Entrevistas Tiempo de lectura: 12 min

Gestión y administración

Gestión y administración
Simon Barber/Getty Images
Redacción
Héctor García
Publicado el
26 de febrero 2026

Martín Varini

Necaxa, 2025-Presente

Pasé de ser subcampeón de la Copa Libertadores Sub-20 y estar cerca de firmar por un equipo de Italia, a llevar traje y corbata para trabajar en el despacho de una empresa de marketing online.

Con 22 años sabía que tenía toda mi carrera por delante como futbolista, pero dejarlo fue una decisión muy meditada, sobre todo por cómo se habían dado las cosas. Fui a jugar al Varese, un equipo que entonces estaba en la Serie B. Para mí era un cambio de aires, un desafío y una oportunidad única, más aún porque el entrenador me quería. Sin embargo, había problemas contractuales para cerrar mi pase. Mientras intentaban solucionarlo, entrenaba por la mañana con el equipo y, la verdad, me sentía al nivel de mis compañeros.

Pero finalmente el fichaje se cayó.

En total, fueron casi tres meses en Italia. Un período que resumo como largo y desgastante por todo lo que hay detrás del fútbol, que es real y forma parte de este deporte, pero tienes que aceptarlo si quieres estar ahí. Yo tomé la decisión de dejarlo, pero no de abandonar el fútbol para siempre: me encantaba y sabía que en algún momento volvería a vincularme.

Martín Varini jugando con la Sub 20 de Uruguay
Martín Varini destacó como jugador en las categorías inferiores de la selección de Uruguay y Defensor Sporting. Fotografía cortesía de Martín Varini

Volví a Montevideo y terminé los estudios que venía cursando en Gerencia y Administración de Empresas. Eso me permitió abrir la cabeza, conocer otros ámbitos y tener tiempo para hacer el curso de entrenador. Mi mayor pasión siempre fue el liderazgo. Fui capitán y líder dentro de la cancha, pero también sentía que tenía cualidades para liderar desde fuera como entrenador.

Después de graduarme, me inserté en el mundo laboral. Primero trabajé en un despacho de abogados y luego en una empresa de marketing online. Me iba muy bien: ganaba cerca de $US2.500 al mes y tenía grandes incentivos. Entre compañeros bromeábamos con que éramos como ‘El lobo de Wall Street’, el personaje que interpreta Leonardo DiCaprio en la película. Hacíamos campañas que se medían minuto a minuto para ver cómo evolucionaban, si había ventas o no. Incluso gané un viaje de cortesía a las playas de Costa Rica por los buenos resultados en ventas y campañas.

"Con 22 años sabía que tenía toda mi carrera por delante como futbolista, pero dejarlo fue una decisión muy meditada"

Estuve ahí alrededor de un año y medio, porque me llamaron de Defensor Sporting. Se habían enterado de que estaba haciendo el curso de entrenador y me ofrecieron trabajar en las fuerzas básicas. Al ingresar en Defensor cobraba 15.000 pesos uruguayos, unos $US500 mensuales. Sin duda, fue un cambio drástico en todos los sentidos, pero podía dar ese paso porque contaba con el respaldo de mi familia; todavía vivía con mis padres. Al año siguiente me independicé con mi esposa y mantuve la apuesta por mi pasión, por lo que me gustaba y por lo que sentía que era bueno, aun sacrificando estabilidad económica.

Por suerte, en Defensor reconocieron rápidamente mi trabajo. Me fueron ascendiendo año a año: primero en una escuela de fútbol, luego en el Sub-14, el Sub-15 y finalmente en el Sub-21. En solo tres años, y con 29 años, se me presentó la posibilidad de dirigir en primera división y en Copa Libertadores con Rentistas. Debutamos en la Libertadores contra Racing de Avellaneda y empatamos como locales. Luego empatamos también con São Paulo y con Sporting Cristal. Tres rivales de enorme jerarquía.

Martín Varini inició su carrera como entrenador a los 26 años
Varini se inició como entrenador con 26 años. Solo tres años después llegó a la élite, al frente de Rentistas. Héctor Vivas/Getty Images

Fue una experiencia muy enriquecedora, con jugadores que hoy compiten al máximo nivel, como Leandro Cabrera, compañero desde los 13 años en Defensor; Matías Vecino, compañero en la selección Sub-20 de Uruguay; y muchos otros. Convivir con ellos me enseñó cómo se maneja la élite. Como entrenador, me preparé mucho: estudié, leí, viajé, visité a profesionales como Diego Laxalt, que entonces jugaba en el Torino, hablé con entrenadores y miré muchísimo fútbol. Esa preparación me permitió aprovechar cada oportunidad que apareció. El fútbol funciona así: las oportunidades llegan, pero si no las aprovechas, dejan de surgir.

