Fotografía: Alex Caparrós/Getty para The Coaches' Voice

Óscar García

Celta de Vigo, 2019-2020

Tenía claro que lo aprendido con Johan Cruyff no podía quedármelo solo para mí.

Quería hacer como él hizo con nosotros. Enseñárselo a los jugadores. Intentar mejorar a cada uno ellos, a través de los entrenamientos.

Ese fue el principal motivo por el que decidí ser entrenador.

Y creo que eso también explica en gran parte porque tantos jugadores que estuvimos con él en el Barcelona hemos terminado tomando este camino. Johan (abajo, a la derecha) nos enseñó mucho, y nosotros nos sentimos capacitados también para enseñar cosas a los jugadores.

Cada entrenamiento era una clase magistral. Eso sí, Johan también era un entrenador muy exigente. Debías dar siempre el máximo en cada ejercicio. Si no era así, rápidamente lo detectaba y ponía las cosas en su sitio.

En el campo me enseñó a pensar en qué es lo que realmente estaba pasando y en  lo que podíamos hacer. Me hacía entender el juego y ahí empecé a ver que era un entrenador diferente y del que aprendí muchísimo. También aprendí de entrenadores muy diferentes a Johan y muy distintos entre ellos a la hora de entender el juego. Tuve a Javier Clemente, Andoni Goikoetxea, Louis Van Gaal, Bobby Robson, Héctor Cúper o Paco Flores.

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De cada uno de ellos intenté sacar lo mejor para poderlo aplicar como entrenador. Tanto de lo bueno, que fue mucho, como de lo malo. Puede sonar a tópico, pero es así porque todo lo que vives al lado de un técnico como jugador te sirve para el futuro.

El primer equipo al que entrené fue la selección juvenil catalana, para luego ingresar pronto en el Barcelona, en el Juvenil A. Ahí pude seguir desarrollándome y aplicando ese deseo de transmitir cosas a los jugadores en la que, por tanto tiempo, había sido mi casa.

“Cada entrenamiento era una clase magistral. Eso sí, Johan también era un entrenador muy exigente”

Después de año y medio en el equipo, en el verano de 2012, me vi envuelto en una “disputa” familiar entre los Cruyff. Jordi, que iba a ser el director deportivo del Maccabi de Tel Aviv, me hizo la propuesta de irme con él. Y al mismo tiempo, Johan, quien había firmado como director deportivo de Chivas, en México, quería que fuera yo el entrenador del equipo.

Yo me encontraba en el medio, y era difícil elegir porque me sentía muy unido a cada uno de ellos. Al final, Jordi terminó convenciendo a su padre de que tenía que empezar con él en el Maccabi Tel Aviv. Y estoy contento de que fuera así, porque fue uno de mis mejores años como profesional, en una ciudad a la que tengo mucho cariño.

Alex Caparrós/Getty para The Coaches' Voice

Al principio, lógicamente, necesité un periodo de adaptación, porque los problemas que tienen jugadores de 17 o 18 años no son los mismos que tienen los profesionales. Tienes que cambiar la manera de llegar a ellos. Por suerte, me encontré un grupo muy abierto. Unos jugadores que querían mejorar; adaptarse a un estilo de juego muy diferente al que estaban acostumbrados allí. Y la cosa funcionó, con un resultado brillantísimo.

Después llegó la oportunidad de cumplir una de mis grandes ilusiones: Inglaterra. Como jugador yo siempre había querido ir allí, pero no tuve la oportunidad de hacerlo. Así que cuando se abrió esa puerta como entrenador ni me lo pensé. Me avisaron que podía ser una de las opciones después de la salida de Gustavo Poyet porque el presidente del Brighton era judío y seguía bastante al Maccabi. Eso hacía que ya me conociera bien.  Tuve varias reuniones con ellos y, al final, afortunadamente se decantaron por mí.

“De todos los entrenadores que tuve intenté sacar lo mejor, tanto lo bueno como lo malo”

Todavía puedo sentir las sensaciones del primer partido de la temporada, 2013-14, entonces el equipo estaba en Championship. Nos tocó en el campo del Leeds United. Cuando salimos del vestuario antes del inicio del partido me quedé alucinado. Me había imaginado muchas veces cómo podría ser vivir el ambiente del fútbol inglés en primera persona, pero la realidad superó todas las expectativas.

Sabía que iba a disfrutar mucho ese año, pero también que tocaba trabajar mucho, porque la Championship es una competición tremendamente dura, con partidos cada dos o tres días, un esfuerzo enorme para hacer que el equipo sea competitivo en cada uno de ellos.

