
Antonio Mohamed, entrenador de Toluca
2024-Presente
“Jugamos cuatro torneos y ganamos los cuatro: Campeón de Campeones, la Campeones Cup y el doble torneo, siendo líderes generales durante toda la competición. Creo que fue la mejor temporada de mi carrera a nivel personal”, resaltó Antonio Mohamed, entrenador de Toluca, al cierre de un espectacular 2025. Era el premio a una dilatada y exitosa carrera en el fútbol mexicano, país en el que ha sido campeón cinco veces con cuatro equipos distintos: los Xolos de Tijuana, las Águilas del América, Rayados de Monterrey y Toluca, a quien hizo bicampeón.
En su currículum también figura su experiencia como entrenador en la liga argentina, pues estuvo al frente de Huracán en dos etapas distintas, en el Atlético Mineiro de Brasil y en España, donde su propuesta de juego no se tradujo en buenos resultados para el Celta de Vigo. Al frente de los gallegos, Antonio Mohamed obtuvo tres victorias y cinco empates en las 12 jornadas que estuvo en el cargo.
Pero esos son ya tiempos pretéritos para uno de los mejores entrenadores del momento y para un Toluca que busca su próximo objetivo: ganar el Clausura, título que lo coronaría como histórico tricampeón del fútbol mexicano. A continuación, nuestros entrenadores UEFA Pro señalan y analizan los principales rasgos del Toluca de Antonio Mohamed.
Identidad basada en la adaptabilidad y la lectura del contexto
El Toluca de Mohamed es un equipo en el que los sistemas de juego están al servicio de su idea de juego. Parte habitualmente de un sistema 4-2-3-1 que le permite tener un equilibrio estructural, control del carril central y capacidad para activar la presión alta (abajo). No obstante, este esquema inicial es solo el punto de partida de un entramado táctico mucho más complejo. Durante el transcurso de los partidos, y en función de las fortalezas del oponente, Toluca puede mutar con naturalidad hacia sistemas como el 3-4-3, el 3-5-2, el 5-3-2, o incluso acumular hasta ocho jugadores en campo rival cuando decide instalarse de forma permanente en esa zona.

La capacidad de adaptación es uno de los pilares de la hegemonía lograda por Toluca en la liga mexicana. Y es que en una competición marcada por los torneos cortos, donde los detalles y los momentos pesan más que la continuidad, los de Antonio Mohamed tienen la capacidad de interpretar cada partido y cada momento del juego como un escenario distinto.
De ese modo, si el rival exige dominio territorial, Toluca sabe asumir la posesión, siendo Franco Romero, Nicolás Castro, Jesús Angulo, Santiago Simón y Marcel Ruiz los encargados de dar orden con balón. Si el contexto del partido demanda resistencia, el equipo se repliega, sin perder el orden, con Federico Pereira, Everardo López o Bruno Méndez liderando esta fase desde la última línea defensiva, según el sistema empleado: 5-3-2 o 5-2-3 sin balón (abajo).

Salida de balón: atraer, ordenar y progresar desde la inteligencia posicional
En fase de inicio, Toluca muestra un rico trabajo táctico. Cuando decide salir en corto, lo hace con una intención muy clara: atraer la presión rival para liberar espacios (abajo). Para ello, Antonio Mohamed convierte la primera línea en una estructura de tres centrales, transformando el sistema en un 3-4-3. Los centrales Bruno Méndez, Federico Pereira y Everardo López se abren formando una línea de tres; el mediocentro, Franco Romero, fija por delante; y los laterales —especialmente Jesús Gallardo y Santiago Simón— se proyectan como carrileros, ofreciendo amplitud desde la zona de inicio del juego. La circulación en la salida suele ser lateral y pausada, con la intención de provocar la basculación del bloque rival y forzar decisiones defensivas en desventaja.

A partir de ahí, Toluca activa su gran fortaleza: la generación constante de líneas de pase. Así, en la salida aparecen estructuras como el 2-3-2, con dos apoyos por detrás de la línea de pase, tres jugadores escalonados por delante y dos situados entre líneas. Esta disposición permite evitar pérdidas peligrosas y progresar con seguridad, siempre con opciones de pase en múltiples direcciones. Marcel Ruiz, Franco Romero y Nicolás Castro desempeñan un papel clave en este mecanismo, ofreciendo apoyos, girando la orientación del juego y conectando la salida con la progresión (abajo).
El objetivo de Toluca con balón no es monopolizar la posesión, sino salir con ventaja, ya sea por banda, con un pase filtrado hacia Jesús Gallardo o Santiago Simón, o con un cambio de orientación que rompa el bloque rival.

