Julen Lopetegui
Catar, 2025-Presente
¿Por qué Catar? Es una pregunta que me han hecho muchas veces, y la respuesta es muy sencilla: ¿por qué no?
Realmente, mi cuerpo técnico y yo nos hemos movido siempre por retos complicados, retos que nos obligan a reiniciar muchas cosas, a intentar ser capaces de seguir evolucionando y mejorando como cuerpo técnico. Y el reto de clasificar a Catar a un Mundial por méritos propios por primera vez era mayúsculo —en 2022, Catar fue la anfitriona del campeonato—. Todo en una cultura diferente, un fútbol distinto y futbolistas también diferentes en cuanto a mentalidad y competición.

Hace ya varios años tuvimos la posibilidad de venir aquí. No se dio en ese momento, pero la Federación siguió insistiendo desde entonces y, en mayo de 2025, entendimos que era un momento propicio para dar ese paso y tratar de tener una experiencia muy potente a nivel profesional: pasar de una liga como la Premier League o LaLiga, con todos los recursos y todos los focos, a afrontar este reto.
Desde fuera, crees que todo será muy diferente a todo lo que hemos vivido antes, pero cuando llegamos aquí, nos dimos cuenta rápidamente de que hay algo común a esos lugares: la ilusión por el fútbol. El fútbol en Catar se vive exactamente igual a cómo se vive en Inglaterra o en Europa. Hay emoción, pasión y un enorme amor por el fútbol.
"Mi cuerpo técnico y yo nos hemos movido siempre por retos complicados, retos que nos obligan a reiniciar muchas cosas"
Además, hay una gran determinación: Catar es un país que ha invertido muchísimo, sobre todo en la mejora de las instalaciones. Es por eso por lo que fue capaz de organizar un Mundial en 2022 en una misma ciudad, algo inaudito en el mundo.
Y, paralelamente a la inversión, tienen la ilusión de seguir creciendo futbolísticamente en un país donde no podemos olvidar que hay 300.000 cataríes en una población de 3 millones de personas, con lo cual la facilidad para tener y elegir futbolistas, tanto en cantidad como en calidad, no es muy grande. Hay muchas menos opciones que en cualquier otra selección.

Eso nos ha exigido una adaptación muy grande por nuestra parte, como cuerpo técnico, y por mi parte como entrenador, para entender el tipo de futbolista y la mentalidad que tenemos entre manos y tratar de gestionarlos de una manera diferente. A nivel físico y técnico-táctico, no tienen nada que ver los jugadores de Catar con los que hemos manejado en la Premier League o LaLiga. Son diferentes, cada uno con su estilo y modo de juego.
Por eso hablo de adaptación: primero a las posibilidades reales que tenemos y luego a los objetivos que queremos conseguir. En esa adaptación hemos tenido que ser capaces de entender que no se trata de lo que tú quieres, sino de lo que podemos y debemos hacer. Y esa ha sido una máxima desde el primer día que llegamos aquí: adaptación permanente a una realidad diferente, pero no menos exigente.
"El fútbol en Catar se vive exactamente igual a como se vive en Inglaterra o en Europa. Hay emoción, pasión y un enorme amor por el fútbol"
Por suerte, he estado en las dos orillas del río varias veces. Es decir, como entrenador de clubes y de selecciones, con España (2016-2018). Sin duda, eso ayuda mucho en esta etapa en Catar.
Somos nueve personas en el staff y trabajamos todos los días, porque hay muchísimas cosas que hacer y desarrollar. Todo está enfocado a que el trabajo tenga la máxima calidad en los pocos días que tenemos para intervenir. Muchas veces menos es más, pero para que menos sea más tienes que trabajar mucho previamente: filtrar mensajes, intervenciones y conceptos tácticos hasta llegar a la píldora ideal.

A veces, los entrenadores pensamos que por dar una charla de una hora los jugadores van a saber más, y lo que hacemos es confundirles. Todo ese trabajo previo es para dar el mensaje concreto que realmente les llegue, y eso también es un trabajo muy interesante.
Después está la intervención individual con cada jugador. No es simplemente llamar a los que están bien y entrenarlos. Como decía antes, la labor de un seleccionador se reduce a intervenciones más esporádicas, pero no menos importantes. Cada jugador es diferente, así que tu manera de intervenir también lo es y lo que propones también. El fútbol lo ves de una manera y luego de otra. Tienes que tomar decisiones constantemente.
"He tenido la suerte de estar en las dos orillas del río varias veces. Es decir, como entrenador de clubes y de selecciones"
En el fondo es un trabajo igual de intenso, pero con matices: el entrenador de club tiene la competición diaria, el análisis permanente del rival y la propuesta continua. El seleccionador tiene intervenciones más puntuales.
La adaptación también pasa por cómo queremos jugar. En algunos partidos, nos toca asumir la iniciativa y ser capaces de llevarla. Pero ante rivales superiores, no tenemos esa capacidad de llevar la iniciativa, por mucho que queramos, y nos toca adaptarnos a un rango de juego diferente. De este modo, no solo está nuestra adaptación general a esa realidad, sino también —y esta es todavía más difícil e interesante— la adaptación de los jugadores que componen nuestra selección, donde tienen que asumir un papel totalmente distinto si es necesario.

