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Luis Enrique

Seleccionador de España, 2019-Presente

El Perfil:

Como Pep Guardiola y Xavi Hernández, Luis Enrique se destacó como jugador en el centro del campo con el Barcelona antes de trasladar muchas de las lecciones aprendidas a su papel como entrenador. Al igual que Guardiola, también lideró a un equipo memorable en el Barcelona, conquistando nueve títulos en tres temporadas. A pesar de lo venerado por su éxito, sin embargo, de ese grupo de tres entrenadores y buenos centrocampistas, su estilo de juego es quizás el menos comprometido con los principios sobre los que se construyó el Barça moderno.

Luis Enrique, de 48 años cuando fue designado para dirigir a España inmediatamente después de un decepcionante Mundial 2018 para el combinado español, ha heredado una generación de jugadores mucho menos adaptados al estilo de fútbol con el que Guardiola triunfó con el Barça y Vicente del Bosque con España, y aun así construyó un equipo prometedor con el que llega a la Eurocopa 2021. “Hay pocos entrenadores en el mundo mejores que Luis Enrique”, ha señalado Guardiola. “Era el entrenador perfecto para el Barcelona, por su personalidad y su carácter. Jugaron un fútbol increíble con jugadores increíbles”.

Estilo de juego:

Luis Enrique es partidario de un fútbol ofensivo muy variado que, debido a su formación en el Barça y a las influencias que allí encontró, demuestra a menudo su admirable comprensión del juego posicional y hace que sus equipos también sean capaces de interpretar con un alto rendimiento un juego vertical y de transiciones. Aunque su sistema más habitual es el 4-3-3, ha experimentado regularmente con un 3-4-3 y un 3-4-2-1, dibujos en los que se puede encontrar mucha de esa variedad que pretende para sus equipos.

La selección española, del mismo modo que el Barça, se organiza con mayor regularidad en un 4-3-3, pero su planteamiento es considerablemente más vertical, y en gran medida porque el perfil de los jugadores de que dispone es menos capaz de poner en práctica su juego posicional que los que ganaron la Liga de Campeones con el Barça en la temporada 2014/15. Así, los extremos tradicionales –Ferran Torres destacado entre ellos- son más favorecidos por este enfoque que los centrocampistas que se mueven en zonas interiores, como también Luis Enrique, en comparación con su etapa azulgrana, tiene opciones en cuanto a un ‘9’ puro se refiere.

Como quizá sea de esperar de alguien que llegó a ser tan prominente en el Barça, sus equipos buscan regularmente controlar la posesión, a menudo partiendo de su portero y contribuyendo a sus intentos de construir ataques. En su etapa en el Barça, Marc-André Ter Stegen o Jasper Cillessen asumían la responsabilidad de iniciar el ataque ofreciendo pausa a sus centrales. Esperaba a que estos se posicionaran en distancias y alturas adecuadas, también con la necesidad de estar correctamente perfilados para conectar con la línea de medios, principalmente con el centrocampista defensivo en el medio del campo (Sergio Busquets generalmente). Los patrones de pase más comunes en torno a esa presión del rival partían de su portero y se dirigían a su central derecho y luego a su centrocampista defensivo, o a su central izquierdo y luego al lateral izquierdo.

Esos intentos de salida de balón requerían que sus defensas centrales estuvieran en posiciones especialmente profundas, tanto para aumentar el terreno que los rivales tenían que cubrir para presionarles como para aumentar el espacio en el que Busquets podía moverse y recibir. Del mismo modo, la amplitud y la altura proporcionadas por sus laterales ocupaban la vigilancia de los extremos rivales, dando a Busquets una libertad aún mayor, hasta el punto de poder salir por fuera para tomar la posesión si los adversarios habían minimizado con éxito los espacios en el centro del campo.

Como señalábamos, la variabilidad en el juego es un matiz que define a los equipos de Luis Enrique. De este modo, en la selección española ha ofrecido distintas posibilidades a las del Barça para iniciar el juego y ordenarse con el balón de acuerdo a la naturaleza de sus jugadores.

