Fotografía: Jon Enoch

Jonathan Woodgate

Bournemouth, Entrenador Interino, 2021-Presente

Bobby Robson tenía la asombrosa capacidad de hacerte sentir que mides más de tres metros de alto. Sin importar  la situación.

En mi etapa con el Newcastle recuerdo un día que jugábamos contra el Manchester United en casa. Fue en abril de 2003. El United estaba luchando con el Arsenal por el título, y nosotros no estábamos muy lejos.

Antes del partido, Bobby me dijo que quería que marcase a Ruud van Nistelrooy.

Solía ponerme muy, muy, muy nervioso antes de los partidos. Intentaba no demostrarlo en el vestuario -hablaba mucho e intentaba dar un aire de confianza-, pero en el fondo me cagaba de miedo.

La noche anterior, la mañana del partido, la comida previa al partido. Todo eso fue terrible.

Pero entonces Bobby (abajo) te daba esa confianza. Cuando cruzabas la línea para entrar al campo, estabas preparado.

Laurence Griffiths/Getty Images

Ese día, el United jugó increíblemente. Paul Scholes (abajo) estuvo imparable -hizo un hat-trick-, Ryan Giggs marcó, Ole Gunnar Solskjaer consiguió otro y Van Nistelrooy marcó un penalti. Nos ganaron 6-2.

De vuelta al vestuario, los jugadores no estaban contentos. Alguien preguntó por qué me habían dicho que marcara a Van Nistelrooy. “Había espacios por todas partes”, dijo alguien.

Bobby respondió: “Sin embargo, te diré una cosa. Van Nistelrooy no tuvo ni una oportunidad, ¿verdad?”.

También había jugadores veteranos como Alan Shearer y Gary Speed que me apoyaban. Una vez jugamos contra el Charlton fuera de casa y ganamos 2-0.

“Cuando Harry hablaba, lo hacía con sentido común y la gente le escuchaba”

Alan se acercó a mí después del partido y me miró directamente a los ojos.

“Estuviste absolutamente excepcional ahí fuera”.

Imagínate, 23 años y Alan Shearer diciéndome eso.

Ese tipo de cosas me dieron mucha confianza. En el Newcastle jugué algunos de mis mejores partidos, sobre todo porque tenía mucha confianza.

El entusiasmo de Bobby era contagioso. Te hablaba de una manera que te hacía sentir bien. Era muy honesto contigo.

Stu Forster/Getty Images

Lo mismo ocurrió con Harry Redknapp en el Tottenham. Había mucho que aprender de él. No era de los que ponían sesión tras sesión en los campos de entrenamiento. Dejaba mucho de eso a sus ayudantes: Joe Jordan, Kevin Bond, Clive Allen; entrenadores realmente buenos y experimentados en los que podía confiar.

Pero cuando veía algo y quería hacer algo, Harry tomaba el mando. Cuando hablaba, lo hacía con sentido común y la gente le escuchaba. Eso hacía que quisieras jugar para él.

Era un verdadero contraste con Fabio Capello, mi último entrenador en el Real Madrid.

Mi estado de forma en el Newcastle me valió mi fichaje por el Real Madrid en 2004, pero ellos me habían seguido desde mi época en el Leeds, cuando jugamos contra ellos en la Champions League.

Me encantaba la vida en el Newcastle, jugando constantemente y jugando bien, pero trasladarme al Real Madrid fue una decisión de lo más fácil.

El mejor club del mundo estaba detrás de mí, no había que tomar ninguna decisión.

Lo difícil fue que, cuando llegué, estaba lesionado. No jugar fue horrible, pero sobre todo fue duro no poder interactuar con los jugadores en el campo de entrenamiento. El hecho de solo poder hacerlo en el vestuario dificultó mi adaptación.

Era fundamental que aprendiera el idioma rápidamente, y así lo hice, y en la siguiente temporada empecé a jugar. El hecho de poder hablar español me ayudó, sin duda alguna.

Richard Heathcote/Getty Images

Pero las lesiones seguían ocurriendo. Tuve un problema en el que un músculo del muslo se había alejado del tendón. Lo intentaron todo para recuperarme -incluso botox en el músculo para que no se moviera-, pero no pude volver con constancia.

No me gusta pensar demasiado en eso, porque todavía me duele. Ahora siento el dolor de los jugadores cuando veo que se lesionan. Es la peor sensación del fútbol, estar lesionado.

Tuve cinco entrenadores diferentes en mis dos años en el Real Madrid, así que eso tampoco ayudó, pero Juan Ramón López Caro y Vanderlei Luxemburgo me valoraron. Me hacían jugar en los partidos importantes y me daban descanso en los menos importantes. Me veían lo suficientemente bueno como para ser titular en el Real Madrid.

