
SEMIFINALES DEL MUNDIAL, 15 de julio de 2026
Enzo Fernández (85)
Lautaro Martínez (90+2)
Anthony Gordon (55)
Parece mentira recordar que, hasta hace menos de cuatro años, el Mundial de fútbol era un torneo que generaba angustias y divisiones, a partes iguales, en Argentina. Pero algo empezó a cambiar en 2021, cuando la Albiceleste logró ganar su primera Copa América y romper una sequía de títulos —excluyendo Juegos Olímpicos— de 28 años. Desde entonces, ha ganado dos copas América (2021 y 2024), una Finalissima (2022) y el Mundial de Catar 2022, y el próximo 19 de julio tendrá la posibilidad de conseguir en Nueva Jersey su cuarta copa del mundo tras vencer en semifinales a Inglaterra por un resultado de 2-1.
Al igual que ocurriese ante Cabo Verde, Egipto y Suiza en las rondas anteriores, la selección dirigida por Lionel Scaloni tuvo que picar piedra hasta el final para ganar un emocionante partido ante los ingleses. Tras una primera parte tensa, sin goles y plagada de interrupciones por falta, el partido cambió tras el descanso. En el minuto 55 Anthony Gordon anotó el primer gol del partido, rematando en el segundo palo un centro desde la derecha de Morgan Rogers. A partir de ahí, Argentina se abalanzó sobre la portería de Jordan Pickford.
Tras la pausa de hidratación de la segunda mitad, Argentina estrechó el cerco sobre la portería del arquero del Everton, con Lionel Messi enviando sin parar centros incisivos a la espalda de los centrales ingleses. Los cambios de Thomas Tuchel, seleccionador de los Three Lions, previstos en principio para dar solidez defensiva, hundieron al equipo cerca del portero, hecho que Argentina aprovechó para dominar la periferia del área.
Así llegaron los goles de la remontada de la Albiceleste. Enzo Fernández primero, con un derechazo seco desde media distancia, y Lautaro Martínez, tras un gran centro de Messi en el tiempo añadido, dieron la victoria a una selección que disputará su segunda final consecutiva en un Mundial. Su rival será España. El partido enfrentará a las actuales campeonas de Europa y Sudamérica, dos selecciones que no se enfrentan en un partido oficial desde hace 60 años.
Análisis de los entrenadores
"Este grupo es difícil de explicarlo con palabras, se me quiebra la voz, es una demostración de un montón de cosas, de grupo, de hermandad, de no dar una por perdida, de luchar hasta el final. Después de esto vamos a intentar ganar la final. Estos chicos me han emocionado", expresó Lionel Scaloni, quien también recordó su vínculo con el seleccionador español Luis de la Fuente, su próximo rival. "Además de haber sido mi profe en el curso de entrenador yo tenía una particular relación con él. Casualmente hoy nos encontramos en una final", dijo.
“En este momento no me arrepiento de nada. El equipo dio todo lo que tenía y estuvimos muy cerca de lograr nuestro objetivo. Merecimos adelantarnos en el marcador. Jugamos uno de nuestros mejores partidos, en vista de las circunstancias, quizá el mejor. El equipo estuvo fenomenal, pero no pudimos llevarnos el partido", lamentó Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra.
A continuación, nuestros entrenadores UEFA Pro analizan la semifinal entre Argentina e Inglaterra.
Inglaterra cierra el carril central
Lionel Scaloni sorprendió con la presencia de Giuliano Simeone en el extremo derecho en lugar de Rodrigo De Paul, una decisión que buscaba añadir profundidad, agresividad tras pérdida y recorrido para castigar la espalda de Djed Spence. Argentina partía desde un 4-1-4-1, aunque con balón evolucionaba constantemente hacia un 4-3-3 asimétrico. Leandro Paredes actuaba como mediocentro posicional, mientras que Enzo Fernández y Alexis Mac Allister escalonaban sus alturas para generar líneas de pase continuas alrededor del balón (ver la imagen de abajo).
Más adelante, Julián Álvarez fijaba a John Stones y Marc Guéhi, y Lionel Messi abandonaba la última línea para recibir entre el doble pivote inglés y la defensa. Esa ocupación racional de los espacios permitió a Argentina construir una red de pases muy conectada desde el inicio. Cada presión inglesa encontraba una solución mediante un tercer hombre o un cambio de orientación, manteniendo siempre la superioridad alrededor del balón. Aunque el primer tiempo apenas produjo ocasiones claras, la Albiceleste ya imponía el contexto del partido: posesiones largas, control territorial y una estructura preparada para progresar sin perder el equilibrio defensivo.

