
laLiga, 20 de septiembre de 2026
Grimaldo (53, pen)
Jonathan David (59)
Rüdiger (89)
El Atlético de Madrid ganó el derbi ante el Real Madrid en el Metropolitano. Un resultado que va mucho más allá de los tres puntos, porque deja consecuencias importantes para cada equipo. Después de un arranque con dudas y cinco puntos dejados por el camino, los rojiblancos salieron reforzados con la victoria ante su vecino. La entrada de Koke en el segundo tiempo por un amonestado Marc Pubill dio mayor fluidez al juego de los de Diego Simeone y desembocó en los goles, en apenas seis minutos, de Álex Grimaldo, de penalti, y Jonathan David. Pese a jugar con un futbolista más desde la expulsión de Dean Huijsen en la acción del penalti del 1-0, el Atlético no pudo ampliar su renta todo lo que hubiese deseado, ya fuese por falta de puntería o por las grandes intervenciones de Thibaut Courtois. Y así, tras el gol de Rüdiger cerca del final, vivió con más tensión de lo esperado los últimos minutos de la contienda.
En el lado blanco, la derrota en el Metropolitano, como ya sucedió hace un año con Xabi Alonso —entonces con derrota por 5-2—, deja muchas dudas sobre la capacidad del equipo para afrontar partidos ante los rivales más fuertes. Los de José Mourinho no encontraron opciones claras para correr en ataque, con un juego atascado que provocó que sus mejores futbolistas ofensivos pasaran inadvertidos. Solo Yan Diomandé, que salió en la segunda parte por Vinícius, aportó algo de desborde. Mourinho expuso como principal razón de la derrota la actuación del árbitro, reclamando dos rojas: una al “Cuti” Romero y otra a Kang-in Lee por una dura entrada sobre Fede Valverde. Solo el gol de Antonio Rüdiger fue la tímida respuesta del Real Madrid al dominio colchonero en la segunda parte.
La derrota sitúa al Real Madrid a seis puntos del Barcelona, es decir, demasiada distancia cuando tan solo se han disputado siete jornadas de LaLiga. El Atlético de Madrid, mientras tanto, se mantiene a cinco puntos de los azulgranas, imparables con un pleno de victorias (siete de siete) y 31 tantos.
Análisis de los entrenadores
“Voy a hablarles del partido. Fue intenso. Creo que lo controlamos en todo momento. El Madrid es un equipo con unas transiciones increíbles, con futbolistas extraordinarios y nosotros controlamos casi todas las que pudieron haber tenido”, señaló Simeone en rueda de prensa, en su intento de no participar en el debate de las decisiones del árbitro y sí enfocarlo en el juego. “Hicimos un gran partido. Con juego colectivo y defendimos muy bien. El derbi nos posiciona en un lugar para seguir creciendo como equipo y lo estamos haciendo”, añadió el técnico rojiblanco sobre la actuación de sus jugadores en la victoria.
"Son dos tarjetas rojas claras. Podemos imaginar lo que habrían sido cincuenta minutos once contra nueve. Y, por lo tanto, me tengo que limitar a abrazar a mis jugadores, que lo han dado todo. Han hecho un primer tiempo de gran personalidad y el partido se podría haber ganado perfectamente en el segundo tiempo", señaló Mourinho en rueda de prensa, en la que compareció con las fotos de las dos acciones en las que reclamaba tarjeta roja. A pesar de la derrota, el técnico portugués aseguró que le gustó mucho el "orgullo y determinación" de su equipo, sobre todo en el primer tiempo.
A continuación, nuestros analistas dan respuesta a las principales claves de la victoria del Atlético de Madrid en el derbi contra el Real Madrid.
Un 5-3-2 para bloquear el costado izquierdo del Real Madrid
El dibujo inicial situó al Atlético en un 4-4-2 que, sin balón, se transformaba en un 5-3-2, con Giuliano Simeone como carrilero derecho, Marc Pubill cerrando ese perfil y Marcos Llorente como interior cercano.
La mutación no respondía a una intención conservadora, sino selectiva: Simeone identificó que Vinícius, Mbappé y, por momentos, Jude Bellingham tendían a reunirse por el lado izquierdo blanco y desplazó hacia allí a cuatro jugadores, escalonados a diferentes alturas y con funciones distintas. Giuliano saltaba sobre el receptor exterior del Real Madrid; Pubill protegía su espalda; Llorente cerraba el pase interior, con Johnny Cardoso equilibrando por dentro. A ellos se sumaba el ‘Cuti’ Romero, que podía anticipar en esa misma zona porque Dávid Hancko corregía a su espalda.
El bloque del Atlético conducía así la pelota hacia una especie de jaula (abajo), en la que permitía al Real Madrid iniciar, pero le impedía acelerar allí donde se encontraban sus futbolistas más desequilibrantes. Al recuperar, además, los de Simeone ya acumulaban suficientes hombres alrededor del balón para frenar la transición.