Luego, cuando llegó Capello, las cosas cambiaron.

“Cuando vayáis allí, dejad una buena impresión”, nos decían. “Si te enfrentas a Jimmy Floyd Hasselbaink, dale una patada. Sé agresivo contra él”.

Una mañana nos cruzamos en el pasillo y me dijo que Franco Baldini, el director deportivo, quería hablar conmigo.

Baldini me dijo entonces que podía dejar el Real Madrid. Me pregunté por qué Capello no me lo había dicho él mismo. No fue nada parecido a lo de Bobby Robson.

Todo eso ha tenido impacto en mi forma de entrenar. Si un jugador necesita que le digan algo, simplemente seré abierto y honesto con él. Siempre quiero que mi puerta esté abierta, y quiero que los jugadores lo sepan.

Jon Enoch

Como jugador, siempre fui muy, muy crítico conmigo mismo. Desde muy joven, era muy duro conmigo mismo.

Si fallaba un remate de cabeza, eso se me quedaba en la mente. Siempre quise que mis pases fueran al pie correcto del jugador al que se lo hacía, y con la tensión adecuada. Si no hacía esas cosas, me decía: “Vamos, eres mejor que eso”. Quería la perfección. Ahora también quiero la perfección cuando trabajo con jugadores jóvenes.

Mis primeros entrenadores me lo inculcaron, y eso me impulsó a ser mejor durante toda mi carrera.

El Leeds se fijó en mí cuando era adolescente, y desde el momento en que fui a las pruebas me encantó. Me encantó la forma de entrenar, la manera en que los técnicos hablaban con los jugadores y el énfasis que ponían en el desarrollo de los jugadores como seres humanos, además de como futbolistas.

Para mí irme a Leeds fue un gran cambio desde Middlesbrough. Quedé lejos de mi familia y lejos de mis amigos. Me pareció que estaba a kilómetros y kilómetros y kilómetros de distancia, cuando en realidad sólo era una hora y media por carretera.

“Las lesiones habían sido crueles conmigo, pero en esta ocasión tuve suerte”

Los entrenadores de allí hacían cosas con los jugadores jóvenes que estaban muy adelantadas a su tiempo. Era alrededor de 1996, 1997, y nuestros entrenadores -Paul Hart, Eddie Gray y Ces Podd fueron los que más influyeron en mí- nos hacían jugar con dos atrás, con cuatro en el centro del campo y cuatro arriba. Manteníamos el balón durante cinco minutos seguidos, quitándole el balón al portero y haciéndolo circular tranquilamente en nuestro campo.

En el Leeds teníamos un gran equipo juvenil. Había un plan de 10 años para que progresáramos hacia el primer equipo bajo la dirección de Howard Wilkinson y George Graham. Estábamos yo, Harry Kewell, Stephen MacPhail, Paul Robinson, Alan Smith y muchos otros jugadores de calidad.

Jugábamos 11 contra 11 contra el primer equipo con bastante frecuencia, y Paul y Eddie se aseguraban de que estuviéramos a la altura de esos partidos en todo momento.

“Cuando vayáis allí, dejad una buena impresión”, nos decían. “Causad una buena impresión a George y causad una buena impresión a cualquiera que se enfrente a vosotros. Si te enfrentas a Jimmy Floyd Hasselbaink, dale una patada. Sé agresivo contra él”.

Clive Brunskill/Allsport

Hay que tomar en cuenta que yo tenía 17 años. Así que era una situación algo intimidante, pero seguimos sus consejos y causamos un verdadero impacto. A veces ganábamos al primer equipo; éramos así de buenos.

Entonces llegó David O’Leary, y hay que reconocerle que tuvo cojones y nos dio una oportunidad a muchos jóvenes y nos dejó florecer.

Fue una época estupenda. Éramos jóvenes, dinámicos, emocionantes, intrépidos. Y era simplemente como jugar con tus amigos.

Lo único que lamento del Leeds es que no hayamos ganado nada. No podemos ser recordados como un gran equipo por esa razón.

“Hacia el final de mi etapa en el Tottenham, empecé a pensar en el fútbol de forma diferente”

No fue hasta que llegué a los Spurs cuando gané algo.

Las lesiones habían sido crueles conmigo, pero en esta ocasión tuve suerte.

Había llegado a los Spurs en enero de 2008, y apenas había jugado con ellos cuando llegó la final de la Carling Cup (Copa de la Liga) contra el Chelsea, a finales de febrero. Probablemente Michael Dawson habría sido alineado por delante de mí, pero entonces se lesionó.