Thomas Tuchel respondió con un 4-2-3-1 muy disciplinado cuyo objetivo principal, más que recuperar arriba, era proteger el carril central. Declan Rice y Elliot Anderson cerraban constantemente los intervalos por delante de la defensa y Jude Bellingham alternaba la presión junto a Harry Kane, con descensos para convertir el sistema en un 4-5-1 cuando Argentina consolidaba la posesión (abajo). Por su parte, Morgan Rogers y Anthony Gordon realizaron un enorme trabajo defensivo regresando hasta la línea del mediocampo para impedir que Messi encontrara recepciones limpias entre líneas.
Así, Inglaterra aceptó ceder el balón siempre que pudiera mantener compactas las distancias entre sus líneas y orientar la circulación argentina hacia los costados. El plan funcionó durante gran parte del primer tiempo, limitando la profundidad rival y reduciendo el encuentro a un escenario de pocas ocasiones, mucha fricción y un ritmo bajo. Sin embargo, esa organización también provocó que Harry Kane quedara demasiado aislado y que las conexiones ofensivas fueran escasas.
Inglaterra consiguió equilibrar el partido desde el orden defensivo, pero fue Argentina quien comenzó a dominarlo desde la estructura, la circulación y una red de pases que anticipaba el control que terminaría imponiendo tras el descanso.

Inglaterra castiga a Argentina: gol de Anthony Gordon
El descanso cambió completamente el escenario táctico. Argentina dio un paso adelante en todas las fases del juego y elevó varios metros la altura de su presión. Julián Alvarez y Lionel Messi comenzaron a orientar la salida inglesa hacia un costado, con Giuliano Simeone saltando con agresividad sobre Djed Spence. Entretanto, los centrocampistas Enzo Fernández y Alexis Mac Allister perseguían a Declan Rice y Elliot Anderson para impedir que Inglaterra pudiera progresar por dentro (abajo).
El objetivo de Scaloni era sencillo: recuperar el balón cada vez más cerca del área rival y mantener a Cristian Romero y Lisandro Martínez instalados prácticamente sobre la línea divisoria. Los datos reflejan ese dominio territorial, con una presión mucho más agresiva (PPDA- Pases por Acción Defensiva- de 6,46) de Argentina y una constante recuperación de segundos balones que impedía a Inglaterra enlazar posesiones largas.
La Albiceleste comenzaba a instalar su estructura ofensiva con cinco jugadores por delante del balón y una circulación mucho más dinámica que durante el primer tiempo. Inevitablemente, esa apuesta también aumentaba el riesgo tras perder el balón. Cuanto mayor era la altura de los centrales, mayor era el espacio que debía proteger la defensa preventiva. Precisamente ahí encontró Inglaterra la única grieta que necesitaba.

El 1-0 de Anthony Gordon (ver la imagen de abajo) resumió perfectamente el plan de Thomas Tuchel. Inglaterra no necesitó una posesión larga para generar peligro; le bastó una recuperación limpia y una transición perfectamente ejecutada. Morgan Rogers condujo con espacio, Harry Kane fijó a los centrales y Gordon atacó el intervalo entre Nahuel Molina y Cristian Romero con un desmarque que sorprendió a una Argentina mal equilibrada tras perder la pelota.
La acción del gol reflejó el principal argumento ofensivo inglés durante toda la semifinal: defender con paciencia para acelerar inmediatamente cuando el rival quedara desordenado. Sin embargo, el gol modificó el comportamiento de Inglaterra más que el de Argentina. En lugar de aprovechar los espacios que comenzaban a aparecer detrás de los laterales argentinos, el bloque inglés redujo progresivamente su altura y empezó a defender cada vez más cerca de Jordan Pickford. Rice y Anderson dejaron de saltar sobre los interiores rivales, Bellingham retrasó su posición y Harry Kane quedó completamente aislado como única referencia ofensiva.
Inglaterra había encontrado el contexto ideal para adelantarse, pero renunció demasiado pronto a seguir atacando. Esa decisión permitió que Argentina monopolizara definitivamente el balón y comenzara un asedio que, con el paso de los minutos, terminaría inclinando el partido hacia el área inglesa.

