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Julen Lopetegui

Sevilla, 2019-Presente

El Perfil:

Después de comenzar como entrenador en el equipo donde terminó su carrera como portero, el Rayo Vallecano, Julen Lopetegui apostó en sus inicios por trabajar en el fútbol formativo. Primero en la academia del Real Madrid para posteriormente hacerlo en la selección española, donde obtuvo algunos títulos en diferentes categorías, entre ellos el Europeo Sub-19 de 2012 y el Sub-21 de 2013.

Un proceso que a él mismo también le sirvió para completar su formación como entrenador, ingresando en su primer club en la élite en 2014, a los mandos del Porto. Desde entonces ha dirigido a la selección de España, donde registró un balance de 14 victorias y 6 empates, sin ninguna derrota, al Real Madrid y, desde el verano de 2019, al Sevilla.

Monchi, director deportivo del club andaluz, confió en él para generar un bueno equipo que ha ido creciendo con el paso de los partidos para consolidar los principales aspectos de juego que demanda su técnico. “Julen Lopetegui tiene, para mí, tres virtudes que son fundamentales en cualquier entrenador: capacidad de trabajo, competitividad y manejo de grupo. Eso desde el primer día lo percibí. Esas virtudes que visualicé en él se han ido aplicando en el día a día de la competición y se ha conseguido un objetivo”, ha destacado el dirigente del Sevilla sobre su trabajo.

Porto:

Lopetegui trasladó los principales conceptos de juego de la Selección española Sub-21 campeona de Europa al Porto, facilitado también con la llegada de varios jugadores que tuvo a las órdenes en esta selección, como Óliver Torres y Cristian Tello. Un equipo combinativo, con jugadores de buen pie en medio campo y verticales en los extremos.

El equipo jugó principalmente sobre un 4-3-3 de perfil muy ofensivo, siempre garantizado la profundidad del juego y con inicio de juego desde atrás. Aquí, la línea defensiva buscaba enlazar rápidamente con los dos pivotes en medio campo, Casemiro y Héctor Herrera, intentando desde ese momento generar superioridades numéricas en ataque. Ambos pivotes en el centro del campo también estaban encargados de realizar la cobertura en la línea defensiva, permitiendo la incorporación en ataque de los laterales, Danilo y Alex Sandro.

Una de las particularidades de Lopetegui en su sistema de juego es jugar con un delantero más retrasado que le permita fijar a los centrales rivales, generar más apoyos y desmarques de ruptura. Esta función en el Porto la cumplía Yacine Brahimi, jugador que además de cumplir todas estas funciones, facilitaba mantener el dominio de la posesión con su juego de espaldas para luego combinar con la segunda línea.

En fase defensiva, el Porto se mostró como un equipo intenso en el repliegue tras pérdida, manteniendo un bloque alto y compacto. Principios a los que acompañaba una presión agresiva, especialmente en los carriles laterales, donde buscaba generar situaciones favorables de 3 contra 1 con la combinación de un lateral, interior y uno de los pivotes del mediocampo. Por dentro, los centrales Maicon Roque e Iván Marcano (abajo) mantenían una alta disciplina en las vigilancias defensivas, garantizando siempre el equilibrio de las líneas.

Selección española:

Lopetegui tuvo que afrontar, después de la etapa de Vicente del Bosque, una difícil tarea: renovar algunas líneas del equipo, pero sin cambiar el estilo. Apostó por muchos de los jugadores que tuvo en la Sub 21, muy identificados con la idea de juego que había llevado a España a conquistar un Mundial y dos Eurocopas en años anteriores.

Buscó generar espacios en carriles interiores con los extremos y los mediapuntas, David Silva e Isco, precisamente futbolista referencial en mediocampo en su etapa en la Sub 21. Como variante en fase ofensiva alternaba con un extremo abierto en carril lateral, y el otro extremo cerrado en carril opuesto.

Sobre un 4-3-3 en ataque, la salida de balón era desde portería, con David De Gea asociándose en amplitud con Gerard Piqué y Sergio Ramos, permitiendo la incorporación de Dani Carvajal y Jordi Alba al ataque (abajo). Sergio Busquets, pivote defensivo en medio campo, completaba dos funciones en este desarrollo: buscar el equilibrio y garantizar la ayuda en inicio del juego.

Por delante, Andrés Iniesta y Koke se situaban por dentro para generar superioridades, con los jugadores de perfil atacante, delantero y al menos uno de los extremos, con constantes movimientos de desmarque para permitir la filtración de pases a espalda de los centrales rivales.

La asociación de juego entre Iniesta, Alba e Isco (abajo) permitía crear la mayor cantidad de opciones de gol en fase de construcción. Esta relación entre los tres jugadores se desarrollaba a través de triangulaciones, el concepto del tercer hombre y un cambio de ritmo. Todas estas acciones desarrolladas con pases en corto y movilizando el ataque para una progresión limpia.

