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Mis raíces futbolísticas

Mis raíces futbolísticas
Daniel Ribeiro para Coaches' Voice
Redacción
Álvaro Romeo
Publicado el
15 de septiembre 2026

Carlos Vicens

Sporting Braga, 2025-Actualidad

Cuando trabajaba como segundo entrenador en la isla de Mallorca, viajé a Inglaterra y visité al Manchester City, donde dejé mi currículum.

El City no me respondió de inmediato, pero yo estaba preparado para el siguiente reto, fuera cual fuera. En el fútbol es importante tener raíces sólidas, porque así sabes quién eres, incluso en un mal día. Eso significa que siempre estás preparado para el siguiente desafío, independientemente de los resultados pasados.

Tanto mis raíces personales como las futbolísticas están en Mallorca, donde nací y crecí. Mi padre era futbolista y fue quien me introdujo en este deporte. Empecé a jugar a los nueve años en el club de mi pueblo. Posteriormente, me fichó el RCD Mallorca, un equipo habitual en la primera división española y con una academia muy buena. Para mí, pasar a jugar en la mayor cantera de la isla, con el sueño de llegar al primer equipo, fue un gran paso.

Era un centrocampista delgado y con las piernas arqueadas, capaz de dar buenos pases cortos. Por mi forma de jugar, mi primer entrenador en la academia del Mallorca me puso el apodo de ‘Pep’. Y, precisamente, Pep Guardiola era uno de mis ídolos como jugador. Al igual que Pep, yo era quien daba opciones de pase en la salida con balón de mi equipo.

Carlos Vicens jugó en la cantera del RCD Mallorca, club ganador de dos títulos entre 1998 y 2003. En la imagen, aficionados del Mallorca animan a su equipo. Shaun Botterill/Getty Images

Para mí fue una decepción no llegar al primer equipo del Mallorca, pero mi pasión por el fútbol se mantuvo y seguí jugando unos años más a nivel semiprofesional en España. Mientras tanto, estudié economía en la universidad. En el último año de mis estudios me mudé a Estados Unidos, donde jugué en el equipo de la universidad antes de que me fichara un nuevo club llamado Austin Aztex. Jugar una temporada con ellos fue una experiencia fantástica; el club era más profesional de lo que esperaba y sus entrenadores tuvieron una gran influencia en mí.

Fue durante esa etapa en Estados Unidos cuando empezó a crecer dentro de mí la idea de convertirme en entrenador.

Cuando regresé a España, empecé a sacar los títulos de entrenador y, poco después, tuve la oportunidad de convertirme en el técnico del CD Ses Salines, un club que militaba en las categorías inferiores del fútbol español. El momento parecía el adecuado, ya que venía de sufrir una lesión de tobillo. Era una excelente ocasión para dar ese paso.

"Hay que entender a los jugadores como personas y como futbolistas que interactúan entre sí"

Ser entrenador del CD Ses Salines fue un gran trampolín para mi carrera. Pasé allí tres años, logrando dos ascensos consecutivos y, después, consiguiendo mantener la categoría sin problemas. Más adelante, recibí la llamada del Club Esportiu Santanyí, un equipo en el que había jugado anteriormente y que ahora me quería como primer entrenador. El club atravesaba problemas económicos, así que tuve que reconstruir la plantilla con jugadores jóvenes y sin experiencia en la división. Mirándolo ahora con perspectiva, aquella etapa me permitió conocer de primera mano lo que significa ser un mánager, porque, incluso con un presupuesto reducido, conseguí formar un equipo.

Sin embargo, nos costaba mucho ganar partidos. Por esa razón, hacia febrero empezó a quedar claro que íbamos a descender pese a haber experimentado un claro progreso en nuestra forma de trabajar. El club valoró nuestra labor y me pidió que me quedara. Durante los dos años siguientes nos clasificamos para los play-offs, pero no conseguimos ascender de categoría. Me ofrecieron la oportunidad de quedarme más tiempo en el club, pero decidí centrarme en trabajar solamente como segundo entrenador.

Digo “solamente” porque, en mi último año como primer entrenador del Club Esportiu Santanyí, también había sido asistente del entrenador principal del CD Llosetense. Se trataba de un equipo de Mallorca que jugaba en tercera división, tras haber conseguido el ascenso la temporada anterior.

Fue una experiencia fantástica trabajar junto a su entrenador, Nico López, en la tercera división española, conocida en aquel momento como Segunda B. Allí jugamos contra los equipos filiales del Valencia, el Villarreal y el Barcelona.

A pesar de descender, decidí seguir trabajando como asistente de Nico. Fue entonces cuando visité al Manchester City y dejé mi currículum.

Aunque tardaron un tiempo en responderme, al año siguiente tuve el privilegio de incorporarme al club para realizar unas prácticas. No sabía cuánto tiempo iba a estar con ellos, pero lo importante era tener la oportunidad de trabajar allí y comprender su forma de hacer las cosas.

