El Tercer Hombre

El Concepto:

El fútbol es un juego de oposición, donde hay un equipo que dispone del balón y otro equipo que no lo tiene, intentando el primero progresar en el juego, mientras que el segundo busca la recuperación para poder atacar. Para habilitar esa progresión, con independencia de la altura en la que se encuentre el poseedor del balón, se utilizan distintos mecanismos de orden colectivo o individual. Uno de esos mecanismos para superar líneas de presión es el concepto del tercer hombre.

Por dicho concepto entendemos la posibilidad de que el equipo que tiene la posesión, a través de un buen posicionamiento, atraiga al rival hacia el balón, liberando jugadores -generalmente en espacios intermedios o alejados- a quienes mediante una secuencia de pases les llega la pelota con tiempo y espacio para seguir de forma ordenada el juego ofensivo.

Se trata, por lo tanto, de la posibilidad de conectar con un jugador, que por circunstancias del juego -estar marcado, sin línea de pase visible -, no es posible conectar de forma directa, pero sí de forma indirecta a través de otro jugador en mejor disposición de recibir y hacer el pase. El objetivo es conseguir ventajas numéricas y posicionales en distintos espacios del campo para superar la presión del equipo rival, que puede ser en zonas de reinicio del juego (propia portería), en zonas intermedias (centro del campo) o en zonas avanzadas (campo contrario).

“El “tercer hombre” es imposible de defender. Es la escuela holandesa, es Johan Cruyff. Es una evolución de los triángulos holandeses” (Xavi Hernández, en el libro “Sendas de Campeones”, de Martí Perarnau)

Para provocar que emerja esa ventaja se requiere una alta coordinación, un correcto timing entre los miembros del equipo y entre las distintas líneas de juego, sumando también una acertada lectura del juego donde se demanda una alta concentración por parte de todos los jugadores implicados, ya que es tan importante la ejecución adecuada del pase por parte del poseedor del balón como los movimientos del receptor directo (pase intermedio), del indirecto (pase final), y, por supuesto, los que no intervienen en esa secuencia de pases. Estos últimos son los jugadores más alejados, quienes con su posicionamiento facilitan esa acción del juego, sujetando a sus pares para evitar que salten sobre los poseedores del balón.

La búsqueda del tercer hombre puede llegar a través de varias conductas. Una es la adecuada estructura del equipo en fase de posesión, con los futbolistas posicionados a distintas alturas en el campo para facilitar así la aparición de espacios y líneas de pase. También con la amplitud para separar a los rivales. Si el rival no salta a la presión, provocarlo mediante la conducción del balón del poseedor (abajo) para exigir actitudes defensivas rivales y generar la aparición de jugadores libres por detrás de la línea de presión inmediata.

Otra conducta puede llegar con el posicionamiento entre líneas del jugador que recibe el balón después del primer pase (abajo), para poder enlazar después con las siguientes líneas ofensivas, teniendo siempre dos opciones habilitadas, organizándose en forma de triángulo.

Una vez el hombre libre, el “tercer hombre”, controla el balón con ventaja en tiempo y espacio, adquiere vital importancia mantener esa ventaja, sabiendo interpretar si la acción demanda acelerar el juego, pausar el ritmo de circulación, jugar dentro, jugar fuera, conducir, pasar…

No obstante, a nivel práctico, cuando los futbolistas adquieren ese hábito de buscar al hombre libre -generalmente a través de las sesiones de entrenamiento-, el jugador aprende a mirar a distintas alturas y posicionamientos de sus compañeros, pudiendo visualizarse acciones de tercer hombre en los partidos que no necesariamente responden a una exigencia del entrenador, sino que responden más a un estímulo encontrado de forma natural por parte del jugador de forma autónoma. Un aspecto que viene determinado en gran parte por el propio contexto del partido y demanda del juego.

Modelos de ejecución:

Hay entrenadores cuyos equipos son reconocibles por la utilización del concepto del tercer hombre como mecanismo para superar líneas de presión oponentes, desarrollado en distintos sectores del campo. Entre los más representativos se encuentran Pep Guardiola (Manchester City) y Gian Piero Gasperini (Atalanta). Mientras tanto, el Barcelona, independientemente del técnico, lo desarrolla en relación a su historia e identidad.

