Fotografía: Robin Alam

Gregg Berhalter

Seleccionador de Estados Unidos, 2018-Presente

Todavía recuerdo el nombre del libro: The Road Less Traveled (El Camino Menos Transitado).

Tenía 20 años, y estaba en un vuelo a Holanda para empezar mi carrera profesional en el FC Zwolle. Llevaba un libro de autoayuda y ahora el libro estaba delante de mí, en la mesita desplegable, con una sola línea subrayada: Life is difficult (La vida es difícil).

Ya sentía nostalgia en el mismo vuelo y estaba nervioso por dejar atrás una vida universitaria cómoda. También recuerdo que cuando subrayé originalmente esa línea, me reconfortó en ese momento en el avión. Es a través de los desafíos que uno comienza a crecer.

Sin embargo, no sabía entonces que aceptar los retos sería un tema recurrente a lo largo de mi carrera como jugador y entrenador.

Los retos son una constante en la que hay que apoyarse y nunca tener miedo. Cambio de función, de equipo, de cultura… Sea cual sea el reto, hay que aceptarlo y utilizarlo como una oportunidad para crecer.

Me siento afortunado de que mi camino menos transitado comenzara en un pequeño lugar poco conocido en el mapa del fútbol estadounidense. A principios de la década de 1980, el norte de Nueva Jersey era una de esas zonas del país en las que el “deporte rey” había echado raíces y se había mantenido fuerte, incluso en los años que transcurrieron entre la desaparición de la NASL y la llegada de la Major League Soccer.

“Cuando hablo ahora con los jugadores, les insisto en la importancia de salir de su zona de confort para ser desafiados”

De niño, tenía la edad suficiente para entusiasmarme con la NASL. Mientras crecía veía los partidos de la Serie A en directo y observaba la pasión y compromiso entre quienes los veían a mi alrededor.

Estaba mirando al perfecto AC Milan de Gullit, Van Basten, Rijkaard, Maldini, Baresi. Otros niños de Jersey habrían pretendido ser el quarterback de los New York Giants cuando jugaban. Yo quería ser el defensa de la Juventus y de Italia Antonio Cabrini. Me encantaba su forma de jugar, un pionero en el papel de lateral ofensivo.

Era un entorno que hacía que la ambición de jugar en Europa pareciera posible, aunque la ruta no fuese clara.

Estaba en una región que produjo jugadores como Peter Vermes, John Harkes, Tony Meola, Tab Ramos y muchas otras leyendas locales. Podías ver a estos tipos y escuchar historias sobre ellos. Aunque la MLS aún no existía, podías admirar a estos jugadores.

Terminé en en ese vuelo a Holanda por haber ido a la universidad en Carolina del Norte. Allí tenía un entrenador alemán, Elmar Bolowich, que me organizó unos entrenamientos con el Schalke. También fui a Wiesbaden para entrenar y luego fui a Holanda con la selección sub-21 de Estados Unidos.

Ross Kinnaird/Allsport

También había tenido la experiencia de jugar con las selecciones juveniles de Estados Unidos ayudando a las selecciones mundialistas de Irlanda y Bélgica a preparar el Mundial de 1994. Jack Charlton (arriba) nos puso a hacer prácticas de disparos a puerta para Patrick Bonner, y ahí pude observar de cerca al gran Enzo Scifo.

Todas estas experiencias me inspiraron para dejar atrás el fútbol universitario y encontrar un reto aún mayor.

Cuando hablo ahora con los jugadores, insisto en la importancia de salir de su zona de confort para enfrentar desafíos; entrar en el espacio incómodo que proporciona la oportunidad de crecer. Recuerdo que en la universidad pensaba: “Tengo 20 años, tengo que seguir desarrollándome”. Pensaba que me había quedado parado.

Así que cuando fui a ese período de entrenamientos con el Schalke y vi el nivel que tenían allí, me resultó inspirador pensar: “Puedo hacerlo, puedo jugar a este nivel”.

“Llegué al Crystal Palace en 2002, en lo que probablemente fue el apogeo de la influencia de Arsène Wenger en el fútbol inglés”

Y eso fue todo.

Cuando poco después justamente se me presentó la oportunidad de hacerlo, no lo dudé. No había vuelta atrás.

Qué tiempos aquellos para estar en Holanda. Al llegar en 1994, tuve la gran oportunidad de aprender el estilo de juego holandés. Cada día era como estar en un campamento de fútbol para mí.

