Análisis, Euro 2020
No ha sido una primera fase sencilla para España. La prueba de ello es que llegó con la obligación de conseguir un resultado positivo en el último partido para no quedar eliminada en un grupo, a priori, asequible y que se le complicó a pesar del dominio y de generar las suficientes ocasiones como para no sufrir.
Precisamente la falta de gol fue el principal problema de España en las dos primeras jornadas, en duelos ante Suecia y Polonia, añadido también a la fragilidad defensiva en ciertas acciones sin balón. A pesar de las dificultades, Luis Enrique no ha variado su clásico dibujo 4-3-3, pero sí ha ido introduciendo nuevos conceptos en el desarrollo del juego a través del cambio de jugadores.
Estilo de juego:
España llegó a la Eurocopa con dudas en varias posiciones, entre ellas la de quién ocuparía la portería. Finalmente Luis Enrique optó por Unai Simón, un guardameta que responde a las particularidades especiales que demanda el seleccionador español para esta posición, que van más allá de su habilidad para usar las manos.
Un arquero que tenga una gran capacidad para el desarrollo de la fase ofensiva, que juegue bien con los pies y tenga visión de juego, sin ponerse nervioso y sea capaz de arriesgar para encontrar de una manera ventajosa al jugador liberado (abajo). Incluso atreverse a sobrepasar los pequeños intervalos que dejan los jugadores que conforman la presión rival.
Eso garantiza a España una salida de balón combinativa limpia que aporta la base de todo el modelo de juego; una declaración de intenciones para un equipo dominante que busca llegar a portería contraria mediante la posesión del balón.

En la línea defensiva, Luis Enrique apostó en los dos primeros partidos por jugar con Marcos Llorente como lateral derecho, una posición no natural para un jugador que acostumbra a desarrollarse en posiciones más adelantadas con Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid. En el tercer partido, ante Eslovaquia, César Azpilicueta entró en el lateral derecho, mostrando el capitán del Chelsea una gran jerarquía en fase de inicio para participar prácticamente como tercer central en una línea de tres. Azpilicueta asumió, además, la responsabilidad en muchas ocasiones de llevar el balón hasta el mediocentro, aportando velocidad al juego y claridad en el inicio.
En el centro de la zaga, la utilización de dos centrales zurdos, Aymeric Laporte y Pau Torres, fue la apuesta de Luis Enrique para los partidos ante Suecia y Polonia. Sin embargo, Laporte, actuando como central derecho, pierde cierta claridad a la hora de iniciar el juego, ya que el perfil no es el más adecuado para él y le limita también en las conducciones buscando liberar hombres por dentro. Algo que sí pudo desarrollar en el tercer partido ante Eslovaquia, donde jugó como central izquierdo, con Èric García actuando de central derecho.
Jordi Alba, por su parte, se han mantenido inmutable como lateral izquierdo, ejecutando desde ahí sus habituales apariciones sorpresivas por banda para aportar amplitud y profundidad a la selección española. Muchas de las ocasiones han llegado desde este perfil en los tres partidos, poniendo balones paralelos a la portería o incluso atrás al punto de penalti (como en el gol de Pablo Sarabia ante Eslovaquia).

