Entrevistas Tiempo de lectura: 16 min

El valor del trabajo

El valor del trabajo
Fotografía: Tim Jobling
Redacción
Craig Bloomfield
Publicado el
17 de agosto 2026

Gary O'Neil

Ipswich Town, 2026- Presente

Desde muy pronto, cuando aún era futbolista, supe que quería ser entrenador.

Siempre me apasionó el lado táctico del juego. Como futbolista, sentía que mi progresión tenía un límite, todo condicionado por mis capacidades físicas, mi velocidad y mi potencia. Sin embargo, siempre me consideré un jugador con buena técnica.

Aunque mi físico podía ser un factor limitante al máximo nivel, había algo que sí tenía muy desarrollado: una gran comprensión táctica del juego. Pensé que, si me dedicaba a entrenar y a dirigir equipos, esas limitaciones físicas dejarían de ser relevantes. En cambio, podría apoyarme en mi mayor fortaleza, que era entender el juego. Así que, si me hubieran preguntado cuando era un futbolista joven si algún día sería entrenador, mi respuesta habría sido clara: "Sí, sin ninguna duda".

Gary O’Neil disputó 542 partidos con nueve clubes, después de debutar con el Portsmouth a los 16 años. También fue internacional en nueve ocasiones con la selección inglesa sub-21. Matthew Lewis/Getty Images 
Gary O’Neil disputó 542 partidos con nueve clubes, después de debutar con el Portsmouth a los 16 años. También fue internacional en nueve ocasiones con la selección inglesa sub-21. Matthew Lewis/Getty Images 

Después de jugar con el Portsmouth y el Middlesbrough en la Premier League, regresé a la máxima categoría inglesa con el West Ham cuando tenía 27 años. Fue entonces cuando sufrí una grave lesión en el tobillo derecho. Los primeros diagnósticos apuntaban a que tendría muchas dificultades para volver a competir al mismo nivel.

Cuando eres futbolista, sientes que tu carrera va a durar para siempre. Hasta que ocurre algo así y te das cuenta de lo cerca que puede estar realmente el final. Por suerte, conseguí recuperarme y jugué durante diez años más, pero aquella lesión aceleró mi decisión de comenzar a obtener las licencias de entrenador.

"Nunca imaginé que mi trayectoria pasaría de entrenar al equipo sub-23 del Liverpool a convertirme en entrenador de la Premier League en apenas dos años"

Empecé a prepararme para la transición hacia los banquillos. Observaba con mucho más detalle a mis entrenadores y las decisiones que tomaban. También analizaba a los mejores equipos del mundo: cómo jugaban, cómo se comportaban y qué hacían para tener éxito. Al mismo tiempo, procuré llegar lo mejor preparado posible para que el paso de futbolista a entrenador no fuese tan brusco.

Poco después de pasar por el quirófano, y mientras avanzaba en el  proceso de rehabilitación, visité la academia del Liverpool y conversé con su director, Alex Inglethorpe. También tuve la oportunidad de compartir tiempo con Neil Critchley, que por entonces era el entrenador del equipo sub-23. Un par de semanas después, me llamaron y me preguntaron si estaría interesado en ocupar un puesto como entrenador.

Gary O’Neil ejerciendo como asistente de Barry Lewtas (izquierda), entonces entrenador del Liverpool sub-23, durante un partido de la Premier League 2 contra el Everton en 2020. Lewtas se convertiría luego en seleccionador de Inglaterra sub-16. Nick Taylor/Liverpool FC/Liverpool FC via Getty Images
Gary O’Neil ejerciendo como asistente de Barry Lewtas (izquierda), entonces entrenador del Liverpool sub-23, durante un partido de la Premier League 2 contra el Everton en 2020. Lewtas se convertiría luego en seleccionador de Inglaterra sub-16. Nick Taylor/Liverpool FC/Liverpool FC via Getty Images

También tuve la oportunidad de conocer un poco el ambiente del primer equipo, al estar cerca de Jürgen Klopp, Pep Lijnders y el resto de un cuerpo técnico que estaba realizando un trabajo extraordinario. Fue una introducción fantástica al mundo de los banquillos, y me siento muy afortunado de haber podido vivir esa experiencia.