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No empezamos demasiado bien, pero después fuimos remontando poco a poco para llegar a las últimas jornadas con opciones de meternos en la zona de play-off después de unos muy buenos resultados. Y en la última jornada, prácticamente en el último minuto de partido, nos clasificamos para jugar la fase final de ascenso con un gol de Leonardo Ulloa (arriba, a la izquierda) en el campo del Nottingham Forest que nos dio ese pase al play-off. Algo increíble.

Sin embargo, en ese momento tan importante de la temporada como es aspirar al ascenso a la Premier League, no pudimos competir a nuestro máximo nivel. El equipo estaba muy cansado después del enorme esfuerzo que se había hecho todo el año, y llegamos también con muchos jugadores lesionados y otros sin tener claro aún su futuro en el club.

“Me había maginado muchas veces cómo podría ser vivir el ambiente del fútbol inglés en primera persona, pero la realidad superó todas las expectativas”

No vale como excusa, pero eso, lógicamente, lo notamos. Porque en el play-off tienes que estar con tu mejor equipo, con tu mejor plantilla y nosotros no llegamos a ese momento en esas condiciones. Jugamos los dos partidos con los futbolistas menos habituales durante la temporada y el Derby County fue mejor que nosotros y pasó a la final.

La vuelta a casa fue dura. Todo el mundo era consciente de que se había hecho un gran logro, pero cuando estás ahí, tan cerca de tocarlo y no lo consigues, es una tremenda decepción. Para mí no había sido suficiente. Después de aquello el club tenía una idea muy diferente a la mía en cuanto a la concepción de la plantilla para el año siguiente, y decidí que mi ciclo allí se había terminado.

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Volví al Maccabi, por una cuestión más personal que profesional.

Me sentía en deuda con el club. Ellos habían entendido que la oportunidad del Brighton era muy importante para mí, y lo aceptaron sin ponerme ninguna traba. Sin embargo, durante el verano hubo una situación muy complicada, con el conflicto bélico israelí-palestino.

El primer año en Israel ya había pasado, pero fue una semana o cinco días, no más. Lo que pasa es que en esta segunda época ya fueron cincuenta días seguidos.

“Volví al Maccabi por una cuestión más personal que profesional”

En esos momentos no solo piensas en el fútbol. También está tu familia, que lo vive con mucha preocupación desde lejos. Y el staff. La gente que ha confiado en ti para estar ahí y de la que sientes una tremenda responsabilidad, por ellos y toda su familia.

Con mucho dolor, tomamos la decisión de salir para llegar de nuevo a Inglaterra, al Watford. Pero solo pude estar muy poco tiempo, el mes de septiembre de 2014, debido a un problema de salud. Era un equipo que también tenía también muy buena pinta para subir a la Premier League, pero apenas lo pude disfrutar. Esa es una espina que tengo clavada, y espero poder sacármela en un futuro.

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Recuperadas las fuerzas, volví a ponerme en marcha. Como había hecho hasta entonces, mi intención era seguir trabajando fuera de España. Quería forjarme como el mejor entrenador que pudiera ser, y para eso sabía que tenía que ver otras culturas, otras mentalidades, otras filosofías… Entrenar a muchos tipos y diferentes nacionalidades de jugadores.

Esa nueva oportunidad me la ofreció el Red Bull Salzburgo a finales de 2015, un equipo donde sabía que había una filosofía de club y de juego muy clara, instaurada por Ralf Ragnick (abajo). Tuve la suerte de entrevistarme tres veces con él. En esas reuniones me explicó la propuesta, muy atrayente para mí, porque el Salzburgo reunía todas las condiciones que yo buscaba. Un equipo tranquilo, jugadores jóvenes para hacerlos evolucionar y con capacidad para competir por todos los títulos y jugar en Europa. Sentía también que ese paso me podía mejorar como entrenador.

“Quería forjarme como el mejor entrenador que yo pudiera ser, y para eso sabía que tenía que ver otras culturas, otras mentalidades, otras filosofías”

Yo tengo muy claro cómo quiero que mi equipo juegue con balón. Qué automatismos ejecutar y qué cosas quiero que hagan los jugadores. En el Salzburgo aprendí mucho de esto, pero sobre todo en los conceptos defensivos, destacando entre todos la presión tras pérdida.

Ciertamente, salí de allí siendo mucho mejor entrenador. También con títulos. Ganamos dos ligas y dos copas de Austria. Mientras tanto, el RB Leipzig –que pertenece al grupo Red Bull- estaba tomando también mucha fuerza. Eso hizo que muchos jugadores del equipo optaran por irse a la Bundesliga y yo a Francia, a uno de los grandes del país, el Saint Étienne. Un club con una afición increíble, donde estaba convencido  de que podíamos hacer un buen trabajo.