Rentistas fue mi mayor aprendizaje como entrenador. Llegué a un club que venía de  lograr un campeonato histórico en Uruguay, pero del que se había marchado el 80% del plantel. Tocaba armar un equipo prácticamente nuevo y competir de inmediato al más alto nivel. Ese contexto te enseña que hay cosas que el entrenador no puede controlar. Ahí aprendí a tomar decisiones, a entender límites y a ser más firme en determinadas situaciones.

"Si en Rentistas aprendí mucho sobre lo que no quería como entrenador, en Brasil aprendí que no hay excusas"

Después de Rentistas me incorporé rápidamente al cuerpo técnico de Paulo Pezzolano en el Cruzeiro, en Brasil. Yo no conocía a Paulo, pero él sí había visto mi trabajo en Rentistas y le había gustado que mi equipo tuviera identidad y jugara bien. Me llamó para invitarme a sumarme a su equipo y no tuve dudas. 

En Cruzeiro vivimos una temporada increíble, con un ascenso de segunda a primera división. Luego estuvimos en el Real Valladolid, en la primera división española. Trabajar con Pezzolano fue como hacer un máster. Ser segundo entrenador me permitió aprender sobre gestión, aportar conocimiento y hacerlo sin la presión directa del primer entrenador. Aunque el compromiso es total, el segundo puede observar desde otra perspectiva.

Paulo Pezzolano fue uno de los mentores de Martín Varini
Martín Varini formó parte del cuerpo técnico de Paulo Pezzolano (en la foto) en el Cruzeiro y el Real Valladolid. Una etapa que define como "un máster". Fotografía cortesía de ImagoSports

En diciembre de 2023 me llamaron nuevamente de Defensor Sporting, esta vez para dirigir en la primera división de Uruguay. Mi carrera avanzaba tan rápido que, muchas veces, no tenía tiempo de detenerme a analizar.

Fue una decisión difícil, porque yo tenía proyección en Europa con Paulo, mi familia estaba en Valladolid y nos sentíamos muy cómodos. Pero el llamado de Defensor fue directo al corazón. Era volver al club que me había abierto las puertas como entrenador y retomar mi carrera como primer técnico. Sentí que estaba preparado, aunque sabía que era otra decisión arriesgada, similar a la que había tomado años antes al dejar la empresa de marketing para dirigir en las fuerzas básicas.

"Trabajar con Pezzolano fue como hacer un máster. Ser segundo entrenador me permitió aprender sobre gestión, aportar conocimiento y hacerlo sin la presión directa del primer entrenador"

En Defensor armamos un gran cuerpo técnico y trabajamos muy bien. Debutamos en la Supercopa contra Liverpool —derrota 1-0— y quedamos eliminados en la primera fase de la Copa Libertadores por penales, pero yo sabía que el equipo tenía una calidad enorme, como se vio después. Hicimos un Torneo Apertura espectacular, terminando terceros, y ganamos la Copa Uruguay. En un país dominado por Peñarol y Nacional, fue un título muy importante para el club. Para mí, con 32 años, salir campeón con el club de mi vida fue algo espectacular.

Después llegó la propuesta de Athletico Paranaense. Era una oportunidad difícil de rechazar. Además, pagaban la cláusula de rescisión, lo que representaba un ingreso para Defensor. La liga brasileña hoy está al nivel de las mejores de Europa, y me tocaba dirigir a jugadores como Fernandinho. Sentí que mi carrera seguía en ascenso. Brasil tiene algo muy particular: una competencia de altísimo nivel, un calendario muy exigente y un entorno completamente distinto.

Martín Varini como entrebnador de Athletico Paranaense
Martín Varini dirigió al Athletico Paranaense en 2024, una etapa de máxima exigencia y aprendizaje. "Brasil te prepara para todo", señala en la entrevista con Coaches' Voice. Albari Rosa/AFP vía Getty Images

Si en Rentistas aprendí mucho sobre lo que no quería como entrenador, en Brasil aprendí que no hay excusas. Jugamos más de veinte partidos en tres meses, lo que significa casi ocho por mes, y solo tuvimos una semana completa para entrenar. Por otro lado, la presión era enorme: era el centenario del club y el equipo estaba en las últimas posiciones. Nuestro primer partido fue la vuelta de un mata-mata de Copa de Brasil, con desventaja ante un equipo de cuarta división. Si perdíamos, quedábamos eliminados y eso me habría dejado muy tocado desde el primer día. Por suerte, remontamos la serie y también superamos la eliminatoria de Copa Sudamericana ante Cerro Porteño.