Empecé junto a Ledley King en la defensa central. Los dos habíamos tenido muchos problemas de lesiones, pero ambos estábamos en condiciones de jugar. Ledley no había estado en forma desde que llegué, así que el partido de Wembley fue la primera vez que jugamos juntos.

Darren Walsh/Chelsea FC Via Getty Images

No fue un partido fácil en absoluto: nos enfrentábamos a Didier Drogba. Ninguno de los dos había jugado mucho últimamente, y ambos empezamos a tener calambres a partir del minuto 75. Y entonces llegó a la prórroga. Tuvimos que aguantar el dolor y seguir adelante.

Había pasado por muchas cosas en mi carrera antes de eso, la gente me decía que nunca volvería a mi mejor nivel, o incluso que no volvería a jugar. Así que aparecer de repente con el gol de la victoria en una final de copa fue muy especial. En realidad, no recuerdo haber marcado ni haber corrido a celebrarlo (arriba). Fue sólo un sentimiento de júbilo y pensar: “Lo he conseguido”.

Fue una sensación increíble, y un momento de mucho orgullo.

Aprendí mucho jugando al lado de Ledley, al igual que con mis otros compañeros de la defensa central, como Rio Ferdinand, Lucas Radebe, Sergio Ramos, Emanuel Pogatetz, Iván Helguera. La lista sigue…

“Estaba muy orgulloso de jugar para el Boro, pero fue aún más especial para mi papá. Es un gran aficionado”

Siempre los miraba y sacaba extractos de su juego. Ya de joven estudiaba a Lucas, David Wetherall y Robert Molenaar en el Leeds, e intentaba imitarlos.

Pero cuando pasé los 30 años, hacia el final de mi etapa en el Tottenham, empecé a pensar en el fútbol de forma diferente. No estaba aprendiendo tanto por mí mismo como tratando de entender más el juego en su conjunto.

Me di cuenta de que pensaba más en ello en mi tiempo libre. Y también lo estaba disfrutando.

Cuando fui al Middlesbrough por segunda vez, en 2012, Tony Mowbray empezó a llevarme a su despacho y a hablarme como si fuera uno de sus entrenadores. Luego vi a Aitor Karanka en acción, y eso fue otra cosa.

Jon Enoch

Su planificación era algo que no había visto antes, y no sólo las sesiones que organizaba y en las que trabajamos, sino la sincronización de todo. Cómo encajaba todo. Fue increíble, y me gustó mucho lo que estaba haciendo.

Cuando terminé de jugar con 36 años, recibí una llamada de Michael Edwards, que había sido analista del Tottenham durante mi etapa allí, y que más tarde se convirtió en director deportivo del Liverpool.

Sabía que me encantaban mis sesiones de vídeo con él en los Spurs, y me ofreció la oportunidad de hacer un poco de trabajo de reclutamiento para el Liverpool, concretamente, centrándome en los jugadores de España y Portugal.

Me metí de lleno en eso y me encantó. Aprendí mucho sobre ese aspecto de la contratación -ser capaz de decir si realmente un futbolista tenía un buen juego- y fue algo que me dio otra habilidad para seguir adelante.

“Tenía la boca seca al entrar. Las palmas de las manos sudadas. Estaba muy nervioso. Pero el hecho de que me lanzaran a lo más hondo fue genial”

Sin embargo, sabía que mi objetivo final era ser director técnico, así que cuando tuve la oportunidad de volver al Middlesbrough como entrenador, tenía que aprovecharla.

También era la oportunidad de trabajar en el club de mi infancia. Lo decidí tan rápido como cuando tuve la oportunidad de trasladarme allí como jugador en 2006 (abajo).

Después de la conversación con Franco Baldini en el Real Madrid, necesitaba volver a donde la gente me conocía, a donde me sentía cómodo. Y tuve la oportunidad de cumplir una ambición de toda la vida y jugar en el equipo de mi niñez.

Desde que tenía seis años, iba con mi padre a todos los partidos en casa. Me sentí muy orgulloso de jugar con ellos, pero fue aún más especial para mi padre, que es un gran aficionado del Boro. Para él, verme salir, a veces como capitán, fue algo increíble.

Laurence Griffiths/Getty Images

Gareth Southgate acababa de terminar de jugar la temporada anterior, y era el entrenador cuando yo llegué. Teníamos un equipo muy bueno con mucha calidad, pero era un trabajo enorme: pasar de jugar un año a dirigir el siguiente.

Tenía que tomar decisiones muy difíciles, y lo hacía con jugadores que eran sus compañeros. Había jugado con ellos unos meses antes. Tomó algunas decisiones audaces, como la de dejar fuera a Gaizka Mendieta y a Ray Parlour. Eran jugadores importantes. Sólo cuando miras hacia atrás te das cuenta de lo difícil que era su tarea, pero hizo un buen trabajo.

