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Luis Enrique

Seleccionador de España, 2019-Presente

El Perfil:

Luis Enrique comenzó su andadura como entrenador en el Barcelona B, alcanzado con el filial azulgrana el ascenso a Segunda División y la mejor clasificación de la historia del equipo en la categoría, siendo terceros en la temporada 2010-11.

Bajo esa formación, decidió después que su primera experiencia en un equipo de élite fuera en Italia, a los mandos de la Roma (2011/12), donde llegó a la séptima plaza en la Serie A, siendo eliminado en la primera ronda de la Europa League. Luego recaló la temporada siguiente en el Celta de Vigo para firmar una meritoria novena plaza en La Liga, actuación que le llevó a ser designado nuevo entrenador del Barcelona en sustitución de Tata Matino.

Su irrupción en el club azulgrana fue impactante, conquistando cinco títulos (campeón de La Liga, Champions League, Copa del Rey, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes) en su primera temporada. Muy cerca de igualar el ‘sextete’ de Pep Guardiola en el club azulgrana años antes. Sumaría además dos Copas del Rey, una Liga y una Supercopa de España en las dos temporadas siguientes, cerrando su etapa en el Barça con un total de nueve títulos en tres años.

Después de tomarse un año sabático, se puso a los mandos de la selección española en 2018. “No va a haber una revolución sino una evolución. Viene gente por detrás a la que vamos a dar confianza”, dijo en la presentación. Un función que viene desarrollando -con un parón de varios meses de por medio por un grave problema familiar- para alcanzar nuevos títulos con el combinado español.

Estilo de juego:

Luis Enrique, por las influencias que ha tenido como futbolista (Sporting de Gijón, Real Madrid y Barcelona) y los clubes en los que ha trabajado como entrenador, se caracteriza por proponer un fútbol ofensivo rico en variantes. Entre estas destaca su entendimiento del juego posicional -ayudado a entenderlo especialmente durante su formación como entrenador en el Barcelona-, pero sus equipos también son capaces de interpretar con un alto rendimiento el juego vertical y de transiciones.

Como estructura de juego más habitual -siempre dinámica y no estática- destaca el 4-3-3. Basado en la creencia de que, bajo este dibujo, la distribución de los espacios está proporcionada y encaja bien con los perfiles de los jugadores con los que cuenta. Dependiendo del rival y la necesidad en cada partido, también desarrolla a sus equipos sobre un 3-4-3 o un 3-4-2-1.

Aunque la organización es la misma que en el Barcelona, el 4-3-3, la Selección es un equipo más vertical. Es así porque básicamente tiene otro perfil de futbolistas a su disposición; no con tanta capacidad de implementar un juego posicional. Esto le lleva a apostar por extremos más que con interiores (Ferran Torres, del Manchester City, y Jesús Navas, del Sevilla) o con interiores que parten de posiciones exteriores (Isco, del Real Madrid, por la izquierda y Rodrigo, del Leeds, delantero que parte de la posición de extremo).

Asimismo, tiene atacantes menos especialistas que en su época en el Barça, lo que exige plantear propuestas diferentes de juego para futbolistas que proceden de culturas de clubes distintas.

Fase ofensiva:

Luis Enrique y sus equipos intentan ordenarse y competir a través del control del balón y la posesión. Para ello intenta conseguir ventajas desde la línea más retrasada con el portero (arriba). En su etapa en el Barcelona, Marc-André Ter Stegen o Jasper Cillessen (en la imagen) asumían la responsabilidad de iniciar el ataque ofreciendo pausa a sus centrales (Gerard Piqué y Samuel Umtiti). Esperaba a que estos se posicionaran en distancias y alturas adecuadas, también con la necesidad de estar correctamente perfilados para conectar con la línea de medios. Principalmente con el pivote defensivo en el medio del campo (Javier Mascherano o Sergio Busquets) por proximidad, y en distancias más alejadas con los interiores.

La intención de esta situación es atraer a la primera línea de presión del rival para, a través del pase, superarlos y poder progresar en el juego. Esa línea de presión rival se supera mediante la conexión portero-central diestro-mediocentro o portero-central zurdo-lateral zurdo. Dos asociaciones distintas, pero con un mismo objetivo: progresar en el juego.

La variabilidad en el juego es un matiz que define a los equipos de Luis Enrique. De este modo, en la selección española ha ofrecido distintas posibilidades a las del Barça para iniciar el juego y ordenarse con el balón de acuerdo a la naturaleza de sus jugadores.

Si se enfrenta a una presión alta, posiciona a los centrales dentro del área, pero con la mayor amplitud posible. Lo hace así para facilitar el pase y control, porque las distancias entre jugadores son cortas y el balón circula rápido. En esta misma secuencia se suman los mediocentros (Thiago Alcántara y Busquets), posicionados enfrente del área para ofrecer una línea de pase alternativa, y conseguir una superioridad numérica de inicio de 2 contra 1 (abajo).

