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Análisis táctico- ¿Cómo ha mejorado José Mourinho al Real Madrid?

Análisis táctico- ¿Cómo ha mejorado José Mourinho al Real Madrid?
Getty Images.
Redacción
Coaches' Voice en español
Publicado el
3 de septiembre 2026

José Mourinho

Real Madrid, 2026-Presente

Tres jornadas de LaLiga no son suficientes para emitir un juicio definitivo, pero sí permiten detectar y analizar los patrones tácticos del Real Madrid de José Mourinho y los cambios respecto a las dos últimas temporadas. Esto se ha traducido en el mejor arranque del entrenador portugués al frente del conjunto blanco: nueve puntos de nueve tras ganar 1-2 al Espanyol, 4-1 a la Real Sociedad y 4-0 al Málaga (abajo, en el vídeo).

En su primera etapa en el Real Madrid (2010 a 2013), el mejor registro del entrenador luso en las tres primeras jornadas de LaLiga fue de siete puntos, en la temporada 2010/11. En 2026 ha logrado tres victorias seguidas a las que añade un alto valor ofensivo: diez goles, el número de tantos más alto del equipo blanco en las últimas campañas. La última vez que el equipo madridista llegó a alcanzar los dos dígitos goleadores en las tres primeras jornadas fue en la 2018/19.

La personalidad del Real Madrid de Mourinho no responde exclusivamente al gran estado de forma de Jude Bellingham y Kylian Mbappé. El entrenador portugués ha adaptado el juego a los centrocampistas disponibles, ha adelantado el bloque, ha recuperado la agresividad tras pérdida y ha distribuido las responsabilidades dentro de una plantilla más profunda que en la temporada pasada. Como se esperaba, con el técnico de Setúbal el 4-2-3-1 sirve como referencia de partido, pero dentro de ese sistema aparecen laterales con funciones opuestas, extremos que ocupan zonas interiores, un doble pivote flexible y delanteros que intercambian alturas.

A continuación, nuestros entrenadores UEFA Pro analizan en profundidad cinco claves tácticas del Real Madrid 2.0 de José Mourinho.

Un equipo más corto que corre mejor

El primer parámetro que destaca respecto a temporadas pasadas es la altura colectiva. Es decir, el equipo defiende aproximadamente 20 metros más adelantado, una disposición a la que se añaden unas líneas más juntas (abajo) y la intención de recuperar el balón de forma agresiva y lo antes posible. La posición de los centrales —Dean Huijsen, Ibrahima Konaté y Antonio Rüdiger en las tres primeras jornadas— permite sostener al equipo lejos del portero Thibaut Courtois, mientras los laterales saltan agresivamente sobre los receptores exteriores.

Las distancias reducidas convierten los esfuerzos en acciones más cortas y explosivas. De este modo, el Real Madrid corre mejor y de manera más ordenada en la presión, porque lo hace hacia delante y con varios futbolistas activándose sobre una misma zona. Esta compactación ha devuelto al equipo una conducta colectiva que se había debilitado durante las últimas temporadas.

Formación 4-2-3-1 del Real Madrid de José Mourinho en 2026.

La presión tras perder la pelota está funcionando mejor que la presión alta iniciada desde el saque de portería rival (abajo). Por ejemplo, en el partido contra la Real Sociedad, Fede Valverde recuperó en el campo contrario. Uno de esas recuperaciones llevó a una ocasión de Vinícius y Jude Bellingham robó dentro del área para asistir al brasileño en el 3-1. Ante el Málaga, el 2-0 surgió después de ganar una segunda jugada y mantener al rival encerrado.

Cuando el Real Madrid pierde el balón cerca del área contraria, sus jugadores están próximos a la pelota y pueden volver a intervenir. Pero como Mbappé y Vinícius saltan a presionar desde un punto de partida derivado de la jugada de ataque, si el adversario supera su primera presión, ambos pueden quedar desconectados. Este es uno de los desafíos pendientes: ante rivales capaces de jugar por dentro, el equipo de Mourinho tendrá que coordinar la persecución de los atacantes con las vigilancias de los laterales y del doble pivote. 