Con Paranaense tuvimos que desarrollar herramientas que hasta entonces no habíamos utilizado tanto, como el análisis detallado y el uso intensivo del video, porque muchas veces no podíamos entrenar en el campo. Era más recuperación que carga, para optimizar tiempos y cuidar a los jugadores. Afortunadamente, contábamos con un plantel de gran calidad, capaz de interpretar y aplicar nuestra idea.

"Mis estudios en gestión y administración me impactan directamente en mi trabajo"

Terminamos nuestra etapa allí con cerca del 55% de los puntos, que en Brasil es un porcentaje muy alto. Aun así, el club, como he dicho, estaba sometido a muchísima presión. Después de ganarle a Racing de Avellaneda en la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana, y antes de la vuelta en Argentina, el presidente decidió hacer un cambio. Lo aceptamos y nos fuimos agradecidos, con la sensación de haber hecho un buen trabajo y de estar en el camino correcto. Para mí fue un salto de crecimiento enorme.

Ese proceso me preparó para el siguiente desafío. Cuando llegó la oferta de Juárez en México, se trataba de una liga con muchos partidos y poco tiempo de preparación, además de un contexto deportivo y mediático complejo. Pero Brasil ya me había curtido. Por otro lado, yo necesitaba desarrollar un proyecto a mediano plazo. Y Juárez me permitió hacer pretemporada, armar un equipo competitivo e implementar un modelo de juego sólido.

Martín Varini hizo historia con Juárez, clasificando al club para el play-off por el título de la liga mexicana por primera vez en su historia. Leopoldo Smith/ Getty Images

Era también un reto importante, porque el club llevaba diez años en la primera división mexicana y nunca había entrado al play-off. De hecho, el récord en un torneo corto de 17 fechas era de 19 puntos, pese a haber tenido entrenadores y jugadores de gran nivel. Siempre me han motivado esos desafíos: pensar que puedo ser yo quien cambie la historia de un equipo.

Trabajamos en muy buenas condiciones y con un grupo unido. Esa unión fue clave, porque muchas veces competíamos en inferioridad frente a equipos grandes, y aun así conseguimos buenos resultados. Logramos clasificar al play-off por primera vez en la historia del club.

Luego apareció Necaxa como una nueva oportunidad dentro de la misma liga, pero en otro contexto. Era un cambio que requería adaptación, pero estaba preparado. Hoy me siento muy a gusto con los desafíos que implica un proceso de renovación constante, convencido de que estoy en el camino correcto.

"En este tiempo también he desarrollado en mis equipos un estilo de juego que busca ser protagonista y apuesto por una presión alta para recuperar el balón lo más rápido posible"

Mis estudios en gestión y administración me impactan directamente en mi trabajo. Ser entrenador de primera división implica gestionar el área médica, el rendimiento, la psicología, la dirección deportiva, el cuerpo técnico y el grupo de jugadores. Hay muchos grupos de interés alrededor del entrenador y todos deben funcionar en la misma línea. Ahí aplico herramientas de gestión y liderazgo.

Además, hay algo que considero fundamental: la empatía con los jugadores. Haber jugado y convivido en un vestuario me ayudó a conectar con ellos. Trabajar con propietarios también me dio una visión empresarial, especialmente en México, donde los clubes son empresas privadas.

Martín Varini llegó a Necaxa en diciembre de 2025. Un nuevo reto en la carrera de uno de los entrenadores más prometedores del fútbol sudamericano. Leopoldo Smith/Getty Images 

En este tiempo hemos venido desarrollando un estilo de juego que busca ser protagonista. Basado en el juego de posición, intentamos ir generando superioridades para poder progresar en función de las estructuras defensivas del rival. Nos gusta ser muy agresivos en la entrada al área, llegar con mucha gente, estar siempre en un balance 3-2 para contener transiciones. A nivel defensivo, un equipo que presione alto, que busque recuperar rápido el balón. Asumir algunos riesgos en zona baja para poder tener ventajas en el último tercio. Un juego muy marcado por los duelos en banda, pero también por las conexiones por dentro.

Todo eso conforma un conjunto que me ayuda en el día a día.

Sinceramente, tengo el objetivo de trabajar en Europa. No como revancha por mi etapa frustrada como jugador en Italia, sino como un desafío personal y profesional: quiero competir en una liga de máximo nivel y seguir creciendo como entrenador. Europa representa eso, pero también creo firmemente en la importancia de hacer bien el trabajo donde estás hoy.

Y hoy es Necaxa.

Martín Varini