"Tarde o temprano, la FA Youth Cup tenía que volver al Manchester City, y yo tuve la suerte de estar allí cuando lo conseguimos"

Aquella primera temporada fui asistente de Adam Temple, que era el entrenador principal de los equipos sub-12 y sub-13. También ayudé a los sub-11 algunas tardes y, del mismo modo, me solía quedar a trabajar con lo que llamaban el “City Select”, un grupo de jugadores que el club consideraba que tenían potencial para formar parte de la academia. Fue una experiencia increíble, porque pude dedicarle muchas horas al fútbol. Pero también fue duro, al no saber qué me depararía el futuro.

Por suerte, la temporada siguiente surgieron algunas vacantes en el club, y el director de la academia en aquel momento, Jason Wilcox, me sugirió que me postulara. Durante el proceso de selección, consideraron que tenía potencial para trabajar con los grupos de mayor edad, ya que había ejercido como primer entrenador en España. Me ofrecieron el puesto de entrenador asistente del equipo sub-18, trabajando con el entrenador principal, Gareth Taylor, a quien yo conocía como “Gaz”.

Aprendí muchísimo de él y seguimos siendo muy buenos amigos. Cuando Gaz decidió asumir el cargo de técnico principal del equipo femenino del Manchester City, el club me ofreció el puesto de primer entrenador del equipo sub-18. Creo que, en aquel momento, era el único entrenador no británico de esa liga.

Carlos Vicens vivió una etapa de éxito con el equipo sub-18 del Manchester City antes de pasar a formar parte del cuerpo técnico de Pep Guardiola. Charlotte Tattersall/Getty Images
Carlos Vicens vivió una etapa de éxito con el equipo sub-18 del Manchester City antes de pasar a formar parte del cuerpo técnico de Pep Guardiola. Charlotte Tattersall/Getty Images

Ganamos la FA Youth Cup tras vencer al Chelsea en la final, lo cual fue muy especial porque, por una razón u otra, no habíamos conseguido vencerles en ediciones anteriores de la competición. Gaz y yo ya habíamos estado allí cuando el equipo alcanzó la final un año antes, pero perdimos en los penaltis contra el Liverpool. Tarde o temprano, la FA Youth Cup tenía que volver al Manchester City, y yo tuve la suerte de estar allí cuando lo conseguimos.

Tras ese año, me llamó el director deportivo del City, “Txiki” Beguiristain. Había dos vacantes en el primer equipo, porque Brian Kidd se había retirado y Nicolas Jover se había marchado al Arsenal. Txiki me ofreció un puesto como asistente en el cuerpo técnico de Pep Guardiola. Acabaría siendo una etapa de cuatro años trabajando para él.

Pep era uno de mis ídolos, no solo de aquella época en la que jugaba y me apodaban “Pep”, sino también como entrenador. Acepté el puesto con humildad y muchas ganas de ayudar.

Formar parte de su cuerpo técnico fue una experiencia increíble, pero también una gran responsabilidad. Él te da mucha libertad para trabajar. Al mismo tiempo, no quieres decepcionar a nadie: ni a él, ni al resto del staff, ni a los jugadores.

Carlos Vicens, en una imagen de entrenamiento junto a Enzo Maresca, Pep Guardiola y Rodolfo Borrell. Lindsey Parnaby/AFP para Getty Images
Carlos Vicens, en una imagen de entrenamiento junto a Enzo Maresca, Pep Guardiola y Rodolfo Borrell. Lindsey Parnaby/AFP para Getty Images

Así que tuve que ponerme al día lo antes posible con todo lo relacionado con el primer equipo. Pep siempre está pensando a mil por hora, así que tienes que estar preparado para el reto. No porque te presione, sino porque quieres estar a la altura de sus expectativas. Si decide que eres lo suficientemente bueno como para ser uno de sus asistentes, quieres corresponderle. Tienes que mostrar humildad, pero también confianza en el trabajo que estás realizando. Sí, trabajas con algunos de los mejores jugadores del mundo, pero, al mismo tiempo, siguen siendo personas normales.

En el primer equipo y en su entorno ya había jugadores a los que conocía de mi etapa en la academia, como Cole Palmer, James McAtee, Oscar Bobb y Roméo Lavia. Para ellos fue positivo verme: yo era una cara conocida, alguien que los entendía como jugadores y como personas, lo que también facilitó su transición al primer equipo.

Me encomendaron estar a cargo de las acciones a balón parado. Hasta ese momento, nunca me había encargado de ellas, de manera específica, para otro entrenador. No obstante, sí que me había ocupado del balón parado en mi época como primer entrenador en España.

El verdadero reto fue entender las particularidades del trabajo con el primer equipo. Conseguí ayudar con pequeñas aportaciones para que los jugadores pudieran tener un buen rendimiento. Debido al apretado calendario de partidos con el club y la selección que tenían los jugadores, intentaba mantener las cosas tan sencillas como fuera posible.

Pero una de mis ambiciones era volver a ser primer entrenador.

Cuando el SC Braga mostró interés en contratarme, hablé con Txiki y Pep, que me apoyaron mucho. Eso me ayudó en el proceso de transición desde Mánchester, donde había pasado ocho años, hacia Braga.