Nico González para abrir el campo y Enzo Fernández en la base
La primera gran intervención de Lionel Scaloni llegó en el minuto 64 con la entrada de Nicolás González por Leandro Paredes, un cambio que modificó completamente la estructura ofensiva de Argentina. Enzo Fernández retrasó su posición para convertirse en el único mediocentro, mientras que Alexis Mac Allister pasó a alternar la base de la jugada con llegadas desde segunda línea. La Albiceleste perdió un pivote posicional, pero ganó un atacante capaz de fijar la amplitud por la izquierda, amenazar la espalda de Reece James y obligar a Inglaterra a ensanchar su bloque.
La ocupación del campo pasó a ser mucho más agresiva. Nico González mantenía la banda, Julián Alvarez fijaba a los centrales, Messi encontraba más libertad entre líneas y Mac Allister aparecía continuamente en la frontal para recoger segundas jugadas.
Argentina comenzó a construir ataques con una estructura cercana al 2-3-5, instalando a los centrales en campo rival y acumulando hasta cinco futbolistas sobre la última línea inglesa (abajo). La circulación ganó velocidad, los cambios de orientación aparecieron con mayor frecuencia y el equipo encontró soluciones tanto por dentro como por fuera. La red de pases creció en altura y conectividad, reflejando un dominio territorial que ya no dependía únicamente de la inspiración de Messi, sino de una ocupación mucho más eficiente de todos los carriles ofensivos.

Thomas Tuchel respondió casi inmediatamente con la entrada de Ezri Konsa por Anthony Gordon, modificando su sistema hacia un 5-4-1 para proteger mejor el área. Sobre el papel, el cambio pretendía reforzar la defensa de los centros laterales y controlar las rupturas de Nico González gracias a tener un central adicional. Sin embargo, la modificación tuvo un efecto secundario que terminó condicionando el resto del encuentro. La salida de Gordon eliminó la principal amenaza inglesa al espacio, permitiendo que Cristian Romero, Nicolás Otamendi y los laterales argentinos adelantaran todavía más su posición sin apenas riesgo de sufrir grandes transiciones.
Al mismo tiempo, la línea de cinco defensores comenzó a hundirse cada vez más cerca de Jordan Pickford. Los tres centrales priorizaban proteger el área, mientras Rice y Anderson continuaban cerrando el carril central, generando un espacio libre entre ambas líneas que Argentina empezó a atacar constantemente. Inglaterra aumentó el número de defensores dentro del área (abajo), pero redujo su capacidad para impedir que el balón llegara hasta ella. El equipo dejó de defender lejos de su portería y pasó a hacerlo únicamente en zonas de remate, exactamente el contexto que Scaloni buscaba para iniciar el asedio definitivo sobre el bloque inglés.

De Paul y Montiel liberan a Messi
La segunda intervención de Lionel Scaloni terminó de cambiar el partido. En el minuto 72 introdujo a Rodrigo De Paul, Gonzalo Montiel y Nicolás Otamendi, tres sustituciones que modificaron tanto la estructura ofensiva como el comportamiento posicional del equipo. De Paul no ocupó la banda derecha como había hecho Giuliano Simeone, sino que se instaló en el medio espacio derecho para convertirse en un apoyo constante de Lionel Messi. Montiel, por su parte, proporcionó toda la amplitud exterior, fijando permanentemente a Djed Spence y permitiendo que Messi abandonara definitivamente el carril para recibir por dentro (abajo) o aparecer libre sobre el costado derecho.
La consecuencia fue inmediata. Argentina comenzó a formar constantes triángulos entre Montiel, De Paul y Messi, obligando al bloque inglés a decidir continuamente entre saltar sobre el poseedor o proteger el área. Mac Allister recuperó altura para atacar la frontal, Enzo Fernández dirigía la circulación desde la base y Julián Álvarez alternaba apoyos con rupturas para fijar a John Stones y Ezri Konsa. La circulación se aceleró, aparecieron cambios de orientación constantes y Argentina pasó a atacar con una ocupación mucho más racional de los cinco carriles ofensivos.
La entrada de De Paul, quien estuvo seguro en el pase y recuperó numerosos balones tras pérdida, permitió mantener el ritmo del ataque sin perder el equilibrio, convirtiéndose en el auténtico motor de un equipo que ya jugaba instalado de manera permanente en el campo rival.

