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Jorge Sampaoli

Olympique de Marsella, 2021-Presente

El Perfil:

Jorge Sampaoli regresó al fútbol europeo para dirigir el Olympique de Marsella, como sucesor de André Villas-Boas, en marzo de 2021. Una figura respetada que se ganó la admiración de todos por el impresionante equipo que construyó con la selección de Chile (campeón de la Copa América en 2015) antes de suceder a Unai Emery en el Sevilla y luego dirigir a Argentina, su selección nacional, Sampaoli es otro discípulo de Marcelo Bielsa, quien también dirigió al Olympique durante la temporada 2014/15.

“Una de las mejores virtudes de un entrenador es la flexibilidad, no enamorarse de sus propias ideas”, dice Bielsa, al referirse a su compatriota de quien se ha mostrado admirador. “Yo no cedo con mis ideas y eso no es una virtud, es un defecto. Sampaoli sí cede porque tiene el poder de adaptarse, a diferencia de mí. Eso lo hace definitivamente mejor que yo”.

Estilo de juego:

Sampaoli es un entrenador netamente ofensivo, cuyos equipos han competido con diversas estructuras en las que principalmente busca atacar con regularidad y defender lo más arriba posible. También sus equipos ofrecen un número importante de intercambios de posiciones y movimientos, buscando actuar el mayor tiempo posible en campo contrario.

En el planteamiento de Sampaoli existe tanto la voluntad de adaptación como la de generar un modelo de juego a largo plazo, siempre que sea posible, en una organización de 4-3-3. Ese reconocimiento de la necesidad de adaptarse, a las circunstancias y el partido, también ha contribuido a que juegue con tres defensas centrales, como en el 3-5-2 que Chile utilizó en el Mundial de 2014, cuando había identificado los beneficios que suponía aumentar el número de jugadores en mediocampo, tanto para sus intentos de construir ataques como para contribuir en las transiciones defensivas. Cuando dirigía a Argentina, lo más habitual era que implementara un 4-2-3-1 donde los tres jugadores que estaban por detrás de su delantero permanecían en posiciones interiores para priorizar el ataque, a través de los pasillos centrales; principios similares que se aplicaban con su 3-4-2-1.

Su regreso a la dirección de clubes, en Brasil -con Santos y el Atlético Mineiro-, también supuso la vuelta a su 4-3-3, pero esa misma flexibilidad hizo que, aunque se mantuvieran sus principios de juego, Santos también experimentara con un 4-2-3-1, 3-4-3 y un 3-5-2, y en el Atlético Mineiro, sobre todo cuando se buscaba generar ventajas en el centro del campo, el mismo 3-4-3. Estos principios están dirigidos por un enfoque basado en la posesión, lo que significa que los equipos de Sampaoli están construidos para dominar el balón y cuentan con jugadores que se comprometen en posiciones avanzadas y, por extensión, fomentan una constante progresión.

Ante una presión alta del rival, sus equipos forman en distintas alturas y posiciones para tener diferentes líneas de pase abiertas y generar superioridades numéricas, buscando siempre salir con el balón controlado.

A través de la creación de una estructura en rombo (arriba) en una situación de 4 contra 1 -muy trabajado este concepto durante los entrenamientos-, intenta superar la línea de presión rival configurada por un delantero y dos extremos posicionados más retrasados. En Santos, el eje del rombo era el portero Éverson Felipe quien comenzaba la acción de ataque conectando con las siguientes líneas. Los dos centrales, Lucas Veríssimo y Gustavo Henrique, y un pivote, Alison. El posicionamiento de ese centrocampista defensivo significaba que se convertía en el enlace clave con sus interiores, que a menudo permanecían avanzados, lo que aumentaba su tiempo y espacio, y, potencialmente asegurándole estar libre de marca. También existe una distancia similar entre los centrocampistas de Bielsa.

En cambio, si los rivales se organizan para defender con un bloque medio, los equipos de Sampaoli buscan aumentar los espacios entre las líneas. Chile lo hizo de forma particularmente brillante a partir de un 3-4-3 (abajo) en el que Gary Medel, Marcelo Díaz y Francisco Silva formaban su zaga, dando a los jugadores del centro del campo una mayor libertad para abrirse haciendo constantes carreras al espacio. Ante una presión agresiva, la posesión circulaba por la defensa a gran velocidad para atraer a los rivales hacia un lado del campo y, por tanto, crear la posibilidad de cambiar el juego.

Charles Aránguiz y Arturo Vidal se encargaron de las progresiones desde el centro del campo, con Mauricio Isla y Jean Beausejour haciendo este mismo papel por bandas para apoyar a los tres delanteros chilenos. Además, Aránguiz operó más como un un pivote defensivo en mediocampo para proporcionar el enlace desde los que estaban en la defensa, mientras Vidal se movía a posiciones más avanzadas para ofrecer amenazas a la espalda del mediocampo rival.

En la selección de Argentina se enfrentó regularmente con bloqueos defensivos bajos, lo que aumentó el énfasis en que generaran ventajas numéricas, especialmente entre líneas. Para ello, sus centrales avanzaban hacia el centro del campo para arrastrar a los centrocampistas contrarios de su posición y crear así espacios adecuados para jugar con los talentosos y creativos jugadores que tenían delante, y también para dar a su centrocampista más retrasado tiempo y espacio para jugar.