Siempre me había preocupado esa transición entre dejar de jugar y empezar a entrenar. Por suerte, en mi caso apenas hubo un intervalo. Pasé con bastante rapidez de una etapa a la otra y, en agosto de 2020, fui nombrado segundo entrenador del equipo sub-23 del Liverpool.

Sin embargo, nunca imaginé que, en apenas dos años, pasaría de entrenar al sub-23 del Liverpool a dirigir un equipo en la Premier League.

Primero, en febrero de 2021 recibí la oportunidad de incorporarme al Bournemouth para trabajar junto a Jonathan Woodgate en la Championship. Fue una decisión difícil. No quería dejar tan pronto la academia del Liverpool, porque sentía que estaba aprendiendo muchísimo. Pero también me atraía la posibilidad de trabajar en el fútbol de un primer equipo y volver a compartir vestuario con Jonathan, a quien conocía muy bien. Además, se trataba de un club ambicioso, recién descendido de la Premier League y buscando regresar de inmediato a la máxima categoría.

Sentía que era una oportunidad demasiado buena como para dejarla escapar, y eso aceleró una trayectoria que yo había imaginado de otra manera. Pensaba que permanecería en el fútbol de academia durante dos o tres años, pero al final solo fueron seis meses. Después de eso, ya estaba plenamente inmerso en el fútbol del primer equipo.

"Fue una prueba muy exigente asumir las riendas de un equipo que acababa de perder 9-0 y hacerlo en la mejor liga del mundo"

Aquella temporada vivimos la experiencia de disputar el playoff de ascenso de la Championship. Después, Jonathan dejó el club y llegó Scott Parker junto a su cuerpo técnico. Desde un principio se comportaron muy bien conmigo, dándome responsabilidades reales y oportunidades para aprender, así que pasé un año excelente con ellos.

Conseguimos el ascenso y, al término de aquella temporada, empecé a plantearme si había llegado el momento de dar el siguiente paso y convertirme en primer entrenador. Imaginaba que esa oportunidad llegaría en una categoría inferior a la Championship, así que comencé a valorar, sin demasiada prisa, las opciones que podían surgir.

Al mismo tiempo, seguía plenamente comprometido con Scott y su cuerpo técnico, entregándome al máximo para ayudar al equipo a alcanzar sus objetivos. Pero, poco después de iniciarse la nueva temporada, Scott dejó el club y esa misma mañana me llamaron para decirme que querían que dirigiera al equipo en el siguiente partido. Curiosamente, era contra el Wolverhampton.

Gary O’Neil conversa con Chris Mepham, del Bournemouth, durante su primer partido de Premier League al frente del equipo como entrenador interino. Mike Hewitt/Getty Images
Gary O’Neil conversa con Chris Mepham, del Bournemouth, durante su primer partido de Premier League al frente del equipo como entrenador interino. Mike Hewitt/Getty Images

Hasta ese momento, nunca se me había pasado por la cabeza que pudiera estar a cargo de un partido de la Premier League tan pronto. Había sido asistente de Barry Lewtas con el equipo sub-23 del Liverpool, asistente de Jonathan Woodgate en el Bournemouth y luego de Scott Parker, así que nunca había dirigido a un equipo en un partido oficial. Que me asignaran esa responsabilidad en la Premier League, con un equipo que había tenido dificultades en sus primeros tres partidos, fue una oportunidad increíble. Pero también era una de esas situaciones en las que, sin esfuerzo y sin preparación previos, podrías fracasar estrepitosamente.

El reto era enorme. Me hacía cargo de un equipo recién ascendido que acababa de perder por 9-0 y competía en la mejor liga del mundo. Siempre estaré agradecido al AFC Bournemouth y a todas las personas del club por haberme dado la oportunidad. Eso sí, fue una situación en la que probablemente la mayoría de la gente pensó que terminaría muy mal.

