Fotografía: Jon Enoch

Yaya Touré

Jugador: Barcelona, 2007-2010; Manchester City, 2010-2018

“Yaya, sabes que tú podrías entrenar”, me dijo una vez un entrenador.

“¿Qué?”, le respondí. Me sentía confundido. Nunca antes había pensado en serlo.

“Yo solo quiero jugar”, le dije.

En ese momento, estaba seguro de eso. Quería terminar mi carrera de jugador apropiadamente. Pero esas palabras despertaron algo en mí que nunca antes me había pasado por la mente.

No estaba listo en ese momento. No estaba listo porque quería seguir jugando, pero también sabía entonces, como lo sé ahora, que no habría podido entrenar a esa edad. Estaba tan sorprendido. Aún tenía mucho que aprender.

En el Manchester City, Pep Guardiola y yo solíamos hablar después de los entrenamientos sobre cosas específicas; partes del juego que a él le encanta analizar. Él vio que yo entendía el juego. A veces también hablaba con el presidente, Khaldoon Al Mubarak. Él estaba de acuerdo en que debería considerar la posibilidad de ser entrenador.

Hasta entonces, yo solo creía que estaba pensando en jugar de una manera más profunda. No me daba cuenta realmente de que estaba pensando como un entrenador.

Alex Livesey/Getty Images

Siempre había pensado de esa forma. Era algo que me venía de forma natural. En los equipos del Manchester City en los que jugué que ganaron títulos, fuera del campo siempre estábamos buscando formas de mejorar, en cómo sacar lo mejor el uno del otro.

David Silva (arriba) y yo lo hablábamos constantemente. Samir Nasri también. Si no estábamos encontrando una ruta para llegar a Sergio Agüero, tomábamos la decisión de cambiar las cosas. “Esto no está funcionando”, decía yo. “Vamos a intercambiar posiciones y ver cómo funciona eso”.

Por supuesto, tuve grandes entrenadores en el City: Roberto Mancini, Manuel Pellegrini y Guardiola, Ellos le daban al equipo una base y una estructura, pero la comunicación entre los jugadores es muy importante. Necesitas comunicación sobre el campo. Descubrimos que nos hacíamos mejores entre sí porque entendíamos tan bien los que hacíamos.

“Yo hacía muchas preguntas. Quería saber qué hacer y por qué debería hacerlo”

Era lo mismo con mis compañeros en el mediocampo, ya fuese Javi García, Gareth Barry o Fernandinho. Sabíamos que teníamos que ayudarnos para hacernos el trabajo más fácil teniendo equilibrio en el mediocampo.

Yo siempre era el más ofensivo, y sabía que podía hacer mejor a mi compañero del mediocampo si no perdía el balón fácilmente, así como él podía hacerme mejor recuperando el balón tan rápido como fuese posible cuando lo perdíamos. Yo ayudaba al mediocampista defensivo al ralentizar el juego del rival cuando pudiera, y deteniendo pases al mediocampo, y él me hizo mejor anticipando cualquier pase que conseguía sobrepasarme.

Posteriormente, cuando Kevin De Bruyne se unió al City, nosotros solo buscábamos hacer que se sintiera contento. “¿Cómo quieres el balón?, le preguntaba. “¿Quieres recibir el pase en el medio o lo prefieres en banda?”. Él me daba información y yo utilizaba esta información para ayudarlo a ser mejor.

Jon Enoch

Yo no diría que era exigente como jugador. Solo veía el potencial de mis compañeros de equipo y quería que se sintieran lo más cómodos posibles.

Eso fue algo que aprendí en el Barcelona: todo el mundo es diferente. Si no hablas con ellos y es solo el entrenador quien da información, no puedes ayudar a tu compañero de equipo a sacar lo mejor de sí. Si anotan un gol, es un gol para todos, así que por qué no ayudarlos cada vez que puedas.

Creo que mi comprensión del juego viene de mi educación futbolística en Costa de Marfil.

De niño, crecí jugando al fútbol con mis amigos en la calle. En esos días solo era por diversión. Poníamos el balón en el centro del campo y jugábamos. Pase, pase, pase, anotar un gol, y finalizar.

Pero entonces un entrenador llamado Jean-Marc Guillou vino a vernos, y me llevó a mí y a los otros jugadores más talentosos a la Academia del ASEC Mimosas cuando yo tenía 13 años. Nos ayudó a aprender la diferencia entre el fútbol amateur y profesional, y desarrollar un mejor entendimiento de lo que estábamos haciendo. Nos dio la oportunidad de hacer realidad nuestro sueño.