La respuesta de Thomas Tuchel fue profundizar todavía más en su repliegue. Inglaterra pasó a defender con un 5-4-1 cada vez más hundido, incorporando posteriormente a Dan Burn y Nico O'Reilly para reforzar el sector izquierdo y tratar de contener la creciente influencia de Messi.
Sin embargo, la acumulación de defensores terminó generando el efecto contrario: los centrales permanecían muy cerca de Pickford, los centrocampistas protegían la frontal y los carrileros tenían que decidir entre seguir a Montiel o salir sobre Messi, provocando continuas dudas en las ayudas.
Argentina encontraba superioridades constantes sobre el costado derecho porque Inglaterra ya no defendía el origen de la jugada, sino únicamente las zonas de remate. Además, la ausencia de Gordon eliminó cualquier amenaza al espacio que pudiera obligar a la defensa argentina a retroceder. Entre el 1-0 y el empate, Inglaterra apenas consiguió conservar el balón durante un 12% del tiempo, mientras que Argentina alcanzó un 88% de posesión, completando más de 260 pases frente a apenas unas decenas del conjunto inglés.
El partido dejó de disputarse en el centro del campo para jugarse exclusivamente alrededor del área de Pickford (abajo). Inglaterra seguía defendiendo el marcador; Argentina ya estaba construyendo la remontada.

Conquista de la frontal del área y remontada de Argentina
La superioridad territorial argentina terminó encontrando su premio porque el equipo de Lionel Scaloni consiguió atacar todos los espacios que el repliegue inglés iba concediendo. La entrada de Lautaro Martínez añadió una referencia mucho más específica dentro del área, permitiendo que Julián Alvarez abandonara con mayor frecuencia la última línea para participar en las combinaciones y arrastrar a los centrales.
Con Nico González fijando la amplitud izquierda, Montiel haciendo lo mismo por la derecha y De Paul acelerando la circulación por dentro, Argentina consiguió instalar un ataque permanente alrededor del área rival. El gol de la igualada llegó precisamente desde uno de esos escenarios repetidos durante los últimos minutos. En un córner jugado en corto, Lionel Messi recibió abierto en la derecha y atrajo a Djed Spence y Elliot Anderson. Esa doble ayuda liberó completamente la frontal del área, donde Enzo Fernández apareció sin oposición para conectar un disparo imparable (abajo).
El empate no fue una acción aislada, sino la consecuencia lógica de un equipo que llevaba más de media hora acumulando ataques, segundas jugadas y centros laterales gracias a una ocupación mucho más eficiente del espacio. Apenas unos minutos después, Alexis Mac Allister estrelló un balón en el poste. Argentina seguía atacando con la misma paciencia, convencida de que el partido todavía ofrecería más oportunidades.

Inglaterra terminó pagando su incapacidad para alejar el juego de su propia portería. Tuchel introdujo más centrales y más altura dentro del área, pero le privó al equipo de tener una vía de escape que le permitiera respirar con balón o castigar los espacios.
Cuando llegó el tiempo añadido, el encuentro ya se disputaba exclusivamente alrededor de Jordan Pickford. La acción del 2-1 resumió toda la evolución táctica de la semifinal. Messi volvió a recibir abierto sobre el costado derecho y puso un centro perfecto hacia el segundo palo. Mientras toda la defensa inglesa protegía la zona central del área, Lautaro Martínez atacó el intervalo entre dos defensores para rematar completamente liberado.
Argentina culminaba así una remontada construida desde la estructura, la ocupación racional de los espacios y la gestión de los cambios. Inglaterra había conseguido adelantarse gracias a una transición perfectamente ejecutada, pero terminó renunciando al balón y al territorio. Scaloni, en cambio, afiló a su equipo hasta convertir el tramo final en un asedio constante. Messi puso las dos asistencias decisivas, pero fue la superioridad colectiva de Argentina la que terminó escribiendo el desenlace de una semifinal que confirmó, una vez más, la capacidad competitiva de la vigente campeona del mundo.

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