"Estoy muy orgulloso del trabajo que hicimos allí, porque fue un reto realmente difícil"

Para aquel partido contra los Wolves solo tuve 24 horas con el grupo, pero al final nos fue bien a nivel colectivo y logramos un empate sin goles. Lo que me gustó fue la resiliencia y la unión que demostramos. Más que una clase magistral de táctica, ese partido fue otra cosa: una base sobre la que construir. Después pude dedicar unos días —que se me hicieron muy largos— para definir tácticamente lo que quería para el equipo.

Después visitamos al Nottingham Forest. Perdíamos 2-0 al descanso, pese a haber jugado razonablemente bien. En la segunda parte introduje cambios importantes en la estructura del equipo y remontamos para ganar 3-2. Fue entonces cuando empezó a crecer la atención sobre mi trabajo y me hicieron la pregunta: "¿Quieres el puesto?".

Mientras dirigía al Bournemouth como entrenador interino, nunca soñé con quedarme en el cargo. Mi única preocupación era ayudar al equipo, darle una estructura y una estabilidad que reflejaran quién soy como persona. Primero, para contribuir a estabilizar al club. Y segundo, para abrirme la puerta a una nueva oportunidad.

Philip Billing marca ante Alisson el gol de la victoria del Bournemouth frente al Liverpool en marzo de 2023. Seis meses antes, una derrota por 9-0 ante ese mismo rival le había brindado a Gary O’Neil su primera oportunidad como primer entrenador. Luke Walker/Getty Images
Philip Billing marca ante Alisson el gol de la victoria del Bournemouth frente al Liverpool en marzo de 2023. Seis meses antes, una derrota por 9-0 ante ese mismo rival le había brindado a Gary O’Neil su primera oportunidad como primer entrenador. Luke Walker/Getty Images

Pero, a partir de ahí, los buenos resultados empezaron a encadenarse. Llevábamos seis partidos sin perder y empezamos a parecer un equipo con posibilidades reales de conseguir algo importante.

Aquella temporada afrontamos las dificultades propias de un equipo recién ascendido y atravesamos momentos complicados. El Bournemouth de entonces estaba muy lejos de ser el equipo que acabaría siendo después. No podíamos acudir al mercado de pases con libertad, a pesar de contar con unos propietarios extraordinarios, porque el proceso de compra del club aún no se había completado. Dependíamos en gran medida de jugadores que, desde entonces, ya han salido del equipo.

Entre ellos estaban Ben Pearson —que desempeñó un papel muy importante—, Chris Mepham, Siriki Dembélé, Jack Stacey y Kieffer Moore. Era un grupo que llevaba mucho tiempo jugando junto, pero que había pasado gran parte de su trayectoria en categorías inferiores. Lo que hicimos fue aprovechar esa unión y combinarla con la enorme calidad de futbolistas como Marcus Tavernier, Dominic Solanke y Philip Billing.

Me siento muy orgulloso del trabajo que hicimos allí, porque era un reto realmente difícil. Desde entonces, el Bournemouth ha seguido creciendo y ha conseguido cosas extraordinarias, y me enorgullece haber contribuido con ese proceso.

Los responsables del club me dejaron muy claro lo importante que era mantener la categoría para que la compra del club pudiera completarse y el proyecto siguiera avanzando. Con el paso del tiempo se ha demostrado lo difícil que resulta para un equipo recién ascendido permanecer en la Premier League. Los seis que ascendieron después del Bournemouth descendieron de nuevo. Ser, en aquel momento, el último equipo que lograba mantenerse en la categoría tras ascender, y hacerlo además en mi primera experiencia como entrenador principal, fue un logro enorme.

"El partido contra el Manchester City pareció acelerar nuestro progreso y consiguió unirnos a todos"

Aquello me abrió la puerta del Wolverhampton, inaugurando otra etapa de mi carrera que disfruté enormemente. Llegué a un club cuyo entrenador había dejado el cargo poco después de comenzar la temporada. El grupo había quedado afectado por esa salida y por todo lo ocurrido durante el verano. Además, el vestuario era muy diferente al del Bournemouth, con jugadores de muchas nacionalidades y culturas distintas.