Otra situación de juego que se puede dar es la posibilidad de que el equipo rival presione con 3 delanteros, provocando un 5 contra 3. Para salvar esta presión, se activa el lateral derecho (Dani Carvajal) buscando generar dudas al jugador rival que ejerce la presión en banda izquierda. En este mismo momento, se aproxima el mediocentro, posicionado por delante del lateral, para recibir el pase.

Por último, si el rival decide un marcaje individual, aparece otro mecanismo para generar ventajas en la salida de balón con la participación del extremo. En este caso por el perfil derecho, con Navas (abajo) trazando una diagonal para recibir en espacios intermedios libre de marca, con tiempo y espacio suficiente para conectar con los jugadores avanzados.

Superada esa primera presión, los equipos de Luis Enrique progresan en ataque en función de la altura del bloque defensivo rival, intentando acelerar las acciones ofensivas o apostando por un juego posicional.

Ante un bloque medio, en el Barcelona el pivote se posicionaba entre los centrales para generar una superioridad de 3 contra 2 que habilitara mediante conducciones a cualquiera de los dos centrales. Conectando éstos después con los laterales por delante de los medios centros o con Leo Messi cuando el argentino acudía a zonas intermedias. Mientras tanto, ante un equipo posicionado en bloque bajo, el ataque posicional adquiere mayor importancia, demandado Luis Enrique a sus futbolistas posicionarse a distintas alturas, lo que facilita disponer de más líneas de pase abiertas.

Si por las necesidades del partido tiene que asumir más riesgos (por ejemplo, el partido de vuelta de octavos de final de la Champions League ante el PSG en la temporada 2016/17), sitúa a sus equipos sobre un 3-4-3 intentando mezclar el juego de posición en zonas interiores con el desarrollo vertical en los últimos metros. Una estructura donde los extremos están muy abiertos (abajo), dispuestos a atacar los espacios.

Ese posicionamiento de los extremos es fundamental para facilitar el desarrollo ofensivo, impidiendo que los laterales rivales salten por dentro a recuperar, pero también en disposición de correr al espacio y finalizar con pierna natural, ya que ambos jugaban a pierna cambiada.

Fase defensiva:

Sus equipos se caracterizan por realizar una presión intensa, siempre vertical, defendiendo hacia delante y en bloque avanzado. La intención es recuperar lo antes posible el balón y lo más cerca posible de la portería rival. Lo cual viene precedido por la acción de juego previa a la pérdida, donde si el equipo ha atacado junto les permitirá estar cerca de su rival.

Si el equipo ataca desde un 4-3-3 o 3-4-3, defensivamente mantendrá la misma estructura en los momentos en los que se encuentre con el bloque avanzado, intentando igualar al conjunto rival en posesión. Así, los extremos saltan a la presión sobre los centrales y el delantero centro sobre el pivote defensivo, primera referencia en el vértice del área grande. Siempre apoyados con un mediocentro que persigue a las posibles siguientes líneas receptoras (abajo).

De esa forma se cierran líneas de pase próximas y se dificulta la progresión en el juego rival, para lo cual es importante que tácticamente los jugadores más avanzados (Rodrigo, Torres, Navas y Busquets) eviten ser superados en los duelos individuales para no generar un desequilibrio defensivo.

Si el equipo no consigue recuperar en posiciones avanzadas, puede reorganizarse en una estructura distinta. Pero siempre conservando la unidad defensiva para proteger ciertos espacios de juego importantes.

En España el equipo se desplaza a un bloque defensivo en zonas intermedias, donde se distribuyen los espacios en un 4-1-4-1. Una formación donde destaca el papel del pivote en el medio del campo (Alcántara), quien forma el triángulo con los centrales para ganar las segundas jugadas y activar el inicio de las acciones ofensivas.

Mientras, Busquets, por sus características, es el jugador que inicia los movimientos de la línea intermedia, saltando sobre el pivote referencial del oponente. En el resto de las líneas, cada jugador se empareja con sus respectivos pares, ejerciendo Rodrigo como primera línea de presión para intentar orientar el juego del rival hacia el lado deseado.

En situaciones en las cuales el rival consigue posicionarse en campo contrario con circulaciones de balón largas y precisas, sus equipos también se adaptan para defender cerca del área. Lo hace en una estructura similar al bloque medio, desde un 4-1-4-1, donde los espacios de progresión se reducen.

Todo esto hace ver a Luis Enrique como un entrenador moderno, quien confía en el talento y brinda oportunidades a los jugadores jóvenes. Todo acompañado de una filosofía en la dirección que pasa por manejar distintos registros del juego para poder ser lo menos previsible posible.

Luis Enrique

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