El Real Madrid partió de un 4-2-3-1, aunque la posición de sus jugadores terminó por encoger el campo. Mbappé abandonó con frecuencia el carril central para acercarse a Vinícius; Bellingham atacó ese mismo sector desde la mediapunta y Marc Cucurella ofreció una salida exterior que rara vez significó recibir en ventaja. Con el transcurso de los minutos, la superioridad nominal del equipo blanco acabó convertida en densidad sin profundidad.
Para intentar abrir un hueco en el sólido 5-3-2 del Atlético, los blancos buscaron cambios rápidos de orientación hacia Denzel Dumfries, pero la circulación entre Huijsen, Ibrahima Konaté, Aurélien Tchouaméni y Fede Valverde resultó demasiado lenta para conseguirlo (abajo). Arda Güler intentó ofrecerse como solución, retrasando su posición para sumar una línea de pase mientras Dumfries se quedaba demasiado atrás. Una alternativa que tampoco dio resultado.
Todo eso tuvo consecuencias. Seguramente la más clara fue que el Atlético obligó a Vinícius y Mbappé a intervenir principalmente de espaldas, lejos del área y rodeados de rivales. Más que consecuencias lógicas del juego, los remates de Tchouaméni y Vinícius en el primer tiempo fueron acciones aisladas.

La sobrecarga por la derecha que aisló a Cucurella
Con el balón, el dibujo del Atlético también se transformaba partiendo de la base del 4-4-2 inicial. Pubill se abría como lateral, Romero y Hancko formaban la primera línea y Grimaldo ganaba altura. Por delante, Giuliano amenazaba la espalda de Cucurella, Kang-in Lee se movía por zona intermedia y Llorente aparecía como tercer hombre. La banda derecha del Atlético reunía hasta cuatro receptores a diferentes alturas (abajo).
De ese modo, si Cucurella saltaba sobre Pubill, Giuliano atacaba el intervalo con Huijsen. Y si el lateral blanco esperaba, Kang-in Lee Lee recibía por dentro y Llorente aparecía de cara. A su vez, Jonathan David fijaba a los dos centrales del Real Madrid. De esta ocupación nacieron el remate cruzado de Giuliano y la intervención de Courtois ante Kang-in Lee. La sobrecarga también protegía las transiciones blancas: al atacar cerca de Vinícius y Mbappé, Simeone situaba la presión tras perder la pelota alrededor de la salida más peligrosa del Madrid.

El mal partido de los blancos surgió de una cadena de decisiones. Vinícius regresaba a defender, pero no siempre con la intensidad ni la referencia adecuada; Cucurella quedaba atrapado entre saltar sobre el poseedor o seguir la ruptura de Giuliano; y Huijsen debía controlar simultáneamente el balón y el intervalo (abajo). Por delante, Valverde y Tchouaméni basculaban para corregir la situación de inferioridad, pero al hacerlo vaciaban la zona central y alejaban al equipo de Mbappé cuando recuperaban el balón.
La presión alta tampoco ofreció una solución al Real Madrid, ya que el punta no orientaba la salida rival hacia un perfil concreto. Y, cuando Bellingham saltaba, lo hacía sin acompañamiento. Eso permitía que Álex Baena o Kang-in Lee recibieran a la espalda del primer acoso de los de Mourinho.
Una vez superada la presión alta, el bloque del Real Madrid retrocedía hasta formar un 4-4-1-1 estrecho, aunque sin conseguir controlar a los laterales.

El gobierno de Koke
Simeone dividió el partido en dos fases. Primero eligió a Llorente, Cardoso y Baena para sostener los duelos y cerrar las segundas jugadas. Al descanso, Simeone retiró al amonestado Pubill e introdujo a Koke. Un cambio no tanto de sistema como de intención: Llorente pasó a ofrecer cobertura desde el lateral, Giuliano se quedó con la banda y el veterano capitán se convirtió en el vértice de la posesión. El disparo de Baena, detenido por Courtois nada más reanudarse el partido, anticipó que el Atlético ya no pretendía únicamente impedir el juego del rival, sino gobernar el partido (abajo).