Mi cuerpo técnico y yo teníamos que dejar nuestra huella desde el primer momento, haciendo que el equipo reflejara rápidamente nuestra identidad. Nos incorporamos cuatro días antes del primer partido, que además era en Old Trafford contra el Manchester United. Con tan poco tiempo para prepararnos, era difícil decidir si darles a los muchachos toda la información sobre lo que yo quería que fuéramos, o dejarlos con la pretemporada que habían tenido y solo tratar de orientarlos un poco. Al final decidí mostrarles todo lo que quería del equipo y comprobar cuánto eran capaces de asimilar.

Sin balón defendíamos en un 4-4-2. Con balón nos organizábamos en un 3-2-5, con Nélson Semedo proyectándose como un lateral derecho muy adelantado. Fuimos a Old Trafford y ofrecimos un rendimiento extraordinario. Merecimos ganar aquel partido, pero, sobre todo, fue el punto de partida para construir lo que vino posteriormente.

Gary O’Neil celebra la victoria del Wolves ante el Manchester City en septiembre de 2023. El resultado puso fin al inicio perfecto de los campeones del triplete en una temporada en la que los de Guardiola terminarían ganando nuevamente la Premier. Matt McNulty/Getty Images
Gary O’Neil celebra la victoria del Wolves ante el Manchester City en septiembre de 2023. El resultado puso fin al inicio perfecto de los campeones del triplete en una temporada en la que los de Guardiola terminarían ganando nuevamente la Premier. Matt McNulty/Getty Images

En las primeras semanas sufrimos algunas derrotas. Yo seguía siendo un entrenador novato, con apenas nueve meses de experiencia, así que había muchas dudas sobre si realmente estaba preparado para el puesto. Perdimos el siguiente partido en casa contra el Brighton y también dos de los tres siguientes. A finales de septiembre hice diez cambios en el equipo para un encuentro de la Copa de la Liga frente al Ipswich, que remontó un 2-0 para eliminarnos.

El siguiente rival fue el Manchester City en la Premier League, recién proclamado campeón del triplete y encaminado a conquistar un histórico cuarto título de liga consecutivo. Les ganamos 2-1 y, desde ese momento, todo pareció cambiar. El cuerpo técnico y los jugadores empezaron a construir una conexión muy sólida. Siempre habíamos mantenido una buena relación, pero ahora el grupo mostraba una auténtica buena predisposición y un firme deseo de llevar al campo todo lo que les pedíamos.

Aquel partido contra el Manchester City pareció acelerar nuestro crecimiento y unir a todo el mundo, incluida la afición. A partir de ahí, dejamos de tenerle miedo a los rivales sin importar qué nivel tuviesen. Después empatamos contra el Aston Villa y ganamos en el campo del Bournemouth. Posteriormente, recibimos al Newcastle en el Molineux y empatamos 2-2 en un partido extraordinario, bajo una lluvia torrencial. Fue un encuentro de ida y vuelta, con un fútbol ofensivo y fluido, trabajando sin descanso y dejándolo todo sobre el campo.

"La grada visitante estaba repleta de aficionados de los Wolves, así que ganar allí por 2-0 y poder celebrarlo con ellos fue fantástico"

La mayoría de los analistas situaban al Wolverhampton entre los tres equipos que terminarían en el descenso. Sin embargo, ahí estábamos nosotros, compitiendo de tú a tú, consiguiendo resultados y atacando a los rivales. No éramos un equipo resignado a estar en la parte baja de la tabla. Evidentemente, encajábamos goles y nunca íbamos a ser perfectos, pero siempre jugábamos hacia adelante, con una actitud agresiva. Fuimos protagonistas de partidos realmente espectaculares.

El Wolverhampton llevaba mucho tiempo sin destacar por su capacidad goleadora, pero nosotros pasamos a marcar más de 1,5 goles por partido. Nuestro xG se disparó con respecto a las temporadas anteriores. Pudimos lograr ese cambio en muy poco tiempo porque conseguimos el compromiso de jugadores importantes como Matheus Cunha y Pedro Neto.

