Walid Regragui
Marruecos, 2022-2026
Puedes leer la entrevista en francés aquí
Mi primer trabajo como entrenador fue como asistente en la selección nacional de Marruecos. Un sueño para cualquier marroquí. Más aún para un exjugador de la selección como yo.
Nada más acabar mi carrera como jugador me fui a París para sacar mi diploma con la Federación Francesa de Fútbol. Se trataba de empezar mi camino como entrenador, pero la decisión de querer serlo estaba tomada desde hacía mucho antes, cuando todavía era jugador profesional.
¿Por qué tan pronto? Bueno, siempre me gustaron los entrenamientos, la pasión que tengo por este deporte y, sobre todo, la manera de pensar de los entrenadores.

Han sido muchos los técnicos que han influido en mí, pero hay dos que lo hicieron de una manera especial. Por un lado, Rudi Garcia, que fue el primero en descubrirme cuando yo jugaba en una liga amateur en Francia. Rudi siempre confió en mí y me ayudó a soñar con ser futbolista profesional. Al final, fue un entrenador clave en mi carrera como jugador. Y después, al verlo triunfar también en los banquillos, seguí muy de cerca su trayectoria y hablé mucho con él.
También me influyó Rolland Courbis, un entrenador muy reconocido en Francia y una figura mítica del Olympique de Marsella y del Girondins de Burdeos. Allí dirigió e impulsó la carrera de grandes jugadores. Fue el “mentor” de Zinedine Zidane y Christophe Dugarry. Aprendí mucho de Rolland, especialmente en el plano táctico, en la gestión del grupo y en la manera de transmitir el mensaje a los jugadores.
"Para entrenar me ayudó mucho haber vivido en Francia y haber jugado en España, en el Racing de Santander, porque son dos estilos muy distintos"
Si soy sincero, que la federación marroquí me contactara para incorporarme al staff y ayudar en la clasificación para la Copa de África de 2013 en Sudáfrica fue algo curioso e inesperado, porque nadie imagina que su primer trabajo vaya a ser en la selección de su país.
Pero era una gran oportunidad para mí y, sobre todo, una experiencia magnífica para empezar. Porque, cuando eres asistente, no eres el primer entrenador, pero puedes observar cómo vive un grupo, cómo es una nueva generación de jugadores y cómo funciona una selección, que es muy diferente de un club. Todo eso me ayudó mucho a crecer.
Además, la gente empezó a verme como un asistente con capacidad para ser primer entrenador, algo que terminó ocurriendo en el FUS Rabat en julio de 2014.

El FUS Rabat fue un laboratorio para mí, porque probé muchos esquemas de juego: 4-4-2, 4-3-3, línea de cinco atrás… Intentaba cosas, vendíamos muchos jugadores y teníamos que rehacer la plantilla constantemente. Por eso me quedé seis años: me dejaban trabajar tranquilo y crecer como entrenador.
La verdad es que fue un éxito, porque era un club que nunca había ganado la liga en sus 80 años de historia. Y lograrlo fue algo increíble para mí, para el staff y para el equipo. Fue una emoción enorme porque entramos en la historia del club y eso, cuando eres entrenador, siempre es un sueño.
"Cada país tiene su estilo y uno tiene que adaptarse. Marruecos está más cerca del fútbol español que del francés, pero también tenemos una cultura futbolística influida por Francia"
Para entrenar me ayudó mucho haber vivido en Francia y haber jugado en España, en el Racing de Santander, porque son dos estilos muy distintos. Cuando estaba en el FUS Rabat siempre pensaba que una mezcla entre el fútbol español y el francés podía hacer a mi equipo más competitivo. Así que trabajé mucho ese equilibrio entre el juego posicional del fútbol español y la organización defensiva del fútbol francés, también muy táctica.
Los dos o tres primeros años jugamos un fútbol de posición increíble, quizá el mejor de Marruecos en ese momento. Ganamos la liga con jugadores muy buenos que luego vendimos al extranjero. Después tuve que adaptarme, porque cuando vendes talento, todo se complica. Tienes menos calidad y necesitas otras herramientas. Ahí me ayudó mucho la escuela francesa, sobre todo en la organización defensiva.

