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Pep Guardiola

Manchester City, 2016-Presente

El Perfil:

Ningún equipo de Pep Guardiola termina siendo igual que el anterior. Así, la evolución táctica ha sido una constante del técnico español en su paso por Barcelona (2008/12), Bayern de Múnich (2013/16) y Manchester City, alcanzando un resultado impactante: 29 títulos hasta la fecha como entrenador. 14 en el Barça, 7 con el Bayern y 8 con el City.

En una entrevista con Guillem Balagué en la BBC, Guardiola dijo que aprendió de Johan Cruyff que “si algo no va bien tienes que perfeccionar tu idea. Si nuestros delanteros no son grandes, el ‘plan B’ sería poner un delantero grande, pero no lo tenemos. Si no tienes un ‘plan B’ no lo compres para tenerlo en el banquillo, prefiero esperar y que salga el ‘plan A’ mejor”.

Puede que sea en el City donde Guardiola, al margen de tener que seguir desarrollando una identidad ganadora (algo que Barcelona y Bayern ya poseían), haya tenido que perfeccionar más su idea con el objetivo de adaptarse al estilo del fútbol inglés, cada vez más asociativo, pero sin perder esa pasión por las transiciones rápidas. También para competir ante rivales de la fortaleza del Liverpool de Jürgen Klopp.

Análisis táctico:

Aunque Pep Guardiola frecuentemente varía el esquema de sus equipos, mantiene principios totalmente inquebrantables. Uno de ellos es el juego en corto desde el portero, ya sea desde el saque de meta o en juego abierto, siendo éste uno de los grandes componentes de su metodología. Es un enfoque que permite construir con superioridad inicial, contando siempre al menos con un jugador más que su rival en el primer tercio de campo.

Asimismo, la capacidad de su portero (Ederson Moraes en el City, abajo) para golpear en largo con precisión es primordial. De este modo, sus equipos tienen dos opciones a favor en la salida de balón: si el rival decide ir hacia arriba, los espacios se abren por delante; mientras que, si opta por mantener la posición, se crean espacios más amplios en corto.

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Esas herramientas permiten a los jugadores poder lidiar con diferentes enfoques de presión. Cuando el rival presiona con sus 2 delanteros, forma con 3 jugadores atrás: 2 centrales y un centrocampista, normalmente el pivote en medio campo. Dependiendo de las diferentes opciones en el partido, Guardiola también puede alentar a un lateral a posicionarse en zonas centrales, permitiendo así una línea de 3 atrás abierta capaz de abarcar toda la amplitud del campo.

En el caso de que el rival presione con 3 delanteros, mantiene la línea de 4 atrás, mientras busca proporcionar ayudas a la defensa retrasando la posición de un volante (abajo) o el desplazamiento de un extremo a zonas interiores (ofreciéndose estos jugadores en los espacios libres de la línea de presión rival).

Esa creación de un hombre libre para recibir y progresar se convierte en otro aspecto central de la filosofía de juego posicional de Guardiola, generado a través de la superioridad numérica en primera línea.

En fase de posesión, se busca priorizar la profundidad, intentando que los jugadores puedan actuar de cara a portería. Sin embargo, esto no siempre es posible, especialmente cuando los rivales se desarrollan en defensa en un bloque bajo. Aquí, entonces, se introduce el concepto del tercer hombre para fusionarse con el hombre libre.

Como se muestra en la imagen de abajo, cuando la ruta directa del jugador ‘A’ (Rodri) al jugador ‘B’ (Kevin De Bryune) está bloqueada, un pase al tercer hombre permite encontrar a su lado a un jugador sin marca, a través de triangulaciones.

Un patrón prominente es ver a los centrales asociarse directamente con un extremo o el delantero centro, saltándose el medio del campo, para jugar de vuelta con un volante, quien a menudo ocupa los pasillos interiores.

La preferencia de Guardiola de posicionar a los centrales en relación a su pie dominante, mejora la calidad de esos pases de ruptura. En el City, por ejemplo, Aymeric Laporte (zurdo), John Stones (diestro) y Nicolás Otamendi (diestro) se orientan para recibir con amplitud y luego desplazan el balón por el centro o los pasillos interiores. El dominio de los tres pasillos centrales también proviene de esta estrategia – entre otras – controlando el City tanto los espacios (por acumulación de jugadores) como la posesión.

En los metros finales, Guardiola llevará a sus jugadores ofensivos más peligrosos a actuar por los tres pasillos centrales para finalizar siempre que puedan por el centro, sin importar el punto de partida inicial de cada uno de ellos.

Fase defensiva:

Una de las claves de la filosofía de Guardiola en ese apartado proviene de una agresiva presión tras pérdida, manteniendo a su equipo muy cerca del rival para que, cuando un oponente tenga el balón, se encuentre rodeado y con una presión inmediata a su alrededor.

Sin embargo, sus equipos también han tenido diferentes matices en este ejercicio defensivo. En el Barcelona, principalmente, el equipo presionaba con la intención de interceptar los pases, ya que jugadores como Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Lionel Messi (abajo), Pedro y David Villa eran mucho más fuertes en esta función. Sí fue más asertiva la presión tras pérdida en el Bayern de Múnich, con jugadores más poderosos en los duelos, Bastian Schweinsteiger, Franck Ribéry y Robert Lewandowski, capaces de recuperar el balón en entradas o disputas con el rival.