Pero esa adaptación a un rol diferente no es sencilla: tiene que ser bien explicada, bien entrenada, bien trabajada, y ellos tienen que estar convencidos para ejecutarla. El jugador tiene que ser consciente de lo siguiente: “aquí voy a ser cabeza de ratón, pero aquí cola de león”. Con esto quiero decir que el jugador tiene que saber y aceptar que en algunos partidos podrá ser dominador, pero ante otros rivales, aunque lo quiera, no podrá.
Una vez más, no es lo que yo quiero hacer, sino lo que realmente puedo hacer. Y esto es un matiz importante.
"La labor de un seleccionador se reduce a intervenciones más esporádicas, pero no menos importantes"
Por eso decía antes que dirigir a Catar es excitante también a nivel de cuerpo técnico: desarrollarte y moverte en registros totalmente diferentes a los habituales. No es solo lo que yo quiero o cómo siento el fútbol, sino cómo, sintiéndolo así, puedo ayudar a este grupo de futbolistas a ser lo más competitivos posible. La exigencia del país, de los jugadores, de la afición y de la gente es muy grande. Y eso lo hemos sentido desde el primer día.
Sin embargo, desde el primer momento traté de hablar mucho del sueño, porque la exigencia suele estar ligada a lo que has conseguido históricamente. Así, nada más llegar, cambié la palabra "exigencia" por “sueño”. ¿Por qué? Porque estábamos persiguiendo algo que nunca se ha conseguido en la historia: jugar el Mundial por primera vez tras superar una fase de clasificación.

Para ello, tratamos de centrarnos en ese sueño colectivo, quitando presión a los jugadores, para que pudieran desarrollar todo lo que llevan dentro sin sentir esa obligación. Muchas veces la obligación bloquea más que empuja; en cambio, el sueño hace aflorar lo mejor de cada uno. El mensaje que tratamos de lanzar es claro: “tenemos más ilusión y más ambición que nadie, y eso no nos lo puede quitar nadie”.
Afortunadamente, mi cuerpo técnico y yo hemos tenido una carrera con mucha presión, con grandes finales ganadas en la Europa League o peleando por objetivos como clasificarnos para la Champions League. Pero nada comparable a lo que vivimos en los partidos de la fase de clasificación para el Mundial.
"Estoy muy ilusionado y con muchas ganas de disfrutar mi primer Mundial como entrenador"
Tras ganar a Irán (1-0) y la derrota contra Uzbekistán (3-0), nos preparamos futbolísticamente para afrontar los dos últimos partidos de la fase de grupos. Hicimos una pequeña pretemporada a finales de julio de 2025, algo poco habitual en selecciones. Fueron diez días en Austria todos juntos.

En septiembre jugamos dos partidos amistosos: contra Bahréin, 2-2, y contra Rusia en casa, sufriendo una dura derrota por 1-4. Puede sonar extraño, pero la derrota contra Rusia fue clave. Nos preparó mentalmente para los partidos decisivos: entendimos nuestra realidad, es decir, que si no éramos capaces de ajustarnos tácticamente en defensa, no tendríamos opciones.
Empatamos contra Omán a domicilio (0-0) para jugarnos la clasificación en el último partido ante Emiratos Árabes Unidos. Esta selección nos había ganado 5-0 y 1-3 en los dos duelos anteriores. Por suerte, y por todo lo que hicimos, el sueño colectivo de todo un país se hizo realidad en octubre de 2025 con la victoria 2-1 ante Emiratos. Nos ganamos el derecho a jugar el Mundial eliminando a selecciones aparentemente superiores.
"Nada más llegar, cambié la palabra ‘exigencia’ por 'sueño'. ¿Por qué? Porque estábamos persiguiendo algo que nunca se ha conseguido en la historia"
En el Mundial, nadie nos puede quitar la posibilidad de luchar por un sueño ni de ser competitivos. Es cierto que existe siempre una realidad paralela que vende ilusión, y hay que aceptarla, pero sin dejar que nos confunda. Lo importante es saber qué hacer cada día para competir mejor contra nuestros rivales.

Sabemos que Suiza es un equipo consolidado en competiciones importantes, con estabilidad y una mezcla de juventud y experiencia. Y que Canadá es probablemente el mejor equipo de su zona, por delante de Estados Unidos y México. Esto además de contar con jugadores formados en Europa. O Bosnia Herzegovina, que ha eliminado a Italia y a Gales, lo que demuestra su nivel.
Son tres rivales más potentes que nosotros, sin duda, pero debemos competir y buscar la sorpresa, por difícil que sea.
Estoy muy ilusionado y con muchas ganas de disfrutar mi primer Mundial como entrenador, con un mensaje a los jugadores que hago mío: “ya hemos logrado algo histórico, pero queremos alargar este sueño”.
Julen Lopetegui