Entrevistas Tiempo de lectura: 12 min

Mi currículum

Mi currículum
Fotografía: Tim Jobling para Coaches' Voice.
Redacción
Héctor García
Publicado el
27 de agosto 2025

Edu Rubio

Entrenador asistente, Wolves (2022/23) y West Ham (2024/25)

Cuando uno llega a ciertos niveles del fútbol profesional, ya no se trata solo de títulos o experiencia. 
 
Todos los que estamos en una mesa de entrevistas para un puesto, por ejemplo en la Premier League, tenemos el título UEFA Pro, hemos entrenado en distintas ligas o venimos del fútbol profesional como jugadores o técnicos. Entonces, ¿qué nos diferencia? 
 
Ahí entra tu método, tu persona, tu cultura. También tu capacidad de generar entornos que mejoren al equipo, al club y a quienes trabajan contigo. Eso es lo que realmente me define. Porque yo no quiero que me elijan solo por mi currículum, sino por lo que soy capaz de aportar en el día a día. Así lo he hecho desde los inicios. 
 
Empecé en el fútbol como jugador en categorías semiprofesionales: Tercera División, Segunda B... Pero lo combinaba con mis estudios. Llegó un momento en el que me di cuenta de que me apasionaba tanto jugar como analizar. La táctica, la preparación, el porqué de las cosas... Así que estudié Ciencias del Deporte y, muy pronto, con apenas 20 años, ya estaba entrenando. 

Edu Rubio llegó al Reino Unido con 21 años. Aquí ha trazado una trayectoria en todos los frentes, escalando desde la formación en la federación inglesa a la Premier League. Getty Images

Y ahí encontré lo que me mueve hasta el día de hoy: el campo. Eso engloba la formación y la relación con el jugador. Desde entonces, esa conexión con el trabajo diario no ha cambiado. A pesar de los años, de los clubes, de los países, sigo encontrando en el entrenamiento ese espacio que me entusiasma como el primer día. 

"Todos los que estamos en una mesa de entrevistas para un puesto hemos entrenado en distintas ligas o venimos del fútbol profesional. Entonces, ¿qué nos diferencia?"

Mi carrera dio un giro inesperado gracias a una recomendación académica en mi universidad. Yo en ese momento estaba trabajando en la academia del Valencia con el equipo cadete y me sentía bien instalado en la ciudad. Uno de mis profesores me animó a hacer un Erasmus —un programa de la Unión Europea que apoya la educación, la formación, la juventud y el deporte en Europa— en Reino Unido. Al principio me resistí, porque no me apetecía. Como te dije, me sentía muy bien en Valencia. Pero pensé: “¿Por qué no? Aprender inglés siempre ayuda”.

Y eso me cambió la vida. 
 
Llegué a Londres con 21 años. Enseguida me enamoré de la ciudad, de su ritmo y de la cultura futbolística. Fui a partidos de Premier League, conocí clubes y hablé con mucha gente. A los pocos meses ya no quería volver a Valencia. Pedí ampliar el Erasmus a un curso entero, terminé la carrera entre Valencia y Londres, y desde entonces mi vida profesional ha estado vinculada al Reino Unido. 

En su etapa en la Academia del Chelsea, Edu Rubio entrenó a Reece James, Ruben Loftus-Cheek y Mason Mount. Los tres han sido parte importante del primer equipo Blue. De manera señalada James, que no solo se mantiene en el equipo, sino que también es capitán desde 2023. Catherine Ivill/Getty Images

Empecé desde abajo. Primero entrenando en clubes de barrio y en academias pequeñas. Y fue precisamente en uno de esos entrenamientos donde me observó gente de la Federación Inglesa. Les llamó la atención cómo trabajaba, cómo organizaba la sesión y mi forma de comunicar con los jugadores. Una persona de la federación se me acercó y me preguntó si quería enviar mi currículum. Lo hice, pero sin expectativas. 
 
Y semanas después me llamaron para una entrevista. Pasé cinco pruebas, con todo tipo de requisitos: fútbol, psicología, inglés, liderazgo... Nunca he tenido un proceso de selección tan complejo. Por suerte, lo superé. 