Mi paso por España también fue muy importante, porque me permitió entender el fútbol de otra manera. En Francia se trabaja mucho lo físico y el juego sin balón; en España, mucho más el juego con balón, el juego de posesión y el juego posicional. Todo eso cambió mi visión del fútbol.
Cada país tiene su estilo y uno tiene que adaptarse. Marruecos está más cerca del fútbol español que del francés, pero también tenemos una cultura futbolística influida por Francia. Así que mi objetivo era adaptarme a mi país sin perder el ADN de nuestro fútbol. Nunca lo dejamos de lado.
"En el Wydad aprendí a ganar rápido, porque después de tres meses ya sentí que la situación podía complicarse si no reaccionábamos"
Fueron seis años increíbles en ese club, años que nunca voy a olvidar. Cuando ganas títulos y formas parte de la historia de un club, eso se queda contigo para siempre.
Después de nueve meses en Catar al frente del Al-Duhail, volví a Marruecos en 2021 para entrenar al Wydad Casablanca, el club más grande del país, el que tiene a los mejores jugadores y también más títulos que ningún otro. Además, cuenta con una afición increíble, una de las mejores del mundo. Para mí, la mejor. Cincuenta mil personas en el estadio, siempre empujando al equipo y ayudándote a ganar partidos.

La gran diferencia entre el FUS Rabat y el Wydad es que en el primero tienes tiempo para construir. En el Wydad no: tienes que ganar y jugar bien cada fin de semana. La exigencia es enorme y eso también cambió mi forma de ser entrenador. Porque, en cada sitio al que vas, tienes que adaptarte al club, a su cultura, a su historia.
En el Wydad aprendí a ganar rápido, porque después de tres meses ya sentí que la situación podía complicarse si no reaccionábamos. Tuve que adaptarme muy rápido a la mentalidad de un club donde solo cuenta ganar.
"Cuando vi la plantilla y el nivel de los jugadores de la selección de Marruecos, me convencí de que podíamos hacer algo grande"
Y fue una experiencia increíble, porque conseguimos ganar la liga otra vez. El club no lograba un back to back, es decir, ganar dos ligas seguidas, desde hacía 30 años, y nosotros lo conseguimos. Además, conquistamos la tercera Champions de África para entrar en la historia del club. También llegamos a la final de la Copa de Marruecos, algo que no ocurría desde hacía 17 años. Quizá fue la mejor temporada de la historia del club. Y vivirlo con esa afición fue algo inolvidable.
Después de ese año increíble con el Wydad, la idea era descansar y pensar en la siguiente temporada. Pero llegó una llamada de la federación de Marruecos, como años atrás. Esta vez, eso sí, era distinta, pues implicaba más la responsabilidad.
“¿Te gustaría entrenar a la selección nacional de cara al Mundial de 2022?”, me preguntaron.

La federación había tomado la decisión de destituir a Vahid Halilhodžic, que también había hecho un gran trabajo con Marruecos. Y, claro, como marroquí, como exjugador de la selección y también como exasistente, era una llamada muy especial.
La verdad es que yo nunca me había imaginado entrenando a la selección, porque sé que es un trabajo muy diferente. A mí me gusta más entrenar en un club, en el día a día. Pero, en ese momento, se trataba de mi país. Tuve una reunión con el presidente de la federación, en la que le dije: "Si firmo como seleccionador, no será solo para ir a jugar un mundial y ya está. Marruecos no puede conformarse con participar y sentirse feliz solo por estar ahí”.
Yo no iba a ir al Mundial si no sentía que podíamos ser competitivos.
"En Marruecos hay muchísima presión porque la selección representa a todo un país. Pero, como seleccionador, todo se multiplica"
Cuando vi la plantilla y el nivel de los jugadores, me convencí de que podíamos hacer algo grande. No voy a mentir diciendo que pensé que llegaríamos hasta las semifinales, pero sí estaba convencido de que podíamos superar la fase de grupos y entrar en la historia del país.
Lo hablé con mi familia y con la gente más cercana a mí y decidimos asumir aquel desafío, que era enorme, e intentar hacer historia.
Jugar un mundial con tu país, siendo entrenador marroquí y exjugador de la selección, es un sueño increíble. Siempre doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir algo así. Para un entrenador no hay nada más grande que disputar un mundial con su selección.