Sin embargo, esos bloques bajos redujeron los espacios de ataque que existían, y por lo tanto redujeron sus oportunidades de hacer carreras a la espalda de la defensa, por lo que Sampaoli instruyó a sus jugadores para que proporcionaran más opciones de pase corto dentro de ese bloque, hasta el punto de que el jugador con balón tuviera numerosos compañeros de equipo apoyándole a través de los tres pasillos centrales.

Sus interiores intercambiaban las posiciones con regularidad sin sacrificar la posibilidad de conectarse entre sí mediante combinaciones de pases rápidos, y recibían el apoyo de los que permanecían en la banda, que a su vez enviaban centros al área tras los cambios de juego.

El Atlético Mineiro ofreció estructuras de ataque similares contra bloques bajos, pero se centró más en las combinaciones por fuera -creando más ocasiones desde el exterior del bloque rival (abajo)- y sus interiores y laterales proporcionaron una amenaza creativa y goleadora. Los movimientos y el posicionamiento de sus interiores se centraban en apoyar al portador del balón, y realizar carreras hacia delante más aventuradas que las de Argentina, con la intención de atacar los centros, los cruces y los balones en profundidad enviados desde bandas, en los que al menos uno de esos interiores también buscaba llegar desde segunda línea.

La variedad estaba presente en las estructuras de sus equipos y en el enfoque de sus ataques, pero era una variedad apuntalada por la preferencia de Sampaoli de construir el ataque sobre un posicionamiento eficaz sin balón y con numerosas unidades en último tercio de campo.

Fase defensiva y presión:

La preferencia de Sampaoli por un fútbol basado en la posesión significa que sus estrategias defensivas se centran en una presión agresiva y en la recuperación temprana. Sus equipos presionan regularmente en territorio avanzado y, por extensión, ceden terreno a regañadientes. Mientras que durante los periodos sin balón otro entrenador puede centrarse en no concederlo, la prioridad de Sampaoli es recuperar el balón lo más rápido posible para lanzar otro ataque, aunque la realidad de que no siempre puedan presionar también implique el uso ocasional de un bloqueo medio.

Uno de los principios que aplica es la orientación de la presión para llevar la posesión de balón del equipo contrario por fuera, donde el espacio se reduce y es complejo para el rival generar continuidades en su juego. Una acción que facilita la recuperación. El Sevilla fue muy reconocible bajo esta idea, iniciando una presión sobre el 3-4-3, con el delantero, Wissam Ben Yedder, sobre el central portador del balón (abajo). A partir de ese movimiento se realizaba el ajuste de los siguientes jugadores, donde Vitolo, Franco Vázquez y Samir Nasri (desde segunda línea) activaban para reducir espacios. Una tarea defensiva acompañada de Pablo Sarabia, quien saltaba a la presión sobre el lateral, potencialmente receptor del balón procedente del central.

Similar conducta encontramos en la selección de Chile, también desde una estructura de 3-4-3 y con una presión coordinada. Primero de los jugadores avanzados para complicar la salida de balón del rival, mientras en segunda línea se activaban los de medios avanzados, con Isla desde el lateral, Aránguiz por dentro y Vidal en zonas interiores, atentos estos para ganar la segunda jugada.

Santos se organizó con más regularidad para defender con un bloque medio que se centró en reducir las distancias que existían entre su defensa y el centro del campo, a menudo adoptando un 4-1-4-1 en el que Alison operaba entre la defensa y el centro del campo para reducir los espacios -los mismos por los que suelen atacar los equipos de Sampaoli- que de otro modo habrían existido entre las líneas. Sus esfuerzos fueron apoyados en el centro del campo por Diego Cristiano y Carlos Sánchez, y existió la libertad para que los jugadores abandonaran la línea en la que estaban defendiendo para buscar recuperar, a sabiendas de que Alison los sustituiría y  de que Marinho y Yeferson Soteldo se moverían hacia el interior desde sus posiciones de inicio en la banda.

El planteamiento defensivo más utilizado por el Atlético Mineiro dio prioridad a defender arriba y a la recuperación rápida tras pérdida. La segunda línea de su estructura resultó ser especialmente eficaz: sus centrocampistas defensivos Allan y Jair influyeron en la defensa del juego directo y en la contribución a una presión alta por detrás de su delantero. Cuando la posesión estaba contenida en un lado del campo, los que presionaban desde esa segunda línea cazaban agresivamente el balón y cubrían la espalda tanto de los extremos como de los laterales junto a ellos.

Sus laterales solían empezar en línea con sus centrocampistas defensivos, o incluso por delante de ellos, lo que garantizaba una mejor cobertura por detrás de la primera línea de su presión, contribuyendo a la eficacia de su segunda línea. Esos centrocampistas defensivos les cubrían por detrás -asegurando la conservación de su deseada compacidad en la defensa central- y adoptaban posiciones que mejoraban sus transiciones de ataque, cuando las recuperaciones más altas les daban la posibilidad de contraatacar a través de las zonas amplias del campo.

Jorge Sampaoli

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