"Llegué a Londres con 21 años. Enseguida me enamoré de la ciudad, de su ritmo y de la cultura futbolística"

En ese momento comenzó una etapa clave: estuve cuatro años y medio en la Federación Inglesa, donde me saqué los títulos UEFA B, A y Pro. Invertí mucho en formación. Y eso me abrió puertas. 

Una de ellas fue la Academia del Chelsea. Conocí en un curso a Paul Clement, segundo entrenador de Carlo Ancelotti en el equipo londinense en ese momento. Él estaba aprendiendo español y conectamos rápido. Me habló de una vacante en el Sub-15. Paul habló bien de mí al director del fútbol base y me entrevistaron. Así comenzó mi etapa en una de las canteras más potentes de Inglaterra, en la que tuve la suerte de entrenar a chicos como Mason Mount, Reece James, Dominic Solanke, Ruben Loftus-Cheek… El talento, sin duda, era espectacular. Pero más allá de los nombres, lo importante era la exigencia, la estructura y los estándares que tenía el club. 

Paul Clement (a la izquierda) fue el segundo entrenador de Carlo Ancelotti en la etapa del italiano en el Chelsea. Clement ayudó a Edu Rubio a entrar en la Academia de ese mismo club. Shaun Botterill/Getty Images

Después llegó una oportunidad única: la Nike Academy. Un proyecto increíble. Nike creaba un equipo Sub-21 con jugadores sin contrato, pero con potencial. Los traía a Inglaterra, les daba alojamiento, formación, entrenamientos en St. George’s Park —la sede de la federación inglesa— y nuestro objetivo era que consiguieran firmar con un club profesional. Viajábamos por el mundo, jugábamos contra selecciones Sub-21, Noruega, Corea del Norte o Brasil. También contra equipos que llevaban la marca Nike, como el PSG o la Roma. Realmente operábamos mejor que muchos clubes de primera división. 

Ahí aprendí algo clave: cómo generar energía en entornos donde los jugadores no tienen contrato, no tienen estabilidad, pero sí tienen hambre. Precisamente, la energía es una de las grandes claves que yo señalo para un asistente y la relación con un primer entrenador. No se trata de optimismo vacío, sino de transmitir actitud, de sostener al grupo, de apoyar al primer entrenador. La energía se nota en los días difíciles, cuando los resultados no acompañan o cuando el vestuario se tensa. Es ahí donde el asistente tiene que ser un pilar.

"Empecé desde abajo. Primero entrenando en clubes de barrio y en academias pequeñas"

Después de Nike, me incorporé al MK Dons. Primero como jefe de metodología, luego como entrenador del Sub-21 y finalmente también como asistente del primer equipo.  Fueron cuatro años intensos. Ganamos la Sub-21 League, llegamos a la final de copa y me sirvió para tomar una decisión: quería ser entrenador, no director metodológico

En la Academia Sub-21 de Nike, Edu Rubio recibió la visita de algunas estrellas profesionales que vestían la marca estadounidense. Como Marc Bartra y Sergio Busquets, en esos momentos jugadores del Barcelona. Fotografía: cortesía de Edu Rubio

Había llegado el momento de centrarme en el banquillo. Ese paso fue el Crawley Town, donde estuve como asistente del primer equipo. Y ahí comenzó a gestarse una etapa que cambiaría mi perspectiva sobre todo: trabajar con Julen Lopetegui. Conocí a Julen en la sede de la Federación de Fútbol española cuando yo hacía el UEFA Pro y él trabajaba en la selección Sub-21 de España, aunque ya con la opción de irse al Porto. Hicimos buena relación y, con el tiempo, su hijo Dani vino a estudiar a Londres y colaboró conmigo en entrenamientos.

Años más tarde, Julen me llamó. Quería que me uniera a su staff en el Wolves. Estaba todo hecho, pero poco antes de llegar al Wolves firmó por la selección española. No se dio en ese momento, pero más adelante, tras salir del Sevilla, volvió a llamarme. Esta vez sí que se dio. Y en el Wolves, para trabajar en un equipo de Premier League. 

"El talento, sin duda, era espectacular. Pero más allá de los nombres, lo importante era la exigencia, la estructura y los estándares que tenía el Chelsea" 

Estar con Julen fue para mí como volver a ir la universidad. Días de trabajo de 8:00 a 20:00. Entrenamiento con sus ayudantes Pablo Sanz y Óscar Caro, el trabajo de análisis con Juan Peinado —balón parado o edición de vídeos—, las charlas con jugadores, las ruedas de prensa o las reuniones con directivos. Estar tan cerca de Julen me permitió ver de cerca qué significa liderar a un club de Premier League. 