La presión llegó desde el primer día. Yo ya la conocía como jugador, como exasistente y también como aficionado, porque cuando trabajo para la selección, también soy un aficionado más. En Marruecos hay muchísima presión porque la selección representa a todo un país. Pero, como seleccionador, todo se multiplica.
Por otro lado, lo que más me preocupaba era el tiempo, porque faltaban solo tres meses para el Mundial, con apenas diez días de preparación antes del torneo, más los dos amistosos del mes de septiembre. Entre una cosa y otra, solo tenía dos meses para ver a los jugadores, trabajar el esquema de juego, construir el espíritu que quería inculcar en el equipo y tomar decisiones importantes.
"Cuando entras en el campo en tu primer partido de un mundial, la sensación es increíble. Te acuerdas del niño que soñaba con este campeonato"
El primer partido de preparación que jugamos fue en Barcelona, en el mes de septiembre, contra Chile, y había 35.000 o 40.000 marroquíes en el estadio. En el extranjero, fuera de Marruecos. Eso te demuestra que hay una afición enorme detrás del equipo y que no puedes fallar. Tienes que darles alegría, hacerles sentir orgullo y poner en el campo a un equipo que los represente.
También había que recuperar a jugadores que en ese momento no estaban en el equipo, como Hakim Ziyech o Noussair Mazraoui. Había que pensar todos los detalles, estudiar a los rivales, formar el nuevo staff… y viajar muchísimo. Un día estaba en Estambul; al día siguiente, en Londres. Pero, al final, quizá esa falta de tiempo también nos ayudó, porque nos obligó a ir directos a lo esencial, a centrarnos en los detalles más importantes.

El primer partido del Mundial 2022 en Catar fue contra Croacia, finalista en 2018. Cuando entras en el campo en tu primer partido de un mundial, la sensación es increíble. Te acuerdas del niño que soñaba con este campeonato. Estás en el banquillo de tu país, suena el himno, hay 30.000 marroquíes en el estadio cantándolo… y, por un momento, vuelves a sentirte como aquel niño.
Pero enseguida tienes que cambiar el chip y pensar en competir. Porque, al final, estamos ahí para ganar.
Sabíamos que ese primer partido era clave para poder soñar. En 2018, Marruecos perdió contra Irán en su debut y eso prácticamente acabó con sus opciones desde el principio. Así que esta vez teníamos claro que no podíamos perder contra Croacia. Quizá por eso no jugamos con la soltura que mostramos después. Afrontamos ese primer partido con cierta prudencia, con el freno de mano echado, porque lo más importante era no perder.
Contra Bélgica ya se vio a otro Marruecos: un equipo con más personalidad, más confianza, más valentía. Y la victoria nos dio todavía más fuerza para seguir compitiendo.
"Yo sentía que estábamos ante un momento histórico. Los jugadores entendieron que era un momento clave para sus carreras"
Después ganamos a Canadá y ahí sí se cumplió el primer gran objetivo: pasar de la fase de grupos. En la historia de Marruecos solo se había logrado una vez antes, en 1986, en México, con una generación histórica que el país todavía recuerda.
Igualar a esa generación del 86 ya era un sueño. Era como decir: todavía no hemos terminado de soñar, pero ya hemos dado un paso enorme. Aun así, yo les dije a los jugadores que teníamos que olvidarlo rápido. Si queríamos hacer historia de verdad, había que pasar a cuartos de final, algo que Marruecos nunca había conseguido.

Y ahí apareció España.
“Si queremos entrar en la historia del fútbol marroquí, tenemos que eliminar a España”, les dije. Y el grupo lo entendió. Entendió que estaba ante una oportunidad única. Eso nos dio una fuerza enorme para competir, correr, sufrir y darlo todo en ese partido.
Como entrenador, siempre estoy pensando en cómo empujar al equipo hacia un objetivo nuevo. Después de España, el objetivo ya no era solo hacer historia con Marruecos: era hacer historia con África.
Hasta ese momento, el último equipo africano en llegar a los cuartos de final había sido Ghana en 2010. Ninguna selección africana había disputado nunca una semifinal de un mundial. Así que el partido contra Portugal se convirtió en una oportunidad única: entrar en la historia del continente y del fútbol mundial.
"En ese momento supe que habíamos entrado en la historia. Y, al mismo tiempo, pensé otra cosa: no podemos parar aquí. Podemos ganar el Mundial"
Yo sentía que estábamos ante un momento histórico. Los jugadores entendieron que era un momento clave para sus carreras, sí, pero también para la historia de África. Y eso nos ayudó muchísimo a motivarnos.
Recuerdo perfectamente los últimos minutos de ese partido contra Portugal. Jugábamos con diez hombres después de la expulsión de Walid Cheddira y yo tenía muchísimo miedo, porque históricamente a los equipos africanos —y a Marruecos también— siempre les ha costado cerrar este tipo de momentos. Siempre parece que, cuando estamos cerca de algo grande, aparece un error, una tontería, un detalle que lo arruina todo.