Progresión en zona de creación: rombos, rotaciones y superioridad interior
Cuando Toluca supera la primera línea de presión rival y se instala en zona de creación, el equipo despliega una de las estructuras más características del modelo de Antonio Mohamed: la ocupación racional del espacio mediante rombos y rotaciones posicionales (abajo). En este momento del juego, el sistema suele transformarse en un 3-5-2 o en un 4-3-3 asimétrico, dependiendo de la altura de los carrileros. La prioridad aquí pasa por generar superioridad numérica e interpretativa en el carril central, obligando al rival a cerrarse por dentro y liberando los costados para generar situaciones de ventaja.

Marcel Ruiz asume un papel relevante en la progresión en la zona de creación, con un rol de interior de gran movilidad que le permite llegar a zona de finalización (abajo). Su capacidad para aparecer por uno u otro lado del campo, actuar como tercer hombre o incluso convertirse en apoyo tras pérdida aporta una fluidez constante al equipo. Toluca no progresa a través de conducciones largas, sino mediante pases cortos, apoyos continuos y desmarques sincronizados. Los rombos permiten avanzar sin partir al equipo y, al mismo tiempo, garantizan una buena estructura para la presión tras pérdida.
Ese equilibrio explica por qué, incluso cuando el equipo pierde el balón en campo rival, rara vez es castigado en transición. Uno de los principales motivos es que la colocación previa de los jugadores reduce los espacios a la espalda.

Zona de finalización: amplitud extrema, ataque del área y eficacia en la definición
En el último tercio de campo, el Toluca de Mohamed activa su versión más agresiva. Cuando el contexto lo permite, el sistema deriva hacia 2 jugadores en la zaga y un 2-6 en campo rival con el equipo claramente volcado en ataque. Los carrileros Santiago Simón y Jesús Gallardo ocupan posiciones muy altas, fijando a los laterales contrarios y estirando la línea defensiva. Por dentro, los mediapuntas como Jesús Angulo o Marcel Ruiz y los interiores, como Franco Romero, atacan los intervalos, mientras que Paulinho se convierte en el punto de referencia para finalizar o descargar. Esta ocupación del área no es caótica, sino que responde a una lógica clara: primer palo, punto de penalti y segundo palo, siempre con llegadas desde segunda línea.

La figura de Paulinho sintetiza esa fase ofensiva. Un delantero corpulento, con excelente lectura del espacio y una definición muy eficiente, que se convierte en el principal receptor de centros y pases interiores (arriba). Su capacidad para definir de primera, atacar el espacio entre centrales y fijar marcas libera a sus compañeros y convierte cada ataque en una amenaza real. A su alrededor, jugadores como Angulo, Castro o Helinho aportan desborde, disparo y llegada (abajo).
Toluca no es un equipo que necesite generar un gran volumen de ocasiones. Su fortaleza reside en convertir en gol las situaciones claras, una cualidad que marcó diferencias en las finales y explica su éxito en partidos de máxima exigencia.

Sin balón: presión contextual, bloque compacto y resiliencia emocional
Antonio Mohamed no plantea una presión alta constante, sino situacional; es decir, depende del momento del partido y de la estructura del oponente en su construcción de juego. Así, cuando Toluca decide acosar arriba al rival, el sistema se transforma en un 5-3-2, diseñado para cerrar líneas de pase interiores y orientar la salida rival hacia zonas menos peligrosas. Los delanteros cierran por dentro, los mediocampistas saltan con agresividad controlada y los carrileros ajustan su altura para impedir progresiones limpias (abajo). El objetivo no siempre es robar el balón, sino forzar el error o el envío largo, un escenario en el que Toluca se siente cómodo defendiendo. Si la presión no surte efecto, el equipo repliega con rapidez a un bloque medio o bajo, manteniendo distancias cortas entre líneas y priorizando la protección del carril central.

El equipo de Antonio Mohamed no se descompone cuando cede la iniciativa ni entra en pánico en momentos adversos. En situaciones de repliegue, protege líneas interiores rivales y orienta el juego hacia la banda para forzar centros laterales (abajo), ante los que se defiende bien con Federico Pereira y Bruno Méndez como auténticos baluartes defensivos. Esa fortaleza emocional se reflejó de forma clara en las finales de 2025, resueltas en escenarios de máxima tensión, donde Toluca mostró una convicción inquebrantable en el plan de partido.

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