"Si el respeto, la responsabilidad y el compromiso están arraigados, entonces nuestras raíces son sólidas"

Me había contratado un club top en Europa, algo que llevaba tiempo queriendo conseguir. Pero no había mucho tiempo para prepararse, porque el Braga estaba disputando las eliminatorias de la Europa League. Eso significaba que nuestra pretemporada comenzaba durante el parón veraniego. Mientras tanto, tenía que formar mi cuerpo técnico, lo cual es uno de los retos a los que te enfrentas cuando pasas de ser asistente a primer entrenador. También tenía que hablar con el club sobre posibles fichajes, conocer a los nuevos jugadores y establecer mis principios innegociables.

Los retos aparecieron desde el primer momento. Necesitaba ganar partidos mientras el equipo todavía estaba en proceso de desarrollo; me encontraba en un país que no conocía muy bien y teníamos que disputar muchos partidos. Para cuando llegó el primer parón internacional, ya habíamos disputado 10 encuentros, mientras que la mayoría de los equipos de la liga solo habían jugado cuatro. A principios de febrero, ya habíamos disputado 42 partidos oficiales.

En la temporada 2026/27 el SC Braga disputará la UEFA Conference League tras terminar cuarto en liga la pasada campaña. Christian Bruna/Getty Images.
En la temporada 2026/27 el SC Braga disputará la UEFA Conference League tras terminar cuarto en liga la pasada campaña. Christian Bruna/Getty Images

Superamos muchos retos esa temporada, consolidando una identidad clara en nuestro estilo de juego, tanto con el balón como sin él. Para el parón por selecciones de octubre, ya habíamos alcanzado un nivel que mantuvimos durante el resto de la temporada.

Fuimos el primer equipo portugués en llegar a una semifinal europea en 12 años, y estuvimos a punto de llevar a la prórroga el partido de vuelta de la Europa League contra el Friburgo, donde tuvimos que jugar 85 minutos con 10 hombres. Además, nos hicimos con el cuarto puesto de la liga con holgura, tras remontar una enorme diferencia. Y lo hicimos con una identidad clara, marcando muchos goles. Aunque podría haber sido incluso mejor, pues todavía tenemos margen de mejora.

Pau Víctor, delantero del SC Braga, disputa un balón ante dos futbolistas del Friburgo en el encuentro de vuelta de semifinales de la Europa League 2025/26. Daniela Porcelli/Getty Images.
Pau Víctor, delantero del SC Braga, disputa un balón ante dos futbolistas del Friburgo en el encuentro de vuelta de semifinales de la Europa League 2025/26. Daniela Porcelli/Getty Images

Tengo mi propio estilo de juego, pero no pierdo de vista que son los jugadores quienes tienen que rendir y jugar. El fútbol pertenece a los jugadores. Puede sonar un poco vago, pero tengo que encontrar ajustes relacionados con la forma en que los jugadores interactúan, para que puedan expresarse lo mejor posible sobre el terreno de juego. Hay que entender a los jugadores como personas y como futbolistas que interactúan entre sí. Son seres humanos que tienen días buenos y días malos. Interactuarán más con aquellos con los que tienen afinidad o cercanía.

Tengo esto en cuenta a la hora de diseñar mis sesiones de entrenamiento, las alineaciones y las estrategias de partido. Y nunca olvido a quién estoy entrenando. Ese es el aspecto más importante de mi filosofía como entrenador.

"En el Braga hemos creado una cultura que surge de los valores de la ciudad, basada en el respeto, el compromiso y la responsabilidad"

Mientras tanto, tenemos que jugar para ganar, pero ¿cómo queremos ganar? Y, lo que es más importante: cuando llega la derrota, ¿qué tipo de equipo queremos ser? Es una buena pregunta para nosotros, los entrenadores, porque probablemente las derrotas definan más nuestra identidad que nuestras victorias.

Crear una cultura de equipo fue uno de los principales objetivos cuando llegué al Braga. Para mí, el comportamiento se mide por las acciones. Esas acciones no tienen por qué ser grandiosas. Todo empieza con pequeños hábitos y pequeños detalles que marcan una gran diferencia a largo plazo. En el Braga hemos creado una cultura que surge de los valores de la ciudad, basada en el respeto, el compromiso y la responsabilidad. Si recorres cada día los pasillos del club, podrás comprender estas raíces. Si el respeto, la responsabilidad y el compromiso están arraigados, entonces nuestras raíces son sólidas.

Carlos Vicens posa frente a un mural con leyendas del SC Braga. Daniel Ribeiro/Coaches’ Voice.
Carlos Vicens posa frente a un mural con leyendas del SC Braga. Daniel Ribeiro/Coaches’ Voice

La táctica, las ideas de juego y el estilo de juego son muy importantes. Pero si no hay una cultura sólida dentro de nuestro equipo, una racha de malos resultados o actuaciones puede hacernos cambiar de rumbo. Cuando los valores y la cultura del equipo son sólidos y claros para todos, resulta más fácil ponerlos en práctica y definir una identidad de juego. Todos sabrán lo que intentamos conseguir.

Y, en un mal día, sabremos quiénes somos y qué tenemos que hacer.

Carlos Vicens