Tomaba notas de cada sesión de entrenamiento, pensaba en las formaciones que me gustaría jugar, en los roles individuales… Ya la semilla para ser entrenador había sido plantada en mí y estaba creciendo.

Ben Radford/Getty Images

También era un centro cultural para el deporte donde todo está en los detalles, y yo lo absorbía como una esponja. Cuando fui allí pensaba que yo era un buen pasador del balón, pero al principio recuerdo que nuestro delantero me gritaba por enviárselo con demasiado efecto.

Eso me encantaba. Recuerdo que me regocijaba el hecho de saber que  estaba jugando para ganarme la vida.

Los holandeses son gente encantadora y acogedora, pero cada día estaba entre hombres que no necesariamente iban a darme la bienvenida. Estaba compitiendo para ocupar su lugar.

Así que trabajaba en cosas como aprender a golpear la pelota con potencia con el empeine, y me empapaba de todo lo que podía. Era un ambiente estupendo, y una época estupenda para ser un joven profesional.

“En muchos sentidos, Alemania fue mi hogar futbolístico natural”

El fútbol europeo también se estaba transformando durante esa década. La Premier League se estaba poniendo de moda y, en el momento en que Francia ganó la Copa del Mundo en 1998, los jugadores y los entrenadores franceses eran muy apreciados.

De nuevo, otro momento de transición para mí coincidió con un periodo de transformación en mi siguiente destino.

Llegué al Crystal Palace en 2002, en lo que probablemente era el punto álgido de la influencia de Arsène Wenger en el fútbol inglés. Los clubes y los jugadores todavía estaban asimilando los cambios, pero no tengo ninguna duda de que ese periodo convirtió a la Premier League en la fuerza que es ahora.

Recuerdo a mi entrenador del Palace, Steve Bruce, hablando de sus conversaciones con Eric Cantona unos años antes, y lo que eso le sugería sobre los cambios que se avecinaban. En 2002 ya estaban en marcha.

Robin Alam

Wenger no sólo hizo el juego más atlético y modificó los hábitos de los jugadores en Inglaterra, sino que aportó un estilo de juego que supuso un avance permanente en la forma de jugar del fútbol inglés.

La forma en que jugaba su equipo del Arsenal era increíble: velocidad, precisión y movimiento. Cuando pienso en lo que me entusiasma ahora como entrenador, gran parte de ello se basa en el movimiento y la fluidez de aquel equipo del Arsenal.

No todo el mundo en Inglaterra se sentía cómodo con estas evoluciones, pero a esas alturas de mi carrera yo ya había aprendido a sentirme cómodo con cualquier tipo de cambios.

En aquella época, Inglaterra seguía teniendo la cultura del 4-4-2 -la imagen popular seguía siendo la de Dwight Yorke y Andy Cole en el Manchester United, o la de Alan Shearer y Teddy Sheringham en la selección de Inglaterra, pero eso estaba empezando a cambiar. Yo había empezado en la cuna del 4-3-3, en Holanda, así que quizá estaba menos inclinado a pensar que había una única forma correcta de hacer las cosas.

“¿De verdad iba a terminar mi carrera sin haber jugado nunca en la liga de mi país?”

Resultó que no iba a pasar mucho tiempo adaptándome al fútbol inglés. Estaba a punto de dar el siguiente gran cambio en mi carrera para experimentar otra versión del juego, esta vez en Alemania.

En muchos sentidos, Alemania era mi hogar futbolístico natural. El público y los estadios eran fantásticos, y el estilo de juego reunía algunos de los mejores elementos de los lugares en los que había estado antes.

Había algo del componente físico del fútbol inglés, pero más del énfasis táctico del fútbol holandés.

El fútbol era menos provinciano que en Holanda, donde sólo estabas a un par de horas en coche de cada rival, y la influencia de Europa del Este en el conjunto de jugadores también era un factor.

Victor Decolongon/Getty Images

Asimilaba la precisión y la velocidad del juego de contraataque, así como la forma de definir. La configuración táctica de los equipos era más detallada, creo, que la de Inglaterra en aquella época; era una versión completa de todas las influencias que había tenido hasta entonces, y eso me hizo sentir como en casa.

Tener una conexión real con ese sentimiento que experimenté ha influido en mi filosofía de entrenador: poner a los jugadores en posición de triunfar. A día de hoy, no hablo a los jugadores sólo de trabajar sus puntos débiles, sino también de potenciar sus puntos fuertes.