Y ahí comprendí otra clave del asistente: la dirección del equipo de trabajo. No del grupo de jugadores, porque eso es responsabilidad del primer entrenador, es decir, del ‘jefe’, sino del cuerpo técnico. El primer entrenador no puede estar en todo. El asistente debe coordinar con los jardineros, con el cuerpo médico, con los analistas. Debe asegurar que todo funcione con precisión. Que todo fluya. A veces es algo tan sencillo como anticiparse a un problema logístico o hacer de enlace entre departamentos. Esa gestión silenciosa marca la diferencia. 

Edu Rubio ha trabajado en el cuerpo técnico de Julen Lotepegui en el Wolves (en la fotografía) y el West Ham. David Rogers/Getty Images

Julen es una persona que exige, pero que también confía. Si ve que trabajas, te da espacio. Y en ese espacio aprendí cosas que no se enseñan en los cursos. Como, por ejemplo, que cada intervención en prensa tiene un objetivo. Que hay que cuidar cada palabra. Que hay días que necesitas proteger al vestuario y días que debes mandar mensajes hacia arriba. 
 
En esos meses también entendí otra de las grandes claves del asistente: la inteligencia emocional. Porque no todo son sistemas o esquemas. Se trata de leer al jugador, anticipar tensiones, evitar conflictos antes de que exploten. Estás en un entorno multicultural, con egos, con jerarquías, con momentos de alta presión. Ser un buen asistente es también ser un buen gestor humano. 
 
La humildad es otra clave en el asistente. No estás para brillar tú. Estás para ayudar. Para apoyar al primer entrenador. Para trabajar en la sombra. Y hacerlo con orgullo. A mí me hace sentir orgulloso haber sido parte del proceso sin necesidad de protagonismo. 

"Estar con Julen Lopetegui fue para mí como volver a ir la universidad. Me permitió ver de cerca qué significa liderar a un club de Premier League" 

Porque sé que aporté valor y, por supuesto, todo eso solo es posible si tienes la base: el conocimiento. No solo táctico, sino del contexto: la liga, jugadores, los entrenamientos o la planificación. Sin conocimiento, todo lo demás se derrumba. No puedes estar en la élite si no comprendes profundamente tu entorno. 
 

Mi etapa con Julen terminó de forma muy natural. Él recibió en 2025 la oportunidad de entrenar a la selección de Qatar, algo que le ilusionaba, y yo sentía que era el momento de dar el salto. Tuvimos una conversación muy honesta. Para mí, Julen es familia. Cerramos ese ciclo con respeto, agradecimiento y admiración mutua. 

Edu Rubio está preparado para un nuevo desafío como primer entrenador. Foto: Tim Jobling para Coaches' Voice

Y ahora estoy en un nuevo punto: ser primer entrenador. 
 
Sé que estoy preparado. Que todo lo que he vivido ha sido parte de este camino. Para conseguirlo, hablo con agentes, con directores deportivos, estudio ligas. En definitiva, estoy abriendo el abanico. Ya no es solo Premier o LaLiga. Puede ser Noruega, Portugal, Arabia, Suecia... Estoy preparado para liderar un proyecto, porque siento que ha llegado el momento. Y si algo he aprendido en estos años es que las etiquetas pesan: si pasas muchos años como asistente, te ven como asistente. Por eso es ahora. Porque creo que hay momentos en los que uno tiene que tomar decisiones valientes. 
 
Yo lo hago desde mis valores. Prefiero tardar un año más o ganar un poco menos, pero mantenerme firme en mis principios. No me interesa llegar a cualquier precio. Me interesa llegar bien. Con nobleza, con preparación y la convicción de que puedo crear una cultura ganadora allí donde me toque trabajar. Porque, al final, eso es lo que soy: un entrenador que cree en la formación, en el proceso y en las personas. Ese es el camino que quiero seguir, como he hecho desde que empecé en esto. 
 
Ha llegado el momento de escribir una nueva línea en mi currículum. 

Edu Rubio