Cuando el árbitro pitó el final, no sabía si iba a llorar o si lo que sentía era una liberación total. Pensé en mi familia, en mis padres, en mis hermanos, en la calle, en toda la gente de Marruecos. En ese momento supe que habíamos entrado en la historia. Y, al mismo tiempo, pensé otra cosa: no podemos parar aquí. Podemos ganar el Mundial.
Lo creí de verdad. Si hemos eliminado a España y a Portugal, ¿por qué no?
Sin embargo, no pudimos vencer a Francia en las semifinales —perdimos 2-0—. ¿En qué fallamos? ¿Por qué no pudimos? Muchas preguntas, pero sin respuestas todavía.
"Un mundial no se gana de la noche a la mañana. Solo así se adquiere ese ADN competitivo que tienen las grandes selecciones"
Cuando volvimos a Marruecos, diez días más tarde de la eliminación ante Francia, tuve una reunión con el presidente de la federación. Ya con la cabeza más fría, nos sentamos a pensar qué era lo que nos faltaba para dar un paso más en el futuro.
Y yo creo que había varias cosas.

La primera, el ADN. Un mundial no se gana de la noche a la mañana. Hay que volver a jugar mundiales, volver a jugar cuartos de final, semifinales, competir siempre a ese nivel. Solo así se adquiere ese ADN competitivo que tienen las grandes selecciones.
Después está el tema de la plantilla. En ese momento, Marruecos no tenía una plantilla tan amplia como la de ahora. Habíamos conseguido convencer a muchos jugadores para que jugaran el Mundial 2022 con Marruecos, pero en una competición como esta necesitas una plantilla más profunda. No nos faltaban grandes jugadores en el once inicial, porque los teníamos, pero sí una plantilla más competitiva y con más jugadores.
"Lo que más feliz me hace, más allá del fútbol, es que en el Mundial de 2022 cambiamos la mentalidad de la afición y de los jugadores. Ahora, en Marruecos, se sueña con ganar un mundial"
En torneos que duran un mes o un mes y medio, necesitas poder contar con dos o tres futbolistas por puesto, todos preparados para competir al máximo nivel. Porque lo que nos faltó en aquella semifinal contra Francia en 2022 fue, precisamente, eso: una plantilla todavía más fuerte y profunda.
Para ello fui a convencer a futbolistas para que jugaran con Marruecos. Eliesse Ben Seghir, Ilias Akhomach, Brahim Díaz, Neil El Aynaoui, Ayyoub Bouaddi, Anass Salah-Eddine, Chemsdine Talbi o Adam Aznou.

Al margen del trabajo con la selección absoluta de Marruecos, asumí también la dirección técnica del equipo Sub-23. Consideré que era importante hacerlo porque vives desde dentro el paso previo de todos esos jugadores que quieren llegar a lo más alto con su país. Y fue muy bien, con importantes logros como el triunfo en la Copa África de la categoría en 2023 y la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Lo que más feliz me hace, más allá del fútbol, es que en el Mundial de 2022 cambiamos la mentalidad de la afición y de los jugadores. Ahora, en Marruecos, se sueña con ganar un mundial. Hace cuatro o cinco años, si le decías a un marroquí que su selección podía ganar un mundial, se reía. Te decía que no hablaras de eso, que no te burlaras del país. Hoy, en cambio, esa idea está en la cabeza de todos y sentimos que estamos más cerca.
Fueron cuatro años inolvidables como seleccionador de Marruecos, con el orgullo de sentirme parte de algo muy grande.
A nuestra selección se la conoce como los Leones del Atlas. Pero no es solo un apodo: es una identidad. Da igual que hayas sido jugador o entrenador. Si has defendido a esta selección, serás un León del Atlas para toda la vida.
Walid Regragui