El 4-2-3-1 libera al mejor Jude Bellingham

Mourinho se mantiene fiel a su 4-2-3-1, una formación que, en este Real Madrid, protege la zona central sin alejar a Bellingham del área. Valverde y Bernardo Silva ocuparon el doble pivote en el mediocampo ante el Espanyol y la Real Sociedad, mientras que Eduardo Camavinga acompañó al uruguayo contra el Málaga. Aurélien Tchouaméni, el otro centrocampista principal, está llamado a añadir un perfil posicional cuando esté en óptimas condiciones físicas.

La presencia de dos mediocentros permite al equipo abarcar una mayor anchura, sostener las incorporaciones de los laterales y dejar a Bellingham por delante. El internacional inglés sigue retrocediendo, presionando y recuperando (abajo), pero ya no debe defender como un extremo izquierdo, como ocurría en etapas anteriores. Ahora su esfuerzo principal se produce en el pasillo central, donde un robo puede convertirse inmediatamente en una transición abierta junto a los extremos y el punta.

Presión del Real Madrid de José Mourinho en 2026.

El impacto de Bellingham en la posición que le ha encontrado Mourinho resume el acierto del ajuste: dos goles y dos asistencias en 245 minutos, además de provocar el tanto en propia puerta de Alfonso Herrero ante el Málaga. Marcó de cabeza frente al Espanyol, dio dos pases decisivos contra la Real Sociedad y quebró el rombo defensivo del Málaga con una conducción de más de 20 metros.

Así, la idea de Mourinho con el inglés parece clara: no le ha concedido libertad para aparecer en cualquier parte sin criterio, sino que ha colocado a su alrededor una organización ofensiva que mantiene ocupados los espacios mientras él los interpreta (abajo). En conclusión, Bellingham puede bajar para enlazar, recibir como mediapunta, conducir desde el intervalo entre el pivote y el extremo izquierdo o atacar el área por sorpresa como segundo delantero. La diferencia es que ahora sus desplazamientos terminan cerca de la portería, donde su potencia, su juego aéreo y su lectura del rechace resultan determinantes.

Jude Bellingham y Kylian Mbappe en el Real Madrid de José Mourinho en 2026.

Kylian Mbappé y el final del ataque estático

El segundo gran cambio ofensivo del Real Madrid de Mourinho es la movilidad sin balón. Durante demasiadas fases de las últimas temporadas, el Real Madrid circulaba lentamente hasta entregar a Vinícius o Mbappé una posesión al pie para que resolvieran mediante una acción individual. Una dinámica que ha cambiado con Mourinho, quien quiere que el pase encuentre movimientos previos mediante rupturas, apoyos, intercambios y arrastres que alteren las referencias defensivas (abajo).

En ausencia de un organizador, el entrenador luso ha optado por acercar el desarrollo del partido a sus futbolistas más desequilibrantes. El balón debe llegar cuanto antes a Bellingham, Vinícius, Arda Güler o Mbappé, pero con los receptores ocupando distintas alturas y no acumulados alrededor de una misma zona.

Transición ofensiva del Real Madrid de José Mourinho en 2026.

Mbappé es quien mejor representa esa evolución del equipo en ataque. El francés mantiene libertad para desplazarse hacia ambos pasillos interiores (abajo), pero está atacando el área con mayor determinación. Sus cuatro goles en los tres primeros partidos de LaLiga han llegado desde dentro de la superficie y mediante mecanismos diferentes: una transición después de una conducción de Valverde, una pared corta con Bellingham, un desmarque ante un pase de Vinícius y un remate al primer contacto tras un centro de Trent Alexander-Arnold.