Si se enfrenta a una presión alta, posiciona a los centrales dentro del área, pero con la mayor amplitud posible. Lo hace así para facilitar el pase y control, porque las distancias entre jugadores son cortas y el balón circula rápido. En esta misma secuencia se suman los mediocentros (Thiago Alcántara y Busquets), posicionados enfrente del área para ofrecer una línea de pase alternativa, y conseguir una superioridad numérica de inicio de dos contra uno (abajo).

Como en el Barça, existen alternativas. Otra situación de juego que se puede dar es la posibilidad de que el equipo rival presione con tres delanteros, provocando un cinco contra tres. Para salvar esta presión, se activa el lateral derecho (abajo) buscando generar dudas al jugador rival que ejerce la presión en banda izquierda. En este mismo momento, se aproxima el mediocentro, posicionado por delante del lateral, para recibir el pase. Superada esa primera presión, los equipos de Luis Enrique progresan en ataque en función de la altura del bloque defensivo rival, intentando acelerar las acciones ofensivas o apostando por un juego posicional.

También existe un planteamiento más vertical, desarrollada cuando juega con delanteros capaces de retener el balón en juego directo, y, por tanto, la opción de construir inicialmente en corto para luego jugar hacia adelante con un pase en largo.

Ante un bloque medio, en el Barça el centrocampista defensivo se posicionaba entre los centrales para generar una ventaja de tres contra dos que habilitara mediante conducciones a cualquiera de los dos centrales. Conectando estos después con los laterales por delante de los medios centros o con Leo Messi cuando el argentino acudía a zonas intermedias. Mientras tanto, ante un equipo posicionado en bloque bajo, el ataque posicional adquiere mayor importancia, demandando Luis Enrique a sus futbolistas posicionarse a distintas alturas, lo que facilita disponer de más líneas de pase abiertas.

Los rivales del Barça adoptaban regularmente estructuras defensivas compactas y, en consecuencia, sus tres delanteros, Messi, Luis Suárez y Neymar, se desplazaban a posiciones más interiores (abajo) una vez llegados al último tercio de campo, donde Suárez, como atacante más depredador, era el jugador más adelantado y Messi y Neymar trazaban la diagonal por dentro. Entre los tres rodeaban constantemente a los dos centrales contrarios: uno atacaba hacia el interior y los otros ejecutaban la salida por fuera de esos defensores y se movían más hacia el centro para contribuir potencialmente a una combinación ofensiva.

Con la amplitud proporcionada por los laterales, los centrocampistas avanzaban por detrás de esos tres delanteros para ofrecer conexiones entre los dos laterales y, debido a la estrechez de sus tres delanteros, los pasillos interiores estaban regularmente vacíos para que Andrés Iniesta e Ivan Rakitic progresaran hacia ellos. Si bien resultaron eficaces cuando los adversarios intentaron agolparse en torno a Messi, Suárez y Neymar, fueron sin embargo más habituales contra bloques defensivos bajos de los rivales y en los momentos de transición.

En cambio, los tres atacantes de España están organizados de tal manera que sus extremos permanecen generalmente abiertos para atacar a los laterales contrarios y trazar carreras en profundidad para conectar con el balón en los metros finales. Debido a su mayor amplitud, los espacios más grandes generados por dentro son utilizados por su delantero centro para moverse y enlazar con los jugadores que llegan desde segunda línea (abajo). Así, los pases verticales hacia él le llevan a conectar con otros jugadores, como también los centros aéreos de sus laterales y extremos se dirigen hacia él contra las defensas compactas.

Sus interiores también realizan un mayor número de carreras de ataque desde posiciones más retrasadas, y por lo tanto contribuyen tanto a los goles como a las asistencias, en lugar de priorizar el apoyo detrás de sus tres delanteros. Una identidad que refleja un nuevo concepto de juego en la selección española. Donde antes destacaban Iniesta y David Silva, ahora hay jugadores que son más propensos a hacer carreras de área a área, como las que ofrecen Koke y Fabián Ruiz, al tiempo que generan juego entre líneas. Su mayor físico también genera la opción de adaptarse a una presión más alta. Cuando sus laterales ofrecen desbordes, lo hacen, en parte, para forzar a sus extremos jugar hacia el interior.