En el mediocampo, Koke y Pedri han sido los interiores titulares en los tres partidos, variando el jugador que ha ocupado el rol de centrocampista defensivo. En esta posición, la mayor diferencia entre Rodri y Sergio Busquets, quien no jugó los primeros partidos tras dar positivo por coronavirus, es la habilidad del jugador del Barcelona para encontrar los espacios interiores y explotarlos, recibiendo y orientando el cuerpo correctamente para conseguir dar continuidad por dentro. Esto invita y facilita a Koke y a Pedri la opción de aparecer también por dentro del bloque rival (arriba).
Diferente a lo que ocurrió con Rodri en los partidos ante Suecia y Polonia, donde los tres mediocentros recibían fuera del bloque defensivo rival, por lo que España no pudo generar inquietudes a sus rivales (abajo). No obstante, esa situación no solo correspondió a la baja de Busquets, sino que también el repliegue intensivo y el trabajo para cerrar los espacios interiores fue mucho mayor en las selecciones de Suecia y Polonia. Muy diferente al desarrollo defensivo de Eslovaquia, donde sus centrocampistas pocas veces fueron capaces de juntarse lo suficiente para interceptar y robar balones por dentro.
Eso hace ver que la velocidad en el juego de España está ligada a su capacidad para posicionar a sus jugadores por dentro para recibir, lo que genera a su vez más opciones de gol. Ante Suecia y Polonia, España se mostró intermitente en ataque, con largas fases donde apenas pudo generar acercamientos de peligro. Esto fue debido a la falta desequilibrio, capacidad para generar situaciones de superioridad en las bandas donde poder penetrar en el área rival con garantías y algún jugador que tuviera la capacidad de intentar desbordar en el uno contra uno, obligando al oponente a unas vigilancias defensivas más férreas que permiten habilitar espacios por dentro.

Álvaro Morata es otro de los jugadores que ha jugado los tres partidos, variando Luis Enrique sus acompañantes en los extremos. En el primer partido ante Suecia, Dani Olmo y Ferran Torres fueron la pareja de extremos y, en el segundo encuentro, Gerard Moreno entró en sustitución de Torres.
A pesar de no ser su posición habitual en el Villarrreal, los movimientos de Moreno hacia dentro generaron el gol de Morata ante Polonia. Mientras, ante Eslovaquia jugó en banda izquierda, mostrándose más participativo llegando a línea de fondo. Un partido donde Moreno intercambió la banda con Sarabia, jugador que entró en el once por Olmo en el tercer partido.
Fase defensiva:
En términos defensivos, España no se ha visto muy exigida por sus rivales, posicionados principalmente los tres sobre un bloque bajo y con pocas unidades de ataque. Así, en ningún momento ha tenido que replegar en conjunto a la frontal del área y normalmente no ha tenido que modificar su esquema para protegerse.
Los ataques en contra han sido en su mayoría producto de acciones a balón parado y contraataques. El único gol encajado fue de centro lateral, una de las debilidades de la zaga española y en particular de Laporte, jugador que por lo general tiene problemas en las marcas en los centros al área.
Defensivamente, también hay que destacar la presión alta de España, muy agresiva en el acoso sobre el poseedor del balón y posibles líneas de pase. Un desarrollo que está siendo muy efectivo para el equipo de Luis Enrique, generalmente logrando recuperar en campo rival, algo que le permite atacar o proceder a mantener el balón ya establecidos en campo contrario.

La inclusión de Busquets en el once inicial en el partido ante Eslovaquia mejoró esa presión tras pérdida, ya que su posicionamiento lo hace estar cerca de la jugada, atento también a las posibles pérdidas para activarse rápidamente sin dar espacios para que el rival pueda contragolpear o establecerse en fase defensiva.
Un patrón que se repite es que cuando los equipos rivales juegan directo, buscan el emparejamiento con Jordi Alba, quizá la unidad de España que más dificultades puede tener en este aspecto. Para solventar esto, Luis Enrique situó a Gerard Moreno en la ayuda al lateral izquierdo en estas acciones durante el partido de Eslovaquia, juntando así a Alba un jugador que pudiera ser ganador en las disputas aéreas (arriba).
Solventada la clasificación, España se medirá a Croacia en los octavos de final, actual subcampeona del mundo. Una selección que, a diferencia de Polonia, Suecia o Eslovaquia, se espera que no se repliegue tanto atrás y conceda mayores espacios interiores. Esto bien podría facilitar a España tener mayores opciones de progresión, aunque es evidente que el equipo de Luis Enrique también tendrá mayores problemas defensivos para contener a un rival con más y mejores argumentos en ataque, y liderado en el juego por la brillantez de Luka Modric.