Yo mismo tuve una situación no muy diferente más adelante en mi carrera.

Trabajé como entrenador del primer equipo del Boro con Steve Agnew. Luego, con la llegada de Garry Monk, pasé a la categoría sub-18, antes de que Tony Pulis me devolviera al primer equipo (abajo). Tanto con Steve como con Tony, era un miembro del personal superior que entrenaba a jugadores que habían sido mis compañeros de equipo -y mis colegas- poco antes. Es un acto de equilibrio muy duro.

Tony Pulis me dio muchas oportunidades. En una ocasión estábamos almorzando justo antes de una reunión del equipo. Se dirigió a mí y me dijo: “Vas a llevar esta reunión”.

“Fue al principio de mi carrera pero, si tenía alguna ambición, ¿cómo iba a rechazar la oportunidad de dirigir al Boro?”

No me importa quién seas, o qué entrenador seas. Si es tu primera reunión frente al primer equipo, vas a estar nervioso.

Tenía la boca seca al entrar. Las palmas de las manos sudadas. Estaba muy nervioso. Pero el hecho de que me lanzaran a lo más profundo fue genial. Llevé la reunión y resultó ser la primera de muchas.

Stu Forster/Getty Images

Cuando Tony se marchó, tuve la oportunidad de optar al puesto de primer entrenador. Era el principio de mi carrera, pero si tenía la ambición de ser entrenador, ¿cómo iba a rechazarla?

Y no sólo eso, sino que además para el club de mi infancia, un gran club como el Boro. Era una obviedad.

Me salió muy bien la presentación en la entrevista y la sensación que me produjo fue increíble. Me había ganado la oportunidad de dirigir al Middlesbrough (abajo).

“Me alegró dar un paso atrás en la gestión y aprovechar la oportunidad para intentar progresar como entrenador”

Desgraciadamente, empezamos muy lentamente, y, a partir de entonces, siempre estábamos tratando de ponernos al día, así que fue difícil. Mirando hacia atrás, me hubiera gustado tener algunas canas entre mi personal, alguien que aportara un poco más de experiencia para ayudarnos a mí, a Robbie Keane, a Leo Percovich y a Danny Coyne. Había ciertas cosas en las que no teníamos suficiente experiencia.

Además, se produjo el confinamiento y el aplazamiento del fútbol debido al Covid. Tenía siete jugadores del primer equipo que estaban sin contrato en medio de todo esto; tenían que decidir si ayudar al club y jugar, o elegir no arriesgarse a una lesión antes de dar su próximo paso.

Michael Regan/Getty Images

No me malinterpreten, entiendo el dilema. Yo habría tenido que tomar una decisión en su situación, y algunos de ellos optaron por no jugar. Eso nos perjudicó, e hizo que nuestra escasa plantilla lo fuese aún más.

Aprenderé de las cosas que salieron mal, y sacaré lo positivo de ello. Mi primer trabajo como primer entrenador no fue perfecto, pero establecer una relación con tanta gente del club, para la que el Middlesbrough significa tanto, eso me ha dado un impulso.

Quería cumplir con ellos, y me llevaré su pasión conmigo para siempre.

Después de un tiempo sin jugar, hice una entrevista en la que decía que quería volver al fútbol -no necesariamente a ser entrenador- y Jason Tindall la leyó. Me llamó para preguntarme si quería venir a Bournemouth para prestar algo de ayuda.

Lo vi como una gran oportunidad para venir y aprender de diferentes entrenadores, muchos de los cuales desempeñaron un papel en un período realmente exitoso en la historia del club bajo la dirección de Eddie Howe.

Me alegró dar un paso atrás en los banquillos y aprovechar la oportunidad para intentar progresar como entrenador asistente.

Gareth Copley/Getty Images

Es importante para nosotros dirigir un partido, y eso me incluye a mí como entrenador interino (arriba). Cuando me digan que me haga cargo del equipo, lo haré. Cuando me digan que no lo haga, volveré a dar un paso atrás.

Les he dicho a los jugadores que ha sido un momento difícil para todos, y que ahora tenemos que empezar a unirnos. En el Bournemouth hay una plantilla con mucho talento. Tenemos mucho talento individual, pero un equipo siempre va a tener el potencial de ser más fuerte que el talento individual.

Son un gran grupo, y están dispuestos a escuchar. Eso siempre facilita el trabajo de un entrenador.

Seguiré aportando mi granito de arena para ayudar a sacar lo mejor de ellos, como tantos grandes entrenadores me ayudaron a sacar lo mejor de mí.

Jonathan Woodgate

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