En fase defensiva, mientras, el equipo mantenía el 4-3-3, con un bloque alto en presión sobre el rival. En este esquema cada jugador tenía muy clara su función y al jugador que debía marcar. También las acciones a desarrollar: acoso intensivo, cerrar espacios y orientar el juego de los rivales a carriles interiores. Siempre manteniendo un equilibrio defensivo por dentro para proteger a los centrales.

Real Madrid:

Lopetegui se encontraba con un equipo muy identificado con sus principios: ser protagonista en el juego y, a través del cual, conseguir tus objetivos. Empezó con su clásico 4-3-3 como estructura base, un equipo equilibrado con movimientos en bloque y compactos en todas sus líneas (abajo).

De nuevo apostó por un marcado carácter ofensivo de los laterales, Marcelo y Carvajal, buscando también generar amplitud por bandas para encontrar los espacios por dentro. En su progresión en ataque, Carvajal realizaba desdoblamientos en banda, apurando hasta la línea de fondo para buscar el pase al segundo palo para los rematadores de segunda línea o al primer palo para Karim Benzema y Gareth Bale. Una función que también realizaba Marcelo, aunque con el matiz de desarrollar una mayor asociación en corto con los interiores.

En salida de balón, los jugadores del centro del campo variaban su posición. Casemiro (al que ya tuvo en el Porto) era el eje fundamental al momento de movilizar el ataque, garantizando siempre el inicio del juego. Junto a él se situaba Toni Kroos para apoyar en esta función, dibujando así un 4-2-3-1 en estos momentos del juego.

Fue el Real Madrid un equipo con un alto porcentaje de posesión, 65% de media, y una alta efectividad en el pase, 91%; puntos fuertes a la hora de construir el ataque. Unos números que tenían su explicación en el orden táctico y la buena distribución del equipo en el campo.

Pese a que los rivales buscaban cerrar sus espacios y bloquear opciones de pase, para jugadores como Isco, Luka Modric, y Kross no sería un impedimento ya que constantemente conseguían movilizar el balón en pases en corto y con desplazamientos en largo con la intención de fijar a los centrales hasta encontrar una opción para llegar a zona de finalización que le permitiera a Modric desmarcarse en apoyo (abajo). Acciones donde Benzema alternaba los desmarques, buscando sorprender para filtrar, pasar o rematar.

Sevilla:

Lopetegui ha consolidado en el Sevilla todos los matices que él considera necesarios en el sistema 4-3-3 y 4-2-3-1, variante está última utilizada en algunos partidos. Un desarrollo del juego donde todo se ordena en relación al equilibrio de las diferentes líneas (abajo) y la posesión del balón. Todo esto permitirá después llegar a zona de finalización con opciones claras de gol y superioridad numérica.

En fase ofensiva, el Sevilla busca una circulación lenta para generar espacios interiores. En esta situación, Fernando, pivote defensivo en el medio del campo, se incrusta entre los dos centrales para facilitar la salida de balón dependiendo de la presión del equipo rival. Un movimiento que ayuda a generar casi siempre superioridades de 3 contra 2 y permite progresar en el juego a través de los espacios que ofrece el rival.

En medio campo, Éver Banega ha sido el encargado de movilizar el ataque. Identifica cuándo jugar en corto o en largo, temporizando tanto en fase ofensiva como en fase defensiva. Con su marcha del equipo, Lopetegui tendrá la difícil misión para la temporada 2020/21 de encontrar un recambio de garantías del jugador argentino. Óliver Torres y Lucas Ocampos, mientras tanto, se sitúan en los pasillos interiores, buscando el desmarque sobre su rival para ofrecerse a jugar de cara. El Sevilla es un equipo con grandes virtudes para desarrollar un juego de combinación, pero destaca sobre todo por su alta intensidad en las transiciones.

El ritmo del juego es una de las características para generar un buen equilibrio en el ataque, tanto con los cambios de juego con los laterales, Jesús Navas y Sergio Reguilón -pendiente de su futuro para la 2020/21-, futbolistas de un perfil muy ofensivo encargados de llegar hasta línea de fondo para buscar el centro al área o el pase atrás para un jugador de segunda línea.

En fase defensiva, el equipo se desarrolla en un bloque medio sobre un 4-3-3 en bloque alto, siempre con acoso intensivo en la primera presión (arriba). El jugador más cercano al balón es el que ejerce la primera presión, buscando siempre generar un 3 contra 2 para cerrar todos los espacios en la salida y provocar el pase atrás del rival. Una presión que ha sido efectiva para contrarrestar la progresión y organización ofensiva del rival.

Aunque es su primera temporada y con muchos jugadores nuevos -marcada además por el largo parón por el confinamiento-, Lopetegui ha conseguido desarrollar sus principales conceptos tácticos en un Sevilla que estará presente en la próxima Champions League.

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