Jean-Marc nos hizo trabajar muy duro. Entrenábamos tres veces al día, a veces seis días a la semana. Comenzábamos a las 5 de la madrugada, íbamos al colegio, de vuelta a los entrenamientos, de vuelta al colegio y entonces a entrenar otra vez a las 4 de la tarde. Día tras día.

Fue entonces que aprendí que el compromiso y el trabajo duro es muy importante si quieres llegar. Hice muchos sacrificios a una temprana edad.

Yo hacía muchas preguntas. Quería saber qué hacer y por qué debería hacerlo. A veces me sentaba con Jean-Marc durante una hora después del entrenamiento, hablando sobre lo que habíamos hecho.

Lefty Shivambu/Gallo Images/Getty Images

Él no se centraba en darnos posiciones específicas. Eso hizo que nuestra forma de desarrollarnos fuese única. Aprendimos a estar disponibles para tomar el lugar de un compañero que estaba lesionado o que estaba teniendo un mal partido. Si necesitábamos un lateral derecho, cualquiera podría hacerlo.

Jean-Marc sabía que eventualmente tendríamos que aprender a jugar en una determinada posición, pero todos fuimos educados para ser futbolistas versátiles. Nos hizo creer que podíamos jugar en cualquier posición. No nos concentrábamos en las características de ciertas posiciones o roles. Solo quería que nos desarrolláramos como jugadores.

Cuando ves a los futbolistas que Jean-Marc ha desarrollado – jugadores como Gervinho, Emmanuel Eboué, Salomon Kalou. Didier Zokora y mi hermano, Kolo – puedes ver lo versátiles que fueron sus jugadores como profesionales. Él era increíble en eso.

“Fue solo en el City que descubrí mi mejor posición”

Cuando estaba creciendo, Kolo era delantero y luego en el Arsenal comenzó como mediocampista derecho, antes de pasarse a mediocentro, luego a lateral derecho y, finalmente, como central, donde tuvo una gran carrera.

Cuando conseguí una transferencia a Europa, a los 17 años, al equipo belga Beveren, ni siquiera sabía cuál era mi mejor puesto.

Para ser franco, al principio estaba asustado.

Jon Enoch

Era entonces muy delgado, casi pequeño. ¡Todos los demás se veían enormes!

Sabía que era increíble lograr haber llegado a Europa. Pasar de las calles de Abidjan a jugar en el fútbol europeo era increíble. No muchos lo consiguen.

Pero cuando llegué no sabía en qué posición jugar, y el tamaño de los jugadores contra los que me iba a enfrentar me asustaba. Éramos cuatro que veníamos de Costa de Marfil y no sabíamos si podíamos competir contra esos hombres.

“Manuel Pellegrini me dijo que no quería ver demasiados pases. Quería que corriéramos con el balón y atacáramos la portería”

Pero cuando salíamos al campo, nos relajábamos.

Nosotros estábamos más acostumbrados al balón que ellos. Podíamos salir jugando desde atrás, podíamos recibir el balón bajo presión y, porque entendíamos lo que se nos pedía y habíamos jugado en muchas posiciones distintas, nos convertimos en líderes sobre el campo. Usábamos nuestros cerebros más que los jugadores que ya estaban allá, y eso nos ayudó mucho.

Fue lo mismo cuando llegué a Inglaterra. Todo el mundo me hablaba de lo fuertes, altos y físicos que eran los jugadores, pero mi experiencia en Bélgica me ayudó. Fue difícil al comienzo, pero me acostumbré al fútbol inglés rápidamente.

Fue solo en el City que descubrí mi mejor posición.

Shaun Botterill/Getty Images

Había jugado en todos lados antes, incluyendo como defensa central cuando ganamos la final de la Champions League en 2009 (arriba).

Pero en el City, jugando como mediocampista todoterreno o como un número 10, encontré las posiciones donde era mejor.

Fue bajo la dirección de Manuel Pellegrini (abajo) que tuve la mayor responsabilidad. Cuando él llegó, me dijo enseguida que me veía como un líder.

“Vincent Kompany es el capitán”, me dijo. “Pero cuando Vincent no esté, tú serás el capitán”.

“No estoy listo para eso”, respondí.

“Yo veo cómo hablas con tus compañeros”, me dijo. “Incluso en la comida, hablas sobre fútbol”.

“He comenzado a darme cuenta de lo bueno que es ser entrenador”

Él veía a los mediocentros como los jugadores más importantes sobre el campo, y me dijo que me moviera donde yo quisiera tener influencia en el juego porque Fernandinho estaría ahí para hacerme la cobertura.