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También iba a adquirir nuevos conocimientos. La Ligue 1, como la austríaca, es una competición donde hay también muchas transiciones, protagonizada por jugadores físicos y muy atléticos, algo que marca también tácticamente el desarrollo de los partidos.

No es fácil hacer equipos tácticos allí debido a la mentalidad de los jugadores. Era un proyecto que me atraía mucho y estoy contento porque conocí una de las mejores ligas de Europa.

“Ciertamente, salí del RB Salzburgo siendo mucho mejor entrenador”

Desafortunadamente, luego hay cosas que no siempre puedes manejar como quieres. La relación con el presidente no fue la mejor y solo poco tiempo después de cerrar esta etapa, a comienzos de 2018, llegó el Olympiakos. Un equipo que necesitaba rejuvenecerse un poco para poder seguir aspirando a ser el mejor equipo de Grecia.

Pasado todo eso, llegó el momento de volver a casa. Había pasado mucho tiempo, lejos de la familia. Entre los clubes que me gustaban en España, el Celta era uno de los equipos donde quería hacerlo. Y llegó la llamada en noviembre de 2019. Firmé con el equipo en posiciones de descenso, con nueves puntos y solo dos días para preparar el primer partido ante el Barcelona.

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Sabía de la dificultad, pero estaba convencido de que había buena plantilla, que se podían hacer cosas, pero, sobre todo, lo más importante, que el objetivo de esa temporada era salvar al equipo. Una situación nueva para mí, porque yo hasta entonces había tenido la suerte de pelear siempre por títulos o de quedar entre los mejores de cada competición. Pero esa presión no tiene nada que ver a cuando peleas por no descender.

Eres consciente de que, si fallas, mucha gente del club puede perder su trabajo. Eso hace que le des muchas vueltas a la cabeza. El tiempo entre partido y partido algunas semanas llegaba a ser eterno.

“No soy una persona conformista, quería probar la experiencia a nivel profesional”

Cuando se reanudó el campeonato después del parón por la pandemia, cambió algo la dinámica. Jugábamos cada dos o tres días, y eso al menos no te dejaba mucho tiempo para pensar en otra cosa que no fuera fútbol. Acababa un partido y rápidamente en tu cabeza estaba el siguiente.

Llegamos a la última jornada sin estar aún salvados. En momentos de máxima tensión, como ese partido ante el Espanyol, es cuando realmente lo pasa mal un entrenador. Pero debemos demostrar nuestro liderazgo y dar un paso al frente. Finalizamos nuestro partido con empate a cero. Ahí, sobre el campo, tuvimos que esperar el resultado del Leganés. Si ellos ganaban nos íbamos a Segunda. Cuando acabó su partido con 2-2 sentí que se acababa la pesadilla. Por fin. Habíamos dejado al Celta en Primera División.

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Independientemente de lo que pasó después, con mi salida del equipo al comienzo de la 2020/21, todo el esfuerzo y sufrimiento había merecido la pena. Obviamente cuando llegas a un equipo quieres que todo vaya mejor y pelear por grandes objetivos. No pudo ser, pero una experiencia así también te ayuda a crecer como entrenador. No sólo está ese lado de hacer progresar al jugador desde lo que uno le puede aportar, también está ayudarlo en todo lo que puedas a salvar una situación tan complicada.

Puede que lo fácil hubiese sido quedarme en el Barcelona, en el Juvenil, durante muchísimo tiempo. O incluso hacer carrera ahí. Pero no soy una persona conformista. Quería probar la experiencia a nivel profesional.

Una vez que das ese paso, se trata de vivir cada cosa que te va llegando.

Óscar García

Eusebio Sacristán

Generación Johan

Eusebio Sacristán describe la influencia que tuvo sobre él Johan Cruyff en su desarrollo como jugador en el Barcelona. Conocimientos que posteriormente ha aplicado en su carrera como entrenador.

Maestros de la táctica: Johan Cruyff

Escuela holandesa en la dirección del Barcelona. Johan Cruyff fue el creador del "Dream Team", un equipo que conquistó la primera Copa de Europa en la historia del club e inculcó una filosofía de juego que ha persistido en el tiempo.
Francisco Rufete

La planta más alta

Ganador de La Liga y la Europa League con el Valencia, Francisco Rufete, director deportivo del Espanyol, aprendió importantes lecciones de fútbol con Johan Cruyff y Rafa Benítez.