Contra el Espanyol, Mbappé generó 1,74 xG sin marcar, aunque participó en el gol decisivo de Carlos Espí. Frente a la Real Sociedad firmó un hat-trick y, ante el Málaga, volvió a finalizar como nueve. Además, cabe destacar la comunicación de Mbappé con Bellingham y su constante intercambio de posiciones. Así, cuando Mbappé abandona la referencia, Bellingham ocupa su espacio. Cuando el inglés recibe entre líneas, el francés fija a los centrales. No son dos jugadores libres, sino dos atacantes que se compensan.

Laterales asimétricos y diferentes bandas derechas

El 4-2-3-1 se transforma con balón en una disposición cercana al 3-2-4-1. En la izquierda, los laterales —Álvaro Carreras o Marc Cucurella en estos tres primeros partidos— pueden mantenerse junto a los centrales para formar una primera línea de tres (abajo), permitiendo que Vinícius conserve la amplitud y Bellingham ocupe el intervalo.

Cucurella aporta estabilidad: defiende hacia delante, corrige la espalda del extremo y decide sus incorporaciones sin olvidar sus vigilancias defensivas. En la banda derecha, en cambio, Mourinho dispone de dos laterales muy distintos. Denzel Dumfries ofrece potencia, ruptura y llegada al área, mientras que Trent proporciona pausa, cambios de orientación y capacidad para organizar desde el carril exterior.

Las relaciones también varían según el perfil del extremo. En la derecha, con Güler por dentro y Dumfries por fuera, el internacional turco funciona como segundo mediapunta y el neerlandés estira la última línea. En cambio, si juegan Brahim Díaz y Trent, la banda gana asociación corta: Brahim recibe en el intervalo y Trent aparece como lanzador. Frente al Málaga, Trent acumuló 117 intervenciones, 87 pases, tres ocasiones creadas y 0,42 de amenaza esperada.

La entrada de Yan Diomandé incorpora una tercera respuesta en la derecha: un extremo que fija por fuera, encara y permite que el lateral se desplace hacia el mediocampo. Mourinho puede modificar así la naturaleza del costado derecho sin cambiar de sistema: profundidad con Dumfries, dirección con Trent, juego interior con Güler o Brahim Díaz y desborde con Diomandé (abajo).

La rotación también modifica el plan de juego

La amplitud de la plantilla permite que las rotaciones sean algo más que una cuestión de gestión física. Mourinho repitió el mismo once ante el Espanyol y la Real Sociedad, pero realizó cinco cambios contra el Málaga sin que desaparecieran los principios colectivos. Camavinga añadió recuperación y conducción al doble pivote; Trent cambió la forma de progresar por la derecha (abajo); Cucurella dio seguridad al costado izquierdo; Brahim Díaz ofreció recepciones entre líneas; y Rüdiger aumentó la agresividad defensiva.

El objetivo de Mourinho es consolidar a un núcleo de futbolistas capaces de transformar el partido según el escenario, evitando que exista una distancia excesiva entre titulares y suplentes. Una política que ya ha tenido influencia directa en los primeros tres partidos: Carlos Espí necesitó diez minutos para marcar el gol de la victoria ante el Espanyol (abajo); Cucurella entró al descanso contra la Real Sociedad y ayudó a estabilizar una banda que había sufrido; Brahim Díaz aportó dinamismo desde el banquillo; y Güler convirtió el cuarto tanto apenas tres minutos después de entrar frente al Málaga.

Con la rotación de jugadores, Mourinho busca mayor intensidad, aceptación de funciones y competencia por cada posición. El entrenador está utilizando el diálogo para convencer a sus jugadores, pero también el rendimiento para establecer jerarquías. Esa sensación de pertenencia explica que los jugadores celebren, presionen y trabajen juntos.

En muy poco tiempo, el Real Madrid de Mourinho ha transmitido una nueva personalidad en ataque y defensa. La actitud de los jugadores también parece diferente. Parece una buena base para un año tan largo y cargado de partidos como el que le espera al equipo blanco, que tiene la necesidad urgente de ganar un título después de dos temporadas sin conseguirlo.

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