El Manchester City tiene como base de su juego la generación de triángulos ofensivos, con la intención de disponer siempre de dos líneas de pase como mínimo en cada sector del campo para poder conservar la posesión del balón y movilizar al rival.

En esta secuencia de juego (abajo), el Manchester City se encuentra posicionado en campo contrario, en el último tercio, con jugadores situados a distintas alturas del campo. Raheem Sterling como poseedor del balón, João Cancelo, lateral posicionado por dentro como interior para ser la base del pase al tercer hombre, y Kevin de Bruyne ejecutando el desmarque al espacio a la espalda de los centrales del Chelsea para generar profundidad al equipo y poder finalizar. La intención de esta secuencia es conectar directamente a Sterling con De Bruyne, pero la línea de pase no está abierta y necesita de la intervención de un jugador intermedio como es Cancelo.

Si el equipo rival se organiza defensivamente en un bloque bajo, será más difícil crear triángulos y líneas de pase, y en el caso de aparecer, requerirá una precisión mayor y un ritmo más alto. En esta situación (abajo), el Chelsea defiende en bloque medio-bajo, lo que dificulta la circulación de balón, y, por ello, los espacios se reducen. Una situación que exige una gran movilidad a los jugadores cercanos al poseedor del balón. Así, John Stones busca conectar con Cancelo, quien se mueve a espaldas de los jugadores presionantes del Chelsea, eliminando de este modo referencias y generando dudas sobre si saltar a la presión o mantener la posición.

Pero la línea de pase no está clara, necesitando apoyarse en Bernardo Silva, quien posicionado en zonas más interiores podrá filtrar el pase con más garantías. Una vez reciba Cancelo, la acción de juego se acelera buscando conectar con los jugadores mas avanzados y verticales.

Como decíamos, el Atalanta, con Gasperini, es otro exponente en el desarrollo de esta idea de juego: utilizar los triángulos en el juego ofensivo y la búsqueda del tercer hombre para dar continuidad a las circulaciones de balón y poder atacar a través de juntar pases.

En la siguiente secuencia de juego (arriba), el Atalanta se encuentra en campo contrario, en zonas próximas al carril exterior izquierdo, con un jugador del Ajax presionando. El equipo de Gasperini se posiciona con un triángulo invertido donde la base la forma un solo jugador, Berat Djimsiti, con dos jugadores a la espalda del jugador presionante: Matteo Pessina y Robin Gosens.

El posicionamiento de esos dos jugadores habilita dos posibles líneas de pase para el poseedor del balón, una por dentro y otra por fuera, viniendo determinada siempre por el movimiento del jugador que presiona, descubriendo la línea de pase y facilitando la toma de decisiones para el poseedor del balón. En este caso, Djimsiti, elige conectar primero con Gosens, para que este pueda descargar por fuera al primer contacto con Pessina y poder atacar la profundidad jugando al espacio mediante el pase con Duván Zapata, exigiendo al colectivo del Ajax a girarse y correr hacia atrás.

El Barcelona también busca conectar líneas a través de los triángulos y terceros hombres, superando líneas de presión. Ante el bloque alto que propone aquí la Real Sociedad (arriba), después de haber superado las líneas adelantadas de presión, el Barcelona se ve exigido a triangular por dentro, combinando Messi, Antoine Griezman y Pedri para encontrar al hombre libre por fuera, Sergiño Dest, quien se incorpora desde posiciones más retrasadas.

Esta secuencia de pases interiores, permite al Barcelona girar el juego y ofrecer tiempo y espacio para atacar por fuera. Desarrollo que, con una adecuada temporización ofensiva, permita llegar al área con ventaja a los delanteros y jugadores de segunda línea, donde los atacantes tendrán ventaja sobre los defensores por el simple hecho de ver el juego de cara.

En conclusión, el concepto de tercer hombre es un mecanismo muy eficiente, que bien ejecutado ofrece ventajas evidentes para ordenar el juego y tener el control del partido.

 

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