.

La segunda cosa que me gustaría es volver a ocupar un puesto de primer entrenador, pero no tengo la prisa ni el ego de pensar que mi siguiente paso tenga que ser necesariamente en ese rol. Lo que necesito es seguir sintiendo que estoy en un entorno exigente en el que pueda aprender mucho.
Esa ha sido siempre mi motivación desde el principio: aprender, mejorar y seguir creciendo en el fútbol.
Ismael García Gómez