Es cuando se requiere una mayor sensación de riesgo que Luis Enrique favorece un 3-4-3 que mezcla su enfoque posicional con la verticalidad en último tercio de campo, desarrollo en el que los extremos adoptan posiciones especialmente amplias y permanecen preparados para atacar los espacios abiertos que existen. El posicionamiento de esos jugadores de banda es fundamental no sólo para potenciar su potencial ofensivo y su capacidad para atacar el espacio y rematar, sino para disuadir a los laterales rivales de que se desplacen hacia zonas interiores.

Fase defensiva y presión:

Sus equipos se caracterizan por realizar una presión intensa, siempre vertical, defendiendo hacia delante y en bloque avanzado. La intención es recuperar lo antes posible el balón y lo más cerca posible de la portería rival (arriba). Si el oponente ataca desde un 4-3-3 o 3-4-3, los equipos de Luis Enrique mantienen la misma estructura para intentar igualarles, y están liderados por sus extremos que presionan a los centrales contrarios y por su delantero que prioriza al mediocentro defensivo y es apoyado por un compañero del centro del campo (abajo). De este modo, se obstruyen las vías de pase en corto y se socava el intento del adversario de construir la posesión si los integrantes del tercio ofensivo tienen éxito en sus batallas individuales y evitan el desequilibrio táctico.

Si el equipo no consigue recuperar en posiciones avanzadas, puede reorganizarse en una estructura distinta, pero siempre conservando una estructura defensiva compacta para proteger ciertos espacios de juego importantes. En España, el equipo se desplaza a un bloque defensivo en zonas intermedias, donde se distribuyen los espacios en un 4-1-4-1. Una formación donde destaca el papel del pivote en el medio del campo, quien forma el triángulo con los centrales para ganar las segundas jugadas y activar el inicio de las acciones ofensivas.

En campo rival, su delantero representa la primera línea de presión y se centra en intentar obligar al rival a dirigir su juego hacia un lado del campo. En caso de que el oponente consiga avanzar hacia la mitad del campo, España se adapta de nuevo para defender más cerca de la portería, en una estructura similar a la de su bloque central, para minimizar los espacios.

Su presión ha acabado por evolucionar. Hacerlo a partir de un 4-3-3 en el que sus extremos se mueven hacia el interior y su delantero hace de pantalla al centrocampista defensivo contrario ha sido durante mucho tiempo una característica durante el reinado de Luis Enrique como entrenador.

Pero cada vez hay más ocasiones en las que un extremo presiona de manera individual y, por extensión, cambia su estructura. Ante esto, el equipo ejecuta el balance defensivo, donde el extremo derecho se desplaza regularmente al lado de su delantero para presionar entre los dos a los centrales rivales, mientras el lateral derecho que está detrás de él ejecuta la marca sobre el lateral izquierdo contrario, movimientos seguidos también por el resto de la línea defensiva. A los rivales se les presenta entonces la posibilidad de recurrir a combinaciones generadas a través del tercer hombre, contra las que los centrales de Luis Enrique trabajan para temporizar y cubrir, o realizar pases largos y directos sobre la presión española y ganar así los primeros y segundos contactos.

Su coordinación defensiva también contribuye a anular los esfuerzos de los rivales por atacar en torno a los tres centrocampistas de España, como puede ser tentador con su estructura de salida y cuando esos tres jugadores tienen instrucciones de permanecer cerca de su contrario, de forma similar al Barça. Si el centrocampista más avanzado del equipo contrario retrasa su posición -incluso hasta el centro de la defensa-, Luis Enrique exige que uno de sus centrocampistas le siga, por lo que no es raro ver a su centrocampista más defensivo en esa tarea, siendo por momentos el jugador de mediocampo más avanzado. Busquets, con su club y con su selección, y más recientemente Rodri, con España, han demostrado la inteligencia necesaria para llevar a cabo este trabajo, logrando interceptar y recuperar la posesión desde este enfoque.

Luis Enrique

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