El doble pivote del Real Madrid nunca consiguió controlar el juego. Tchouaméni protegió los espacios, Valverde recorrió metros y, por delante de ellos, Bellingham presionó, bajó a enlazar y atacó el área. Pero el internacional inglés no logró fijar el ritmo del partido, con consecuencias directas sobre sus compañeros, sobre todo Güler (abajo).
En los momentos en que el internacional turco descendía, el Real Madrid añadía un apoyo junto a la base. Pero, del mismo modo, perdía a un receptor a la espalda de los interiores rojiblancos. Cuando Bellingham retrasaba su posición para ir hacia donde estaba el balón, entonces Mbappé quedaba aislado; y cuando el internacional inglés rompía hacia delante con un desmarque, no aparecía un pasador con tiempo suficiente para habilitarlo.
El atasco ofensivo del Real Madrid se hizo todavía más evidente tras el descanso. Mientras Koke aportaba orientación y continuidad al Atlético, los de Mourinho recurrían al envío largo sin una referencia dominante ni una estructura compacta para recoger los rechaces. Romero y Hancko ganaban casi siempre la primera disputa y Cardoso controlaba la segunda jugada.

Giuliano atacó el punto ciego y convirtió la ventaja en goles
El 1-0 resumió a la perfección el plan rojiblanco. Hancko recibió sin presión suficiente y lanzó el balón desde la izquierda hacia la carrera diagonal de Giuliano, que apareció entre Cucurella y Huijsen. El carrilero, que había ensanchado al Real Madrid durante todo el encuentro, eligió el momento preciso para atacar por dentro.
Huijsen siguió el vuelo del balón, perdió el control visual del atacante y lo sujetó al entrar en el área. Tras la revisión del árbitro en el VAR, el central vio la roja y Grimaldo convirtió el penalti. Seis minutos después, el mismo mecanismo reapareció mediante una elaboración más corta: Kang-in Lee atrajo y esperó, Giuliano ganó la espalda por fuera a Cucurella y su centro raso viajó detrás de la última línea, justo donde Jonathan David apareció por detrás de Konaté para marcar el 2-0 (abajo). El canadiense no necesitó intervenir demasiado: durante el partido fijó a los centrales, y atacó el área pequeña cuando la jugada se lo exigió.

La expulsión agravó los problemas de un Real Madrid que ya había concedido ventaja territorial cuando jugaba con once. En el minuto 54, Mourinho sustituyó a Güler y Vinícius por Antonio Rüdiger y Yan Diomandé. Con esos cambios reconstruyó la línea de cuatro y estableció un 4-4-1 con Mbappé arriba. Sin embargo, retirando al mismo tiempo al turco y al brasileño, dos posibles receptores para escapar de la presión, dejó a Mbappé sin puntos de conexión. Bellingham tuvo que retrasarse, Valverde quedó pendiente de Dumfries y Diomandé se convirtió en la única vía para ganar metros con la conducción. La consecuencia de este nuevo organigrama fue un equipo dividido y con demasiado juego directo (abajo).
La prioridad del Real Madrid pasó a ser limitar daños y evitar que el marcador fuese más abultado. Con Koke en el campo y un hombre más, el Atlético movió al bloque de lado a lado y apenas permitió al Madrid cruzar la línea divisoria. Mourinho reparó el daño en defensa, pero no la salida ni las conexiones necesarias para volver a atacar.

El dominio de las áreas y una reacción demasiado tardía
El Atlético administró el 2-0 mediante posesiones largas, ocupación de la frontal del área y vigilancias sobre Mbappé. Las entradas de Julián Alvarez en el 62 y Ademola Lookman en el 67 añadieron movilidad frente a una defensa visitante cada vez más abierta (abajo, Julián Alvarez gozando de una clara oportunidad). En lugar de refugiarse junto a Oblak, Simeone eligió conservar la iniciativa a través de la pelota.

Su única grieta apareció en el minuto 89, inmediatamente después de introducir a Hjulmand y Le Normand por Kang-in Lee y Romero: Bernardo Silva ejecutó una falta y Rüdiger apareció libre para marcar el 2-1 (abajo). Las nuevas asignaciones defensivas pudieron influir en el desajuste, pero el Atlético recompuso el área y gestionó el tiempo añadido sin conceder una oportunidad clara para el empate.
Conviene detenerse en el gol de Rüdiger porque ese tanto describió el límite ofensivo del Real Madrid en el derbi: su mejor opción para llegar al área fue una acción a balón parado. De hecho, el primer disparo a puerta no llegó hasta el minuto 77 y, desde entonces hasta el gol de Rüdiger en el 89, el conjunto blanco apenas produjo peligro. El arreón final de los de Mourinho llegó por mera voluntad del central alemán.

El marcador y la victoria rojiblanca fueron consecuencia de dos planes muy diferentes: Simeone asignó varias funciones a cada pieza y construyó mecanismos colectivos para controlar los distintos momentos del encuentro, mientras que Mourinho fio su plan de partido a que sus individualidades resolvieran un contexto que el Real Madrid nunca consiguió dominar.
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