Me empujó, me dio más responsabilidad. Me dijo que no quería ver demasiados pases. Quería que corriéramos con el balón y atacáramos la portería.

Alex Livesey/Getty Images

Vincent se perdió algunos partidos por una lesión en esa temporada 2013/14, así que capitaneé al equipo en bastantes ocasiones. Solo en la liga anoté 20 tantos y ganamos tanto la Premier League como la Copa de la Liga. Disfruté realmente esa responsabilidad extra.

Los entrenadores que tuve a lo largo de mi carrera me ayudaron a sacar lo mejor de mí. Jean-Marc vio mi talento, me puso en una academia y ahora – después de ser seleccionado cuatro veces como ‘Mejor Jugador Africano’ del año – soy uno de los mejores futbolistas que hayan salido de África. Roberto Mancini vio potencial en mí y mostró confianza en que yo podía jugar en el centro del mediocampo y ser un líder para el Manchester City. Sin ellos, no hubiese logrado lo que he conseguido.

Ayudar a jugadores a desarrollarse como ellos lo hicieron conmigo es lo que me ha inspirado a ser un entrenador, llevando a los jugadores a su nivel más alto. Los mejores entrenadores son los que pueden hacer eso.

“La pandemia del coronavirus ha dificultado las cosas en muchas formas, pero me ha dado la oportunidad de aprender”

Mira a Jürgen Klopp ¡Es un genio! Ha llevado a tantos jugadores a la cima de su juego.

Sadio Mané, Mo Salah, Jordan Henderson, Georginio Wijnaldum, Fabinho, Virgil van Dijk, Andy Robertson… Llegaron al Liverpool siendo jugadores, pero ahora todos son grandes. Hay muchos de la academia también.

He comenzado a darme cuenta de lo bueno que es ser entrenador.

La pandemia del coronavirus ha dificultado las cosas en muchas formas. Fue el motivo por el que dejé el Qingdao Huanghai en China a comienzos de 2020, pero me ha dado la oportunidad de aprender. Me ha dado la oportunidad de comenzar a sacar mis títulos de entrenador y de empezar a pensar en el próximo capítulo. Ya he progresado mucho al obtener los títulos.

Pero estar sentado en una oficina todo el tiempo no es para mí.

Quiero estar fuera sobre el césped, interactuar con otras personas, intercambiar ideas. He sido muy afortunado de que Chris Ramsey (arriba) me haya dado la oportunidad de hacerlo en el QPR.

“Soy consciente de que necesito aprender todo y abrirme paso. Todo es parte del camino y es realmente importante”

He podido dirigir sesiones de entrenamiento con los grupos más jóvenes, mirar a Chris entrenando y aprender de él, así como también de otros buenos entrenadores como Andrew Impey y Paul Hall. Les Ferdinand ha sido genial, dándome la oportunidad de mirar a esos entrenadores en acción. Ellos me han empujado a aprender y me han mostrado lo que tienes que hacer de manera diferente para ser un entrenador del más alto nivel.

También he tenido la oportunidad de ir al Blackburn gracias a Stuart Jones (abajo) y la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA), a través de Geoff Lomax, me ha dado grandes oportunidades también. Estoy aprendiendo todo el tiempo y me encanta.

En QPR, después de las sesiones de entrenamiento, paso tiempo hablando con los jugadores. Es realmente increíble el compromiso que muestran. Quieren lograr tanto como lo hice yo y siempre quieren aprender cómo ser mejores. Es increíble poder ayudarlos y estoy encantado de tener esa oportunidad.

La sensación que eso me ha dado está haciendo más fácil aceptar que mis días como jugador están acercándose a su fin. Si llega, me encantaría tener la oportunidad de seguir jugando. Sería perfecto encontrar un rol que combine jugar con entrenar, como Kolo lo hizo con Brendan Rodgers en el Celtic y ahora en el Leicester. Brendan ha sido un mentor fantástico para Kolo y sus progresos en los últimos años han sido fenomenales.

Sin embargo Kolo trabajó duró para llegar donde está ahora y yo estoy consciente de que necesito aprender todo y abrirme paso. Todo es parte del camino y es realmente importante.

Gracias a todos lo que me han ayudado en mi transición a entrenar, estoy recibiendo la oportunidad de comenzar a hacerlo.

Y debido a las oportunidades que he recibido para ayudar a los jugadores jóvenes, ahora espero con expectación la próxima etapa de mi carrera.

Cuando esa vez me dijeron que podía ser un entrenador, no estaba para nada seguro.

Ahora, sin embargo, yo también lo puedo ver.

 

Yaya Touré

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