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El City combina ambos enfoques, acompañado con la energía de la disputa del clásico segundo balón de la Premier League, una acción que requiere tanto la fuerza en el duelo individual como la intensidad para presionar e interceptar el pase.

Inicialmente, Guardiola priorizó en el City una estructura defensiva en 4-1-4-1, pero también lo ha hecho con el 4-4-2 cuando defiende durante períodos más prolongados, con De Bruyne uniéndose al delantero centro en la primera línea de presión. Riyad Mahrez pasa entonces a un conocido rol para él de medicampista derecho, donde brilló con el Leicester City en la temporada del título de los Foxes en la Premier (2015/16). Pero esta estrategia relativamente nueva también se puede transformar en un 4-2-4 cuando los extremos presionan muy arriba a los laterales contrarios.

Cuando Fernandinho juega como central, su habilidad para salir de la línea de atrás e interceptar pases por dentro es un componente clave de esa estructura (abajo), ya que pasar de un mediocampo de 5 jugadores a 4 reduce la capacidad del City para filtrar y cubrir los pases verticales. Sin embargo, a pesar de su fuerza y seguridad en el 1 contra 1, cuando el internacional brasileño no gana su duelo individual pueden surgir problemas.

La evolución de sus equipos:

La capacidad de Guardiola para diseñar estrategias increíblemente complejas, basadas en las fortalezas individuales y colectivas, es sin duda su rasgo más destacado como entrenador. La mejor versión del Barcelona se construyó alrededor de las habilidades con el balón en las zonas centrales de Xavi, Iniesta y Sergio Busquets, más tarde mejoradas por los movimientos y la posición de Messi, añadido a la capacidad de finalización de los jugadores de banda.

Sin embargo, al trasladarse al Bayern de Múnich, la superioridad en la zona central a menudo se generó con la ayuda de un falso lateral. Con dos de los jugadores más desequilibrantes en el 1 contra 1 en ese momento, Franck Ribéry y Arjen Robben, Guardiola creó sistemas que permitieron a esa pareja jugar individualmente en los espacios más amplios, mientras mantenían una fuerte presencia central de posesión a través de las cualidades de Phillip Lahm.

Robert Lewandowski también demostró ser el delantero centro ideal para liderar una mayor presión tras pérdida, al mismo tiempo que actuaba como jugador referencial en la asociación con los volantes o extremos (de nuevo utilizando el principio del tercer hombre).

La evolución de Guardiola ha continuado desde entonces en el City, con la utilización también del falso lateral en medio campo. Fabian Delph (ahora en el Everton) y Oleksandr Zinchenko han demostrado ser defensores ideales, también con la calidad suficiente como para jugar en el doble pivote.

En las dos temporadas en las que el City de Guardiola ganó la Premier League, el equipo formó en un 3-2-2-3 (W-M), con David Silva y De Bruyne como volantes altos, apoyando una línea delantera con los jugadores abiertos en banda.

Eso se hizo más evidente cuando los rivales utilizaron una estructura defensiva 4-3-3 o 4-5-1, ya que 4 jugadores del City, formando un cuadrado (abajo) rodeaban al trío de centrocampistas rivales. El trabajo adicional de Leroy Sané y Raheem Sterling también contribuyó a mejorar la finalización de cara a puerta, mostrándose los Citizens como un equipo imparable.

Más gol, pero también problemas en defensa:

La aparición del Liverpool de Jürgen Klopp en la Premier League, la falta de progreso en las últimas rondas de la Champions League y una serie de nuevos fichajes, han obligado a Guardiola a tener que adaptarse nuevamente en la temporada 2019/20.

Cuando no ha jugado sobre el 4-3-3, lo ha hecho con una defensa de 3, mezclando múltiples aspectos de sus últimas temporadas como entrenador. Esta vez, sin embargo, ha pasado a jugar con un solo pivote en medio campo (en gran parte Rodri). Sterling, mientras, se desarrolla predominantemente como ala izquierda (en ausencia de Sané, baja desde el principio de temporada) y Mahrez ataca desde la derecha.

Por su parte, Kyle Walker desarrolla un rol más defensivo que en años anteriores, formando como central derecho en una línea de 3. Tanto David Silva como De Bruyne mantienen su posición como volantes, ya que el belga en particular tiene licencia extra para avanzar o actuar alrededor de los movimientos interiores de Mahrez.

Desde allí, De Bruyne proporciona centros muy peligrosos al contingente del perfil izquierdo, mejorado con la presencia de Sergio Agüero o Gabriel Jesús, quienes se asocian con sus compañeros en este lado del campo para equilibrar los frentes de ataque. Como resultado, la producción en el ataque del City ha crecido esta temporada en la Premier League (2,4 goles por partido frente a los 1,89 de la 2018/19), aunque eso no se ha reflejado en una mayor cantidad de puntos.

Y eso, en parte, tiene su explicación por los cambios en el apartado defensivo. Con un solo pivote defensivo en medio campo sin la compañía del falso lateral, el City ha sido más castigado en el repliegue defensivo.

No tanto en el promedio de contragolpes en contra por partido, que se mantiene en 11, como sí en la claridad de las ocasiones del rival. Una situación que ha provocado más goles en contra por partido: 0,6 de la 2018/19 a 1,3 esta temporada.

Por lo tanto, mejorar el equilibrio en la faceta defensiva se antoja como la próxima tarea de Guardiola en su evolución táctica para seguir acumulando éxitos en el City.

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