Creo que eso se debe a mi propia experiencia como jugador, a estar consciente de que los matices de un estilo o tipo de juego pueden hacer que un jugador tenga éxito o no.

Como seguí tomando notas de cada experiencia a lo largo de mi carrera como jugador, fue natural que empezara a trabajar para obtener mis títulos de entrenador en Alemania cuando estaba en mi etapa final como futbolista.

“Se nota mucho la influencia de Roy Hodgson en el fútbol de Suecia”

Por muy cómodo que me sintiera allí, me di cuenta de que había pasado 15 años en Europa. ¿Realmente iba a terminar mi carrera sin haber jugado nunca en la liga de mi país?

Eso se tradujo en tres agradables años en el LA Galaxy (arriba) a las órdenes de Bruce Arena. Viví las experiencias de jugar en el Giants Stadium -la antigua casa del Cosmos de Nueva York- delante de la familia y los amigos, de ganar la Copa de la MLS y de volver de nuevo a la cultura del fútbol estadounidense.

Podría haberme quedado en Estados Unidos, pero cuando se presentó la oportunidad de volver a Europa y empezar mi carrera de entrenador en el Hammarby, no lo dudé.

De nuevo, quería aceptar el cambio. Usarlo para apoyarme.

Kirk Irwin/Getty Images

Suecia era otra nueva cultura futbolística a la que exponerme. Los equipos estaban bien organizados defensivamente, eran disciplinados, compactos y físicos, pero no jugaban el fútbol más rápido.

Allí se notaba la influencia de Roy Hodgson, de su época en el Malmö. La mayoría de los equipos jugaban con un 4-4-2 muy organizado, construido alrededor de esos jugadores tan resistentes. Era fascinante ser testigo de ello.

Y, por supuesto, yo estaba aprendiendo mucho como entrenador principal. Al principio, la forma en que quería jugar y la forma en que quería entrenar no estaban tan estrechamente vinculadas como podrían haberlo estado. Tuve que aprender a aplicar una metodología a todo para que el trabajo fuera más limpio, menos disperso.

Se trataba de sentirme cómodo como líder y entender mis puntos fuertes en un trabajo totalmente nuevo. No importa si has jugado al fútbol toda tu vida, ser entrenador es una profesión completamente diferente.

“Por mucho que se planifique cada contingencia, siempre habrá algo nuevo que aprender”

Cuando me propusieron volver a la MLS con el Columbus Crew (arriba), hablé con el propietario Anthony Precourt sobre sus planes, y traté de aplicar los mismos principios que siempre. Cada oportunidad se mide por el tiempo que tienes para llevarla a cabo, el control que tienes para ejecutarla y los medios de los que dispones. Me sentí cómodo con las tres cosas, así que dije que sí.

La MLS tiene un tope salarial, y eso es parte del reto de gestionar una plantilla. Me habían sugerido que el camino ortodoxo para tener éxito bajo el tope salarial era poner el peso del gasto en la columna vertebral del equipo, pero nosotros desafiamos, a propósito, ese modelo.

Teníamos perfiles y responsabilidades muy específicas dentro de nuestro sistema. Si pensábamos que un jugador podía darnos lo que necesitábamos en esa posición, no nos importaba pagar para conseguir exactamente lo que queríamos.

Llevo esos mismos principios con la selección nacional de Estados Unidos (abajo). Tenemos una forma de jugar que queremos. La dinámica del juego internacional puede ser ligeramente diferente, pero el reto principal sigue siendo el mismo.

Sean M Haffey/Getty Images

Esa es la parte emocionante de lo que estamos haciendo: trabajar con un grupo de jugadores realmente jóvenes y con talento. Se trata de conseguir que todo el mundo esté de acuerdo, de tener claro lo que queremos conseguir y de convertirnos en un equipo fuerte, un grupo de individuos que se apoyen mutuamente y en una causa mayor. Si lo conseguimos, tendremos éxito.

En última instancia, sea cual sea el nivel en el que compites, intentas observar, comprender y adaptarte. Si queremos poner a los jugadores en situación de triunfar, tenemos que entender el contexto de su juego y el juego que les pedimos que hagan.

El reto es que, por mucho que se planifique cada contingencia, siempre habrá algo nuevo que aprender y a lo que responder.

Los partidos, como la vida, pueden cambiar en un momento, y a veces te encontrarás en el camino menos transitado.

Si mi carrera hasta ahora me ha enseñado algo, es que esos son los momentos que hay que aprovechar.

Gregg Berhalter

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