Yo entendía hacia dónde querían llevar sus carreras, cómo aspiraban a llegar a la élite del fútbol mundial, y conseguí construir con ellos una relación basada en la confianza. Como entrenador inglés joven y en plena progresión, crear la cultura y la unión que llegamos a tener en el vestuario del Wolverhampton fue un logro muy importante.

Matheus Cunha celebra el segundo gol de los Wolves en su victoria frente al West Bromwich Albion en la FA Cup en enero de 2024. Shaun Botterill/Getty Images
Matheus Cunha celebra el segundo gol de los Wolves en su victoria frente al West Bromwich Albion en la FA Cup en enero de 2024. Shaun Botterill/Getty Images

Evidentemente, si solo te quedas con el final del camino, siempre parecerá una etapa negativa. Salvo que tengas un éxito extraordinario y abandones un club en el mejor momento, la mayoría de los entrenadores acaban siendo destituidos, como me ocurrió a mí en el Wolverhampton. Si solo miras el desenlace, es fácil quedarse con una imagen negativa de la experiencia.

Pero si analizas toda esa etapa, ves que logramos actuaciones y resultados magníficos. Recuerdo especialmente el 3-0 en casa contra el Everton, un partido en el que estuvimos excelentes y en el que todo salió como habíamos preparado. O el duelo de tú a tú contra un Newcastle que acabaría clasificándose para la Champions League. También la victoria frente al Manchester City y los triunfos, tanto en casa como a domicilio, ante el Chelsea y el Tottenham.

En enero de 2024 nos tocó visitar al West Bromwich Albion, nuestro gran rival local, en la FA Cup. El Wolverhampton no ganaba en The Hawthorns desde 1996, ni lo hacía allí en la FA Cup desde 1949. El sector visitante estaba completamente lleno de aficionados del Wolves, así que ganar 2-0 y poder celebrarlo con ellos fue algo fantástico.

"Los momentos difíciles me ayudaron muchísimo"

Para mí, momentos como esos pesan mucho más que la forma en que terminó todo. El final es el final y, en el fútbol, casi siempre acaba llegando. En el Wolverhampton hubo circunstancias que nos complicaron mucho las cosas: las lesiones y algunas situaciones que se dieron dentro del grupo. Pero, en líneas generales, conseguimos unir a un vestuario que, en aquel momento, necesitaba liderazgo. Además, fuimos capaces de ofrecer actuaciones y resultados fantásticos, jugando de una manera muy atractiva. Creo que los aficionados del Wolves coincidirían en señalar que, por entonces, ir al Molineux era sinónimo de buen espectáculo.

También lo era seguirnos lejos de casa. El Wolverhampton llevaba más de una década sin marcar cuatro goles como visitante en la máxima categoría, y nosotros lo conseguimos dos veces en apenas unas semanas, con las victorias frente al Brentford y el Chelsea. Fueron momentos increíbles que siempre recordaré, igual que el apoyo que recibimos de la afición, del cuerpo técnico y de los jugadores.

Tras nombrar a O’Neil entrenador del Estrasburgo en enero de 2026, el presidente Marc Keller lo describió como un "entrenador exigente y respetado, con un enfoque moderno del fútbol". Tim Jobling
Tras nombrar a Gary O’Neil entrenador del Estrasburgo en enero de 2026, el presidente Marc Keller lo describió como un "entrenador exigente y respetado, con un enfoque moderno del fútbol". Tim Jobling

Los momentos más difíciles también me ayudaron mucho. En muy poco tiempo pasé de entrenar al sub-23 del Liverpool a ser entrenador del Bournemouth y, después, a vivir la experiencia del Wolverhampton. Esa evolución tan rápida me obligó a aprender muchísimo en muy poco tiempo.

Ahora, después de pasar seis meses en el Estrasburgo, adaptándome a las exigencias de la Ligue 1 y guiando al club a una histórica clasificación para semifinales de la Conference League, he podido reflexionar sobre todo ese recorrido y trabajar para que esta nueva siguiente etapa de mi carrera en la Premier League con el Ipswich Town sea aún más exitosa.

Gary O´Neil